12 de diciembre de 2011

Tócame



Tócame by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-¡Tommy!-chilló una voz aguda de manera contenida, como si intentase hablar en susurros-¡Me vas a romper el vestido!-

-Te compro otro mañana...-aseguró una voz ronca, masculina y cadenciosa-Una docena si quieres...-

Repentinamente, las luces de la habitación se encendieron y ante dos sorprendidos pares de ojos apareció la figura de Tom Kaulitz, con el cuerpo de una mujer aferrado al suyo, sus piernas enroscadas en torno a su cintura estrecha y sus manos aferradas en sus hombros anchos. Hábilmente, el guitarrista de Tokio Hotel se las ingeniaba para colar una de sus manos por el vestido de polka-dots blancos sobre una tela roja mientras, con la otra, lograba que la criatura que tenía pegada a sí no se cayera al piso de alfombrado color blanco. Escandalizado ante semejante imagen, Bill Kaulitz se puso rojo de la vergüenza.

-¡Thomas!-le gritó a su hermano mayor, quien, al escuchar la voz de su gemelo se puso pálido como muerto y de manera involuntaria, soltó a su compañera quien, con un sonido audible, se estrelló de nalgas contra el piso.

-¡Macky!-exclamó éste, observando atónito al frontman de su banda, quien lo miraba a su vez con expresión estrangulada. Al lado de Bill se encontraba Alice, la atractiva encargada de mercadotecnia que trabajaba para él y el resto de sus amigos, misma a la que nunca había llegado a conocer en realidad-¿Qué haces aquí?-

-"¿Qué haces aquí?"-repitió Bill, sintiéndose a cada minuto más abochornado. Detrás del sofá de la sala principal, la criatura que venía con Tom, una rubia de cabello ensortijado y cara de ángel, los miraba a ambos en silencio, tremendamente nerviosa-Resulta que yo vivo aquí-

-Sí pero... yo creí que tú...-replicó Tom, haciendo un gesto hacia Alice, quien lo observaba completamente fascinada. Indignado ante semejante insinuación, el hermano pequeño de Tom se sintió aún más contrariado con éste último.

-Mejor ya cállate, Thomas...-repuso Bill, cerrando fuertemente los ojos en señal de molestia. A pesar de que esa misma idea le había pasado durante un segundo por la cabeza, la descartó cuando hubo recordado que Alice llegó llorando a su casa, evidentemente recién salida de un fuerte problema; como un caballero que era, no podía aprovecharse de la situación-¿Serías tan amable de escoltar a tu adorable acompañante a tu habitación?-

Pero antes de que Tom pudiera acatar la orden de su hermano menor, Alice ya se encontraba avanzando hacia él, completamente fascinada, sin poder dejar de observar el rostro del guitarrista. A pesar de que trabajaba con él desde hacía meses y lo frecuentaba desde hacía unas cuantas semanas gracias a las convivencias que tenía con él y el resto de los amigos de Bill, nunca había mirado atentamente a su rostro y para su sorpresa, se había venido a fijar hasta ahora que las facciones así como los gestos de ambos gemelos eran completamente idénticos entre sí, aunque sus estilos no se parecieran ni un poco. Por primera vez, prestó atención al rostro del mayor de los hermanos Kaulitz y sin poder detenerse, se plantó frente a él, extendiendo su mano derecha hacia la cara del músico, quien la observaba perplejo.

-¿Hola?-musitó Tom, nervioso, sintiendo cómo las manos de Alice recorrían con delicadeza el contorno de sus ojos, tocaban ligeramente su perfecta nariz y pasaban las yemas de sus dedos sobre sus pómulos. Detrás de ellos, Bill ardía de rabia al ver el completo espectáculo en el que se había convertido la llegada de su hermano.

-¿Thomas?-llamó Bill a su hermano, atrayendo la atención de éste, de Alice y de la mujer que permanecía detrás del sofá, acuclillada esperando a que Tom volviese con ella-Creí haberte pedido que te retiraras a tu recámara-

-Ah, sí-contestó el guitarrista, despegando con delicadeza los dedos de Alice de su rostro, tomándola por sus delgadas y huesudas muñecas y apartando sus manos de encima de él-Con tu permiso, Alice-

-Propio...-replicó la humanoide, quedándose completamente en blanco al mismo tiempo que no despegaba su mirada del hermano gemelo de Bill, el cual se aproximó de vuelta hacia el sillón, tomando la mano de la rubia que lo esperaba atónita y en completo silencio, ambos se dirigieron hacia el pasillo que llevaba hacia el dormitorio del mayor de los hermanos Kaulitz. Una vez que se hubieron retirado, Alice se giró para dirigirse de vuelta al indignado pelinegro que tenía atrás-¿Por qué no me dijiste...?-

-Creí que era evidente-la interrumpió Bill, un poco más calmado ahora que Tom y su acompañante se habían retirado-Todo mundo jura que somos idénticos-

-Lo son-confirmó la sorprendida criatura. Nunca había visto un fenómeno similar, a pesar de lo mucho que había aprendido en Astrella sobre genética humana.

-Sí, bueno...-replicó él incómodo, deseoso de apartarse de allí; no quería que Tom fuese a regresar-¿Te molesta si vamos a otro lado a seguir charlando? ¿Tal vez mi habitación?-

-Suena excelente-contestó ella de inmediato, notando la molestia que Bill parecía sentir en aquél momento, sumado al hecho de que no le quitaba la vista de encima al pasillo por el cual Tom y su acompañante habían desaparecido, como si temiese que regresaran.

De manera sutil, Alice no había podido evitar notar la manera tan posesiva en la que Bill se había comportado con ella en cuanto la humanoide mostró interés por Tom. Internamente, esta sensación la había hecho sentir tremendamente bien.


-¿Qué hacía tu hermano con esa fémina?-preguntó Alice sin tapujos, introduciéndose de manera natural dentro de la recámara en penumbras de Bill.

-Mmm... supongo que ya te imaginarás-respondió Bill avergonzado, sin ganas de explicarle a Alice lo que la mayoría de las mujeres hacían en su casa cuando iban acompañadas por su hermano mayor-Así es él, apenas cae en un bache emocional y se dedica a tener sexo con cuanta mujer se le cruza-

-¿Disculpa?-escupió Alice atónita. Contrario a lo que Bill había pensado, Alice no tenía la menor idea de qué podían hacer una mujer y un hombre estando juntos y a solas.

-Lo sé, no suena muy agradable-contestó él, caminando hacia un sillón que tenía en la habitación, cubierto de cosas. A pesar del tamaño del apartamento, sonaba sorprendente pensar que no existía en él una recámara para huéspedes. Dado que los amigos de los gemelos raramente se quedaban a dormir allí, cuando compraron el departamento ni siquiera se preocuparon porque hubiese una estancia en la cual sus amistades pudieran quedarse.

Para cuando Bill se dió cuenta, Alice ya se encontraba en la puerta, su mano colocada en la manija de la misma. Congelada, la humanoide se había quedado ahí, completamente estática, ante la mirada atónita del vocalista de Tokio Hotel.

-¿Alice?-la llamó éste, al darse cuenta de todo esto-¿Estás bien?-

-¿Bill?-le respondió ella-¿Si te pido un favor, me lo harías?-

-Por supuesto-respondió él, sin pensar en lo que había dicho.

-Si yo te pidiera que me enseñaras cómo es eso de "tener sexo", ¿Me enseñarías?-

Completamente helado ante la petición de Alice, Bill Kaulitz se quedó en una sola pieza, mientras miles de ideas corrían por su cabeza. Dios santo, ¡eso era lo que había estado esperando durante tanto tiempo! Entregarse a una mujer que lo amara como Alice lo quería, darle su cuerpo a la persona que más amaba en el mundo, que era ella. Sin embargo, había algo que se lo impedía.

-No puedo-contestó el cantante, bajando la mirada avergozado-No me malinterpretes pero no...-

-¿Por qué no?-quiso saber la curiosa humanoide, caminando de regreso hacia el músico, quien se encontraba tremendamente nervioso. Una vez frente a él, pasó sus brazos en torno a la cintura de él, aproximando los cuerpos de ambos.

-Cuéntame por qué estás aquí-apuntaló él, haciendo que ella se alejara de su cuerpo de manera casi automática. A pesar de lo mucho que le había dolido lo sucedido, Alice ya casi lo había olvidado, hasta aquél momento.

-Tienes razón, no debemos hacerlo-replicó ella de inmediato, cruzando sus brazos tras su espalda.

-Vamos a dormir, ¿Está bien?-sugirió el showman, aproximándose él esta vez a ella. Una vez que se encontraron de nuevo frente a frente, acarició en silencio su mandíbula en un gesto cariñoso, antes de que ella levantara la mirada para volverlo a ver.

-Está bien-consintió la inquieta criatura, retrocediendo. Ante la mirada atónita de Bill, Alice comenzó a desvestirse con toda naturalidad, como si se encontrara en su casa. Inocente, la humanoide sabía que no podía dormirse con la ropa que llevaba puesta, así que, sin tapujos ni pudor, comenzó a desprenderse de ella frente a un anonadado Bill Kaulitz que no podía pararla de mirar.

-¡Alice!-gritó Bill, una vez que recuperó el sentido. Para cuando el vocalista hubo hablado, la humanoide ya estaba a punto de desabotonarse la blusa color azul marino que traía puesta.

-¿Qué?-inquirio ésta, sin detenerse. No fue sino hasta que el cantante tomó sus manos y las apartó de su pecho cuando ésta se detuvo. Con el aliento entrecortado, el hermano menor de Tom respiraba con dificultad, sumamente excitado por la escena.

-Déjame traerte ropa-farfulló él con dificultad, apartándose de la criatura que lo miraba sin comprender por qué se había puesto así-No te sigas desvistiendo, por favor-

-Hmm... de acuerdo-consintió la humanoide, sin entender que era lo que a Bill había molestado tanto. En silencio, se sentó en la cama blanca y enorme que había en el centro de la habitación sin decir una sola palabra.

Dentro de su inmenso vestidor, Bill Kaulitz tomó el primer juego completo de pijama que encontró y a continuación salió de la habitación para encontrarse con una imagen sorprendente: sentada de espaldas a él, se encontraba Alice Project, únicamente en ropa interior, mostrándole su seductora y ondulante figura, iluminada por la luz de la luna que se colaba a través de las ventanas de la habitación.

-Ehm... ¿Alice?-llamó el cantante a la criatura, sus ojos fuertemente cerrados y una de sus manos extendida hacia ella, en la cual sostenía las prendas que había ido a traerle. En silencio, la humanoide se puso de pié y avanzó hacia él, de quien tomó la ropa que le ofrecía. Sin palabras, aproximó su cuerpo al del nervioso humano, para darle un ligero beso en la mejilla. Al sentir el calor de la mujer tan cercano al suyo, un escalofrío recorrió la espina dorsal del vocalista de Tokio Hotel.

-Gracias-susurró ella con delicadeza.

-No hay de qué-musitó él, nervioso. Mentalmente, contó hasta ciento veinte antes de abrir los ojos; para cuando lo había hecho, se encontró a una Alice completamente vestida que, aunque no estuviese usando las ropas encantadoras con las que solía vestirse del diario, se veía espléndida.

-¿Me veo bien?-quiso saber ella, al ver la expresión de pasmo con la que Bill se había quedado.

-Completamente-respondió el vocalista, sin poderle quitar la mirada de encima. Una vez que hubo recobrado el sentido de nuevo, se apresuró a dirigirse al sofá sobre el cual ya había una manta colocada para que él durmiera ahí-Ahora hay que acostarnos, ¿te parece?-

-Claro-consintió ella, aproximándose a la gran cama blanca-¿Qué lado de la cama te gusta más?-

-Ehm... yo... voy a dormir en el sofá-contestó Bill un tanto apenado. Internamente, sabía que si dormía al lado de Alice no podría reprimir sus instintos.

-¿Por qué?-inquirió la humanoide, completamente indignada. ¿Qué Bill no quería dormir con ella?

-Después te explico-le aseguró él, metiéndose bajo las cobijas del sofá-Buenas noches, Alice-

-Buenas noches...-rumió ella en respuesta, haciendo lo propio en la cama de Bill.


11 de diciembre de 2011

Refugio


Refugio by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



Dormido en su elegante departamento ubicado en la parte más acaudalada de Los Angeles, Bill Kaulitz roncaba suavemente, en una suerte de ritmo musical, completamente tranquilo y sin preocupaciones en su mente hasta que, de manera súbita, algo sonó dentro de su cabeza de manera persistente hasta que, lentamente, él comenzó a despertar del sueño, observando de manera abstracta la imagen de la notificación electrónica que le avisaba acerca de la presencia de un visitante en la planta del recibidor del edificio. Extrañado, de inmediato supo que no podía tratarse de nada bueno, puesto que todos sus amigos tenían la clave para acceder al departamento como si fuesen habitantes de él y no huéspedes. Para más, grande fue su sorpresa cuando en su holocomunicador apareció la imagen en directo de la criatura que quería verlo, con su nariz de líneas perfectas enrojecida en su punta, sus mejillas encendidas a causa del frío aterrador que hacía afuera y los ojos llorosos. 

De un salto, el mayor de los hermanos Kaulitz se puso de pié de inmediato, autorizando el paso a aquella mujer a la que tanto amaba, a pesar de que se encontraba en pijama y recién levantado. En silencio, esperó hasta que el ascensor llegara hasta su piso y una vez ahí, se quedó completamente quieto cuando ella se arrojó a él, apenas verlo, para tomarlo entre sus brazos, derramando sus lágrimas sobre el cuerpo delgado que sostenía de manera ansiosa. Temeroso, él se preocupó porque pudiesen haberle hecho algo.

-¿Alice?-musitó débilmente, como si lo que estaba ocurriendo no fuese real-¿Qué haces aquí?-

-No tengo a donde ir-confesó la figura de piernas largas sin preámbulos, gimiendo su dolor-Y necesito un lugar donde quedarme esta noche-

Confundido, Bill no pudo evitar preguntarse qué era lo que podría haberle pasado a Alice para tenerla así; mas decidió no preguntar al ver el estado de ésta. Por otra parte, ella tampoco quería hablar sobre lo que acababa de ocurrirle: su situación resultaba penosa hasta para sí misma. Internamente, lo único que deseaba era que el hombre del que estaba enamorada le dijera que podía quedarse con él.

-Por favor-repitió ella pasado un rato, al ver que él no contestaba. En blanco, la situación le parecía tan inverosímil que el hombre no atinaba a hilar palabra.

-Por supuesto-repuso el vocalista, antes de pasar uno de sus brazos en torno a sus hombros delicados, envolviéndola en su abrazo. 

Al mismo paso, ambos comenzaron a caminar en silencio por el pasillo que conducía a la recámara de Bill; mientras él iba pensando en lo que podría haber sucedido para que Alice se pusiera así, la humanoide se dedicaba a observar cada uno de los detalles de la casa, que le conferían a la misma un aire de familiaridad que aquella que compartió con Briant durante algún tiempo nunca llegó a tener. Por alguna extraña razón, la humanoide creada por el doctor Richard Vo se sentía identificada con aquél lugar, en una especie de hogar. Lentamente, ambos iban avanzando hasta que, a sus espaldas, un ruido estruendoso de risas y una puerta estrellándose contra una pared llamó su atención.

De inmediato, humano y humanoide se encontraron con una extraña silueta a la distancia, la de un hombre alto y corpulento que llevaba colgado de su cuerpo otra figura, la cual, a la obscuridad de la habitación, era difícil distinguir. No fue sino hasta que ésta hubo hablado cuando finalmente supieron que aquél colgajo era una mujer.


9 de diciembre de 2011

Forzado


Forzado by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Con una enorme sonrisa engalanando su rostro de rasgos alegres, Alice Project cruzó la puerta de su apartamento feliz de la vida, tarareando una melodía de Nat King Cole, proveniente de una cena que acababa de tener con Bill. Sorprendida, se encontró con que la casa se encontraba completamente a obscuras, cosa extraña dado que el departamento se encontraba programado para que, una vez que alguien cruzara la puerta a partir de las seis de la tarde, las luces de todas las recámaras se encendieran, facilitando el tránsito por las instalaciones. Por un momento, su cerebro se puso en alerta, pensando que tal vez podría haber un ladrón en la casa. Cuidadosamente, comenzó a avanzar por las habitaciones de manera silenciosa, preparada por si el delincuente intentaba sorprenderla. No fue sino hasta que llegó al comedor cuando se encontró una sombra larga y difusa, la cual crecía y se achicaba ante una extraña luz de un tono entre naranja y rojizo.

-¿Briant?-susurró ella, sin un rastro de temor en su voz, preparándose para encontrar lo peor. Para su sorpresa, se encontró a su marido encendiendo una serie de velas de color hueso, ligeramente inclinado sobre la pequeña mesa blanca de su comedor.

-Hola-respondió él, girándose para verla. Extrañada, la humanoide no pudo evitar preguntarse interiormente a qué venía tanta fanfarria. De inmediato, se dio cuenta de que en la mesa había pétalos de rosas rojas desperdigados en torno a dos largos platos de su vajilla más cara.

-¿Qué haces?-inquirió la criatura de ojos azules, retrocediendo por mero impulso ante la sospechosa actitud de su pareja, el cual la observaba expectante.

-Preparé una cena-repuso el humanoide de anchos hombros y ligeramente marcada musculatura, en un tono inocente y dulce, antes de aproximarse a su mujer, la cual no hacía otra cosa que alejarse de él.

-Ya me di cuenta...-susurró Alice, sintiéndose repentinamente acorralada-¿A mérito de qué?-

-¿Cómo que "a mérito de qué"?-repitió Briant, comenzando a ponerse nervioso-¿No puedo simplemente cocinar para ti ahora?-

-Tú no das paso sin huarache, Briant...-repuso la humanoide, comenzando a sospechar de qué iba a la cosa-¿Qué tal te fue en tu comida con Selick y Redgie hoy?-

-Bien, bien...-musitó él sin ponerle demasiado énfasis al tema antes de cambiarlo por otro, el que reflejaba sus verdaderos intereses-Lo que pasa es que... estábamos comentando que ya está por llegar la etapa en la que, se supone, debemos intentar reproducirnos...-

Aterrorizada, la humanoide vio confirmados sus peores temores en aquellas palabras; sabiendo que su marido se había estado portando demasiado condescendiente con ella, sospechaba que tarde o temprano tendría que pagarle la factura. Sin embargo, a diferencia de los primeros días en los que llegaron al mundo exterior, una de las primeras creaciones del doctor Vo tenía ya un carácter más formado, en el cual sabía que podía elegir y en esa ocasión en específico, podía negarse a la invitación que Briant le estaba haciendo.

-No-espetó ella bruscamente, encarando a su compañero-Yo creo que aún es demasiado pronto-

-Pero... Alice... ya llevamos... cierto tiempo juntos-le recordó él, como queriendo puntualizar el compromiso que ambos sostenían desde el momento de su creación.

-¿Y eso qué?-se rebeló la mujer de cabello carbono, comenzando a sentirse enfadada-No quiero. No estoy lista-

-Dame una oportunidad-le rogó Briant, tomando un mechón del cabello de la humanoide entre sus dedos, acercándola a él-Por favor...-

-No-repitió Alice, empujando a su esposo por el pecho, antes de quedarse completamente estática, al igual que él. A pesar de que internamente no podía comprender bien lo que estaba haciendo, sabía que no quería tener sexo con Briant.

-Sabes que es nuestra obligación-le espetó el humanoide, comenzando a perder la paciencia-¿O qué? ¿Ya se te olvidó cuál es tu objetivo?-

-Mi objetivo es volverme humana-contestó ella, completamente segura.

-Tu objetivo es procrear a la nueva raza-la corrigió él-Que no se te olvide que tú sólo eres un instrumento...-

Enfadada ante aquellas palabras, Alice decidió que no se quedaría durante más tiempo a escuchar semejantes tonterías. Lentamente, comenzó a retroceder hacia la puerta que conducía de vuelta al pasillo, cuando Briant la acorraló.

-Por favor-le repitió, esta vez en un tono más enérgico y amenazador.

-¡No!-gritó ella, despegándose de sus brazos, mientras se echaba a correr hacia la puerta de entrada. Ahí, se arrojó precipitadamente al cubo del elevador, sin que este hubiera llegado a su piso, abriendo las pesadas puertas de metal con las manos. Detrás de ella, Briant se había quedado pasmado en la entrada de su hogar, observando cómo su esposa se iba de casa. En el aire, cayendo a  través del profundo vacío, Alice no tuvo dudas al pensar en el lugar al cual debía dirigirse a continuación; un lugar al que Briant no se atrevería a ir para encontrarla.


8 de diciembre de 2011

Listos


Listos by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

A partir de aquél beso mágico que se había dado entre Alice y Bill la primera noche que tuvieron una cita formal, las cosas entre ellos se hicieron más fuertes, si es que eso era posible. Desde aquél momento, no les molestaba en absoluto tomarse de la mano en público y sin que los vieran los demás, ya se habían dado uno o dos besos más, estas veces en las mejillas pero era un comienzo.

Bill, encantado de la vida, estaba que no se la podía creer. Eufórico, el tiempo le parecía corto para encontrarse otra vez con Alice, para tomarla en sus brazos, jugar con su cabello, disfrutar el resplandor de su sonrisa y sentirse eternamente agradecido por el dulce de su compañía. Ese mismo entusiasmo que le producía el amor de la humanoide lo impulsaba a hacer cosas grandes, a trabajar de manera magnífica; tanto así que en los últimos meses había compuesto tantas canciones que estaban pensando hacer el CD una mega obra, con más canciones que cualquiera de sus otras producciones hubiese tenido. 

De igual manera, en el mundo del modelaje le iba excelente e inclusive los diseñadores y sus otros compañeros lo notaban, puesto que se le veía mucho más dispuesto a ensayar para las pasarelas las veces que fuera necesario así como también se había vuelto todo un caramelo para las cámaras de los fotógrafos editoriales, quienes no se cansaban de llamarlo para sesiones de revistas o para campañas publicitarias. Encantado, el egocéntrico vocalista vivía en un éxtasis al mirarse en cualquier sitio en el que enfocara su mirada: revistas, espectaculares por la calle, publicidad de las marcas para las que él trabajaba en las tiendas de moda y departamentales. Simplemente no lo podía creer.

Alice, por otro lado, también vivía fascinada con el estado en el que se encontraba. Enamorada, se encontraba de mejor humor que nunca así como también su creatividad no paraba de fluir. Diseñaba una tras otra idea para vestuarios de Bill, para escenografías de los tours, videos musicales, publicidad nueva para el disco... todo era una maravilla para Alice Project. 

En cuanto a su ámbito familiar, ahí las cosas no iban tan bien. Por pasar tiempo con Bill había faltado a muchas de las clases de humanidad que les seguía impartiendo Astrella aunque, sin duda alguna, en los chequeos periódicos que se les realizaban a los humanoides para ver cuánto iban aprendiendo sobre la raza humana, ella era la que siempre destacaba, mostrando caras de los humanos que sus otros compañeros no podían percibir. Encantado, el doctor Vo se mostraba fascinado con ella y le preguntaba constantemente cómo era que se las había ingeniado para conocer tantos aspectos de los seres humanos, a lo que la chica de cabello carbono contestaba que se debía a que convivía con muchos de ellos. Celosos, los otros humanoides no se encontraban muy cómodos al respecto mas al ser su compañera, guardaban cierto respeto y cariño por ella. 

Briant, por su parte, era el más perjudicado en esta situación, dado que cada día su pareja se encontraba más distante de él y aunque trataba atraerla de nuevo hacia sí, comprándole regalos o invitándola a salir, ella siempre argumentaba que se encontraba muy ocupada como para cualquiera de esas cosas. Le enfadaba el hecho de que ella prefiriera estar siempre trabajando y le molestaba de sobremanera no poder acercarse a su esposa dado que ésta siempre se encontraba ocupada hablando o mensajeando a través de su holocomunicador. En privado, le había comentado esta inquietud al doctor Vo, quien le aseguró que los problemas maritales por los que estaban atravesando se debían a la inmersion que Alice estaba experimentando en el mundo humano. Richard Vo lo explicó así: Alice se encontraba tan ocupada volviéndose genuinamente humana, que todo lo que no fuese humano le causaba repulsión por instinto, de manera temporal. "Ya se le pasará, hijo", fue todo lo que atinó a decir el científico de ascendencia japonesa pero Selick, que no tenía un pelo de tonta, ya sospechaba lo que pasaba ahí.

-Tienes que hacer que pase más tiempo contigo-le espetó un buen día a Briant, en el cual los Ecker habían invitado a comer a los Project a su casa. Decaído, el humanoide que era pareja de Alice ya había desistido largo tiempo atrás en el intento de hacer que su esposa regresara a él.

-Ella siempre está...-

-Eso es ridículo-lo interrumpió la mujer de cabello rubio, inclinándose de manera involuntaria hacia él-No puedes seguir permitiendo esto, Briant; no es natural-

-Como si nosotros fuésemos muy naturales...-se burló entre dientes el primer humanoide creador por Richard Vo, bajando la mirada entristecido.

-Somos humanoides-replicó Selick con una nota orgullosa y petulante a la vez en su voz-Podemos hacerlo todo, ¿No es cierto? Haz que Alice regrese con nosotros-

-Sí... sí Selick...-repuso Briant con muy poco entusiasmo.

-Adelántate a la fase de reproducción del programa-le sugirió ella con voz de mando, ante lo cual el marido de Alice levantó la mirada, espantado.

-No...-

-Hazlo-le ordenó la humanoide, antes de emitir un ultimatum-O arriésgate a perderla para siempre-


5 de diciembre de 2011

Dúo imparable


Dúo imparable by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Apenas había pasado difícilmente más de un mes desde que Frances Umbrose y Annya Nikova se habían conocido y ya eran excelentes amigas. Frecuentemente, la pelirroja modelo australiana pasaba la noche en el lujoso pent-house en el que difícilmente se quedaba inclusive la misma Annya. Desayunaban, comían y cenaban juntas, a veces consumiendo únicamente meriendas esporádicas acompañadas de tragos fuertes. Se ejercitaban la mayor parte del tiempo juntas, excepto cuando Frances salía a jugar tennis con Dorian, dos veces por semana. Se iban de compras, salían a fiestas, frecuentaban reuniones privadas de colegas o diseñadores. El caso era que jamás se les veía separadas. Tomadas de la mano, era difícil que una irrumpiera en algún lugar sin llevar a la otra a su lado.

Y esto, de manera inconsciente, le hacía más difícil el trabajo a Tom Kaulitz de acercarse a ella. A pesar de lo que había visto la noche de la fiesta de Lagerfeld, tenía una fe ciega en que, tarde o temprano, la pareja Dorian-Frances tenía que separarse. Sabía, por experiencia propia, que toda relación en algún momento llegaba a su fin y cuando así sucediese con ellos, el mayor de los hermanos Kaulitz tenía que encontrarse preparado para lanzarse a la conquista de la cotizada señorita Umbrose. Concentrado en encontrarse con Frances a la menor oportunidad, Tom ignoraba la amistad que su ex novia había entablado recientemente con aquella que, clamaba, era la mujer de sus sueños. Por lo mismo, ignoraba a qué se debía el cambio en el círculo de amistades de la australiana, pues recientemente había pasado de frecuentar lejanamente a modelos de su misma nacionalidad para convertirse en un astro de la vida social, imprescindible de las fiestas y las reuniones en toda clase de clubs exclusivos.
Traje de Tom

Absorto en la idea de topársela, Tom jamás pensó que llegaría a dar con ella hasta un día en el cual, distraídamente, llegó al trabajo como los demás días, ojeroso y desganado, avanzando por el pasillo que lo llevaba a los sets fotográficos para encontrarse en el tablero de anuncios que se le había solicitado a él y a Umbrose en una misma sesión fotográfica para la más reciente campaña de joyería Bvlgari. 

Muerto de la emoción, el hombre se despegó toda su apatía de encima y echó a correr entusiasmado hacia el set que se le había asignado, aceptando mentalmente la colaboración con el equipo de Bvlgari. Dentro, ya se encontraba una hermosa Frances, siendo ataviada y maquillada por un aproximado de doce personas, quienes luchaban por acomodarla de manera impecable dentro de un vestido ligero de gaza color rosa pálido. Apenas había cruzado la puerta del set, la modelo volvió su mirada hacia él, enfocándolo con esos iris color bosque que a Tom le gustaban tanto. Impresionado ante la intensidad de aquellos ojos, el músico no pudo hacer otra cosa que enrrojecer. Al darse cuenta de su reacción, la pelirroja que se encontraba a menos de tres metros de él se echó a reír, encantada. Avergonzado, el segundo productor en jefe de Tokio Hotel bajó la cabeza apenado, sintiéndose como todo un idiota.

-¡Señor Kaulitz!-le gritó una voz femenina, atrayendo su atención. Para su sorpresa, se trataba de Natalie-Por aquí, por favor-

Encantado ante la idea de tener a una de sus mejores amigas allí, Tom se echó a correr hecho una bala hacia la posición de Natalie, quien se encontraba frente a la puerta que llevaba a hair and makeup. Ahí, se abrazó a ella de manera frenética, eso sí, teniendo cuidado de no darle equivocadas impresiones a Frances Umbrose, como que Natalie era su novia o algo así.

Vestido de Frances
-¿Puedes creerlo?-le susurró a la rubia al oído, sus manos temblando a causa de la emoción.

-Apenas-repuso la maquillista y peinadora de los gemelos, llena de entusiasmo-¿Estás listo? Tienes que demostrarle todo lo que vales-

-Cada uno de los centímetros de mí-rió Tom en doble sentido, antes de despegarse de la delgada rubia que tenía entre brazos.

-Muy gracioso...-repuso Natalie sarcásticamente, antes de darle una palmada a Tom en la parte baja de la espalda-Órale, métete que voy a transformarte-

-Si me dejas como muñeca de sololoy, Natalia...-le advirtió el hombre de espalda ancha, dejándose conducir por la mujer que lo acompañaba.

-Más no puedo hacer por ti...-se burló la maquillista, antes de meterse tras su jefe por la puerta blanca que los llevaba al área de maquillaje y arreglo del cabello. 

Para aquella sesión, Bvlgari buscaba demostrar que la elegancia no estaba peleada con la modernidad y con el fin de atraer a un nuevo público, habían llamado a lo que les parecieron dos de los rostros más actuales y revolucionarios. Fue así como, apenas cinco minutos después, Tom Kaulitz ya se encontraba enfundado en un costoso traje de color negro, con camisa blanca y corbata de moño, como si fuera a una cena de gala y no a encontrarse con la mujer de sus más alocadas fantasías. De pié en el set, más de la mitad de las mujeres ahí presentes se deshicieron por dentro cuando finalmente lo vieron, como diría Andreas, "jodidamente perfecto".

Con su característica aura de arrogancia, el guitarrista alemán se pavoneó por la habitación, avanzando hacia la posición de Frances quien, de manera descarada, lo ignoraba abiertamente sin siquiera molestarse en ocultar que su presencia allí no le causaba mayor conmoción. A sabiendas de que se trataba únicamente de una táctica, el músico se aproximó descaradamente a ella, sintiendo el calor de su cuerpo cada vez más cercano hasta que, de manera completamente natural, se apostó al otro lado del sofá en el que ella se encontraba sentada, un pequeño mueblecito de apenas dos plazas de un color blanco impecable, con un pié colocado sobre la tapicería impecable, mientras recargaba su brazo en uno de los laterales del sofá, apoyando su cabeza sobre la mano de ese mismo brazo.  Aturdida, Frances lo observó con los ojos abiertos como platos, sorprendida ante semejante derroche de desvergüenza.

-Comencemos...-expresó él con voz ronca, apasionada y seductora, observándola con los ojos entrecerrados y una sonrisa macabra en sus labios rosados.


4 de diciembre de 2011

Competitiva


Competitiva by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

De pié en el set fotográfico frente a Patrick Demarchelier, ambas mujeres se miraron de manera competitiva. Desde hacía un par de semanas sabían de la existencia de la otra y aquello les causaba conflictos pues la segunda de ellas, una recién llegada de Australia, comenzaba a ganarle a la rusa su lugar como preferida en las editoriales. Con un rostro difícil de ignorar y un cuerpo de miedo, la pelirroja comenzaba a sacarle la delantera a una mujer ligeramente más bajita que ella, de cintura pronunciada, piernas infinitas y sonrisa blanca como la nieve.

Desde el primer momento en el que se vieron, se odiarion. Sabían que la otra era casi tan perfecta como ella misma, así que aquello les causaba un enfado de sobremanera soportable. Les producía una sensación de molestia saberse compitiendo por ver quién era la favorita de los fotógrafos, la que obtenía mayor cantidad de participaciones en campañas publicitarias o peticiones por parte de los diseñadores para que se convirtieran en portavoces de tal o cual fragancia. Exclusivas como eran, se daban el lujo de contestar a contadas de estas peticiones, siempre cuidando sus reputaciones, mas, internamente, intentaban acumular el mayor número posible.

Ahora, cara a cara, reclutadas por el mismo maestro de la lente, se encontraban cada una cubierta por un atuendo extravagante y distinto. Consciente de su rivalidad y de lo mucho que le gustaba trabajar con ambas, el osado francés se atrevió a reclutarlas para una misma editorial en la VOGUE americana próxima a salir el mes siguiente. Observándose con odio, ninguna podía despegar la mirada de su contrincante.

 -¿Estamos listos?-preguntó el hombre de cabello cano y sonrisa carismática, acomodándose tras su costosa cámara, listo para capturar cada detalle del visceral odio que se tenían la australiana Frances Scarlett Umbrose y la rusa Annya Nikova.

-Lista...-rumió Nikova primero, mirando agresivamente a su contrincante, aquella intrigante pelirroja que tantas oportunidades de trabajo le había arrebatado en las últimas dos semanas.

-Lista...-sonrió Umbrose descaradamente, sabiendo bien cuánto le enfadaba a aquella personita de 1.72 de estatura saberse superada por una principiante como ella.

Apenas hubieron acabado de hablar, ambas se colocaron en posición sobre el set de color negro, ambas deslumbrantes, adoptando poses abiertamente hostiles hacia la otra. Sorprendido por la intensidad que transmitían las imágenes de ambas, Demarchelier se encontraba extasiado. Al borde de la locura, se deshacía click tras click, dejando parte de su alma en cada una de aquellas fotografías. Mientras tanto, las dos modelos se movían de las maneras más exóticas, provocando a la cámara con cada uno de los giros que daban, capturando cada detalle de la escencia de cada vestido que se les colocaba encima. Así, la sesión duro un aproximado de cinco horas, cuando estaba programado para tardar, máximo, tres. Fascinados, la mitad del departamento de fotografía de la revista observaba embelesado a ambas criaturas.

Finalmente, una vez que hubieron derrochado toda su energía en aquella salita de gusto minimalista, la rusa comenzó a jadear, verdaderamente exhausta, a causa de la entrega con la que había trabajado ese día. Desde que tenía memoria, jamás había derrochado tantas emociones para una cámara. Umbrose, en cambio, se encontraba perfecta, como si pudiese haber seguido haciendo lo mismo el resto del día. Recargando las palmas de sus manos en sus rodillas huesudas, finalmente la mujer de cabello castaño miel comenzó a reírse audiblemente, para sorpresa de todos los presentes, mientras su cuerpo se sacudía, presa de la risa. Extrañada, Frances la miraba con la fascinación escrita en su rostro.

-Está bien...-siguió riendo Annya, hasta que finalmente levantó el rostro hacia la pelirroja que tenía frente a sí-Tú ganas-

Sin poder evitarlo, una sorprendida Frances se echó a reír con ella, haciéndole coro con sus risitas agudas y melodiosas como repicar de campanas, hasta que se aproximó a la rusa de ojos verdes, extendiendo su mano para que ésta la tomara.

-Decláralo mejor un empate-propuso Umbrose, ayudando a la delgada ex novia de Tom Kaulitz a ponerse de pié-Ven, salgamos de aquí, estoy exhausta y hambrienta-

-Ya somos dos-repuso Annya, apoyándose en la mano de Frances hasta que se encontró completamente en pié de nuevo-¿Quieres que vayamos a buscar algo de comer juntas?-

-¿Por qué no?-inquirió Frances, retórica, comenzando a caminar al lado de Annya hacia los vestidores para volverse a poner su ropa habitual-Yo invito-


2 de diciembre de 2011

Romántico



Romántico by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Caminando ambos a lo largo de un camino marcado por pequeños leños en sus contornos, Alice y Bill avanzaban en medio de un cómodo silencio, ella trepada sobre los tronquitos incrustados en el suelo del parque y él a su lado, tomándola de su pequeña mano blanquecina, sintiendo su calor. Contentos de estar uno en presencia del otro, ni siquiera sabían qué decirse.

-¿Sabías que el amor no se produce en el corazón?-expuso Alice, expresando un dato que había leído apenas un par de días atrás en una revista. Desde el momento en el que vio esbozada la palabra "amor" en la interfaz de la publicación, la imagen de un sonriente Bill vino a su mente de inmediato.

-¿Ah no?-contestó él, interesado por continuar con la conversación. Placenteramente cohibido, apenas y se atrevía a mirarla: le parecía que la escena no era real.

-Se genera en el cerebro-puntualizó la criatura de sonrisa de niña y modos de mujer, avanzando a lo largo de la hilera desigual con unas botas de tacón bajo que la protegían del ligero aire que hacía. Después de todo, ya eran finales de agosto, pronto comenzaría a hacer más frío en la ciudad-En una parte llamada "hipotálamo"-

-Vaya... y mira que los tontos como yo pensábamos que se originaba en el corazón-sonrió de manera espontánea el hombre de cabello negro, antes de bajar la mirada avergonzado-Si te sirve de consuelo, jamás me gustó la escuela; así que yo no sé mucho de estas cosas-

-Puedo notarlo...-enunció Alice suavemente, atrayendo la mirada de Bill hacia ella. ¿Lo acababa de llamar ignorante?

-¿Qué cosa?-repuso el menor de los hermanos Kaulitz, sintiéndose un tanto dolido: no se esperaba un comentario así de la mujer que más amaba en el universo después de su madre.

-Que asistir al colegio no era precisamente de tu... agrado-río ella con aire placentero, aliviando en parte la molestia de él. Aún así, no pudo evitar generarle un sentimiento de inquietud en su interior.

-¿Cómo lo sabes?-respondió él con desgana, sintiéndose un tanto incómodo.

-Tienes un serio problema con la autoridad, Bill Kaulitz-expresó la humanoide sin mayor embaro, bajándose de la valla en la que aún venía encaramada para aproximarse a su compañero, el cual parecía estar a la defensiva. Sin siquera avisar, la mujer se plantó de repente frente a él, encarándolo por completo, antes de estrecharlo entre sus brazos, rodeando su cintura. Abochornado, el humano olvidó de inmediato la razón por la cual se había encolerizado-Te cuesta obedecer órdenes, además de que no tienes mucha tolerancia para el tradicionalismo, en cualquiera de sus formas. Por lo que sé, tu educación fue bastante...-

-Estricta-completó la frase, sintiendo el calor de sus labios a pocos centímetros de los suyos-Ahí... no había demasiado espacio para ser diferente o, en todo caso, especial. Querían que fueras uno más del molde-

-Y a ti no te gustan las ataduras-aventuró ella, haciendo gala de las clases de psicología que había tomado en Astrella. Incómodo ante el término que la mujer que tenía frente a sí había utilizado, el placenteramente abrumado Bill se vio en la necesidad hacer una aclaración.

-Hay algunas que podría soportar-discrepó él, colocando sus brazos en torno a la estrecha cintura de la figura que se hallaba contra la suya-Por ejemplo, el matrimonio-

-¡Vaya!-exclamó la humanoide, bastante sorprendida: jamás hubiera esperado una contestación así de una persona como Bill Kaulitz-¿Entonces estarías dispuesto a amar a la misma mujer durante el resto de tu vida?-

-Ya lo hago-expresó con voz suave el hombre de manos largas y piernas infinitas, acercando más su rostro al de la criatura que tenía entre brazos. Agradablemente sorprendida ante semejante declaración, a la sagaz mente de Alice no le costó trabajo adivinar que esa mujer era ella.

-¿Bill?-lo llamó ella, bajando la mirada lentamente. Preocupado porque su comentario hubiese podido ofender a su hermosa acompañante, Bill Kaulitz comenzó a sentirse como al borde de un precipicio-¿Me contestarías una pregunta?-

-Las que quieras...-repuso él, recorriendo con la punta de su nariz la mejilla de la humanoide, quien, entre sus brazos, se estremecía placenteramente abochornada a causa del momento tan íntimo que se produjo entre ambos.

-¿Qué es esto que siento? ¿Cómo se llama?-inquirió la mujer, colocando su mano derecha sobre el punto en el pecho de Bill donde se localizaba su corazón.

-¿Qué cosa?-respondió el ruborizado cantante, al cual le costaba trabajo respirar.

-Ésto-susurró ella con su característica voz curiosa, sin despegar la palma de su mano del suéter que el cantante traía puesto-Esta cosa que me dá de pensarte todo el tiempo, de querer pasar contigo cada minuto del día y de... de no parar de soñar contigo... de que mi corazón lata más rápido cuando escucho tu voz...-

Anonadado el frontman de Tokio Hotel apenas y podía creer lo que escuchaba. ¿Podría ser? Con el alma en un hilo, rogaba internamente a cualquier deidad que se encontrara por encima de él que volviese su deseo realidad: quería que Alice estuviera enamorada de él.

-Se llama "amor"-rió él con ternura, lágrimas brotando de las comisuras de sus ojos, mientras estrechaba a la pálida criatura entre sus brazos.

-"Amor"...-repitió la humanoide, levantando poco a poco la mirada, hasta que se topó con la de él. En silencio, ambos se miraron largamente, sin volver a hablarse durante largo tiempo. No fue sino hasta que el hermano menor de Tom dió el primer paso, el acercamiento que lo definió todo, cuando los labios de ambos pelinegros se encontraron de lleno, sumiéndose en un beso distinto a cualquiera que ambos hubiesen experimentado antes. Inmersos en él, difícilmente eran conscientes de otra cosa que no fueran sus propios cuerpos, uno estático frente al otro.