12 de febrero de 2012

Héroe


Héroe by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

A partir de aquellas temibles palabras pronunciadas por los labios rosáceos de la criatura, su compañero palideció notablemente, al grado que otra mujer, la cual había estado escuchando por detrás de la puerta, irrumpió en la estancia sin siquiera anunciarse, corriendo a una velocidad en extremo vertiginosa para acercarse a él, postrándose de rodillas a su lado, colocando la mano en su pecho para comprobar el pulso, el cual parecía haberse debilitado.

-¿Perdona?-susurró el hombre con poca voz, impactado ante aquella noticia.

-Amor-le insistía la otra criatura, dirigiéndose a él profundamente alarmada-¿Te encuentras bien? Amor, háblame...-

-Permíteme, Alexandra-le pidió él cordialmente, aún así, molesto por la intromisión-Quiero escuchar de nuevo lo que Scarlett acaba de decir-

-Es una de los nuestros-comunicó la humanoide inexpresivamente-Me salvó la vida en el evento de anoche. Annya intentó golpearme con una botella en la nuca-

-Sabes bien que eso no te hubiera matado...-

-Igual fue un gesto muy amable de su parte-insistió la criatura-Se expuso sólo por protegerme-

-¿Qué quieres decir con que "se expuso"?-pidió saber su compañero, frunciendo el ceño ante semejante afirmación.

-No le importó mostrar su fuerza frente a un humano por ayudarme-se explicó ella-Y tú sabes bien lo peligroso que es eso-

-Sin duda alguna...-musitó pensativo el hombre-Eso no es... bueno, no es muy usual. Y más considerando que no pertenecemos a su grupo...-

-Por eso mismo quedé tan agradecida-puntualizó la humanoide-Y cuando ella y su familia insistieron en que debía de ir a su casa para protegerme, no pude decirles que no-

Durante un momento, que para Lexie Umbrose pareció eterno, los hermanos Frances y Dorian permanecieron mirándose en un silencio total que ya no presagiaba más discusiones, sino una paz cimentada en el hecho de que la pelirroja se encontraba bien a pesar de todo lo sucedido anoche. Lo que a él más le enfadaba, era que ninguno de los estúpidos humanos con los que había hablado la noche anterior no tuviesen la decencia de informarle sobre el hecho de que su hermana había sido atacada.

-Me alegra que estés a salvo-comunicó el humanoide pasados unos segundos, disolviendo la tensión existente en la estancia-¿Y quiénes son las otras personas? Me dijeron que te fuiste con unos músicos o algo así...-

-Tom y Bill-contestó rápidamente la modelo-Son un par de personas que conocí en el trabajo-

-¿Y de quién era el aero que te trajo hasta aquí?-quiso saber el mayor de los hermanos.

-De Tom-expresó la mujer con sencillez.

-Tráelo-ordenó Dorian, sin lugar para objeciones. Contenta de poder ver a Tom de nuevo aunque sólo fuera por unos segundos, la criatura obedeció de inmediato, redactando mentalmente un mensaje dirigido al holocomunicador del mayor de los hermanos Kaulitz.

Avanzando a pocos metros de allí, dirigiendo de manera hábil la máquina de potente motor, el centro de mandos del vehículo que conducía el guitarrista de Tokio Hotel le indicó que había recibido un mensaje en su holocomunicador. Por medio de un comando de voz, le ordenó a la máquina que le leyera el mensaje, mientras él esperaba que la luz del semáforo cambiara de rojo a verde. Rápidamente, una agradable voz femenina le comunicó que el contacto "Umbrose, Frances" acababa de comunicarse a través del texto "¿Podrías volver a mi casa, por favor?".

Entusiasmado, el productor musical le indicó rápidamente a su aero que llamara a la pelirroja, mientras él, loco de la felicidad, creía que aquella invitación había sido fruto del beso que le había dado a la mujer apenas minutos atrás.

-¿Sí?-habló él en tono soñador, contento de que la chica lo hubiese buscado tan rápidamente.

-Sé que esto te parecerá un poco extraño pero... ¿podrías venir un momento, si eres tan amable? Es... es cosa de unos segundos-se justificó la modelo, evidentemente apenada por mandarlo a traer de vuelta.

-Por supuesto-contestó el músico, sonriendo ampliamente. De manera apresurada, viró el auto por medio del control de mandos y lo hizo regresar en la misma dirección que apenas acababa de abandonar. Apresuradamente, se precipitó al interior del edificio, dejando el aero en el primer cajón-estacionador que encontró disponible y se metió casi corriendo al cubículo del ascensor abierto, mismo que pareciera lo estaba esperando.

Dentro del cubículo elegantemente adornado, el guitarrista de Tokio Hotel tamborileaba los dedos contra la pared metálica sobre la cual se encontraba recargado de espaldas. Incrédulo, no podía dar cuenta de su buena suerte: Frances Umbrose acababa de invitarlo directo a su departamento. Al parecer de él, la chica era bastante directa.

-¿Sí?-escupió el hombre de trenzas negras torpemente, mientras se introducía sin anunciarse por la pequeña sala-recibidor con la que contaba el pent-house de la chica que tanto le gustaba. De pié frente a él, en una amplia sala de gusto vanguardista, Frances y un hombre, al que reconoció mentalmente como el dichoso Dorian, lo miraban en silencio, con expresiones serias en los rostros de ambos. Sabiendo que se había comportado de lo más impertinente, el mayor de los hermanos Kaulitz guardó respetuoso silencio al sentir lo tenso del ambiente.

-Dori...-


-Súbete al aero, Alexandra-le espetó Dorian a una pequeña mujer que él conocía bajo el nombre de Lexie, conocida por ser la mejor amiga de Frances. De rasgos tremendamente llamativos, cuerpo escultural y cabello castaño claro que le caía en torrentes a los lados del rostro nunca antes se había fijado tan bien en ella hasta ese momento. Internamente, no pudo evitar preguntarse qué haría ella ahí.

Obedientemente, la chica de sonrosadas mejillas y cara de ángel, que parecía no tener más de veinte años, comenzó a avanzar por la habitación, cabizbaja y a pasos pequeños pero aún así con una inusitada gracia y  elegancia que hizo que al co-productor de Tokio Hotel se le erizaran los vellos de los brazos. Antes de abandonar la habitación, se aproximó al guitarrista, para plantarse delante de él, con una enorme sonrisa que al músico se le hizo de lo más encantadora.

-Tú eres Tom, ¿verdad?-quiso saber la criatura, inocente como una chiquilla.

-Así es-le contestó el guitarrista, sin poder evitar sonreírle-¿Cómo lo sabes?-

-Carlie habla mucho de ti-expresó la pequeña muñeca, devolviéndole la sonrisa al hermano mayor de Bill.

-¡Alexandra!-le llamó la atención Dorian, quien no parecía demasiado contento con todas aquellas dilaciones.

-Ya voy...-replicó esta última, antes de volver a dirigirse a Tom-Nos veremos después-

-Hasta luego-le contestó educadamente el alemán, todavía sonriéndole.

Sin poder evitarlo, la miró hasta que se adentró en el ascensor de metal, el mismo que él había abandonado apenas minutos atrás. Evidentemente molesto ante la desfachatez del músico para con la mujer que acababa de salir, el hombre que tenía frente a él carraspeó fuertemente, atrayendo de vuelta su atención.


-Disculpe, joven-llamó Dorian a Tom, dirigiéndose a él con seriedad-Tengo entendido que usted fue la persona que se llevó a mi hermana anoche a su casa-

-Sí, bueno... sobre eso...-

-No hacen falta explicaciones-lo interrumpió el mayor de los hermanos Umbrose, con una expresión conciliadora en su rostro-Sólo quería agradecerle por cuidar de mi hermana anoche. Fue un gran detalle de su parte-

-No es necesario agradecer...-contestó el guitarrista, ruborizado.

-Bueno, de todos modos: muchas gracias, señor Kaulitz-puntualizó el humanoide, extendiendo una mano, misma que Tom entendió, quería que estrechara. En silencio, ambos hombres cruzaron un saludo cordial, ante la mirada complacida de Frances y la sonrisa silenciosa de Dorian.

-Bien, nosotros ya nos íbamos...-mintió el hermano mayor de Frances, sonriendo de manera cómplice para con su hermana-Ustedes... bueno, tienen la casa para hacer lo que les plazca. ¿Te veo para cenar, Scarlett?-

-Por supuesto-contestó la interpelada, regresándole la sonrisa a su hermano-Que te diviertas en tu... salida-

-Me encargaré de ello-replicó Dorian con una gran sonrisa en su rostro-Con su permiso-

Y así, sin más preámbulos, el humanoide abandonó la habitación, dejando solos de nuevo al guitarrista y a la modelo, uno al lado del otro, aún ataviados como habían salido de la casa de los gemelos. En silencio, se miraron mutuamente durante un instante que les pareció celestialmente eterno.

-Hola-saludó Frances a Tom, como si antes no lo hubiera visto.

-Hola...-replicó él, feliz, sonriéndole abiertamente a la pelirroja.


10 de febrero de 2012

Parcius


Parcius by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-Vaya...-susurró la voz, escandalosamente varonil y musical al mismo tiempo, el mismo tono que hubiese pertenecido a un perfecto tenor-Miren a quién se le ocurre reportarse finalmente...-

-Dorian...-

-No hay pero que valga...-le contestó la figura masculina, su rostro de rasgos encantadores mirando a través de la holografía en tres dimensiones-¿Tienes una idea de lo mucho que me hiciste angustiarme anoche? Llego a recogerte y tú simplemente... ya te largaste-

-Escucha, sucedió algo...-

-¿Dónde estabas?-insistió el hombre, esta vez con mayor autoridad, observando severamente a la cohibida criatura pelirroja, amenazándola silenciosamente con aquellos ojos color avellana que tanto se parecían a los de la frágil mujercita.

-Lo lamento...-se excusó tímidamente-Si me dejaras explicarte...-

-Claro... y por eso terminaste durmiendo en la casa de unos extraños- la interrumpió aquél enigmático sujeto, la endemoniadamente fascinante figura- Me dijeron que te fuiste por ahí con unos nuevos amigos tuyos-

-Escucha, Dorian- se entrometió otra criatura, una mujer, de mediana estatura y cabello medianamente largo-Fue nuestra culpa. Nosotros insistimos en traerla a nuestro hogar. Eran... cuestiones de seguridad-

-¿Y tú eres?-quiso saber el interpelado de manera petulante, evidentemente molesto por la intromisión.

-Alice, Mia Alice Project-contestó la audaz interlocutora, haciendo acopio de todo su valor para responderle a aquél atemorizante ser que tenía frente a sí.

-¿Y qué te hace sentirte tan importante como para interponerte en medio de una discusión entre mi hermana y yo, Mia Alice Project?-quiso saber Dorian, hablando con toda autoridad; a pesar de que se encontraban a kilómetros de distancia, la humanoide sentía cómo todo el egocentrismo del hermano mayor de Frances Umbrose la aplastaba con todo su peso

-Dorian... creo que deberíamos hablarnos de una manera un poco... más cordial- sugirió de manera elegante y pausada una tranquila Alice, sabiendo que tenía el sartén por el mango- Después de todo, no somos completos desconocidos-

-¿De qué hablas?-apuntaló de inmediato el hombre de cabello castaño, su semblante obviamente alarmado ante tal afirmación.

-Yo soy...-

-Scarlett- interrumpió Dorian a la novia de Bill Kaulitz, dirigiéndose a su hermana-Sal de ahí en ese momento-

-Dorian, escucha...-

-Te he ordenado que salgas-puntualizó el mayor de los hermanos Umbrose, dando a entender que no estaba para objeciones-Sal en este momento o averiguo dónde estás y voy por ti-

-Oye, amigo. Un momento- se interpuso Tom, molesto por la forma tan dominante en la que el humanoide se dirigía a su hermana menor- Cálmate, ¿Quieres? Tú no eres quién para ordenarle qué es lo que tiene que hacer-

-Tú no te metas, amigo- amenazó el enfadado híbrido al humano, observándolo con severidad al ser testigo de la manera en la que el músico respondía por la pelirroja- Te espero en media hora, máximo, en la casa y no es una sugerencia-

Acto seguido, la holollamada se cortó, evidentemente terminada del otro lado de la línea y en la holopantalla apareció un mensaje automático que rezaba “Llamada interrumpida”. Sin palabras, Frances se quedó estática durante apenas un par de segundos, tras los cuales comenzó a encaminarse hacia el recibidor del hogar de los Kaulitz, con la firme disposición de llegar a su propia casa, a como diera lugar, en menos de treinta minutos.

-¿Qué...? ¡Oye! ¡Espera!- le pidió Tom a la humanoide, quien ya se encontraba presionando el botón que llamaba al ascensor- Tú no... no irás a hacerle caso, ¿Cierto?-

-No tengo alternativa- puntualizó la criatura, esperando impaciente a que llegara el pequeño cubo metálico que la transportaría varias plantas abajo. De no encontrarse a plena luz del día, hubiera saltado por la ventana para ahorrarse tiempo.

-Quédate a desayunar por lo menos- le suplicó su anfitrión- Come algo antes de irte-

-Tom, cuando Dorian dice treinta minutos, en verdad son treinta minutos- explicó Frances, rechazando de lleno la invitación de Tom.

-Bueno,  por lo menos déjame llevarte a tu casa- propuso el guitarrista; usaría esto de excusa para así ubicar el lugar donde residía la pelirroja y poderse acercar más a su persona. 

-No es necesario...-

-La prensa te comerá viva mañana si te ven saliendo de aquí- la interrumpió el guitarrista, sabiendo de antemano que tenía toda la razón. Por primera vez en su vida, descubrió que ser asediado por paparazzis las veinticuatro horas del día tenía sus beneficios- Déjame ayudarte-

Un tanto renuente, pero consciente de que el músico tenía razón, la criatura supo que no tenía otra alternativa que permitir que él la sacara de allí. Detrás del guapo productor, se encontraba aún la cuñada de esta, observando silenciosamente todo el drama que se había producido entre ambos.

-¿Me prestas ropa?- le preguntó Umbrose a Project, mirándola a los ojos.

-Por supuesto- contestó la interpelada de inmediato, sin dudarlo por un segundo.

Rápidamente, los tres se enfilaron hacia el cuarto de Bill y Alice, donde alguna de la ropa más reciente de ella se encontraba aún en sus empaques y bolsas originales. Sin decir una sola palabra, la hija de Richard Vo comenzó a sacar montones de prendas y arrojarlas tras su espalda mientras la pelirroja tras su espalda las iba cogiendo al vuelo y revisándolas una por una de manera experta. Una vez que hubo escogido un conjunto, entre las dos se dedicaron a deshacerse de nuevo del vestido de la modelo.

Outfit de Frances
-Comprendo- dijo Tom, observando cómo su cuñada le desenredaba a la hermosa pelirroja todas las cintas que mantenían sujeto el vestido en su lugar, mientras la australiana se las ingeniaba para sacárselo, tirando de él hacia abajo con mucho cuidado de no romperlo- Nos vemos en un rato-

En menos de cinco minutos, la delgada figura de la modelo salió enfundada en unos jeans de mezclilla, calzada con tacones negros de una altura considerable, una delgada playera de color blanco y un complicado suéter color arena que ni siquiera la misma Alice había estrenado. Sorprendido, al músico le costó trabajo reconocer a la mujer que tanto amaba con esas ropas que no parecían suyas.

Frances Umbrose
-El toque final- musitó la novia de Bill, sacando de la habitación lo que parecía un gorro de tela muy delgada, de aspecto lechoso y corte ligeramente ajustado, mismo que colocó sobre el cráneo y el cabello rápidamente recogido de Umbrose, quien displicentemente se dejó hacer por su colega humanoide en silencio. Perplejo, el mayor de los hermanos Kaulitz no podía entender lo que el par de mujeres hacían, hasta que, una vez que lo tuvo bien puesto sobre la cabeza, el extraño aditamento pareció comenzar a transformarse en lo que se convirtió en una larga y delicada cabellera rubia que hacía que reconocer a la hermana menor de Dorian resultara una árdua tarea.

-Bastante bien- constintió la humanoide hija del doctor Anderson Watts, sin tener siquiera la menor idea de cómo se veía. Calladamente, se acomodó la espesa mata de cabello, colocándola sobre los hombros.

-Nos lo dan en Astrella- le aclaró Alice a Tom, al ver que éste se había quedado completamente anonadado- Es para ocultarnos-

-Nos vemos- se despidió rápidamente Frances de la mujer que tenía frente a sí, dándole un ligero beso en la mejilla antes de marcharse, avanzando en largas zancadas de manera hábil, a pesar de los complicados zapatos que calzaba.

-Ponte esto- le pidió de último Tom a su hermosa acompañante, una vez que ambos se hubieron encontrado dentro del ascensor. En silencio, le entregó sus gafas de sol, mismas que cubrían cerca de la mitad del rostro de la atractiva modelo- No serán de última tecnología... pero creo que nos servirán de algo-

-Gracias- sonrió la criatura para el hombre, deslumbrándolo con la naturalidad de su belleza matinal. En silencio, ambos se observaron durante un corto periodo de tiempo, antes de volver sus miradas hacia otro lado, avergonzados: tenían que concentrarse.

Ya en el estacionamiento subterráneo del edificio, la modelo se subió de copiloto en el aerodeslizador rojo del guitarrista y tan pronto como éste se encontró subido también, arrancaron instantáneamente el motor, con Umbrose dándo instrucciones acerca de cómo llegar al exclusivo edificio donde habitaba. Al llegar al edificio, al mayor de los hermanos Kaulitz no le sorprendió en lo más mínimo vislumbrar al mismo hombre de atractivos rasgos y a la ya conocida Lexie Umbrose al lado de él, esperando a su pequeña Frances desde el balcón de su apartamento en la última planta del constructo de corte vanguardista.

-Gracias por todo, Tom. Te veré luego- se despidió Frances, abriendo de golpe la puerta del aerodeslizador apenas el músico se hubo estacionado en la planta subterránea destinada para esos menesteres.

-Un momento- objetó el humano, cuando ella ya se disponía a salir, tomándola de un brazo para acercarla a él y en un solo movimiento, darle un beso en la punta de su delicada y ruborizada nariz.

-Ahora sí, nos vemos- respondió el mayor de los hermanos Kaulitz, una vez que hubo besado a la humanoide.

-Adiós- se despidió la pelirroja, completamente ruborizada.

-¡Carlie!- chilló Lexie Umbrose al ver a Frances entrar al recibidor exquisitamente decorado del pent-house, donde la joven esperaba a la modelo sentada en uno de los silloncitos blancos que había en la estancia.

-Hola, Lex- la saludó la pelirroja de vuelta. Inmediatamente, la joven criatura que aguardaba allí se levantó de un salto y corrió para abrazar a su amiga efusivamente. La hermana menor de Dorian no pudo evitarlo y también correspondió su abrazo.

-Estábamos tan preocupados- explicó Lexie, observando a Frances así como estaban- Dorian se puso furioso cuando se enteró que te habías ido con unos desconocidos-

-Los conocí en el trabajo- admitió la modelo sabiendo que no podría mentirle a aquella cría.

-¿Scarlett?- la llamó una voz masculina a la lejanía, la cual la pelirroja reconoció inmediatamente.

-Deséame suerte- le dijo Frances a Lexie, intentando soltarse de ella y pensando a la vez en la pelea que estaba a punto de tener con su hermano mayor.

-Voy contigo- respondió noblemente la pequeña mujer, sin querer soltar a Frances. También ella era consciente del problema al que estaba por enfrentarse su mejor amiga.

-No, no quiero que ustedes tengan problemas- replicó la menor de los Umbrose.Sabiendo que no iba a ceder, Lexie finalmente dejó ir a Frances y ésta emprendió la marcha hacia la sala dónde su hermano la esperaba.

-Ya llegué...-enunció la tímida humanoide, tan pronto se hubo encontrado en la presencia del temible ser.

-¿Tienes la más mínima idea del susto que me causaste?- quiso saber aquella voz aterciopelada, el rostro de gestos hechizantes. 

-Perdona, es que yo…-

-Creo que tampoco eras consciente de que en cualquier momento pueden descubrirnos ¿Estoy en lo correcto?-

-Dorian, si tan sólo me permitieras explicarte…-

-Pero claro, ¿Cuándo haz medido tú riesgos?- continuó él, como si ella nunca hablara.

-Escucha…-

-Es más que obvio que se encargaron de darte infinita belleza pero ni siquiera una pizca de inteligencia- la insultó el hombre por vez primera, haciendo que la pelirroja se sintiera muy mal.

-¡Conocí a una humanoide!- le gritó Frances a Dorian para que dejara de interrumpirla por fin.


8 de febrero de 2012

Maravilla


Maravilla by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



Lentamente, de la misma manera en la que la marea acaricia la arena en el mar, la luz solar que irradiaba el astro rey fue expandiéndose a lo largo de la habitación, un paso a la vez, siguiendo un compás invisible que pronto llenó toda la recámara de lujosos interiores. Dentro de la misma, un hombre de rasgos atractivos dormitaba, inconsciente de lo que sucedía fuera de sus sueños, con una respiración tranquila y pausada, propia de aquellos que descansan en paz. 

En cuanto la tibia caricia de los rayos dorados tocó sus párpados y comenzó a calentarlos cariñosamente, él fue abriendo delicadamente sus ojos, sus pupilas impactadas por toda aquella luminosidad; grande fue su sorpresa cuando, a su lado, en el suelo de la habitación en la que se encontraba halló un cuerpo, de hermosas proporciones y deliciosa curvatura, que reposaba al lado del sofá en el que él había pasado la noche. A escasos centímetros de sí, el océano de cabello pelirrojo y ensortijado se extendía de manera finita sobre la alfombra de color arena, haciendo que el contraste entre ambos colores, el primero de ellos transformado de mil maneras diferentes debido a la incidencia de la luz, resultara completamente encantador.

Envuelta en la elegante maraña de gasa negra que había vestido la noche anterior, la criatura respiraba de manera suave, frágil como una florecilla silvestre al viento. Enternecido ante semejante imagen, el músico, quien no podía quitarle la mirada de encima a la encantadora y fascinante mujer que tenía frente a sí, recordó un fragmento del libro "El amor en tiempos del cólera" de Gabriel García Márquez en el cual el autor explicaba que había actos que "sólo podían hacerse por amor". Así pensaba Tom Kaulitz de la escena que se encontraba contemplando. 

Actuando con precaución para no despertarla, el guitarrista se las ingenió para bajarse del sofá sin hacer un solo ruido y al mismo tiempo sin siquiera tocar a Frances Umbrose. Una vez que se encontró en el suelo, la tomó en brazos de manera cauta, comprobando lo ligera que era para posteriormente encaminarse con ella hacia su dormitorio, del cual abrió la puerta en un completo y ceremonioso silencio, mismo que utilizó para acostarla en su cama, abrigándola de paso con las cobijas más suaves que encontró. 

Una vez que todo aquél conmovedor espectáculo terminó, el productor musical se dirigió a la cocina, con la firme disposición de, por primera vez en mucho tiempo, cocinar un desayuno decente. Sabía que la chica estaría muerta de hambre para cuando despertara, después de todo llevaba horas sin probar bocado, y quería sorprenderla con una buena comida. Grande fue su sorpresa cuando, en vez de toparse con el ala vacía que esperaba encontrar, halló en aquél lugar a su cuñada, quien se encontraba sentada en uno de los banquillos de la barra del desayunador, observando algún punto en la distancia.

-¿Donde está Frances?-inquirió Alice en voz monocorde, sin voltear a verlo.

-Durmiendo como un bebé en mi recámara-le contestó el alemán con voz orgullosa, incapaz de creer lo que estaba diciendo.

-¿Estás contento?-quiso saber la humanoide, cambiando de su anterior aire de seriedad a uno más alegre, que de inmediato se contagió por toda la habitación.

-Más que eso-repuso el mayor de los hermanos Kaulitz en un suspiro, tomando asiento al lado de la novia de su hermano-Es como... como un sueño hecho realidad el tenerla aquí-

-¿Y eso cómo se siente?-curioseó la criatura, enfocando sus pupilas en el hermano mayor de su novio. En el rostro del músico, se podían percibir una serie de señales faciales que el doctor Richard Vo le había enseñado a Alice a reconocer bajo el nombre de "euforia".

-Es... extraño-respondió el guitarrista, pasados unos segundos-Es en realidad una sensación muy curiosa porque... me cuesta trabajo respirar cuando estoy con ella, es como si me ahogara... sin embargo, por otra parte, cuando logro inhalar algo de aire, es como respirar después de haber pasado mucho tiempo bajo el agua. Respirar por vez primera. Y... mi corazón. Es... se siente tan diferente. Late tan rápido y... tan lento al mismo tiempo-

-¿Cómo se le llama a eso?-preguntó de inmediato la humanoide, maravillada al escuchar todas las sensaciones de las que era presa su cuñado cuando se encontraba ante la hermosa pelirroja.

-Enamoramiento-suspiró Tom, cerrando sus ojos por un momento. La luz de la mañana entraba de lleno por las ventanas de la cocina del departamento, alumbrando suavemente el rostro de Tom.

-Es curioso-sonrió Alice, al ver al hermano grande de su Bill. No importaba que tan alto o imponente pudiera ser, seguía siendo inmune igual que las demás personas al poder del amor.

-¿Qué cosa?-preguntó él, saliendo de sus ensoñaciones.

-Esto, sentirse de esta manera-comenzó a explicarse la criatura No sé si es porque no soy humana, pero... a pesar de todo lo que conozco, nunca había experimentado algo así-

-No te preocupes-la consoló el humano, extendiendo su mano a través de la mesa para alcanzar la de su inocente cuñada, que reposaba a centímetros de la suya-Nosotros tampoco, así que supongo que aprenderemos todos juntos-

Justo se encontraban así cuando, detrás de ellos, una silueta enfundada en un vaporoso vestido de gala se movió, entrando a la habitación, observando la escena de lleno. Por alguna  extraña razón que su desarrollado cerebro no llegó a comprender, súbitamente todo su cuerpo se llenó de fuego, mismo que quemaba y carcomía su razón, su pensamiento dejándola llena de toda esa energía, esa furia que no alcanzaba a entender.

-Buenos días-saludó la criatura, con voz fuerte y portentosa, llamando la atención de todos los presentes.

-Buenos días, Frances-le respondieron a dúo los interpelados, riéndose juntos por la coincidencia; cosa que enfadó más a la pelirroja.

-¿Qué tal dormiste?-preguntó Tom cordialmente, feliz de tenerla allí.

-Nada mal, gracias-respondió Umbrose, aún un poco seria, caminando para sentarse con ellos-Sólo que me preocupa...-

-Dorian, sí-terminó Alice la frase, sabiendo bien lo que iba a decir la chica-Supongo que tienes la clave de su holocomunicador. Vamos a llamarle-

-De acuerdo-consintió la humanoide de cabello ondulado, un tanto más tranquila. Al escuchar la palabra "Dorian", el mayor de los hermanos Kaulitz de inmediato puso mala cara; sin embargo, la novia de su hermano, la siempre encantadora señorita Project, se apresuró a hacerle un gesto en el cual le indicó que le explicaría después. Entendiendo de inmediato, el guitarrista se tranquilizó al instante.

De pié frente a un aparato que parecía un enorme cilindro, los tres individuos se acomodaron en una formación parecida a un triángulo, con la pelirroja Umbrose al frente, su expresión serena y sus manos apretadas en un gesto de tensión involuntaria. Al notar esto, Tom extendió su mano para tomar la de la chica, queriéndole comunicar sin palabras que todo estaría bien. Al sentir la palma de su mano entrar en contacto con la del guitarrista, la mujer se giró para mirarlo de inmediato. Durante los segundos que tardó el servicio en conectar la llamada, ambos se dedicaron a observar intensamente al otro; no fue sino hasta que el rostro atractivo del hermano mayor de Frances apareció en la pantalla cuando la pelirroja apartó sus pupilas del músico.

-Dorian-habló esta con voz calmada, medida y musical.


6 de febrero de 2012

Nocturna


Nocturna by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

El reloj del buró marcaba las cinco de la mañana en números azules cuando la criatura abrió de golpe sus párpados, despertando de sus ensoñaciones, envuelta en el tibio calor de la cama. Por alguna razón que escapaba a su avanzado entendimiento, tenía el presentimiento de que algo andaba mal. Cuidadosamente, se deshizo del abrazo de su novio, quien dormía profundamente, antes de salirse de la cama, avanzando sin rumbo exacto primero por la recámara y después a través del pasillo de suelos color arena, sintiendo la suavidad de la alfombra bajo sus pies descalzos. A través del diáfano cristal de una de las ventanas, vislumbró a la mujer, su piel iluminada por la luz de la luna, pensante y encogida como un ovillo en uno de los sillones de la terraza. Con la mirada perdida en la distancia, era difícil saber lo que pasaba por su mente.

-¿Qué haces aquí?-le preguntó sin preámbulos, sintiendo de inmediato el frío cortante de la madrugada que acariciaba su piel pero no la hacía tiritar, de pié en el exterior del departamento.

-Pienso-contestó la criatura de cabello pelirrojo sin tapujos, cambiando su mirada hacia su interlocutora, quien vestía una sencilla camisola de color negro, la misma que le había visto al llegar a ese extraño lugar, apenas un par de horas atrás.

-¿En?-inquirió la chica de la camisola, avanzando en el espacio para tomar asiento en un sillón paralelo al de la pelirroja, quien no le quitaba la vista de encima.

-En todo-confesó sin miedo la mujer, sus ojos verdes tremendamente abiertos-Gracias por no delatarme con Tom-

-Es parte de las reglas-expuso la criatura pelinegra, de ojos azules y piel blanca-Podrías decir que estamos en el mismo barco-

-Es evidente que Bill conoce tu secreto-puntualizó la pelirroja, jugueteando con el vestido negro, el mismo que había usado en el desfile, el que se había vuelto a poner para salir a aquella terraza completamente desconocida.

-No todo...-confesó Alice, pesarosa; cuánto deseaba poder hablarle abiertamente sobre cuál era su misión.

-Debes tener muchas preguntas-dijo Frances al cabo de un rato en el que las dos humanoides se quedaron calladas.

-Demasiadas-reconoció la humanoide de espeso cabello obscuro-Desde que te vi por primera vez...-

-No fue bastante agradable aquél encuentro, ¿Eh?-se rió Umbrose, evocando el momento en su memoria infalible.

-No tanto-rió la novia de Bill-Ustedes no son precisamente...-

-¿Simpáticos?-completó la pelirroja la oración, entre risas de ambas criaturas-Lo sé; pienso que nuestro padre no nos creó precisamente para eso-

-Él tampoco es una perita en dulce-comentó Alice de manera socarrona, pensando en el egocéntrico y presumido Anderson Watts.

-Se parece muchísimo a Dorian-comentó Frances.

-¿Él y tú...?-

-No somos pareja, si eso es lo que crees-la interrumpió Umbrose, con una sonrisa dulce en su rostro-Él es mi hermano-

-¿Cómo es eso posible?-inquirió la hija de Richard Vo, tremendamente sorprendida. Hasta donde ella sabía, no era posible que entre humanoides existieran lazos consanguíneos; ya que todos sus códigos genéticos eran completamente diferentes.

-Estamos hechos a partir de una misma célula-explicó Frances sin dejar de sonreír; sabía de antemano lo que debía de haber pensado Alice, ya que, a diferencia de ella, la criatura de Anderson Watts sí estaba enterada de la misión del grupo de la novia de Bill-Si te das cuenta tenemos ciertos rasgos similares, aunque no sean muy evidentes-

-Qué extraño-expresó la cuñada de Tom, reclinándose en su sofá-Creí que todos habíamos sido creados en parejas porque...-

-Tenemos que procrear la nueva especie-completó la pelirroja el pensamiento de Alice-No, no es realmente mi objetivo. Dorian y yo estamos diseñados para probar los lazos afectivos humanos-

Sorprendida ante semejantes declaraciones, la mercadóloga cerró los ojos pensando en el infinito egoísmo de Astrella. ¿Como podía lanzarlos al mundo sin saber si se toparían con más como ellos? Ahora, las posibilidades de que hubiera más humanoides desperdigados por el mundo le sonaban completamente razonables.

-¿Alice?-la llamó Frances después de un rato que ambas pasaron en silencio, intentando atraer su atención.

-Dime-respondió la interpelada, sin moverse.

-Gracias por salvarme hoy-expresó Umbrose un tanto cohibida. En silencio, la novia de Bill abrió los ojos lentamente, para después enderezarse dentro del sillón en el que se encontraba acomodada, de manera que pudiera visualizar correctamente a la pelirroja, quien a su vez no le quitaba la mirada de encima.

-No hay de que-contestó Alice, seria-Fue instintivo-

-De todas formas, gracias-insistió Frances.

Sin más que decir, un silencio un poco más cómodo se creó entre ambas mujeres y, durante un corto lapso, ambas disfrutaron la compañía de la otra, sabedoras de que ambas eran portadoras del mismo secreto. No fue sino hasta que se escucharon los pasos somnolientos de Bill cerca de ellas cuando la atención de las chicas volvió a centrarse en algo.

-¿Amor?-llamó una vocecilla pastosa, proveniente de un individuo que se frotaba los ojos con una mano-¿Quieres venir a dormir un rato más? Son cerca de las seis y no has descansado-

-Por supuesto, vámonos-accedió Alice, levantándose de la silla con un salto ligero, cosa a la que ya se había acostumbrado el vocalista. Silenciosa, Frances permaneció en el mismo sitio por unos segundos hasta que se dio cuenta de que el cantante la observaba como si quisiera que ella se fuera a dormir también. Sin entender cómo, la humanoide pronto terminó acatando las órdenes sin palabras del hermano mayor de Tom.

La criatura del doctor Richard Vo tomó al pelinegro de la mano en silencio y juntos avanzaron al mismo paso hacia la recámara donde desde hacía meses dormían juntos. A propósito, Umbrose se retrasó en su propia trayectoria y una vez que hubo perdido a la pareja de vista, se desvió hacia la sala del pent-house, en donde había visto a Tom dormitar sin cobijas cuando se dirigía hacia la terraza.

En silencio, la mujer avanzó con sus pies descalzos a través de la mullida alfombra que había en casi toda la habitación hacia el centro de la misma, con dirección al sofá de tapicería negra donde el corpachón del guitarrista alemán descansaba sin prisas. Lentamente, fue deslizándose de manera indetectable, elástica y parsimoniosa como siempre, hasta que finalmente alcanzó el mueble, del cual una mano que era cerca del doble de grande que la de ella colgaba sosamente. Poco a poco, la criatura fue acuclillándose hasta quedar completamente de rodillas frente al sillón.

Sabedora de que por primera vez tenía todo el tiempo del mundo para admirar el rostro que tantas pasiones había despertado en ella, se pasó tanto tiempo como quiso mirando detenidamente cada uno de los rasgos de aquél hombre al que amaba con tanto ahínco y con tan poca consciencia. Como quien conoce de arte y observa una pintura exquisita, así miraba Frances Umbrose a Tom Kaulitz, sintiéndose la mujer más feliz, la más plena y la más llena de posibilidades. Ahora que el yugo de Annya se había esfumado, era totalmente capaz de hacer todo aquello que antes la barrera de su mejor amiga le había impedido.

Durante largos minutos, lo observó hasta la saciedad, hasta la salida del sol. Cuando los rayos dorados y cálidos del astro rey comenzaron a llenar poco a poco la habitación con su luz reconfortante, decidió que era tiempo de dormir un poco. Cautelosa de no despertarlo, se fue acercando al objeto de su deseo, hasta que finalmente se encontró a su oído, presta para hablarle.

-Descansa-musitó con delicadeza, exhalando su tibio aliento sobre su piel acaramelada. Acto seguido, con su mano derecha repasó los contornos de su mejilla en una caricia, sacándole una sonrisa inconsciente. En silencio, se fue alejando de él sin dolor alguno, para postrarse en el suelo insonoramente, lista para dormir. Tranquila, cerró sus párpados sin maquillar y se dejó caer en el dulce seno del sueño sin preocupaciones.


5 de febrero de 2012

Misterio


Misterio by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



De pié en el amplio cubículo del ascensor, ambos individuos se encontraban en un completo silencio, uno frente al otro, en los diferentes extremos del espacio. Con los brazos cruzados sobre el pecho, uno de ellos evitaba la insistente mirada del otro. Desesperada, la mujer que se hallaba ahí se encaminó hacia el panel de control del artefacto, buscando algún botón que le permitiera ascender más rápido.

-Vamos, maldita cosa...-musitó con su voz dulce, urgiendo al dispositivo-Muévete-

-No entiendo cuál es tu prisa-habló el hombre que se encontraba con ella, perfectamente tranquilo y agradecido de encontrarse a solas con la criatura.

-No es que tenga prisa, es que... tengo que contactar a Dorian-mintió torpemente, tardándose en buscar una excusa creíble que, por supuesto, él no se tragó. Sabía bien que le incomodaba su presencia; después de todo, no había vuelto a buscarlo después de aquél día.

-Ah-contestó él fingiendo tranquilidad, sabiendo que tenía el control de la situación-Por un momento creí que tu nerviosismo se debía a que no me has llamado últimamente... creí que después de lo de mi auto...-

-Cállate-lo interrumpió una enojada Frances Umbrose, moviéndose en menos de una micra de segundo hacia él, apuntándolo con su dedo índice en el pecho, de manera amenazadora y salvaje-Eso fue un error. ¡Sabía que no debía salir contigo! Arruinaste mi amistad con Annya, ahora tal vez esté en problemas con Dorian y abandoné a Lexie en un mar de gente, ¡todo es tu culpa!-

-¿Mi culpa?-repitió Tom Kaulitz entre risas, divertido por aquella situación: no era la primera vez que le pasaba-¿Quién me llamó aquella vez?-

-¡Me equivoqué! ¿De acuerdo?-gritó la pelirroja, completamente exasperada; aquella noche no podía terminar peor-Pero ahora... Dorian... ¿Qué voy a decirle?-

-¡Carajo!-gritó Tom, ahora comenzando él a desesperarse-¿Pues qué Dorian es tu novio, tu prometido, tu esposo o algo así? ¿Por qué te importa tanto el que sepa dónde estás?-

-¡Porque va a preocuparse si no me encuentra en el desfile!-chilló Frances, al borde del colapso-Tengo... tengo que volver por él y por Lexie... tengo que encontrarlos-

-¿Sabes qué? Estoy oficialmente harto-expresó el guitarrista, parando el ascensor mediante el botón de emergencia. Asombrada, la humanoide no tenía ni idea de lo que el músico planeaba hacer-Te voy a llevar a que los busques en el evento pero ni creas que te vas a ir con ellos a tu casa. Iremos, los buscaremos y te regresas conmigo-

-¿Y cuál es tu afán por tenerme en tu casa?-quiso saber Umbrose, sintiéndose halagada por el empeño que el mayor de los hermanos Kaulitz mostraba con respecto a que se quedara a pasar la noche con él.

-Annya te va a ir a buscar-contestó Tom, a sabiendas de lo que su loca ex novia podía estar tramando-Caerás en pánico al verla ahí, no serás capaz de tocarle un solo cabello si te ataca... necesitas a alguien que te cuide la espalda-

-Mientras no intentes cuidarme otras cosas...-murmuró la humanoide, viendo al humano que estaba con ella presionar el botón de "Estacionamiento" en el panel del ascensor.

-Esos son asuntos míos-le sonrió el guitarrista de manera lasciva.

Mientras tanto, en el otro ascensor, Bill Kaulitz y Alice Project se besaban apasionadamente, él con su cuerpo contra el de su mujer, la espalda de ésta última presionada contra la superficie metálica de una de las paredes del ascensor. A sabiendas de que nada resolverían preocupándose, decidieron dedicarse a aquello que tanto habían deseado desde el desfile. Súbitamente, en la mente del menor de los hermanos una alerta se dejó escuchar, mostrándole al vocalista que acababa de recibir un mensaje de texto de su gemelo. Consciente de la situación, el cantante supo que ésta vez no podía ignorarlo.

-Permíteme un momento-le pidió el front man a su novia, despegándose de ella para leer el mensaje con suficiente claridad mental como para entenderlo. Entre risas, el músico llegó hasta el final del texto.

-¿Qué dice?-quiso saber Alice, preguntándose el por qué de la risa de su novio.

-Tom va a llevar a Frances de regreso con Lagerfeld para ver si Dorian y Lexie siguen allí-rió Bill, contestándole mentalmente que no había problema-Dice que ella está encaprichada con encontrarlos-

-¿Con eso o con marcharse de aquí?-contestó la humanoide entre risas también, comprendiendo la reacción de Umbrose: no todos los humanoides eran afectos a convivir con humanos.

-De todos modos no creo que Thomas le sea de gran ayuda...-musitó el productor musical todavía riéndose, antes de volver a concentrarse en lo que estaba haciendo antes de que llegara el mensaje de su hermano-¿En qué estábamos?-

Veinte minutos más tarde, el sonido del ascensor llegando a piso sonó a través del recibidor principal del pent-house de los hermanos Kaulitz, con un satisfecho Tom y una enfadada Frances dentro de él. En el dormitorio, el oído extra fino de Alice le permitió conocer antes de que se anunciaran la llegada de la pareja y en seguida tanto ella como Bill se separaron uno del otro para ir a recibirlos, pretendiendo que nada había sucedido durante la ausencia de la humanoide y el guitarrista.

-¡Macky! ¡Hemos vuelto!-exclamó el mayor de los hermanos, feliz de la vida.

Pijama de Bill
-¿Y hubo algo?-inquirió Bill, avanzando hacia su gemelo, enfundado en una pijama de pantalón a rayas de franela color gris, una playera de algodón blanca y su pecho cubierto por un sencillo pero elegante suéter azul grisáceo. De la mano del cantante, venía su hermosa novia, una Alice Project de cabello suelto, sin maquillar y ataviada con una camisola negra de Victoria's Secret. Sorprendida por el aura de elegancia e informalidad que exudaban ambos, a Frances le sorprendió encontrarlos así.

-En absoluto-contestó Tom, para nada sorprendido por la imagen de su hermano y su cuñada: para él ya era rutinario verlos así-Cuando llegamos nos informaron que a Lexie se la había llevado Dorian a casa. Supongo que puede cuidarse sola-

-Lexie sólo tiene diecinueve años, para tu información-expresó Umbrose enfadada, sorprendiendo a Alice de nuevo: se suponía que todos los humanoides tenían la misma edad. O por lo menos así era en su grupo.

-Pero está con Dorian-apuntaló el guitarrista, intentando corregir su metedura de pata-Y tú me dijiste que él es muy responsable, ¿no es cierto?-

-En eso tienes razón...-consintió la humanoide, sintiéndose más tranquila al pensar en ese hecho-Puedo confesar que es una de las cualidades que más me gustan de él...-

-¿Lexie es tu hermana, Frances?-inquirió Bill, intentando darle un giro a la conversación.

Pijama de Alice
-No, es mi mejor amiga-contestó la pelirroja dulcemente, sonriendo de manera involuntaria: la alegraba hablar de Lexie-Pero la quiero como si fuera mi hermana-

-Eso es muy dulce de tu parte-repuso el cantante, antes de fingir un bostezo ruidoso para indicarle a los demás que ya era hora de irse a dormir; después de todo, ya eran más de las tres de la mañana-Vaya... disculpen. Lo que sucede es que estoy cansado... estos eventos siempre me dejan así-

-Te comprendo-replicó Frances de manera empática.

-Imagino que tú estás igual-puntualizó el menor de los hermanos Kaulitz, intentando parecer condescendiente con la pelirroja pero sin mostrar sus verdaderas intenciones-Será mejor que todos nos retiremos a nuestras respectivas camas. Thomas, supongo que no representa inconveniente para ti cederle tu  habitación a nuestra invitada por esta noche-

-Para nada-contestó el interpelado de inmediato, sus ojos brillantes a causa de la emoción. ¡Tendría a Frances Umbrose durmiendo en su casa! ¡En su recámara! ¡En su cama!-Es más, le mostraré el camino. Con su permiso-

Y así, la modelo y el músico, ambos sintiéndose nerviosos al saber que ya no había obstáculos que pudieran separarlos, desaparecieron de la sala de los Kaulitz, para dirigirse al dormitorio del mayor de los hermanos. En la puerta, la humanoide se quedó paralizada, tremendamente cohibida al saber que Annya, su única obstrucción, por fin había desaparecido del mapa.

-Así que...-musitó la dulce voz de Umbrose, intentando sonar casual a pesar del nerviosismo del que era presa-¿Tú duermes aquí?-

-Adentro, pero sí-rió Tom de manera natural-Todos los días-

-Me estás mintiendo...-murmuró Frances entre risas, abriendo la puerta de la habitación. Para su sorpresa, se encontró la cama tendida, el cuarto perfectamente arreglado, sin los restos de prendas de ropa interior de otras mujeres o el desorden de partituras del que Nikova alguna vez le había hablado a su mejor amiga con respecto al cuarto del guitarrista.

-Lo hago desde que estuve contigo-confesó el alemán, hablando con un tono tierno que la humanoide jamás le había escuchado. De inmediato, la criatura se volvió para verlo, incapaz de creer lo que éste le decía.

-Annya decía que tú...-

-Mira, lo que ella te haya dicho... ya no tiene validez. Puede que haya sido cierto antes pero... ahora es diferente-comenzó a hablar el músico, sin que nadie pudiese detenerlo-Sólo... sólo quiero estar contigo-

Enternecida ante las palabras del artista, la pelirroja quedó completamente fascinada por él. Sin embargo, no pudo evitar tener sus atisbos de dudas; Annya le había contado en repetidas ocasiones lo romántico que el mayor de los hermanos Kaulitz podía llegar a ser cuando se entusiasmaba en exceso. Viéndolo desde ese ángulo, la inteligente humanoide sabía que no debía dejarse engatusar por las palabras de Kaulitz.

-Tom...-

-Dame una oportunidad-la interrumpió, antes de que pudiera decir más-Conóceme primero-

-Veremos-contestó Umbrose con seriedad, antes de introducirse hacia la habitación. Dentro, sin pudor alguno, comenzó a desatar las cintas que mantenían el vestido asido a su cuerpo. Extrañado, el mayor de los hermanos Kaulitz se la quedó mirando sin saber qué decir durante largo rato.

-¿Qué...? ¿Qué haces?-inquirió el guitarrista, comenzando a ponerse nervioso.

-Me desvisto-contestó Frances con simpleza, deslizando el cierre que tenía el vestido por la espalda, dejando ver su piel inmaculada, el par de lunares perfectamente redondos que tenía debajo del omóplato izquierdo.

-¿Para qué?-musitó el músico con dificultad.

-Para dormir-replicó la humanoide, sin entender la cara de pasmo de Tom-¿Es que acaso no sabes que es  casi imposible descansar con ésta ropa puesta?-

-Ah... tienes razón-contestó él, su rostro iluminado por una idea macabra-De hecho, ¿necesitas ayuda? Esas cintas se ven un tanto... complicadas-

-¿Serías tan amable?-respondió la pelirroja con una sonrisa, sin conocer las lascivas intenciones del alemán. En silencio, se acercó a él antes de colocar sus manos sobre las del músico, posándolas después sobre un listón en específico, uno que hacía que el vestido se soltara por completo-¿Podrás?-

-Claro...-musitó Tom con placer, desnudando literalmente a la mujer de sus sueños. Lentamente, un bra strapless de tela negra apareció, dejando entrever los senos altivos y bien proporcionados de la criatura. Al borde del orgasmo, el productor no podía creer lo que estaba viviendo. 

-¡Thomas!-gritó una voz indignada, haciendo que tanto la humanoide como el músico voltearan a buscar a su escandalizado locutor.

-¡Macky!-contestó el mayor de los gemelos, lamentando internamente que aquél buen momento se hubiera interrumpido.

-¿Me puedes decir qué estás... haciéndole a nuestra invitada?-quiso saber el cantante, al ver la comprometedora escena.

-Me está desvistiendo-respondió Frances por Tom con una sonrisa en los labios. Al parecer su inocencia era la misma que la de Alice.

-Que gusto-repuso Bill sarcásticamente, cosa que avergonzó más a su hermano menor y al mismo tiempo hizo crecer la sonrisa de una cándida Umbrose que no comprendía la problemática allí existente- ¿Thomas, serías tan amable de acompañarme a la sala?-

-Con permiso-rumió el guitarrista, soltando a regañadientes la tela del vestido de la humanoide.

-Gracias por ayudarme con mi ropa-alcanzó a expresar la pelirroja, con una enorme sonrisa en su rostro. Tom era tan amable.

-Cuando quieras-le sonrió el interpelado en respuesta, sin pensar en lo que había dicho, ganándose un codazo en las costillas de parte de su hermano.

-Eres un pervertido-le dijo Bill a Tom una vez que hubo cerrado la puerta del cuarto de su gemelo.

-¡Ella fue la que me pidió ayuda!-argumentó el mayor de los hermanos, sabiendo que era totalmente culpable.

-Y tú muy displicente le hiciste caso-regañó el vocalista al hombre que tenía frente a sí. No podía creer su inconsciencia.

-Uno siempre debe obedecer las órdenes de una señorita-sonrió el guitarrista, sin sentirse ni siquiera ligeramente avergonzado por sus actos: era uno de los mejores momentos que había tenido nunca-Además, tú te quejas de que nunca actúo como un caballero con las mujeres... ésta vez quise serlo con Frances y mira lo que me vine a ganar contigo-

-No me hagas enfadarme más-le advirtió el front man a su hermano, antes de echarse a andar por el pasillo, en dirección a la sala de su hogar. Entendiendo claramente la indirecta, el alto hombre de trenzas negras siguió a su gemelo sin decir una sola palabra más. Una vez que hubieron llegado a la estancia, el menor de ellos se plantó frente al más amplio de los sofás como si hubiera algo importante que ver ahí.

-Tú vas a dormir aquí-declaró Bill, sin pedirle opinión a su hermano mayor-No te quiero ni a dos metros de tu recámara, ¿De acuerdo? Y si te encuentro durmiendo con Frances, tú y yo vamos a tener problemas muy serios; ¿Comprendiste?-

-Aha, ¿Y qué pasa si ella viene a mí?-le preguntó Tom a Bill, quien le daba la espalda. Lo que el menor de los hermanos no sabía es que, contrario a lo que pensaban él y el resto de sus amigos, era en realidad Umbrose quien buscaba con mayor ahínco al mayor de los Kaulitz.

-Te pregunté si comprendiste-repuso el modelo con voz firme, dejando ver de inmediato que no estaba para juegos-No me interesa si ella llega a desnudarte a la mitad de la noche. No te le acerques-

-¿Por qué?-quiso saber Tom, sin entender cuál era el motivo por el que su hermano menor estaba tan interesado en mantenerlo alejado de Frances si él bien sabía que tan loco se sentía por ella.

-Es algo que no puedes entender ahora-musitó Bill, sintiéndose tremendamente culpable al estarle ocultando algo a él-Pero te prometo que te lo explicaré en cuanto me sea posible-

-Macky, dime-le pidió el guitarrista a su líder-Por favor-

-Prometo que lo haré después-juró el vocalista, volviéndose para observar a su gemelo, quien lucía  perplejo ante la situación-Sólo hazme caso por hoy. Por favor-

Sabiendo que los motivos por los cuales Bill quería resguardarlo de Frances debían ser jodidamente buenos, al mayor de los hermanos no le quedó otro remedio que acatar las órdenes de su gemelo, a sabiendas de que éste sólo buscaba lo mejor para él.

-Está bien-consintió el músico, sentándose en el sofá sin discutir más-Que descanses-

-Buenas noches, Thomas-contestó Bill Kaulitz, entristecido al tener que ocultarle algo así de grande a su mejor amigo y confidente de toda la vida... pero Alice había sido bastante específica. En la mañana lo hablarían...


3 de febrero de 2012

Altercado

Altercado by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



Vista frontal del vestido de Frances*
De pié en el camerino que se le había asignado para el evento, la criatura, cuyo cabello pelirrojo ya caía en una desordenada cascada de caireles soñadores a través de su espalda de piel blanca, se movía elegantemente en la habitación escasamente iluminada, buscando su ropa y demás pertenencias personales que pudiese tener por ahí. Con el vestido que había lucido al inicio del evento aún puesto, tenía de igual manera todavía calzadas las zapatillas de cristal esmerilado. Feliz por la manera en la que se habían desenvuelto los hechos en la pasarela, entre ellos la inesperada aparición de aquél hombre, sonreía para sí misma, mirándose en el enorme espejo que tenía frente a sí; fue de esta misma manera como la vio aparecer, abriendo la puerta con sigilo y cerrándola tras de sí con el mismo cuidado, su mirada cargada de coraje.

-Carlie...-musitó la voz ponzoñosa, intenando sonar más dulce que de costumbre.

-Anny...-contestó la dulce criatura, la mujer pelirroja, con tono cauto.

-Estuviste encantadora allá arriba-comentó la recién llegada, introduciéndose por la parte más obscura de la habitación, cerrando la puerta tras de sí para que nadie pudiese escuchar su discusión.

-Gracias-respondió cordialmente la interpelada, dejando de darle la espalda a la criatura que se movía sigilosamente detrás de ella, de una manera ondulante y amenazadora, como la de un felino a punto de atacar-¿Te gustó el desfile?-

-Me encantó todo el evento-mintió aquella voz rusa, la cual guardaba aún un marcado acento natal, a pesar de los años que ya llevaba viviendo en América-Y hubo algo en específico que llamó mi atención...-

-¿Ah sí?-inquirió la mujer del vestido negro, envuelta aún en seda y gasa-¿Fue algún vestido en específico?-

-Fue un hombre-se apresuró a responder la acusadora criatura-Creo que sabes de quién hablo...-

-Podría ser-repuso la pelirroja, sintiéndose cada vez más tensa a cada segundo que pasaba-Con eso de que existen tantos hombres en tu vida...-

-Dejemos de hacernos tontas, ¿Quieres, Carlie?-le espetó Annya Nikova a Frances Umbrose, utilizando todavía el tono meloso que usaba cuando estaba especialmente molesta-Tom. Tom Kaulitz. ¿Qué carajo hace él aquí?-

-No sé si no notaste que su hermano fue el front face de este año, Anny querida...-contestó Frances con sarcasmo, comenzando a enfadarse por la manera en la que su mejor amiga se dirigía a ella-No me sorprende en realidad que esté aquí-

-¿De verdad? Pues a mí me pareció lo contrario-le recriminó la modelo a la humanoide, avanzando amenazadoramente hacia ella-Te encantó encontrártelo ahí, en primera fila; ¿No es cierto?-

-Annya, por favor no seas ridícula. Yo...-

-Eres una traidora...-interrumpió Nikova a la que fuese su mejor amiga, sin cuidar su lenguaje por un segundo.

-¿Traidora?-inquirió la pelirroja entre risas-¡Tú me mentiste! ¡Me dijiste cosas acerca de él que no eran ciertas!-

-¡Yo no te mentí!- se defendió Annya, apuntando a la mujer que tenía frente a sí con su delgado y puntiagudo dedo índice- ¡Él es todo lo que te dije y más! Para empezar, es un mentiroso; igual que tú. Sólo dale tiempo para que te demuestre sus verdaderas... cualidades-

-¡Eso no es cierto!- contraatacó la humanoide, dispuesta a defender a Tom a capa y espada- Tom es un excelente hombre. Más de lo que tú te mereces, por cierto... y fíjate que la descripción que tú me diste de "aburrido y monótono", no le queda en absoluto-

-¡En ningún momento dije eso!- mintió Nikova, sabedora de la clase de barbaridades que repetía acerca del guitarrista- Además; si no me equivoco, creo que llegué a mencionarte en algún momento que planeaba regresar con él-

-¿Y crees que él planee regresar contigo?- apuntaló Frances, hiriendo a la rusa en donde sabía que más le dolía- Creo que ya eres un capítulo cerrado en su vida, mi querida Anny...-

-¡No lo sabes! ¡Y por supuesto que eso es una mentira! ¡Soy el amor de su vida! ¡Su mujer ideal!- comenzó a gritar la modelo como histérica, moviéndose cada vez más rápido hacia Umbrose, hasta que las dos estuvieron frente a frente, cara a cara.

-¡Claro que lo sé!- contestó la humanoide, exaltada también- Si no, ¿Por qué crees que tuvo sexo conmigo?-

Apenas hubo escupido aquellas últimas palabras, el rostro de Annya Nikova, que anteriormente había sido una vívida representación de la cólera humana, cambió radicalmente, dando un giro del enojo al dolor, al engaño y la frustración. No había querido pensar que las cosas llegaran a tanto. Se trataba de Tom, así que bien podía ser cierto... ellos se habían conocido de la misma manera.

-Estás mintiéndome- expresó la pasmada humana, la mirada baja y la expresión en blanco.

-Anny, por favor...- susurró Frances con dulzura, sintiendo compasión por su mejor amiga- Él... él ya no quiere estar contigo. Me lo dijo. Tienes... tienes que dejarlo ir...-

-No-la interrumpió la modelo, levantando su rostro de súbito-Estás mintiéndome...-

-Annya...-

-¡Estás mintiéndome!-vociferó la encolerizada criatura-¡Serpiente asquerosa y repugnante! ¡Puta de lo peor! ¡Lo engatusaste para quitármelo! Pero ni creas que te va a funcionar el truco... ¡ÉL ES MÍO!-

-Como tú digas, amiga- contestó Umbrose, harta de escuchar tantas barbaridades. En silencio, se escabulló de la presencia de Annya, evitándola, para dirigirse hacia la única puerta con la que contaba el camerino. Saldría al pasillo, buscaría a Karl y le pediría permiso para dejar en aquél pequeño cubículo su ropa, para recogerla al día siguiente. Solicitaría que le prestara el vestido para irse a casa, a cuenta de entregarlo al día siguiente.

Y mientras Frances Umbrose procesaba a través de su potente cerebro todos estos hechos, una mujer de cabello negro avanzaba entre la multitud de modelos que había en los pasillos y los camerinos aledaños, buscando el sanitario cuya existencia le había indicado una de las edecanes del evento. Terminado el desfile, Bill y todos sus allegados se habían movido de la primera fila del enorme salón de la pasarela al camerino del vocalista, en donde se armó una gran fiesta. Súbitamente, a la novia del cantante le habían dado ganas de orinar, quizá por haber tomado tantas copitas de champagne y una vez que le avisó a Bill acerca de sus necesidades, abandonó el cuartito para ir a buscar un lugar donde pudiera refrescarse.

Ahora, en medio del pasillo, se encontraba perdida en medio de tanta gente, hasta que de pronto una puerta se abrió delante de ella, de la cual salió una criatura que Alice Project conocía muy bien: Frances Umbrose. Con su cabello pelirrojo suelto sobre sus hombros y espalda, la modelo se la quedó mirando durante algunos segundos, tan pasmada como la humanoide de encontrársela tan directamente. No fue sino por un descuido que la hija del doctor Richard Vo movió sus pupilas apenas una micra de segundo, el tiempo suficiente para ver cómo una enloquecida mujer de cabello color caramelo e iris verdes intentaba atestarle un golpe a la creación de Anderson Watts directamente al cráneo.

-¡Frances, cuidado!-exclamó la pelinegra, tomando en un impulso a su contrincante por los hombros, atrayéndola hacia sí para después tirarla hacia el suelo alfombrado del pasillo.

En un movimiento, vertiginoso y acelerado, Mia Alice  Project se apresuró instintivamente a tomar por la mano a la amenazadora Annya Nikova, para después deslizar rápidamente sus dedos hacia la muñeca de la modelo, tomándola con firmeza pero sin lastimarla, de manera que le dio un giro completo en el aire, hasta dejarla sentada en uno de los silloncitos de tapicería color rosa con los que contaba el camerino de Frances.  A causa del miedo, Annya había dejado caer la botella de champagne de cortesía con la que planeaba golpear a la australiana en la nuca. Completamente helada, apenas y fue consciente del ruido del cristal de la botella estrellándose contra el piso.

-¿Qué...? ¿Qué fue eso?-susurró una aterrorizada Nikova, sus ojos como platos, el rostro completamente pálido y el cuerpo tembloroso. Frente a ella, Alice todavía la tenía sujeta de la muñeca, helada también esta segunda al ver lo que había hecho.

-Absolutamente nada- contestó una voz masculina a la interrogante de la rusa, apareciendo por la puerta de entrada de la habitación, la cual se encontraba abierta de par en par. De inmediato, los ojos de ambas humanoides, quienes se encontraban en blanco, se giraron hacia su misterioso locutor.

-No es cierto...-murmuró Annya debilmente, incapaz de volver a hablar con normalidad-Tú lo viste. No puedes decir eso-

-Annya...-

-¡No puedes decir eso!- gritó la modelo, completamente histérica, lo cual era completamente comprensible para lo que le acababa de pasar- ¡Ella acaba de levantarme en el aire! ¿Es que acaso no lo viste?-

-Vámonos Frances- le ordenó Alice a su semejante en una sucesión rápida de palabras que resultaron casi incomprensibles para el resto de los humanos debido a su velocidad. Sin chistar siquiera, la pelirroja se puso  de pié de inmediato, consciente de lo precario de la situación. Acto seguido, la humanoide se dirigió a su novio, mirándolo a los ojos-Hay que salir de aquí-

-Por supuesto-contestó Bill Kaulitz, quien había ido a buscar a su mujer dado que ésta ya llevaba largo rato sin regresar del sanitario.

-¡Le diré a la prensa!- amenazó Annya a todos los presentes, los cuales ya se encontraban en la puerta del camerino.

-Claro-ironizó Bill, sonriéndole de manera burlona a la rusa, quien permanecía despatarrada en el sofá donde Alice la había colocado-¿Qué tal si también les cuentas que todo esto sucedió porque intentaste asesinar a  Frances Umbrose? Seguramente les resultará encantador. Con tu permiso, Annya-

En silencio, las dos humanoides y el vocalista de Tokio Hotel abandonaron primero el recinto de los camerinos, hablando ya Alice y su novio a través de sus holocomunicadores, en busca de salir de aquél lugar lo antes posible. Brevemente, le explicaron a Tom  que tenían que marcharse de inmediato e hicieron que éste mismo tranquilizara al resto de las amistades de la pareja, poniendo de pretexto que la pelinegra novia de Bill había sufrido un desamayo y se disponían a llevarla a casa; después de todo, ninguno de ellos conocía la naturaleza humanoide de la encantadora mercadóloga. Silenciosa, Frances los seguía sin hablar en absoluto, cogida de la mano de Alice, quien la sujetaba fuertemente a sí.

-Necesito avisarle a Dorian que me voy a ir con ustedes-expresó en voz baja la pelirroja, llamando la atención de Alice y Bill.

-Yo me comunico con él- la tranquilizó el frontman- No creo que no puedan conseguirme la clave de su holocomunicador-

-¡Lexie!-soltó Frances de pronto, recordando súbitamente la presencia de su mejor amiga en el área de camerinos-¡Lexie sigue aquí! ¡Necesito volver! ¡Tengo que ir por ella!-

-Alguien se hará cargo de eso-contestó el menor de los hermanos Kaulitz, enviándole mentalmente un mensaje a Phoebe para que fuera a buscar a la criatura de cabello castaño que tanta preocupación parecía estarle causando a Umbrose- Tranquilízate. Es prioridad abandonar este sitio-

Y así, antes de que pudiera proferir una palabra más, Alice y Bill introdujeron a Frances a un enorme aerodeslizador de vidrios polarizados, múltiples asientos y exteriores blindados, dentro del cual se encontraba Tom, sonriendo enormemente. Al verlo allí, Frances no pudo evitar sentirse un poco más tranquila.

-Señorita...-musitó el mayor de los hermanos, invitando a la pelirroja a subir. En silencio, ésta hizo un gesto con la nariz que hizo que pareciera que despreciaba la invitación del guitarrista; más, en menos de un minuto, ya se había arremangado el vestido para subir y se encontraba acomodada en uno de los asientos del fondo del vehículo.

-¡No puedo creerlo!-exclamó Tom en un susurro contenido cargado de emoción, inconsciente de que Frances podía escucharlo- ¡Irá a nuestra casa!-

-Compórtate- fue la única respuesta de su gemelo; sin embargo, una vez que el cantante y su novia se introdujeron en el aero, éste no pudo evitar sonreír enormemente en silencio, contento ante la buena suerte de su hermano.

El trayecto al departamento de los muchachos, que usualmente era un viaje animado y divertido, resultó bastante callado en el cual la emoción del guitarrista de Tokio Hotel resultaba casi palpable para todos los presentes. Sin necesidad de observarlo, Alice podía percibir con facilidad su aura de felicidad, más esto no la alegraba a ella tanto como cabría esperar, puesto que sabía que la dicha de su cuñado se centraba en la presencia de una de las personas que ella más detestaba en todo el planeta. Una vez que hubieron llegado al estacionamiento del edificio, Tom fue el primero en bajarse, a punta de saltos y trompicones, para ofrecerse a ayudar a bajar a la pelirroja que se encontraba sentada hasta atrás.

-¿Me permite?-le preguntó a Frances, extendiéndole su mano para que ella la tomara. Durante un segundo, la criatura pareció dudar ante semejante gesto de cortesía, más de buena gana lo aceptó, asiendo sus pequeños dedos a la enorme palma de la mano del guitarrista. Tom estaba que se orinaba de contento.

Después de ellos, Alice y Bill bajaron con facilidad del aero y aunque el vocalista pensaba que su novia pasaría dificultades para descender del vehículo gracias a sus delicados tacones y su nada práctico vestido, se sorprendió enormemente cuando la vio caer con gracia sobre las puntas de los stilettos, sin causarles daño alguno. Inclusive, parecía que el cantante había sufrido de mayores apuros con su traje de gala que su pareja para colocarse de vuelta en el suelo.

En silencio, Frances los observaba a ambos, analizando cada uno de los movimientos de la pareja; mientras tanto, Tom jugueteaba con uno de los papelitos que le había arrancado a su copa de champagne en el evento de Lagerfeld, hasta que el trocito de papel se desprendió de sus manos y lentamente fue descendiendo hacia el suelo. Sorprendentemente, Frances lo atrapó en el acto, en un solo movimiento, agazapándose para tomarlo. Impresionados, tanto Bill como Tom observaron en silencio a la modelo australiana, puesto que ellos no sabían de su origen.

-Esto es tuyo-contestó Umbrose apenada, sabiendo bien que se había exhibido frente a los gemelos. Cabizbaja, evitó mirar al sorprendido Tom Kaulitz a los ojos.

-¿Cómo...? ¿Cómo hiciste esto?-quiso saber el músico, sin poderle quitar la mirada de encima a aquella fascinante mujer.

-Fui atleta en la secundaria-mintió la humanoide, sorprendiendo a Alice: se suponía que los humanoides no podían mentir, estaba en su código de ética.

-Oye, hermano...-llamó Bill a su gemelo, atrayendo de vuelta su atención así como la de Umbrose-¿Por qué no subes tú primero con Frances, para mostrarle el departamento?-

Fingiendo que quería pasar un tiempo a solas con Alice, el menor de los hermanos Kaulitz tomó a su novia de una manera bastante arrebatadora por la cintura, acercándola a su cuerpo. De inmediato, su hermano captó la indirecta, aceptando de buena gana la proposición de Bill. 

-Claro, no hay problema- respondió el músico con una enorme sonrisa, abstrayendo de inmediato lo inevitable: el vocalista y su novia iban a pasar algo de tiempo a solas... pero también lo harían él y la hermosa modelo pelirroja que tenía frente a sí. En silencio, el guitarrista le dedicó a la criatura de iris verdes una lasciva mirada, fruto de la última vez que se habían visto. Justo a tiempo, el ascensor del edificio soltó un pequeño chillido musical, indicando que estaba listo para abordarse-Después de usted, señorita Umbrose...-

Al irse cerrando las puertas, el rostro de un nervioso Tom se dejó ver, sacándole una risa a su hermano menor y a la mujer de éste; por otro lado, Frances se veía como si nada y antes de que las pesadas planchas de titanio quedaran selladas, ésta le dirigió una profunda mirada a la hija del doctor Vo.

-¿Acaso Frances...?-

-Así es-respondió Alice  a la pregunta interminada de Bill, interrumpiéndolo justo a tiempo para que Umbrose no pudiera escuchar de qué estaban hablando. Al igual que ella, tenía un oído perfecto que le permitía una audición clara a varios metros de distancia.

-¿Por qué no me lo dijiste?-quiso saber el vocalista, sintiéndose un poco indignado.

-Es una de las reglas-le explicó la humanoide-No podemos revelar la existencia de otros. De hecho, nosotros ni siquiera sabíamos que existían unos "otros"-

-Pero, entonces...-

-Hablaremos de esto luego-repuso la pelinegra, enviándole al instante un holomensaje a su pareja de modo que sólo él pudiera leerlo. En la hoja digital se leía: "Ella puede escucharnos". En silencio, Alice y su novio abordaron el otro ascensor, listos para subir a su hogar, en donde se encontraba Frances Umbrose.

*El vestido utilizado por Frances Umbrose es una creación de Elie Saab.



1 de febrero de 2012

Presencia

Presencia by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Pasada la discusión madre-hijos entre los Kaulitz, la visita de los gemelos a su madre resultó de lo más espléndida para todos. En un intento de mostrarle a Simone que no era tan mala para su hijo menor, Alice hacía todo lo que estaba en sus manos para sacar sus mejores gracias, sus dones y habilidades que le resultaban una maravilla de lo más práctica a Gordon y un tanto tranquilizantes para Simone, principalmente la capacidad de su nuera para cocinar, cosa que le hacía saber que, a partir de su llegada a la vida de Bill, este comería un poco mejor. Además, tanto a él como a su gemelo se les veía más rozagantes desde que vivían con la fascinante criatura, un tanto más lozanos y animados a diferencia de antes. Así, la madre del par de músicos se quedó tranquila al marcharse estos, tres días más tarde, haciéndoles prometer que volverían a visitarla en cuanto tuviesen la oportunidad. En un acto emotivo, la familia entera se despidió, partiendo los dos Kaulitz y Alice de vuelta a su vida normal.

Vista general del departamento de los Kaulitz
Una vez de regreso en Los Angeles, Tom volvió a enfocarse en su misión principal antes de que todo aquél embrollo Alice-Bill comenzara: buscar oportunidades para toparse con Frances. De nuevo, entre sesiones de producción en la banda para finalizar el disco y los fittings para las diferentes pasarelas en las que se presentaba ocasionalmente, el guitarrista se las ingeniaba para encontrar el tiempo necesario para toparse con Umbrose, a la que era bastante difícil localizar, a pesar de su status de celebridad. Finalmente, un día que ya se encontraba de lo más exhausto, tirado en el sofá de su casa, escuchó las risas de Alice y Bill, quienes venían entrando por el recibidor, ambos tomados de la cintura del otro. 

-Te juro que no lo podía creer cuando me lo dijo- expresó Bill, su rostro pasmado en una expresión de emoción.

-Seguramente- contestó Alice, dándole un beso en la mejilla- ¡Es lo que tú querías! Estoy tan orgullosa...-

-Lo sé- repuso él, volviéndose para devolverle el beso, esta vez en sus labios rosados- Espera a que se lo cuente a...-

-¿Thomas?- se inmiscuyó el mayor de los gemelos, levantándose a medias del sofá -Ya está aquí, por si tienes algo que contarle-

-No tengo algo- contestó Bill, sabiendo que la noticia revitalizaría a su hermano, quien se veía tan decaído- De hecho traigo todo-

-Para ti- repuso Tom, aún sentado a medias.

-Para ambos- lo corrigió su hermano menor con una sonrisa que abarcaba todo su rostro -Adivina quién es el first face del evento Chanel de mañana-

-Tú, ya me lo habías dicho- respondió el guitarrista con certeza, sin encontrarle maravilla alguna a aquél suceso.

-¿Y quién es la first face femenina para la misma marca?- inquirió el cantante.

-Frances- repuso Tom con total seguridad, sabedor de cada uno de los pasos de su mujer.

-¿Y adivina quién va a hacer que el desfile de mañana sea un evento mixto?- soltó de último el frontman.

-¡No!- exclamó su hermano mayor, su rostro congelado en la sorpresa -¡No puede...!-

-Ya lo hizo- expresó Bill, disfrutando de la expresión en el rosto de su gemelo- Y tengo pases para...-

-¡Primera fila!- gritó el entusiasmado productor y músico, poniéndose de pié de un salto - ¡Santa madre, Macky! ¡Eso significa que...!-

-Estarás en primera fila- completó el menor de los hermanos la frase, con una expresión de total satisfacción en su rostro: sabía que a Tom le agradaría la noticia.

-¡Te juro que no puedo espe...!-

Vestuario de Tom
Y antes de que ambos se hubieran dado cuenta, Tom Kaulitz y el resto de sus amigos, que eran prácticamente ya como su familia, se encontraban sentados en primera fila con sus galas más informales, listos para ver al más pequeño de los hermanos Kaulitz, estando su hermano mayor y su novia sentados justo en el centro de la primera fila, mirando directamente hacia la pasarela. Con una playera color gris y y una sudadera todavía un tanto amplia, como las que eran sus estilo hacía años, el guitarrista no podía esperar a ver a su hermano salir por alguna misteriosa entrada, seguido seguramente de la mujer de su vida.

Lentamente, las luces se fueron atenuando poco a poco, haciendo que en la habitación se cirniera un aura de encanto y fascinación que fue aumentando conforme las luces iban desapareciendo, dejando iluminada únicamente una plataforma de color blanco implecable, en torno a la cual rizos de vapor se movían ondulantemente, como si ésta se encontrara en llamas. Al cabo de unos cuantos minutos, la música de The Pretty Reckless con Taylor Momsen cantando sus primeros estribillos comenzó a resonar por toda la habitación, indicando que el espectáculo había comenzado. De inmediato, cantidad de fotógrafos comenzaron a perfilar sus cámaras, al mismo tiempo que Bill Kaulitz, una de las estrellas de la moda más sobresalientes de aquellos tiempos, apareció de la nada, levantando su rostro de manera petulante, como solía hacerlo para llamar la atención de las masas. Sincronizado perfectamente con la música que sonaba a su alrededor, el hombre se fue moviendo impecablemente, con sus aires de dios todopoderoso, hacia el final del entarimado, el cual se había convertido en una lisa y sencilla superficie blanca.

Vestuario de Alice
Maravillada, una entusiasmada Alice enfundada en un vestidito blanco de encaje marca Dior observaba a su novio con toda la fascinación posible, pasmada al contemplar aquella faceta de Bill que nunca había visto antes. Sensual, se movía cada vez más cercano a ella, haciendo que a la criatura le dieran ganas de levantarse de su asiento de improviso, subirse de un salto a la plataforma en la que él se encontraba y tomarlo entre sus brazos para comérselo a besos y después... después podrían pasar otras cosas más interesantes. Como en un impulso, la humanoide no pudo evitar morderse los labios con frunción, sintiéndose presa de terribles tentaciones que hacían que el corazón le latiera más rápido y su mente se llenara de pensamientos lujuriosos. Al ver semejantes reacciones en su novia, al cantante de Tokio Hotel también le dieron súbitas ganas de despojarse de todo el vestuario que le habían proporcionado, para hacer con su mujer cosas que no tuvieran nombre.

Mientras tanto, a un lado de los enamorados, Tom no podía quitar la vista del fondo de la pasarela, esperando ansiosamente el momento en el cual una gloriosa Frances Umbrose apareciera por el camino que su hermano había seguido. Súbitamente, en uno de los picos de la música, los reflectores enfocaron cuidadosamente a una criatura que venía envuelta en un vestido de ligera gasa negra, sus pies cubiertos por unas zapatillas de intrincado diseño fabricadas de un material transparente que nadie alcanzaba a descifrar qué era.

Caminando diestramente a lo largo de toda la pista movible de la pasarela, la pelirroja avanzaba con aire serio y amenazador hasta que, directamente sentado delante de ella, reconoció un rostro que le era más que familiar. Acomodado en primera fila, la modelo reconoció al hermano de Bill, Tom, sonriéndole únicamente a ella. Sin poder evitarlo, la mujer se congeló súbitamente al ver el rostro de rasgos armoniosos del mayor de los hermanos Kaulitz observándola. Durante lo que le pareció una eternidad, se mantuvo de pié, estática frente a la multitud, insconsciente de cualquier otra cosa que no fuera la sonrisa brillante y abrasadora de Tom.

Durante un momento, el staff del evento, e inclusive el mismo Lagerfeld, llegaron a preocuparse al ver que la mujer, con la mirada fija en el guitarrista, no se movió durante lo que parecieron largos minutos, mismos que, para muchos duraron lo mismo que una eternidad. Repentinamente, la modelo pareció despertar, parpadeando aceleradamente mientras volvía a la pasarela, avanzando como si nada. Internamente, Tom no pudo hacer otra cosa que sentirse absolutamente maravillado ante lo que había sucedido; más, lo que no sabía, era que a su espalda, unos cuantos asientos atrás, una celosa Annya Nikova los observaba a ambos, puesto que no había sido invitada a participar en el desfile.