25 de mayo de 2012

Fuegos artificiales


Fuegos artificiales by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-¡Dame la otra mano, rápido!

-De acuerdo... ¡Allí va!

Con un ruido sordo, ambos hermanos aterrizaron en el suelo de color negro de lo que parecía la combinación de un laboratorio y un salón de clases, puesto que la recámara se encontraba cubierta de mesas alargada de madera clara, apostadas frente a banquillos de patas largas los cuales permitían un cómodo acceso a los costosos microscopios que había en cada una de las mesas. Finalmente, como la cereza del pastel, al frente de toda aquella fanfarria se encontraba un lustroso escritorio con una computadora exageradamente potente, además de un pizarrón electrónico conectado a esta. Sin duda, se trataba de un aula.

-Pero que...

-"La genética como parte de la creación de individuos"- intervino una voz que ninguno de los hermanos había escuchado con anterioridad. De entre las sombras, vieron moverse la silueta, encorvada y con los lentes a punto de caerse de la punta de la nariz deformada.

-¿Disculpe?- cuestionó el menor de los hermanos, a pesar de la mirada que le lanzó su compañero.

-Así se llama la materia- se explicó el misterioso interlocutor del par de músicos que se hallaban en aquella extraña habitación- Yo mismo la impartía hace poco. Hasta antes de que se tomaran las nuevas resoluciones...

-¿Qué nuevas resoluciones?-  volvió a inquirir el cantante, aproximándose sin miedo hacia el anciano de menor estatura que él; el cual parecía bastante tranquilo ante su inusual presencia- Usted es... ¿Vo?

-Richard, así es- confirmó el científico, dejando que la escasa luz del ala lo iluminara para que ambos jóvenes pudiesen verlo mejor- ¿Cómo lo sabes?

-Alice me habló de usted- replicó Bill, sin detenerse en su marcha hacia el tranquilo académico- Yo soy...

-Bill- completó la frase el erudito asiático- Así que tú eres el humano que destronó a mi Briant del corazón de mi hija...

-Señor, yo en ningún momento supe...

-No es tu culpa, muchacho- lo consoló Vo- Hay cosas que... simplemente no pueden controlarse.

-Así es- intervino en aquella ocasión, llamando la atención de su hermano, quien súbitamente, después de mucho tiempo de no comunicarse así, le expresó mentalmente "Tenemos que movernos rápido si queremos salir de aquí"- Doctor, disculpe la... poco ortodoxa intromisión pero estamos buscando precisamente a su hija, a Alice. Ella desapareció súbitamente hace menos de un día y mi hermano se encontraba seguro de que la tendrían aquí, ¿Dónde está?

-Ni siquiera yo sé eso- contestó de inmediato el canoso individuo- Tienen que ir a buscarla. En este momento, estarán decidiendo qué van a hacer con ella...

-¿Hacer?

-Tienen que rescatarla de inmediato, jóvenes. Corre un grave peligro estando aquí, dadas las circunstancias- expresó de último el viejo caballero, causándoles a ambos hermanos un terror de muerte. Estos, como por instinto, se miraron el uno al otro, antes de asentir una única vez: tendrían que enfrentarse a la multitud de soldados de Astrella que ya había allá afuera. Por último, antes de que se retiraran por la única puerta que encontraron, Richard Vo volvió a dirigirse a ellos, para no volver a hablar jamás- Chico... tienen dos nombres por una razón y ésta es la de hacerlos más humanos. Si no te responde como Alice, llámala Mia. Sólo así te será más fácil encontrarla.

-Gracias, doctor- se despidió Bill, teniendo el aciago presentimiento de que jamás volvería a ver al anciano.

En medio de un silencio espectral, la mujer de cabello pelirrojo se desplazaba a través de los largos pasillos por los cuales era conducida, al lado de una mujer igual de joven que el primer individuo que había visitado a su grupo, si no era que más. Sus rasgos todavía guardaban una especie de candor infantil y sus ojos grandes y redondos no hacían más que confirmar el hecho de que no podía tener más de veintún años. Ataviada con una falda tubular que le llegaba ligeramente arriba de las rodillas, los colosales tacones con los que cargaba no parecían hacerle mella a lo largo del enorme tramo que tuvieron que recorrer la aprendiz de genética y la creación del maestro de la primera.

-¿A dónde me llevas?- cuestionó por segunda vez en todo el recorrido la atractiva criatura no-humana, intentando aparentar que no le importaba en lo más mínimo su misterioso destino aunque, en realidad, se encontraba más temerosa de lo que estaba dispuesta a admitir.

-Ya te dije que ni siquiera yo lo sé. Jamás había estado aquí antes. El doctor Watts únicamente me indicó el camino- le contestó de manera golpeada la mujer, fruciendo el ceño al mismo tiempo que avanzaba con mayor rapidez, hundiendo los tacones con más fuerza en el suelo a cada paso que daba. Extrañada ante su actitud, la humanoide decidió dejar de hacerle preguntas.

Finalmente, al cabo de otros cinco minutos de marcha, un par de soldados que custodiaban una puerta de corte semirredondo observaron a la criatura discretamente, aunque inmediatamente podía notarse en los ojos de ambos el súbito interés que la mujer de ensortijado cabello rojizo les había producido. Sin mencionar una palabra, las observaron introducirse por el par de puertas achatadas, hacia una sala donde se encontraban más jóvenes como la gruñona señorita que conducía a la menor de los hermanos Umbrose. Éstos, ante la llegada de ella, no pudieron hacer otra cosa que pasmarse: su belleza los dejó atónitos. De entre todo aquél desastre, salió Anderson Watts del fondo, ya sin aquella sonrisa tan característicamente suya y ésta vez, con un gesto un tanto más sombrío y preocupado.

-Hija...- musitó el científico sin entusiasmo, esbozando un gesto que intentó parecerse a una sonrisa alegre, más no lo logró. El malhadado gesto, le indicó de inmediato a la pelirroja que algo andaba mal.

-¿Dónde está Dorian?- inquirió rápidamente la muchacha, comenzando a sentirse tensa en aquella inusual habitación.

-Frances...

-¡Quiero saber dónde está Dorian!- repitió la criatura, ésta vez con una potente voz que dejó a todos los presentes, incluído el doctor Watts, paralizados- ¡Ahora!

-Muñeca, me temo que no es posible...

-No me muevo de aquí hasta que no encuentre a mi hermano- sentenció Frances, cruzándose de brazos para confirmar la resolución que había en sus palabras; sin embargo, sucedió algo que ella no se esperaba.

-¿Ah no?- le susurró una voz por detrás, demasiado cercana para su propia seguridad.

Pasmados, ambos jóvenes avanzaron a través de la concurrida sala en la que súbitamente se encontraron y, por algún extraño motivo, se sintieron aliviados: allí había tanta gente, que hubiese resultado difícil encontrarlos entre la inusual cantidad de personas de su edad que se hallaban en la habitación. Un poco más tranquilos, comenzaron a movilizarse siempre juntos, avanzando como si observasen lo que los demás hacían para tomar nota, aunque en realidad estaban intentando dar con la muchacha que venían buscando. No tuvo que pasar demasiado para que la encontraran.

Sentada en una especie de mesa para picnic completamente pintada de blanco, rodeada de otros individuos que ambos sujetos reconocieron de inmediato, fue imposible pasarla por alto, con sus iris zafireñas reluciendo en todo momento. A pesar del horrible estado físico en el que se encontraba, sus ojos seguían siendo su mayor atractivo. El rostro, de facciones delicadas y suaves, se encontraba maltratado, con una impresionante cantidad de moretones, unas pronunciadas ojeras de color violáceo que le conferían un aire mortal de persona enferma y varias cortaduras en las mejillas y la frente, tenía una oreja vendada. Su cabello, el cual la última vez que la habían visto era largo, lustroso y ligeramente ensortijado de sus puntas, ahora se encontraba disminuído a una maraña enredada y cortada a punta de cuchillo hasta la altura de la barbilla. Angustiados, el par de caballeros no pudo evitar soltar un respingo ante semejante visión de Alice, la novia de Bill.

Ésta, al escuchar aquél sonido que le resultó extraño en ese contexto, volvió la vista hacia el cristal que la separaba de los demás ocupantes de aquella habitación y tristemente les dirigió una mirada sorprendida a los dos sujetos, a quienes no esperaba encontrarse allí ni en sueños. Sabiendo que podían descubrirlos si se comportaba demasiado evidente, intentó disimular que no estaban allí, aunque les guiñó un ojo en señal de complicidad, comunicándoles que entendía su situación y el hecho de que hubiesen ido a buscarla; además, su presencia únicamente significaba otra cosa: Bill también debía estar allí. Súbitamente animada, supo que no podía quedarse con los brazos cruzados, esperando a ser rescatada como princesa de cuento.

-Tenemos que salir de aquí- les comunicó a los demás humanoides, en una voz tan excesivamente baja, que los jóvenes que se encontraban a cargo de vigilarlos ni siquiera lo notaron. Sorprendidos, los cuatro individuos la observaron con extrañeza.

-Nos van a alcanzar- le comunicó angustiado a su hermano, mirándolo con ojos llorosos. Sabía que, si por algún motivo los llegaban a atrapar, era muy poco probable que salieran con vida de allí- Escucha, voy a quedarme para distraerlos, les haré pensar que vengo solo. Tú búscala, será más fácil para ti encontrarla.

-Macky, no- respondió el mayor de los gemelos- ¡Estamos juntos en esto! ¿Recuerdas? ¡Estamos juntos siempre!

-En esta ocasión no es así, Thomas- contestó con dolor Bill, conteniendo las lágrimas que luchaban por aflorarle- Muévete y trabaja como si en realidad fuésemos a salir de esta.

Así, sin darle oportunidad a su hermano de replicarle de nuevo, el vocalista se levantó de un salto y corrió hacia la dirección contraria en la que se escuchaban las fuertes pisadas apresuradas de las botas militares. Apreciando el sacrificio que su gemelo había hecho por él, Tom se echó a correr completamente descalzo, como lo habían planeado, a través del corredor en el que el par de hermanos se había ocultado para ganar un poco de tiempo contra las tropas de la compañía.

De esa manera, siguió avanzando sin detenerse un solo instante a lo largo del pasillo falto de iluminación, hasta que, a la distancia, percibió el brillo de una luz azulada que producía ondas en la pared del tunel. Atraído por ella, tuvo una buena corazonada y la siguió sin pensarlo hasta que, al parecer por accidente, fue a dar a un sitio donde había un grueso muro de cristal; dentro, unas máquinas eran las fuentes que emanaban aquella extraña iluminación neón; sin embargo, lo que vio dentro de los extraños aparatos con apariencia de cápsulas resultó sorpresivo para él: ahí, perfectamente tranquilos, se encontraban Frances y el resto de su clan, los cuatro con los ojos cerrados.

-No...- musitó el humano, acercándose a la gruesa pared que lo separaba de la mujer que más amaba en la vida y puesto que su atención se encontraba centrada en ella, no se dio cuenta del momento en el que el hermano de ésta, Dorian, abrió los ojos abruptamente.

Repentinamente, un sonido espectral llamó la atención de todos los presentes en la sala de observación, quienes se conglomeraron en torno a la enorme ventana que separaba la zona de análisis del pequeño espacio en el que se encontraban confinados los humanoides. Allí, a gatas, se distinguía a la más hermosa de las criaturas, una mujer pelinegra, tosiendo fuertemente mientras con la otra mano se tomaba la garganta, produciendo ruidos semejantes únicamente a los de la asfixia. De inmediato, todo el equipo que se encontraba allí comenzó a movilizarse, primeramente, abriendo la puerta que separaba a los humanos de los humanoides. Discretamente, Alice no pudo evitar soltar una sonrisa.

-Ahora...- comunicó en voz baja, observando de reojo al tropel de humanos que se dirigían hacia ella.

En menos de lo que imaginaron, los cuatro humanoides se movilizaron con su ultra velocidad, dejando encerrados dentro de la sala, donde ellos habían permanecido confinados como animales de exhibición, a los alumnos del doctor Vo, Dalium incluída. Con una sonrisita de suficiencia, la pelinegra los miró desde el otro lado del cristal: esperaba que ahora entendieran cómo se había sentido ella. Apenas hubo acabado todo aquél teatro, se volvió hacia Georg y Andreas, los únicos dos que había dejado fuera.

-Gracias por venir- expresó con una enorme sonrisa, profundamente conmovida por la presencia de aquellos dos hombres y su valentía al haber ido a arriesgar sus vidas por rescatarla- ¿Dónde está Bill?

-No tenemos idea- confesó Andreas, lo cual desanimó a Alice de inmediato- Nos separamos con la intención de buscarte por diferentes partes, para ver quién te encontraba primero.

-Muy sensato- convino Selick, entrometiéndose en la conversación- ¿Cuál era su siguiente fase del plan?

-Bill nos dijo que con encontrarlos a ustedes, ya fuese a su grupo o al de Frances, sería suficiente para salir de aquí. Únicamente debemos reunir a los otros- explicó Georg, atrayendo la mirada de Alice, quien no había reparado en él anteriormente.

-Te...

-Hablaremos de ello más tarde- expresó el músico con un tanto de molestia. A su lado, su rubio compañero tuvo que taparse la boca con una mano para contener la risa- Ahora es prioridad encontrar a alguno de los gemelos, si no es que a ambos.

-Vamos, entonces- replicó Briant con entusiasmo, ante la mirada atónita del resto de los humanoides.

Un tanto mareado, el músico despertó lentamente, sintiendo su cabeza como si pesara una tonelada más de lo usual. En su frente, sintió algo tibio y pegajoso brotar de su piel de manera paulatina, contagiando con aquella secreción misteriosa más partes de su cuerpo. Por instinto, intentó limpiarse antes de que aquél fluido le llegase a la cara; sin embargo, pronto se dio cuenta de que le era imposible, parecía contenido. Nuevamente, luchó por levantar cualquiera de sus brazos y para su propia sorpresa, notó algo retorciéndose en torno a sus muñecas, algo que le raspaba de una manera bastante incómoda.

-Si la sangre de su frente le causa alguna molestia, señor Kaulitz, sólo debe mencionarlo- habló una voz burlona, masculina, dirigiéndose al individuo que se encontraba apostado en la incómoda silla de corte vanguardista- Haremos que alguien venga a limpiarlo pronto. No queremos correr riesgos de infección con nuestro nuevo... huesped.

-¿Quién...? ¿Quién es usted?- preguntó débilmente el interpelado al hombre que acababa de dirigirse a él. Al hacerlo, la cabeza le palpitó como si se la golpeasen con un martillo.

-Oh, eso no tiene importancia en absoluto- expresó el misterioso interlocutor- Porque yo no soy una celebridad, como usted. De hecho, yo sí me puedo dar el lujo de salir a la calle sin que se me reconozca. ¿Qué cosas, no?

-¿Qué hago aquí?- continuó preguntando el sujeto, al mismo tiempo que trataba torpemente de abrir los párpados, los cuales parecía que le habían sellado con concreto.

-Digamos que... usted va a formar parte de un nuevo... experimento, por llamarlo así- sonrió el captor del músico, a quien éste último pudo vislumbrar a la débil luz de una lámpara- Porque, sabemos que usted tiene un hermano, ¡pero no cualquier clase de hermano! ¡Claro que no! Un gemelo idéntico. Tom, ¿No es así? Y nos encantaría hacerles unas pruebas a ambos.

-Pues suerte con encontrarlo...- mintió Bill, bajando la mirada para que su guardián no notara que ocultaba algo- Él no vino conmigo.

-¡Que extraño! Si sé de buena fuente que ustedes dos son bastante unidos...

-Tiene que estar aquí- intervino una tercera voz, una que el pelinegro no había escuchado antes, sin embargo, al verla, supo de inmediato quién era- No pueden estar separados. Les afecta físicamente.

-Que mentira más grande...- escupió el frontman, intentando persuadir al hombre del traje, quien lo observaba un tanto confundido- ¿Quién es esta mujer? No le crea, es una mentirosa.

-¿Tú crees?- replicó la dama, quitándose sin miramientos el suéter de tortuga que portaba. Avergonzado ante semejante escena, el vocalista cerró los ojos de nuevo, intentando escapar a ese momento de incomodidad. Segundos más tarde, escuchó el sonido de la prenda cayendo contra el suelo de baldosas- ¡Mírame!-

En contra de su voluntad, el músico no pudo evitar abrir sus parpádos, como si algo externo a sí se lo ordenase. Lentamente, fue apreciando el pecho de la mujer que estaba frente a él, lleno de cicatrices que perpetraban la piel inmaculadamente blanca; cada segundo, una nueva cortada se abría y, como por arte de magia, volvía a cerrarse, cicatrizando de inmediato.

-Sabes tan bien como yo que tienes poco tiempo para encontrarlo, o algo así comenzará a ocurrirte a ti también- espetó la mujer, observando a su par de encantadores ojos castaños.

23 de mayo de 2012

Sucesión


Sucesión by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-Su estado debe mejorar pronto; si no es así, llámenos de inmediato para buscar asesoría.

-¿Asesoría con quién?- escupió la mujer groseramente- ¿Con Anderson? Creo que podemos prescindir de sus servicios...

-Señora, lo mejor para los humanoides en este momento es reponerse en cuanto les sea posible. Las pruebas comenzarán pronto y...

-Ni siquiera lo menciones- volvió a interrumpirlo la hermosa pelirroja, lanzándole una mirada despectiva a los cuatro sujetos que ahora tenía encadenados al pié de unos camastros blancos de aspecto cuidado- Agradezco sus servicios.

-No hace falta, doctora Blair- le respondió el joven con un tono respetuoso, más, al mismo tiempo, cálido- El señor Roberts fue muy específico al mencionar que debíamos brindarle toda la ayuda que usted considerara necesaria.

-Entonces menciónenle a Dodman que me encuentro en deuda con él. Avísele que él y yo conversaremos luego pero que le estoy profundamente agradecida- comunicó de último la bella científico, luciendo un tanto mortificada. En silencio, el encargado de la brigada de primeros auxilios asintió una única vez con su cabeza cubierta de pelo negro, antes de retirarse de la habitación, donde dejó un poco mejor acomodados a los cuatro maltrechos sujetos allí presentes.

-¡A mi cuenta, van a descender lo más rápido posible de la nave! ¡Al principio, sus pies se sentirán muy pesados al entrar en contacto con la nieve, pero en cuanto avancen sobre el terreno, perderán esa noción! ¡Los estaré esperando aquí!

-¡De acuerdo!- respondió el caballero, un tanto confundido al escuchar semejante cantidad de instrucciones. Apenas colocar la suela de su bota de nieve contra la superficie blanca que cubría el piso, entendió a la perfección cada una de las indicaciones que acababa de recibir y de inmediato comenzó a movilizarse en dirección al enorme constructo metálico que se distinguía en la distancia.

-Vámonos- le espetó su hermano, confirmando el propósito agolpado de la tremenda montaña de ideas que cubría su mente en aquél momento. Silenciosamente, asintió una única vez con su cabeza cubierta por el pasamontañas negro, el cual únicamente dejaba entrever sus ojos alargados, protegidos éstos últimos por unas ligeras gafas contra la nieve.

-¿El doctor Vo no va a venir a vernos?- preguntó la mujer de manera casi petulante, a pesar de saberse lejos del control de aquella descabellada situación. Lentamente, la individuo que tenía frente a sí se giró para mirarla de frente, con un aire despectivo desde su posición, de pié entre las cuatro camillas cubiertas de sábanas blancas.

-Si sigue vivo...

-¿A qué se refiere con...?

-¿Qué le hicieron, malditas bestias?- inquirió con voz amenazante la más fiera de ellos cuatro, lanzándose hacia adelante en pos de su custodia, intentando atraparla y torturarla de manera que tuviera que resolver todas sus dudas.

-Tranquila, muñequita; era un chiste- se mofó de ellos la pelirroja, haciendo ondear su torrente de cabello en un gesto pretencioso- Evidentemente, Richard te creó con el sentido del humor basado en la medida del suyo...

-¿Por qué parece que odias tanto a nuestro padre? ¿Eh? ¿Por qué?- exigió la misma mujer, la de las iris cual zafiros, destellando con la escasa luz que pendía del techo. De manera involuntaria, la captora de los cuatro humanoides volvió a girarse, esta vez de una manera más brusca, dándole la espalda a su interlocutora, quien de inmediato intuyó aquél movimiento como un gesto de debilidad. Había encontrado el talón de Aquiles de Blair.

-Porque toda esta... desgracia es su culpa- escupió entre dientes la hermosa criatura, mordiéndose las uñas con nerviosismo hasta sacarse sangre, misma que comenzó a fluir discretamente hacia el suelo, desplegándose en gotas sobre la baldosa de color blanco que había bajo sus pies entaconados. Asustados, Alice y sus compañeros se miraron los unos a los otros con nerviosismo: si ella, que era el proyecto más fuerte jamás creado, podía destruirse a sí misma, ¿Qué podría hacer con ellos, de hacerla enfadar?

De una manera que les pareció imposible comprender, el hombre y sus compañeros pronto se encontraron dentro de las impenetrables instalaciones de Astrella Laboratories, en el edificio donde se alojaban todos los novedosos proyectos que la compañía desarrollaba y protegía con una discreción tan pesada que inclusive dificultaba al gobierno de cualquier país enterarse qué pasaba adentro de aquellas paredes blancas como la cal. Discretamente, fueron avanzando a través de los corredores, descendiendo cientos de metros en un pequeño cubículo al que nadie, jamás, parecía subirse; hasta que finalmente llegaron a un departamento que, según lo que pensaban, debía contener a la persona que estaban buscando. En el desplegado de secciones en las que se dividía el constructo, se leía: Área de experimentación génica y soluciones humanas.

Allí, se bajaron apretando el botón que los conduciría a aquél piso y para su propia sorpresa, llegaron antes de lo planeado a un corredor completamente desierto; sin embargo, no todo fue igual de sencillo a partir de aquél momento: a la distancia, escucharon el sonido de voces humanas, resonando contra las paredes al igual que sus pasos, mismos que se dirigían hacia su ubicación. Nerviosamente, se introdujeron en la primera puerta que encontraron; un ala solitaria que identificaron como una especie de vestidores masculinos.

-Tengo una idea- mencionó uno de los jóvenes, sus ojos brillantes ante la expectación.

-Dorian Umbrose- lo llamó una voz dura, diferente al tono con el que lo habían tratado a su llegada, a él y al resto de sus compañeros. De inmediato, el interpelado se volvió sin discreción hacia su interlocutor, extrañado ante la poca cordialidad de su trato. Se trataba de un sujeto de aproximadamente ciento ochenta centímetros de estatura, con el cabello excesivamente recortado al punto que difícilmente le cubría el cráneo. A pesar de sus rasgos atractivos, la expresión amarga en su rostro le restaba presencia en la habitación.

-¿Sí?- respondió el sujeto, intentando demostrar que no se encontraba intimidado por aquella súbita aparición; sin embargo, su compañero no pudo lograr lo mismo y nerviosamente estiró una de  sus manos blancas para aferrarse a la de su pareja, estrechando sus dedos con los de él en una evidente señal de apoyo y protección. El joven frente a ellos, que no le quitaba la mirada de encima al humanoide de cabello castaño, se percató inmediatamente del gesto.

-Se requiere su presencia en el ala dos, si es tan amable- mencionó el individuo de la bata blanca y los zapatos bien pulidos, dirigiéndose al humanoide que tenía frente a sí todavía con ese tono despectivo y, hasta cierto punto, grosero que para nada le estaba gustando a los demás individuos allí presentes.

-¿Algún motivo en especial?- interrogó una de las criaturas, quien inmediatamente llamó la atención del joven. Sabedora de que su belleza podía brindarle respuestas que de ninguna otra manera hubiese obtenido, le dedicó una mirada encantadora a su interlocutor con sus brillantes ojos de iris verdes.

-Alexandra...

-El doctor Watts lo solicitó específicamente- fue lo único que pudo expresar el atónito hombre quien, internamente, luchaba por desaparecer de su mente los pensamientos sucios que la recorrían, las fantasías que protagonizaba aquella elocuente mujer de cabello castaño y piel almendrada.

-Luces...

-Extraño, lo sé- expresó el hombre, mirándose al espejo mientras débilmente intentaba acicalar sus cabellos de manera inútil. A su espalda, el par de hermanos no eran capaces de contener las risas que les brotaban sin querer de sus gargantas.

-Académico, hermano; académico- lo corrigió el encantador sujeto de cabello rubio a quien, para sorpresa de todos los presentes, le sentaba bastante bien la bata blanca que portaba, así como el traje de su medida que habían encontrado en uno de los vestidores- Maldita sea, en mi siguiente vida seré médico o científico, ya que descubrí que la facha me sienta bastante bien.

-Cálmate, Gregory...- se quejó el más joven de los hermanos, cruzándose de brazos- ¿Qué opinas, Thomas? ¿Parecen... naturales?-

-Querrás decir geeks- respondió con desagrado el segundo de los individuos en la habitación que portaba una bata- Jamás me había sentido así de raro. Ni siquiera en la secundaria.

-Rarísimo- se mofó el más grande de los gemelos, cosa que al hombre que tenía frente a sí no le causó gracia alguna.

-Lo que hago por ti, Kaulitz...- musitó el interpelado, acomodándose una vez más el cuello azul de la camisa.

-Los agradecimientos para luego- propuso un sujeto de largas trenzas negras, mismas que no le permitieron jugar el rol al que el otro par de individuos se iba a entregar- Salen en... tres... dos... uno...

-Levántense- les ordenó súbitamente la mujer a los cuatro sujetos que se encontraban colocados en torno a ella, cada uno en su respectiva camilla- Y síganme... ah, se me olvidaba mencionarles... no intenten hacer algo estúpido en el camino, como escapar. Resultaría inútil jugar a "Policías y ladrones" conmigo, ¿No lo creen? Vámonos ya.

-¿A dónde nos llevan?- cuestionó una voz masculina, proveniente de un individuo que llevaba largo rato sin hablar; así que, cuando lo hizo, sorprendió al resto de sus compañeros, quienes lo creían demasiado atemorizado o pensativo como para pronunciar una palabra.

-Hay muchas mentiras que podría decirles para hacerlos sentir tranquilos, pero... seré franca con ustedes: veremos hasta qué punto nos conviene dejarlos vivir un rato más. Aunque, me parece, que entre ustedes hay un caso especial... ah, allí estás.

Repentinamente, todos los presentes volvieron la vista hacia la individuo que súbitamente parecia haber atrapado la mirada de la captora de los cuatro sujetos humanoides. En el centro de sus pupilas, brillaba la clara imagen del cabello rubio platinado, colgando a los lados del rostro famélico. La naricilla, que usualmente le confería a la mujer un aire de superioridad por la manera en la que la levantaba al dirigirse a los demás, ahora era únicamente un diminuto punto grisáceo sin mayor importancia en el conjunto anatómico; sorpresivamente, algo más lo opacaba. En el vientre, un bulto redondeado sobresalía por encima de la túnica sucia y hecha girones que portaba la criatura.

-Ven, querida- la llamó con falsa dulzura la mujer del cabello rojizo- Tú te mereces una recompensa excepcional por haber cumplido con el objetivo.

-No te quedarás con mi bebé, si es lo que pretendes- amenazó seriamente a Blair, quien, un tanto asustada ante semejante declaración, la miró con los ojos exageradamente abiertos- Estuve escuchando un poco de tu historia y... que lástima que tu sueño no se hará realidad conmigo.

-¿Qué tanto sabes?- cuestionó atemorizada, por primera vez, la guardiana del grupo de humanoides del doctor Vo.

-Lo suficiente como para informarte que tu mayor debilidad está de nuestro lado- sonrió Selick orgullosa, poniéndose de pié como solía hacerlo antes de que aquella tragedia sucediese: con la frente bien en alto.

-¿Sí? Ya veremos... cuando conozca la nobleza de sus orígenes...

-No me hagas reír, Alexis- se burló de ella la rubia, avanzando lentamente entre las camillas una vez que la hubieron soltado del grillete irrompible que la mantenía a ella y a todos sus compañeros atados a sus camas- Si bien sabes...

-¡Cállate!- le espetó en un grito, antes de propinarle un fuerte empujón que la hizo avanzar unos cuantos pasos a trompicones- Y si sigues hablándome así, no mediré mi fuerza la próxima vez. Después de todo, podemos decir que yo tengo la sartén por el mango... Tú,  niña, tú también acércate.

-¿Yo?- cuestionó Alice de manera incoherente, apuntando hacia si misma como por reflejo. Atónitos, Briant y Redgie se volvieron hacia ella, observándola con extrañeza.

-Sí, obviamente. ¿Qué? ¿No lo sabías? Estás embarazada.

-Como ya saben, lo más seguro en este momento es mostrarnos tranquilos. Ellos no tienen conocimiento del objetivo de las pruebas que ustedes están por realizarles; no permitan que los distraigan, ni siquiera entablen contacto verbal o visual con ellos, no los toquen a menos que sea necesario. Manténganse neutrales a pesar de lo que encuentren y, en los peores casos, ya conocen el protocolo.

-¿D... doctor?- llamó una vocecilla tímida, que surgió de la parte trasera del grupo de estudiantes.

-Sí, diga su nombre, por favor.

-Ehm... Bates, Roland Bates; señor- tartamudeó débilmente el individuo.

-¿Cuál es su duda, señor Bates?- cuestionó con fuerza el hombre a cargo de la conglomeración de jóvenes.

-¿Las máquinas de diagnóstico nos ayudarán a medir los parámetros para diagnosticar cuándo un caso es salvable?-

-Así es, Bates- confirmó el científico- No podemos permitirnos errores. Las vidas de las criaturas dependen de los resultados que obtengamos.

-Métete, métete y ya...- gruñó con desesperación el menor de los hermanos, tendiéndole una mano a su gemelo para que se introdujera a través de una estrecha escotilla por el cual el músico alegaba no caber debido a las colosales proporciones de su torso, específicamente, de su espalda.

-Macky, de verdad, no entro allí.

-¿Cómo rayos no...? ¡Thomas, métete y ya!

-¿Qué?

-¡Vienen por nosotros! ¡Entra, entra!


21 de mayo de 2012

Armada


Armada by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 
-Ya saben a dónde llamar si las cosas salen mal...

-Sí, gracias Natalie; los mantendremos informados- respondió él formalmente, sintiendo un nudo que se le formaba en la garganta: esa podía ser la última vez que se vieran.

-Cuídate mucho- le pidió ella débilmente, con la voz entrecortada y los ojos llorosos- Te quiero de vuelta, Kaulitz.

-Haré todo lo que esté en mis manos- contestó el hombre con dulzura, estrechando a su mejor amiga entre sus brazos- Además, no estaré solo...

A su alrededor, su hermano y dos de sus amigos se alistaban junto a la avioneta donde una mujer de largo cabello ensortijado los observaba con aire aburrido. De pié a pocos metros del silencioso armatoste de metal, Andreas, Fabiho, Phoebe y Rhoda observaban al reducido grupo de hombres con los labios fuertemente apretados y la expresión angustiada.

-Olvídenlo, no puedo quedarme aquí...- masculló Andreas entre dientes, avanzando hacia sus amigos ante la mirada atónita de su hermana. Ésta, cuando hubo reaccionado y se dio cuenta de lo que sucedía, corrió hacia él para tomarlo del brazo.

-Andy, no- le espetó con dureza, sus ojos llenándose de lágrimas.

-No te preocupes- respondió él, sonriéndole débilmente a su hermana menor- Voy a hacer un cambio. Espérame.

-¿Qué...?

-Hey, recién casado- se dirigió a Gustav, quien de inmediato volvió la mirada hacia él- Te cambio el boleto.

-¿Qué cosa?- respondió éste, sin haber entendido que quería decir el rubio individuo.

-Prefiero evitarme los riesgos de que mi hermana se convierta en una viuda. Es demasiado joven para ello- bromeó el ejecutivo, dándose a entender de inmediato- Quédate, yo voy en tu lugar.

-Andy...

-Él te hace más falta- expresó con ternura el mayor de los hermanos Hoffman, tomando entre sus manos el pequeño y cándido rostro de su hermanita- Quédate con él.

-Está bien- consintió Phoebe de inmediato- Pero con una condición.

-Phoebs...

-Regresa, es todo lo que te pido- lo interrumpió la mujer, acariciando su mejilla sin rasurar.

-Así sea lo último que haga- le sonrió de último, antes de echarse a trotar hacia el grupo de hombres, donde cambió de algunas prendas de ropa con Gustav.

Al cabo de diez minutos de sentimentales despedidas y un rápido repaso del plan de acción, los chicos estuvieron listos, subidos en la diminuta avioneta que contenía justamente cinco asientos excesivamente cercanos unos de los otros. Procurando no mirar atrás, se concentraron en lo que tenían que hacer: salvar a los humanoides.

-Señor Umbrose... que gusto que hayan llegado- recibió uno de los científicos del grupo de Vo a Dorian y el resto de su clan, quienes parecían un tanto nerviosos. Desde que Frances y Alexei se habían topado con Tom y Bill, no habían podido evitar sentirse precariamente temerosos respecto a su destino. Por lo que había expresado el mayor de los hermanos Kaulitz, no parecía que Alice hubiese sido conducida voluntariamente a aquél espectral recinto.

-Gracias...- expresó Dorian de manera indiferente, intentando esconder su pánico mientras tomaba apretadamente la mano de Lexie- ¿Por qué no está aquí el doctor Watts?

-Oh, lo que sucede es que se encuentra un tanto ocupado hablando con la junta directiva- expresó el individuo de facciones amables y cabello escaso- ¿Hay algo que necesiten antes de reunirse con él?

-Nos gustaría instalarnos, si es conveniente- propuso Alexei, saliendo detrás de Dorian y Lexie, sujetando la mano de Frances.

-Por supuesto, síganme por favor- respondió el anciano, avanzando lentamente por el largo pasillo escasamente iluminado que se encontraba frente a los cuatro individuos humanoides. Con desconfianza, se miraron los unos a los otros, sorprendidos ante la inusitada amabilidad con la que los habían recibido, cuando bien sabían por qué se les había llamado a aquél sitio.

Una vez en las alas en las que solían hospedarse cuando sólo eran sujetos experimentales, esperaron a quedarse completamente solos, una vez que su anciano anfitrión les dio algunas indicaciones y sonrientes asintieron en silencio hasta que éste se marchó. Finalmente, se volvieron a mirar los unos a los otros como en el principio, cuando recién habían llegado, pensando en lo que sabían que debían decir pero nadie se atrevía a hacerlo.

-Él no...

-No, no lo creo- interrumpió Dorian- O al menos espero que no.

-Creo que todos nos encontramos igual- expresó Frances, soltando un suspiro resignado- Tal vez la idea de Alice no era tan disparatada después de todo...

-¿Cuál? ¿La de huir?- inquirió Lexie, sin soltar a Dorian un solo instante- Efectivamente, ahora no se ve tan mal pero no creo que hubiésemos tenido muchas opciones. Lo que les dijo Tom...

-No fue muy claro al respecto- la interrumpió la menor de los hermanos Umbrose, deseando pasar el tema por alto. No lo podía creer.

-Igual, no resulta difícil imaginar qué fue lo que sucedió- intervino Alexei- Fue mejor venir por nuestra cuenta que...

Más antes de que pudiera terminar su frase, el sonido de una puerta abriéndose a la distancia llamó la atención de los cuatro individuos, los cuales se pusieron alertas inmediatamente. De manera instintiva, Alexei y Dorian se colocaron al frente de las dos mujeres con las que se encontraban, mientras estas se agazapaban a la defensiva, listas para atacar. Así se mantuvieron largo rato, hasta que la voz suave y agradable del doctor Anderson Watts resonó en sus oídos, seguida de pasos acompasados que se iban aproximando cada vez más a su posición. Instantaneamente, los cuatro sujetos abandonaron sus posiciones de ataque para colocarse en unas más naturales, como si se encontraran ajenos a lo que sucedía a su alrededor.

-Sí, necesitamos verificar eso también... no, ellos no se encuentran lastimados así que díganle a la brigada de primeros auxilios que no se presente, prescindimos de ellos- hablaba para el resto de sus acompañantes el científico, un grupo de jóvenes que parecían más sus hijos que sus alumnos. Finalmente, pareció darse cuenta de la presencia de sus creaciones allí y se dirigió a ellos con una sonrisa, como quien lleva años sin contactar con sus parientes- ¡Hijos míos! ¡Que gusto que ya están aquí! Temí que no quisieran venir a visitarme.

-Padre, ¡pero qué cosas dices!- exclamó Dorian regocijado, intentando ocultar su creciente nerviosismo- Al contrario; en cuanto supimos que estarías aquí, nos mostramos dichosos de reencontrarnos contigo. Nos tardamos debido a todos los asuntos que teníamos que arreglar antes de marcharnos.

-Excelente, hijo; excelente- respondió Watts eufórico, aproximándose a ellos para abrazarlos débilmente- Confío en que, a diferencia de los sujetos de Richard, el señor Roberts estará muy contento con ustedes. ¡Probablemente les permita regresar!

-¿Probablemente?- inquirió Frances inconscientemente, llamando la atención del científico, quien inmediatamente se volvió hacia ella.

-Aún no es una certeza, hija. Las cosas... no están marchando precisamente bien- terminó el doctor, con una enorme sonrisa en su rostro arrugado.

-¿Qué sucede, padre?- intervino Alexei.

-Los chicos de Richard... Creo que son conscientes, ¿No es así? Se... relacionan con humanos, rompen con los objetivos que se les han impuesto... son todo un desastre. Aunque, no es su culpa... Richard tiene la tendencia de que las cosas suelen salírsele de control.

-Te lo dije...- le susurró Lexie a Frances al oído, aunque no lo suficientemente bajo como para que Watts no escuchara.

-¿Qué cosa, Lex?- inquirió el científico con una sonrisa, intentando parecer conciliador.

-Scarlett...

-Yo defendía la política de la unión con humanos porque me parece que el aprendizaje de sus costumbres y reflejos primarios resulta indispensable para nuestra exitosa integración en la sociedad, de manera que nos podamos permitir avanzar con mayor rapidez hacia nuestro objetivo- interrumpió la menor de los hermanos Umbrose, confiando en que había dicho justo lo que el científico quería escuchar; y lo hizo, en efecto, dado que éste comenzó a sonreír con mayor amplitud.

-¿Ven? Ese es el secreto de todo esto: mantenerse con la vista fija en la meta- replicó el científico entre risas, palmeando el delicado hombro de la criatura pelirroja- Me alegra saber que siguen mentalmente en forma. No como esos engendros de Vo... Bien, hijos; debo retirarme, su llegada es motivo de mucha movilización por aquí. Espero que se encuentren a gusto en casa. Pronto llegarán algunos de mis estudiantes a hacerles unos cuantos chequeos, más no se angustien, son procedimientos de rutina...

-¿Padre?- lo interrumpió Dorian de manera conciliadora, dirigiéndose a él con una voz muy suave.

-Dime, Dorian.

-Nos da mucho gusto estar aquí- mintió la criatura, intentando de todo corazón sonar sincero. Al momento, supo que había logrado su cometido cuando los ojos del anciano científico se humedecieron.

-A mí también me da mucho gusto tenerlos conmigo, chicos- replicó débilmente el conmovido hombre- Nos veremos más tarde.


20 de mayo de 2012

Pasado


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-¿Todo está preparado entonces?

-Como pediste- respondió la mujer, avanzando al lado del caballero de cabello negro, mismo que se detuvo un momento, dubitante, asustado hasta cierto punto respecto a lo que estaba a punto de hacer. En silencio, su acompañante lo esperó, sabiendo que se sobrepondría pronto; solía sucederle que cuando se encontraba demasiado temeroso, se paralizaba repentinamente. 

-Disculpa... fue una especie de... lapsus- se explicó él, retomando el paso.

-No tienes de qué preocuparte- intentó confortarlo, tomándolo del brazo cariñosamente- Todo va a salir bien.

-De todo corazón, eso espero- comentó el hombre, antes de entrar por la portezuela- Mantente atenta por si las cosas no resultan según lo planeado.

-De acuerdo- consintió la dama, sonriendo débilmente en un intento de infundirle ánimos.

-Por cierto... estoy enamorado de ti- confesó él, devolviéndole la sonrisa- Perdón por no decírtelo antes.

Alexis Blair
-Richard...- musitó ella, corta de aliento, dando un paso hacia el frente con su pie descalzo.

-Aunque me gustas más cuando te vistes propiamente- comentó el científico, divertido ante la inesperada visión de los dedos pequeños y blancos de ella. Se encontraba tan preocupado que apenas y lo había notado- No te vendría mal ponerte los zapatos que te regalé.

-No los encuentro, ¿Sabes?- comentó la delicada doncella, colocando su par de delicadas manos tras su espalda, con los dedos entrelazados de una manera dulce- Es como si hubiesen desaparecido.

-Claro que lo hicieron- intervino una tercera voz en la conversación, proveniente de la boca de un hombre que acababa de salir por una pequeña puerta blanca- Eran horribles. Tuve que deshacerme de ellos; el solo verlos...vaya, me sorprende que todavía tenga corneas.

-Anderson, tú no debiste...

-Te compré otros, no te preocupes- consoló a la muchacha el joven científico de cabello negro, parecido al de su compañero de trabajo, el cual lo miraba enfurecido, unos cuantos metros adelante- Más bonitos.

-Me gustaban los que me dio Richard...

-Olvídalo ya, Lex... ¿Sí?- le pidió el encantador joven de piel blanca, tomando a la confundida criatura pelirroja de las manos, sintiendo la inusitada suavidad de su piel, aspirando el aroma a manzana que destilaba cada parte de su anatomía... era absolutamente increíble- Hablaremos de ello luego; sabes que estamos ocupados.

Richard Vo
-Oh, es cierto- sonrió la muchacha- Nos irá bien, ya lo verán.

-Estamos más que seguros, B- se dirigió a ella el primer joven, el que portaba las gruesas gafas de pasta negra, con ambas manos metidas en su bata de laboratorio, la corbata ligeramente chueca.

-Primero Dios...- musitó la joven, dirigiéndose a saltos al hombre de rasgos asiáticos, el que se encontraba más alejado de ella, para acomodarle la corbata de color rojo. Ante semejante respuesta, ambos científicos se miraron el uno al otro, atónitos ante lo que acababan de escuchar.

-Disculpa, muñeca; ¿Qué dijiste?- le cuestionó Anderson, el más joven de ellos dos.

-"Primero Dios"- repitió dulcemente la mujer, dirigiéndole una mirada cándida a su interlocutor, dado que no entendía que tenía de extraño lo que acababa de decir.

-Richard... ¿Puedo hablar contigo... en privado?- pidió uno de los perplejos jóvenes, dirigiéndose a su compañero. Éste, tan atónito como el otro, asintió torpemente un par de veces de manera acelearada, antes de tomar por sus delicadas manos a la criatura que tenía frente a sí- Ve al laboratorio y no salgas de allí hasta que alguno de nosotros vaya a buscarte, ¿Está bien?

-Sí- contestó ella débilmente, un tanto asustada por la reacción de ambos hombres; sin embargo, obedeció de inmediato la orden y se alejó, avanzando con ese paso suyo de bailarina de ballet, ante la mirada sorprendida del par de hombres.

Anderson Watts
-¿Escuchaste?- escupió Anderson, acercándose a su colega, profundamente indignado.

-Sí, lo sé... no pensé...

-¡Nadie pensó!- exclamó el americano, en un estado de ánimo más exaltado que el de su compañero- ¿Qué vamos a hacer si la junta se da cuenta?

-¿Qué quieres que hagamos? No podemos decirle que está mal lo que dijo- contestó aquél al que la mujer había llamado Richard- Tiene derecho a sostener sus convicciones, como cualquier otro ser humano.

-Ese es el problema, Ricky- se quejó Anderson- Ella no es humana. Lo sabes.

-Pero está tan cerca...

-"Cerca", no es suficiente- lo corrigió- Una persona con una deficiencia física está "cerca", como tú dices, de llevar una vida normal, más no por eso puede hacerlo.

-Tienes razón...- admitió pezaroso Richard- Esa inteligencia suya...

-Mira, no hay que alarmarnos antes de tiempo, ¿Está bien? Tal vez sólo lo dijo porque lo leyó en un libro o algo así... de ahora en adelante hay que ser más selectivos con su material de lectura. Entiendes lo que quiero decir.

-Claro...- musitó débilmente el asiático- Vamos... vamos a entrar ya...

18 de mayo de 2012

Verdades incómodas


-Ya sé lo que vas a decir, querida...- respondió la gloriosa criatura, echando hacia atrás su cabeza de pelirroja cabellera mientras reía abiertamente, sus brazos aún colocados de manera que se cruzaban el uno sobre el otro- Se supone que no existo... vaya cuento...

-No, no es eso- contestó Alice, enfocando sus iris azules en el cuello, la mandíbula, los labios... verdaderamente el parecido entre ellas dos era impresionante- Nuestro padre... es decir, Richard, como tú lo llamas, nos mencionó que tú habías quedado confinada después del... accidente...

-¿Accidente?- repitió la enfurecida mujer, casi a gritos, sumamente exaltada- ¿Así es como llama a lo que sucedió? ¿Un "accidente"?-

-Él no fue muy específico al respecto...- respondió la atemorizada humanoide, extrañada ante la súbita reacción violenta de Blair.

-Me imagino- espetó violentamente la criatura de piel blanca como la nieve- Después de todo eso es lo único que fui para él, ¿No es así? Un asqueroso fracaso...

Pero antes de que pudiese continuar hablando, la puerta de la habitación volvió a abrirse, esta vez con otro individuo parecido al captor de Alice, cuya silueta fuerte y amenazante se recortaba contra la escasa luz del pasillo. Con una risa ahogada, arrojó descuidadamente el bulto que traía jalando atrás; de manera que éste se estrelló con la pared contra la que se encontraban recargados los captores de los demás humanoides. Asustada, la tímida humanoide se repegó a Selick, quien en un impulso matenal también se acercó a ella, intentando darle consuelo. Lentamente, la criatura que acababa de golpearse en la frente contra la superficie de concreto fue levantando su lastimado rostro hasta que, para espanto de alguno de los presentes, aparecieron los ojos compasivos y amables de Briant.

-¡Briant!- gritó Alice asustada, acercándose al que fuese su marido de manera casi involuntaria. Torpemente, éste esbozó una débil sonrisa, verdaderamente complacido por ver a la mujer que más amaba allí- ¿Qué te hicieron?

-Lo único que puedo decirte,- respondió entre risas el captor de Briant, el mismo que venía tirando de él- es que fue una presa muy difícil...

-¡Carter!- lo regañó Blair, dirigiéndose a él con una voz de trueno que hizo temblar tanto a aquél como al resto de sus compañeros- Retírense ya, no me es... necesaria su presencia. Puedo con ésto-

-Señora, ¿Está usted segura? El señor Roberts fue muy específico...

-El señor Roberts aprobará esto, puedes estar seguro- le espetó en respuesta, mostrando su autoridad- Ahora márchense.

Sin chistar, los cuatro individuos allí presentes salieron por aquella puerta que no dejaba de causarles sobresaltos a los humanoides, cerrando suavemente al salir. Finalmente, se quedaron únicamente en la habitación Alice, el resto de su clan y Blair, quien caminaba en línea recta, en un trayecto de ida y vuelta, frente a ellos, sin mirarlos. Cuando le pareció más descuidada, Briant se dirigió a Alice.

-¿Estás... estás bien?- preguntó con voz suave el humanoide, intentando estirarse para mirar mejor el intacto rostro de la hermosa mujer.

-Sí, gracias...- respondió la criatura, avergonzada al ver las atenciones que se tomaba su todavía esposo con ella, cuando le había hecho tanto daño- Tú eres el que no está bien.

-Son algunos rasguños superficiales- rió tímidamente el hombre de cabello negro, intentando restarle importancia al asunto- Tú me conoces: no me gusta irme sin dar pelea.

-Yo...- intervino Blair en la conversación, hablando por primera vez en largo rato- Les pido una disculpa... mis androides no tenían por qué ser tan bruscos con ustedes. Pensé que había sido bastante específica cuando les dije que no quería heridos.

-¿Androides?- inquirió Alice, enfocándose en el rostro súbitamente compungido de Blair- ¿Cómo...?

-No son como ustedes- se explicó la científico, siendo compasiva por primera vez desde que llegaron- Ellos son simple maquinaria, engranes y tuercas cubiertas de plástico.

-El mismo que se utiliza para...

-Injertos de piel, sí- completó la pelirroja la frase de Selick, quien resultaba ser médico- Tratamos de darles un aspecto más agradable para que no desentonen en la sociedad. No es muy agradable ver un mecanismo tan complejo como el de ellos trabajar.

-¿El doctor Vo vendrá...?-

-Sí, no debe tardar- respondió Blair a la interrogativa de Redgie, quien, al igual que sus compañeros, se quedó bastante extrañado al ver aquella nueva faceta de su personalidad, que parecía ser cordial y, hasta cierto punto, humana- Él está consciente de que están aquí, no deben preocuparse.

-¿Doctora Blair?- se coló una voz desconocida dentro de la habitación; misma que llamó de inmediato la atención de la pelirroja- El grupo del doctor Vo ya se dirige para acá. Salieron de América hace media hora.

-¡Excelente!- expresó la mujer, con verdadero entusiasmo- Ella... ¿Ella también viene? ¿Confirmaron su asistencia?-

-Así es; no se resistieron en absoluto- le contestó el hombre que había venido a verla- Fue de lo primero de lo que nos aseguramos.

-Bien...- musitó Blair, con un destello de emoción brillando en sus pupilas de iris verdes- Llamen a Watts, que tenga todo listo para su arribo. Quiero estar ahí para verla...

-Un momento- intervino Alice con extrañeza- ¿Watts? ¿Anderson Watts? ¿El científico encargado del clan de Frances Umbrose?

Al escuchar el nombre de la ex novia de Tom, la mujer de cabello pelirrojo levantó la mirada de la misma manera que si se hubiesen dirigido a ella. Casi de inmediato, la humanoide intuyó que algo allí marchaba mal.

-No es de tu interés saber eso, niña- le espetó la científico, portándose grosera de nuevo- Ahora, si me disculpan... tengo que ir a atender otros asuntos.

-No te vas a salir con la tuya, ¿Sabes?- le expresó segura de sí misma Alice a su guardiana, la cual se volvió para mirarla con extrañeza- Nos van a venir a buscar.

-¿Ah sí? ¿Quién?- rió Blair de manera demasiado encantadora como para ser malvada- ¿Débiles humanos? ¿Por favor? ¿Qué pueden hacer ellos contra nosotros?

-No tienes una idea...- sonrió Alice, pensando en Bill, quien, seguramente, ya debería de estarse movilizando para encontrarla.

-¡Entonces ella está ahí!- gritó Bill eufórico, apuntando al sitio marcado por un gran círculo rojo en el mapa europeo.

-Exactamente...- coincidió Tom, tallándose el rostro con la palma de su mano, sentado frente a la pantalla donde el proyector holográfico mostraba a detalle el territorio cuyas coordenadas Frances le había enviado en un mensaje de su holocomunicador- Pero creo que debes saber desde ahora hermanito que el problema no es conocer dónde la tienen, sino llegar allá. Bastante simple, ¿No te parece?

-No te pongas irónico conmigo, por favor- le pidió el menor de los hermanos a su gemelo, el cual no parecía bastante interesado en encontrar a su cuñada.

-¡Chicos!- gritó una voz, proveniente del recibidor del departamento de los gemelos. De inmediato, ambos volvieron la vista hacia aquél punto, donde encontraron a todos sus amigos, congregados avanzando hacia ellos dos- ¡Supimos lo de Alice!

-Pero, ¿Cómo?- cuestionó Tom, levantándose para ver cómo la horda se movía hacia su posición, con Phoebe al frente, mostrando una expresión bastante angustiada.

-Heathcliff nos comentó que le habías preguntado por ella- respondió Gustav, dirigiéndose a Tom- A nosotros también se nos hizo extraño que no hubiese llegado anoche pero no quisimos mencionarlo por miedo a ofenderte.

-No se preocupen- respondió Bill, sintiendo de repente que la cabeza le zumbaba- Ahora lo importante es dar con ella; Frances nos dio un poco de información acerca de dónde puede estar. El problema es que...

-Está un poquito lejos...-se burló Tom despectivamente. No quería ofender a Bill, pero para nada le gustaba la idea de que Frances estuviese allí y, para más, con Alexei.

-¿Dónde?- cuestionó Georg, mirando el mapa atentamente.

-Eslovenia- expresaron ambos gemelos al mismo tiempo, dejando a todos sus acompañantes completamente perplejos.

-Ya sabemos que no es precisamente la vuelta de la cuadra pero... ya encontramos un avión- expresó Bill- O algo de ese estilo, es más bien una avioneta; es de una mujer que se ofreció a llevarnos de incógnito sin hacer muchas preguntas.

-Pensó que éramos espías industriales intentando colarnos a algún depósito experimental- explicó Tom ante la sorpresa de los presentes, con una sonrisa sarcástica de por medio.

-El caso es que- retomó Bill el hilo de la conversación- Puede llevarnos y recogernos. Estará sobrevolando cerca, entonces supongo que no debe ser problema. Con respecto a lo de meternos a la sede de Astrella...

-No tienen la menor idea de cómo hacer eso- adivinó Fabiho, mirando a ambos hermanos con un poco de escepticismo.

-Haremos lo que podamos- comunicó el menor de los hermanos, intentando sonar optimista- Haber cómo resultan las cosas y... eso es todo, ya nos vamos. Esperamos volver.

-Que "esperamos volver" ni que tus calzones, Kaulitz- expresó una voz femenina que Bill ya llevaba rato sin escuchar. Detrás de todo el grupo, salió Natalie, ataviada con una pesada chamarra de borrega- Vamos contigo.

-Chicos, no- les espetó de inmediato el músico a todo el grupo que tenía frente a sí- Precisamente por eso no los habíamos contactado: no queremos meterlos en esto.

-No es si quieres o no, Bill- intervino Georg en esa ocasión- Somos familia. Tenemos que estar juntos en esto.

-De verdad, son muy dulces pero...

-Déjanos ayudarte, al menos- propuso Natalie- Mis dos hermanos trabajan para el ejército; haré que te faciliten material para entrar.

-Nat, la violencia no es lo mío...

-Pero sí de esas personas y no se tentarán el corazón para darte un tiro en esa preciosa cabeza tuya, vocalista- espetó la estilista- No puedes entrar de manos vacías.

-Ella tiene razón...- musitó Tom, dirigiendo la mirada hacia su hermano. No quería morir.

-Está bien... un poco de ayuda no nos vendría mal... ¡pero nada más que eso!- aclaró el músico, mirando al resto de su banda, quienes los observaban con los brazos cruzados.

-Sí, como no...- expresó Gustav- Vamos a casa a traer unas cosas, nos vemos aquí en treinta minutos para planear cómo es que entraremos.

-Buscaré los planos de la sede experimental- propuso Phoebe- Debo tenerlos en los documentos de la oficina.

-Genial- sonrió Tom, al ver que el intento suicida de su hermano por salvar a su novia por lo menos comenzaba a sonar un poco más coherente. Al notar el tono con el que se había expresado, Bill lo miró con un poco de desagrado- ¿Qué? Era una misión suicida, Macky.


16 de mayo de 2012

Cabos sueltos


Cabos sueltos by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

En medio de un silencio que sólo era interrumpido por el sonido de sus pies arrastrándose a lo largo del pasillo obscuro, la disminuída criatura únicamente pensaba en él, a lo largo de cada metro que recorría. Por alguna extraña razón, no sentía dolor; o tal vez, el malestar que agobiaba a su corazón era tan grande que no permitía a su potente cerebro sentir algo más. A lo largo de su cuerpo, sentía caer las gotas de agua que la recorrían desde la cabeza a los dedos de sus pies, helándola a su tacto. Le parecía incomprensible que tanto viento no hubiese podido secarla. 

Finalmente, al cabo de lo que percibió como una eternidad, su captora se detuvo repentinamente, frente a una puerta apenas iluminada por un diminuto foco incandescente. Sin pedir permiso, se introdujo haciendo girar la sencilla manija dorada que había al alcance de su mano, muy distinta ésta a las que se utilizaban en los edificios modernos. Alice lo sabía bien; lo sabía porque Briant se lo había contado, él era arquitecto y ese era su trabajo: los pequeños detalles.

Callada, se dejó arrastrar otro metro más, dentro de una habitación tan escasa de luz como la anterior; sin embargo, aquella segunda ala poseía una mesa en el centro, bastante amplia como para acomodar varios objetos allí... o individuos. Asustada, se dio cuenta de que no estaba sola. Ahí, a su lado, se encontraba un rostro que conocía bastante bien.

-Selick...- musitó la criatura con un dejo de espanto en su voz.

-Calla...- le pidió la interpelada, al parecer demasiado débil como para hablar. Hecha un ovillo, la mujer se encogía sobre su vientre, cubriéndolo con ambas manos en una forma protectora, como si tuviese algo oculto allí.

-¿Qué...? ¿Qué te sucede? ¿Por qué hablas de esa manera?- quiso saber la recién llegada, intentando aproximarse a su antigua amiga, a la cual le propinaron una patada en la columna apenas y se movió.

-¡Quédate quieta!- le espetó una brutal voz femenina, proveniente de una alta y obscura figura.

-¡No te atrevas a pegarle a mi esposa, maldita víbora!- gritó otra voz en respuesta, la cual Alice identificó de inmediato. A la escasa luz de la bombilla que había en el centro del techo, el cabello del individuo que se encontraba a menos de un metro de distancia soltó un destello fulgurante de color dorado.

-¡Vaya, pero si veo que ya se están conociendo!- se interpuso una cuarta voz en la conversación, evitando que la individuo que custodiaba a Selick agrediera a Redgie, quien resultaba ser el hombre que apenas había hablado, defendiendo a su debilitada pareja. 

Al ver a la mujer que entró por la misma puerta por la que había llegado Alice, y seguramente sus demás compañeros también, la criatura de largo y espeso cabello rizado retrocedió, retomando su posición de descanso militar, con ambas manos, una sobre la otra, colocadas en medio de sus piernas ligeramente abiertas, las plantas de los pies bien asentadas en el suelo de la habitación.

-¿Quién eres tú?- inquirió Alice de inmediato, sin temor, dirigiéndose hacia la recién llegada. Ésta, de inmediato dirigió la mirada hacia su inesperada interlocutora, propia de unos iris que aún en medio de la obscuridad del rostro, lanzaron un destello verduzco hacia la atemorizada humanoide.

-Eso no tiene relevancia alguna en este momento, querida- habló con dulzura la interpelada, acuclillándose frente a la novia de Bill- Pero tú... tú debes ser Alice. La favorita de Richard...

-¿Cómo conoce a nuestro padre?- insistió con voz fiera la humanoide.

-Digamos que soy su más grande fan...- se burló la misteriosa dama, aproximándose más a la criatura que tenía frente a sí, como si la examinara- Aunque creo que, en este caso, los papeles se invirtieron y él resulta ser... mi mayor admirador.

-Dudo que un caballero tan propio como mi padre pudiese siquiera sentir... simpatía... por una mujer como usted- atacó Alice a la desconocida fémina que tenía todavía a pocos centímetros de distancia.
-¿Eso piensas?- preguntó la voz cantarina de aquella extraña, en medio de risas que parecían penetrarles los tímpanos a cada uno de los humanoides- Mi cielo... pero qué decepción te vas a llevar cuando te enteres de la verdad...

-¿Cuál verdad?- repuso la humanoide sin haber perdido ni un poco de su inusitada fiereza.

-Enciendan la luz, por favor- pidió la dama, poniéndose de pié finalmente- Odio estar a obscuras.

Pocos segundos después, la recámara, que anteriormente le había parecido tan sombría a cada uno de los humanoides, se llenó de una luz fría y casi dura que llenó cada uno de los rincones de la habitación, dejando al descubierto los suelos y paredes blancos tan propios de las instalaciones de Astrella. Frente a ellos, a un lado de la colosal mesa de titanio, se encontraba la misteriosa figura, ataviada con una falda tubular negra que le llegaba a la mujer que la portaba ligeramente abajo de las rodillas y un suéter de cuello de tortuga color borgoña, totalmente ceñido a su bien proporcionado cuerpo. Sobre los hombros, la cabellera espesa y brillante parecía destellar sutilmente, arrojando muestras de brillo color rojizo. Los labios, pintados del mismo color del suéter, se curvaron hacia arriba en una sonrisa.

-No... no puede...

-Alice... ella es...

-El proyecto B...-continuó la humanoide la frase interrumpida de Selick, quien no paraba de girar sus pupilas, intercambiando la mirada entre su colega y aquella inusual mujer. El parecido entre ambas resultaba sorprendente.

-Doctora Alexis Blair, si me haces el favor- respondió con cordialidad la dama, cruzándose de brazos frente a los tres humanoides.

-¡Ahí está, apresúrate! ¡Apresúrate!- instó Bill a su hermano mayor, quien se volvió a mirarlo perplejo, desde su asiento de piloto del aerodeslizador en el que ambos habían viajado desde la casa de campo de los Shäfer.

-¿Yo?- inquirió atónito el mayor de los gemelos, observando a su acompañante como si hubiese perdido el juicio.

-¡Quién más! ¡No me va a hacer caso a mí! ¡Apresúrate antes de que se vaya!- le insistió el menor de los hermanos, propinándole un empujón en el antebrazo. Procurando no pensar más en lo que estaba a punto de hacer por temor a arrepentirse, el guitarrista se bajó a trompicones de su transporte de lujo para atravesar la concurrida calle esquivando los aeros que se le ponían enfrente. Finalmente, se encontró a menos de un metro del aerodeslizador que esperaba a su ex novia, Frances y al actual compañero sentimental de ésta, Alexei.

-Frances- la llamó débilmente, tanto que pensó que no lo escucharía. Sin embargo, ella sí lo oyó y, desconcertada, se volvió para mirarlo con una expresión de indignación total, profundamente escandalizada.

-¡Tom!- replicó la mujer en un tono nada halagador, lo cual despertó de inmediato el interés de su acompañante, quien abandonó su asiento en el aero  para salir a ver qué pasaba- ¿Qué haces aquí?

-Vine... vine a verte- confesó el caballero torpemente, asustado por la súbita visión de Alexei ahí presente- Bueno, no sólo a ti; a todo tu... clan-

-¿En qué puedo ayudarlo, señor Kaulitz?- intervino Alexei, cerrando la puerta de su lado del aero para acercarse a Tom, de una forma bastante amenazante que logró hacerle al mayor de los hermanos Kaulitz un nudo en el estómago.

-Verán... nosotros estamos buscando, mi hermano y yo... queremos saber...- balbuceaba torpemente el guitarrista, ante la mirada atónita de ambas criaturas.

-Señor Kaulitz, no tengo su tiempo. Debemos partir pronto, un avión nos espera...

-¿Dónde está Alice? ¿Quién se la llevó?- soltó repentinamente el músico, asustando con la sola mención de sus palabras al par de humanoides que se encontraban frente a él.

-No tenemos la menor idea de lo que habla- le respondió Alexei, con un tono frío y calculador, antes de dirigirse a la mujer que lo acompañaba- Súbete, Scarlett.

-Alex...

-El paradero de la señorita Project es ajeno a nosotros, Scarlett- le insistió el indiferente caballero- Llegaremos tarde.

-Sí, tienes... toda la razón...- musitó Frances, con los ánimos repentinamente cambiados. Silenciosamente, se giró hacia Tom y cuando ya nadie lo esperaba, le guiñó el ojo en un momento en el que su acompañante se distrajo, antes de enunciar inexistentemente con sus labios "Yo te ayudaré". De último, se despidió del caballero que se encontraba de pié, perplejo ante aquella extraña situación, con un gesto de su mano enguantada- Con tu permiso, Tom...

-Propio- respondió en un susurro el guitarrista, antes de volverse hacia la calle de nuevo, misma que cruzó para volver al lado de su hermano menor, el cual lo esperaba ansioso, ávido de respuestas a la interrogante que más le torturaba en aquél instante: ¿Qué habría pasado con Alice?


14 de mayo de 2012

Sospecha


Sospecha by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Recostada en la recámara, con las persianas todavía cerradas, la mujer se despertó sobresaltada, en medio de la reinante obscuridad. Asustada, miró a todos lados, intentando encontrar al perseguidor que la acosaba en el sueño. Con la respiración agitada, apenas y notó que por su frente perlada escurrían gruesas gotas de sudor frío, producto del incipiente temor que parecía estarse incubando en su pecho desde hacía varios días. Una vez que estuvo segura de haber revisado la habitación entera con su perfecta mirada periférica, se giró lentamente hacia el hombre que decansaba a su lado izquierdo, mismo que aún portaba a medias el traje ejecutivo que parecía su segunda piel más que su atavío cotidiano. Con la camisa desabotonada a lo largo del pecho y el cinturón desabrochado, respiraba calmadamente, ignorante al estado tan trastornado de su novia.

-Alex...- lo llamó la criatura, en voz muy baja, por si pudiesen estarlos escuchando. No podía quitarse la horrible sensación de que alguien más se encontraba con ellos- Tenemos que salir de aquí.

-¿Ehm?- respondió con un débil murmullo el interpelado, aún demasiado entorpecido por las brumas del sueño que aún permanecían en sus ojos- ¿De qué estás hablando?

-Están aquí...- susurró cuidadosamente la humanoide, acercándose a su acompañante, el cual espabiló de inmediato y en un solo movimiento se encontró sentado en la cama, a un lado de su compañera, con los ojos tremendamente abiertos.

-Eso es imposible...

-No lo creo- objetó la criatura, volviéndose rápidamente hacia la puerta de entrada de la recámara, misma que se encontraba entreabierta, siendo que ella se había asegurado de haberla cerrado bien antes de acostarse a dormir- Lee... lee lo que dice este papel.

-¿Qué tiene de...?- farfulló incredulamente el sujeto, tomando el diminuto objeto blanquecino entre sus dedos. Una vez que hubo terminado de recorrer con sus pupilas el mensaje difícilmente garabateado, se puso de pié en un salto- No te muevas. Voy a buscar a Dorian.

-Alex...

-Quédate aquí- le suplicó- Tenemos que resolver esto lo antes posible.

-No está- espetó una voz muy diferente, en otro lado de la ciudad, después de haber recorrido un conjunto de alas completamente vacías que se encontraban exactamente como se habían quedado, antes de que los dos individuos allí presentes se marcharan, la mañana anterior.

-¿Estás seguro de que ya revisaste las demás habitaciones?

-No estoy ciego, Thomas- le espetó rudamente el menor de los hermanos- Si te estoy diciendo que no está, es porque no está. Ya busqué en todas partes.

-De acuerdo, entonces creo que lo mejor es llamar a la policía- propuso el mayor de los gemelos, comenzando a buscar el número en su holocomunicador- Quizá ellos puedan dar con ella.

-No, espera...- pidió el menor de ambos- ¿Qué pasaría si...? Ellos la tienen.

-¿Ellos?- repitió incrédulo Tom Kaulitz, para su hermano Bill- ¿Ellos, quiénes?

-Astrella...- musitó con mucho cuidado el líder de Tokio Hotel- Podrían estar vigilándonos...

-Hermano, yo... no quiero sonar pesado pero... ¿Qué tan probable es eso?-

-Bastante- respondió con seguridad el pelinegro, sentándose en el primer sofá que halló disponible- Ella... me comentó algo semejante una vez.

-¿Semejante en qué sentido?- quiso saber el guitarrista, renuente a creer en las suposiciones fantasiosas de su gemelo.

-Un experimento... el proyecto B. Se les salió de control y ellos... tuvieron que... contenerla.

-Ahá, ¿Y contenerla en qué sentido?- inquirió el músico, cruzándose de brazos.

-Para detener a un humanoide, necesitas de otro humanoide...- recordó Bill lentamente, levantando el rostro conforme pensaba en las posibilidades- Llama a Frances, rápido.

-Hermano... ella no me va a contestar- le hizo saber Tom a su hermano menor- Seguramente está con Alexei...

-¡Márcale y ya!- exigió Bill, poniéndose de pié, hecho una fiera. Ante semejante desplante de furia, el mayor de los hermanos obedeció de inmediato, en contra de su voluntad, buscando entre los contactos el rostro sonriente y atractivo de la pelirroja Umbrose. En silencio, ambos hermanos esperaron a oír la dulce voz de la humanoide.

-No contesta- replicó después de un rato el músico- Su número aparece como cancelado.

-Algo terriblemente malo está sucediendo...- expresó el frontman, cruzándose de brazos mientras observaba una de las fotografías en la pared, donde aparecían Alice y él, tomados de la mano, columpiándose en lo que parecía una barra de madera.