5 de marzo de 2012

Pequeña


Pequeña by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-Es que tú no entiendes...-

-Claro que entiendo-le respondió ella sin alterarse, intentando comportarse lo más diplomática posible: comprendía su posición.

-Si entendieras no estarías haciendo esto...-le recriminó la voz suave, musical y al mismo tiempo varonil de él-Ya te dije... me parece poquitísimo tiempo el que ustedes dos llevan juntos...-

-Estamos por cumplir los tres años...-discutió la mujer, pasándose tras la oreja el mechón de rubio cabello que le caía sobre el rostro-¿Aún sigues creyendo que es poquitísimo?-

-Phoebs... no creo que estés lista...-

-Dame una buena razón por la que pienses eso-le exigió la dama, la cual ya comenzaba a airarse-Hemos estado viviendo juntos desde hace casi dos años... no sé qué más esperas-

-Espero que no te vayas de mi vida-le pidió él, en voz tan baja que fue difícil escucharlo; sin embargo, el sentimiento que venía enredado en sus palabras le permitió a su interlocutora saber bien lo que había dicho.

-Ahora soy yo la que no comprende...-

-Claro: es porque tú no estás completamente sola...-

-¡Tú tampoco!-replicó la mujer-¡Me tienes a mí!-

-Tenía...-musitó el segundo de aquella conversación-Eso se acabó desde el momento en el que él te puso el anillo en el dedo...-

-Si se tratara de compromisos, me hubieras perdido desde hace mucho; ¿Y lo has hecho?-le exigió ella-Por supuesto que no. Sabes que yo siempre seguiré ahí para ti-

-¿Cómo, Phoebe?-quiso saber Andreas Hoffman, girándose para encarar a su hermana menor, la cual lo observaba en silencio, enfundada en un hermosísimo vestido color hueso-¿Cómo voy a contar contigo, si estás a punto de entregarle tu vida a Klaus? Eso es el matrimonio, Phoebs: una entrega-

-Pues será la entrega de todo aquello que no sea tuyo-le insistió la menor de los hermanos de cabello rubio y facciones encantadoras, tomando la mano de su acompañante, a pesar de las reticencias de este último-Tú estuviste aquí primero-

-Antes de todos los antes...-rió él por primera vez en largo rato, estrechando cariñosamente la mano de su hermana menor. 

-Antes de todos los antes...-repitió la dulce criatura, quien por fin comenzaba a animarse de nuevo-Tienes miedo, ¿No es cierto?-

-Muchísimo-confesó el temeroso alemán, desviando la mirada hacia la ciudad, la cual se despedía de él, dejando los primeros velos de la noche caerle encima sin ninguna negativa. Un día más estaba por terminar.

-¿A qué le tienes miedo, con exactitud?-pidió saber la pequeña mujer, intentando observar aquello que su hermano parecía ver con tanta dedicación.

-A que te falle-replicó casi sin voz el fuerte hombre, mismo que ahora parecía tan disminuído-Si yo mismo no soporto fallarte... no puedo concebir que alguien más lo haga-

-Pues, no quiero sonar grosera, pero eso será problema mío. O más bien, de ambos-clarificó la tranquilizante voz de la novia de Gustav-Andy... no puedes custodiarme por siempre...-

-Lo sé-la interrumpió él-Es que... bueno, no es nada-

-Si "no es nada", entonces "sí es algo"-contestó la inteligente mujercita, con el sonido de su musical risa resonando en el espacio vacío-Filosofía básica. ¿Qué sucede?-

-Jaque mate-replicó entre risas el mejor amigo de los hermanos Kaulitz, así como su manager-Nunca me imaginé que este día llegaría. No me malinterpretes, eres una mujer bellísima y sabía que algún día alguien vendría a robarte de mi lado, pero... no me esperé que fuera tan... pronto. Y mucho menos que doliera tanto-

-¡Oh, Andy...!-

-No sientas compasión de mí, te lo ruego-le suplicó él, volviendo la mirada hacia un punto en el que ella no pudiera ver que estaba llorando-Tú... sigue adelante. Disculpa si me puse melodramático en un principio-

-No tengo nada que perdonarte-le contestó su hermana menor-Yo estaría igual, si las cosas fueran al revés-

-¿Verdad que es duro?-inquirió el mayor de los hermanos, riendo sin querer-Pero no te preocupes, estaré bien... sólo necesito un poco de tiempo para hacerme a la idea-

-Pues tienes que apresurarte-lo apremió la encantadora rubia, comenzando a sentirse un poco más aliviada al ver que Andreas ya lo estaba asimilando; sabía que sucedería de esa manera-Necesito alguien que me acompañe a buscar el vestido lo más pronto posible. Sólo me quedan doce días...-

-Ay, Phoebs... sólo a ti se te ocurre casarte en pleno invierno...-

-Tiene que ser ahora-argumentó ella con férrea determinación-Él se va de gira el dos... no quiero perder tiempo a su lado. Sí me entiendes, ¿verdad?-

-Más de lo que te imaginas...-respondió él hombre, cerrando sus hermosos ojos color aceituna-Además de que con tu necedad...-

-Cállate-le pidió la mujer entre risas-Él también quería aplazarlo hasta marzo, pero yo... no quiero esperar-

-Sí, se te nota...-repuso él-Maldita sea... ¿Por qué mamá no pudo educarnos en otra religión que no fuera esta? Probablemente tendríamos menos conflictos ahora-

-Cuida tus palabras, Hoffman-lo aleccionó la dama a su lado-Yo no me arrepiento de las creencias que mamá nos arraigó. Además, a ti no te haría daño seguirlas de vez en cuando...-

-¿Qué tal si ese "de vez en cuando" mejor lo transformamos en un "jamás"?-replicó cínicamente el mánager-Mira, tú métete en  tus cosas y déjame a mí, ¿Está bien?-

-Siempre y cuando me acompañes a buscar mi vestido...-

-¡Ay no!-se quejó él-Phoebe, por favor...-

-¿Quién mejor que mi hermano mayor para decirme si el trasero se me ve enorme con un vestido, eh?-cuestionó la hermosa científico-Andy, por favor...-

-Maldita sea contigo, mujer...-se quejó el sujeto de piel bronceada, pasando su fuerte brazo izquierdo por los hombros de su hermana menor, mientras ésta sonreía enormemente, sin dejar de echarle miradas ocasionales al anillo de compromiso que resplandecía en su mano derecha.


4 de marzo de 2012

Duelo


Duelo by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



Y así, se desató uno de los partidos más reñidos que muchos de los presentes habían podido presenciar. Dorian y Alexei, rápidos como flechas y precisos como francotiradores, parecían casi insuperables. Sin embargo, tanto Fabiho como Tom también se desempeñaban bien en la cancha. Sorprendida, a Frances le costaba creer que alguien realmente pudiese jugar con su hermano más de cinco minutos seguidos. Al final del set, estaban empatados.

-¡Uno más, Thomas! ¡Uno más!-musitó Bill en voz baja, con los dientes apretados y el ceño fruncido, mientras no le quitaba la vista de encima a su hermano, quien se movía como un bólido a lo largo y ancho de la cancha, contestando a cada uno de los servicios de los humanoides. Enfadada al escuchar el apoyo que el vocalista le brindaba de manera suave a su gemelo, Lexie decidió que tenía que hacer algo para cambiar el curso del juego; según su punto de vista, Dorian apenas estaba calentando.

-¡Vamos, amor!-se dejó escuchar en un potente grito la hermosa voz musical de Lexie, quien, para más, se puso de pié con la intención de llamar la atención de su marido-¡Gana! ¡Ellos son nada a tu lado!-

Enardecido ante las palabras de su mujer, la expresión anteriormente fría y concentrada del hermano mayor de Frances se transformó súbitamente en menos de un instante, cambiando por una sonrisa presumida y retadora, que indicaba que Dorian acababa de empezar a tomarse el juego verdaderamente en serio y no sólo como una oportunidad para conocer a Tom.

-¡No le hagas caso, Tommy!-se dejó escuchar también Frances, unos lugares más arriba de ellos en las gradas. Sorprendidos, todo el grupo de los humanos, así como Lexie, giró su vista hacia la pelirroja, quien también se había levantado de su asiento; de todos ellos, la más anonadada era su cuñada, quien no podía creer lo que veía-¡Tú puedes, corazón! ¡Gánale!-

Y fue en ese preciso momento, cuando las palabras alentadoras de la suave voz de la humanoide llegaron a sus oídos, cuando Tom Kaulitz encontró la confianza que le hacía falta para contestar al impecable saque de Alexei, que hubiese dejado idiotizado a cualquier otro con tan solo mirarlo. Preparado y concentrado, el guitarrista lo contestó con un remate perfecto de su raqueta, que hizo que el par de humanoides se confundieran con respecto a la dirección de la pelota y ninguno de los dos lograra pegarle a tiempo.

Rozando sus raquetas, la pequeña esfera forrada de tela pasó apenas unos milímetros sobre ellas antes de que rebotara un par de veces por detrás de la espalda de ambos. Frances sabía muy bien que a Dorian nada le costaba correr para alcanzarla, pero supuso que no lo hizo debido a la gran distracción de saberse ridiculizado por un humano. Ella lo conocía bastante bien y sabía lo engreído que podía llegar a ser. Por eso mismo, no le costaba pensar que su hermano había imaginado a Tom y el resto de los humanos como oponentes insignificantes. Incrédulo, el mayor de los hermanos Kaulitz no alcanzaba a creerle a sus ojos cuando miró cómo la pelota pasó por detrás del par de imponentes humanoides.

-Yo…-musitó incrédulo. su mirada todavía fija en la pelota, que no dejaba de rebotar.

-¡SÍ!-exclamó Frances, destruyendo en menos de un segundo la distancia que existía entre ella y Tom. Para cuando el guitarrista se dio cuenta, ya la tenía abrazando su cintura, dando pequeños saltitos de emoción-¡Ganaste! ¡Oh, por Dios! ¡Te quiero, te quiero, te quiero!-

-¡Sí!-gruñó Tom, todavía un tanto pasmado-Yo... ¡Yo gané! ¡Gané! ¡Vencí a tu hermano!-

-¡Lo hiciste, lo hiciste!-repetía la hermosa pelirroja, loca de la emoción. A manera de celebración, su novio la tomó entre sus brazos y fuertemente abrazados la hizo girar en vilo, con el rostro oculto en el torrente de cabello ensortijado de ella.

De pié junto a la pareja humano-humanoide, Fabiho sonreía satisfecho, sabiendo que le había hecho el día a Tom con ese simple partido. Todavía en las gradas, Lexie permanecía estática, sin entender bien lo que había sucedido allí; en silencio, bajó cada uno de los escalones hasta llegar a la cancha y sin hablar se desplazó a pasos cortos hacia Dorian, quien permanecía con la mirada clavada en su hermana y el novio de ésta, de su lado de la red. Como pudo, la pequeña morena se las ingenió para abrazar delicadamente a su marido de la cintura, intentando tranquilizarlo.

-Amor...-

-Otro juego-espetó Dorian, molesto. Los eufóricos Frances y Tom, en medio de su arrebatador regocijo, no fueron capaces de escucharlo; más Alice sí lo hizo e inmediatamente sintió miedo ante la perspectiva de que las cosas se tornaran hostiles entre los dos grupos. Aún cuando Frances estuviese del lado de los humanos, a lo mucho serían dos humanoides protegiendo a Tom, Bill y los suyos de la titánica fuerza de Dorian, Alexei y Lexie.

-Corazón, es mejor que...-

-Dije que quiero jugar más-le espetó bruscamente el mayor de los hermanos Umbrose a su esposa-¿Quieres participar en este set conmigo? Tengo una idea-

-Cielo…-

-¿Sí o no, Carolina? No te voy a repetir la pregunta-replicó Dorian de último, apartándose de la pequeña y aturdida mujer. En silencio, ésta se desplazó de manera rápida hacia las gradas, de donde tomó un estuche rosado que contenía una raqueta blanca, la cual desenfundó rápidamente y tomó con firmeza entre sus manos.

-Está bien...-escuchó Alice que rumió Lexie, al parecer no muy contenta. Sin hablar más, ésta volvió a la cancha para colocarse al lado de Dorian y al darse cuenta de ello a Frances se le cayó la sonrisa del rostro.

-Tom-le susurró la pelirroja a su novio en el oído, mientras este aún saltaba de felicidad con la delgada criatura en brazos-Creo que mi hermano quiere otro partido-

-¿Qué?-escupió Tom, incrédulo. Pensaba que la única manera en la que jugarían los dos sets sería en caso de que los humanoides ganaran. Por lo visto, no iba a ser así.

-¿Otro más, cuñado?-le propuso Dorian al nervioso guitarrista, quien evidentemente no se esperaba aquello. Con dificultad, el músico se fue girando hasta volver a quedar frente al hermano de su novia, quien lucía increíblemente amenazador con la raqueta fuertemente empuñada entre sus dedos.

-Sí, claro... ¿Por qué no?-replicó el mayor de los hermanos Kaulitz, lanzándole una mirada desesperada a Andreas, indicándole sin necesidad de palabras que se alistara para comenzar a jugar. Instantáneamente, éste se puso de pié del lugar que había tomado entre las gradas al lado de su hermana y comenzó a descender por los escaloncitos de asfalto.

-No-espetó Dorian, interrumpiendo al par de humanos, quienes se quedaron helados ante el sonido de su voz-¿Por qué no armas un equipo con mi hermana, Tom? A ella le encanta jugar-

-Dorian, no…-

-Juega por favor, Scarlett-le ordenó él, más que pedirle. Haciendo acopio de todo su carácter, Frances se paró con la frente bien en alto y miró fijamente a su hermano mayor, antes de salir trotando por su propia raqueta. Dorian estaba enojado, y Frances no iba a permitir que hiciera trizas a Tom por culpa de sus excesos de confianza.

Muerto del miedo, a Tom le faltaba poco para que le diera un paro cardiaco. ¿Ahora iba a jugar con Frances? A duras penas sabía moverse él solo y ahora tenía que acoplarse al estilo de juego de ella. Fabuloso.

-¿Listos?-preguntó el mayor de los hermanos Umbrose de manera arrogante, al mismo tiempo que le lanzaba una pelota a su hermana sobre la red, que difícilmente alcanzó a verse en el aire por la velocidad que llevaba. Solamente haciendo cálculos, Alice estimó que Dorian había lanzado aquella pelota con demasiada fuerza de manera intencional.

-Ahora-gruñó Frances de manera competitiva, mirando al humanoide que se encontraba del otro lado de la red con el ceño fruncido.

El juego, que también estuvo bastante reñido, resultó un dolor de cabeza para todos. De un momento al otro, parecía que Dorian y Lexie serían inalcanzables, cuando de repente Frances y Tom retomaban el aire del juego y superaban a la pareja de humanoides. Así se mantuvieron las cosas, hasta que de nuevo ambos equipos empataron.

El punto final estaba ahí, riéndose de todos ellos: un saque de Dorian que Frances sabía que no llegaría más allá de la red por la forma en la que él lo había lanzado. Poniendo lo mejor de sí misma, la pelirroja utilizó parte de su velocidad humanoide para llegar justamente a tiempo a la red y tirarse sobre su torso, para contestar aquél tiro tan difícil de parte de su hermano. Sabiendo que el equipo de los humanoides no lograría llegar a tiempo para salvarse de la derrota, Frances bajó su rostro y apoyó la mejilla contra el suelo; sintiéndose tanto física como mentalmente exhausta. Sin embargo, le sorprendió sentir la tela de la pelota tocando su dedo pulgar, y cuando se dio cuenta, Dorian estaba parado del otro lado de la red con la raqueta inclinada ligeramente hacia atrás. Había alcanzado a anotar. Atónita, Frances no podía creer que la bola realmente estuviera ahí.

-Creo-exclamó Dorian, con el aliento entrecortado a causa de la emoción-Que ganamos nosotros-

Helados, toda la audiencia no daba crédito a lo que acababa de ver. Alexei fue el primero en levantarse, dirigiéndose hacia Dorian; que permanecía estático y resollante en la cancha.

-Bien hecho-le dijo, palmeando su hombro. Apenas consciente de su presencia ahí, Dorian volvió su rostro lentamente para mirar a su mejor amigo, con las pupilas dilatadas a causa de la adrenalina del juego. A cada instante, el ambiente se hacía más tenso… hasta que Dorian se echó a reír.

Sin entender qué pasaba ahí, ni los humanos ni los humanoides alcanzaban a explicarse por qué Dorian de repente había roto en carcajadas. Sin poder dejar de reírse, el humanoide se dobló en la cancha, dando señales de que la risa estaba haciendo que le doliera el estómago. Nerviosamente, tanto Alexei como Lexie se rieron un poco con él, aún sin entender el chiste.

-Muy buen juego-exclamó el hermano mayor de Frances, enderezándose. Aterrorizado por la reacción tan inhóspita de su cuñado, el pobre Tom no sabía ni qué hacer-Esperaba menos de ti, Kaulitz, pero has resultado un buen rival. Puedes ser novio de mi hermana, ¡cásate con ella si quieres! Un hombre así vale la pena todos los corajes que me vas a hacer pasar. Además de que disfrutaré jugando contigo de vez en cuando, si estás de acuerdo-

-Suena bien, gracias-farfulló el apabullado guitarrista, con la expresión en blanco-Más por la parte de tu hermana. Esa parte en verdad me gusta mucho-

-Lo sé, lo sé...-contestó el humanoide con una sonrisa nostálgica, mientras se apartaba de su mejor amigo y su novia para dirigirse hacia su nuevo cuñado, el cual aún temblaba a causa de todas aquellas emociones repentinas-Si no, no hubieras tenido las agallas de venir a plantarte aquí hoy. Supongo que habías escuchado los rumores-

-Muchas veces-confesó el músico-Estaba muerto de miedo-

-A eso se le llama valentía-elogió Dorian, mientras ayudaba a su hermana a levantarse del suelo, dirigiéndose a ella-Quítate de allí, niña; o va a venir alguien a querer jugar a la basurita contigo-

-Muy gracioso...-respondió Frances, aceptando la mano que su hermano le tendía. Detrás de todos ellos, Andreas hacia fuertes esfuerzos por no carcajearse en aquél momento, pues sabía que tal vez sólo él y Dorian sabían lo que "jugar a la basurita" significaba-¿Ya nos vas a dar tu bendición?-

-¿Pues qué soy el Papa?-replicó el mayor de los hermanos Umbrose en tono burlón-Hagan lo que quieran. En verdad no sé por qué te interesa tanto mi aprobación-

-Te haces menso...-le contestó su hermana, dándole un pequeño golpe a puño cerrado. Hábilmente, el humanoide atrapó la manecita de la criatura, apartándola de sí.

-Ya, déjame en paz-le pidió entre risas a la pelirroja-¿Qué no ves que quiero ir a estrechar la mano de Tom en señal de amistad?-

Y así, Dorian Umbrose recorrió finalmente la distancia que lo alejaba de Tom Kaulitz para, en un silencio ceremonioso y absoluto, juntar la palma de su mano con la del humano, el cual sudaba copiosamente.

-Gracias-musitó Tom débilmente, su voz quebrándose a causa de la emoción.

-No hay por qué darlas-le sonrió el humanoide al nervioso humano-Y bueno, a mí me encantaría quedarme otro rato con ustedes... pero tengo una fiesta en un par de horas y sigo aquí, todo sudado y apestoso. Nos veremos en otra ocasión, Tom-

-Hasta pronto-se despidió el anonadado artista, observando cómo su nuevo cuñado se desplazaba completamente solo a través de la cancha, en dirección a la salida de la misma. Detrás de él, Alexei se movilizó de manera que pronto se encontró siguiendo la estela de Dorian y se despidió de los humanos con un leve asentimiento de cabeza. Lexie, por su parte, trotaba detrás de ambos, cargando tanto el estuche de su raqueta como el de su esposo.

-¡Adiós, Tom!-exclamó apresuradamente la morena, antes de dirigirse al resto de los humanos-¡Fue un placer conocerlos a todos! ¡Esperamos reunirnos con ustedes pronto!-

-¡Nos vemos!-respondieron todos, tanto los humanos como las dos humanoides que quedaban allí. Sorprendidos, ninguno de ellos podía explicar lo que acababa de suceder.

-¿Qué diantres fue todo eso?-inquirió Fabiho entre risas, pasado un rato en el que nadie se atrevió a decir una sola palabra. Repartidos en las gradas y en torno a la cancha, todos los humanos, Alice incluída, permanecían pasmados.

-No tengo idea-replicó Tom, abrazando a su novia de la cintura-Pero esperemos que no suceda otra vez-

-Tranquilos...-les sonrió Frances, la única que no parecía perturbada-Él es así. Primero se toma las cosas muy en serio y luego les resta importancia hasta que no significan nada para él. Además, nos ganó. Eso lo puso de buenas-

-¿Regularmente es así?-quiso saber Alice.
-Todo el tiempo-les contestó la pelirroja de manera encantadora-Quiero disculparme si los asustó un poco. A veces se le va la mano en su dramatismo natural-

-Pues vaya que es exagerado, sin ánimos de ofender-intervino Andreas, exhalando aire por la boca. Se había puesto bastante nervioso en los últimos segundos.

-Insisto, perdónenlo por favor-repitió Frances-Ahora, bueno… creo que ya que sólo quedamos nosotros; ¿Les gustaría ir a algún lugar a desayunar algo? Aún es muy temprano-

-Pero si…-refutó Andreas, mirando su reloj de pulso-¡Cielo santo, apenas son las nueve!-

-Les dije que no era tan tarde-insistió la modelo-¿Sí vamos? Yo invito-

-Viéndolo desde ese punto de vista…-bromeó Fabiho-No suena tan mal-

-No seas encajoso-lo reprendió Bill-Yo sólo acepto ir si nos dejas pagar también a nosotros-

-Si nos vamos mitad y mitad, sí-consintió Frances, sabiendo que el pelinegro no cedería a más.

-Me parece casi justo-aceptó el menor de los hermanos Kaulitz-Vamos, pues-

Fue de esa forma como todos juntos, humanos y humanoides, comenzaron a caminar a paso lento por el mismo trayecto que habían seguido Dorian y sus compañeros, una vez que recogieron todas sus pertenencias de la cancha. Asimilando poco a poco todo lo que había ocurrido hasta ese momento, Tom caminaba un poco tieso, asido de la cintura por una contenta Frances que no dejaba de sonreír al mismo tiempo que lo miraba. Detrás de ellos, Alice y Bill avanzaban tomados de la mano, a la vez que charlaban con Fabiho y Andreas sobre lo emocionante que había resultado el juego.

-Tenemos que salir con estos humanoides más seguido-escuchó Frances que farfulló Fabiho con una sonrisa en los labios. En verdad, le causaba gusto escuchar eso.

2 de marzo de 2012

Humanos VS Humanoides



Humanos VS Humanoides by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 
-Entonces...-expresó la voz, tan exageradamente varonil como siempre, mientras su dueño hacía flexiones a la mitad de la cancha-Me parece que debemos ir calentando para el juego, ¿No lo crees, Alex?-
 
-Querrás decir "para vencer elocuentemente al noviecito de Scarlet"-se jactó el acompañante del primer hombre, un sujeto igual de atractivo, pero con facciones muy diferentes. A su lado, una mujer de largo cabello pelirrojo iba pasando distraídamente, pensando en otras cosas, cuando el segundo de estos hombres aprovechó la ocasión para juguetear un poco con ella, mesándole el cabello desordenadamente con sus largos dedos. En respuesta, la criatura, de hermosos ojos verdes, lo apartó de sí con un sólo gesto.

-No es mi novio-espetó la pelirroja, la sonrisa delatora asomándose tras su fingido tono enfurruñado.

-¡No todavía!-se inmiscuyó otra fémina de ensortijado cabello castaño en la conversación, saliendo por detrás del grupo con un pequeño salto animado.

-En eso ando-replicó la primera, dándole un codazo a su camarada de cuerpo esbelto, cintura pronunciada y cadera prominente. De manera cómplice, ambas se sonrieron la una a la otra, sabiendo bien lo que esperaban de aquél encuentro.

-Pues tendrás que encargarte de ello más tarde...-le sugirió el segundo de los sujetos allí presentes, un joven de cabello castaño, al divisar el irregular grupo que se dirigía hacia él y el resto de sus acompañantes. Ataviados con distintos atuendos, desde los más casuales hasta conjuntos deportivos, aparecieron a la distancia, caminando cada uno a su ritmo, moviéndose hacia un mismo punto.

-¡Tommy!-lo llamó la criatura pelirroja, quien resultaba ser nada más que una modelo de talla internacional, echándose a correr hacia el individuo que había llamado tanto su atención; el mismo que causaba que las palpitaciones de su corazón invencible se aceleraran cada vez que su armoniosa anatomía masculina caía dentro de su impecable campo de visión-¡Llegaste!-

-Te dije que vendría, ¿No?-le respondió una voz en inglés, todavía con cierto acento alemán, a pesar de los años que llevaba trabajando y viviendo en Estados Unidos. Al ver que se acercaba tanto a él, el guitarrista de menos de treinta años abrió su brazo derecho, el único que tenía disponible, para hacerle hueco junto a su cuerpo a la delgada criatura que salía con él desde hacía tres meses.

De inmediato, la eufórica fémina acortó la poca distancia que aún existía entre ella y el chico que desde hacía meses era el dueño de sus sentimientos más puros y desinteresados, fundiéndose finalmente con él en un estrecho abrazo; en el cual ella colocó en torno al fuerte cuello del músico sus brazos delgados, acercándolo a sí para darle un ligero beso en la mejilla, que era lo más que podía hacer en medio de aquella precaria situación.

-Y bien-se dejó escuchar la primera voz, aquella que hubo hablado antes que todas las demás. Al ser testigo de la muestra pública de afecto que su hermana menor le había hecho a aquél extraño, el hombre de cabello castaño chocolate y ojos de iris verdes se apresuró a separar a los jóvenes. tomando a la chica del brazo para apartarla del individuo de las trenzas negras-Con que tú eres el "Tommy" de mi hermanita...

-Bueno, es difícil llamarla "hermanita" cuando…-

Más, aunque quería seguir hablando, el segundo de aquella conversación se vio obligado a interrumpirse a sí mismo cuando cayó en la cuenta del individuo que súbitamente había acaparado toda su atención, con su rostro de rasgos insoportablemente hermosos, aquellos ojos atrapantes que tanto le recordaban a los de alguien más, la nariz de la misma curvatura perfecta, la barbilla ligeramente prominente... los gestos eran los mismos, así como distintas partes de la fisonomía facial; sin embargo, el cuerpo resultaba diametralmente diferente: de espalda ancha, poco tenía que ver con el estrecho torso de la menor de los hermanos, y su cintura lo único que tenía de semejante era su delgadez. Las piernas, de igual manera pero en un concepto bastante distinto eran delgadas, fuertes y bien proporcionadas, al igual que el resto de la anatomía. Para cuando el sujeto que pertenecía a la banda alemana quiso darse cuenta, ya temblaba de miedo ante la presencia del que resultaba ser su cuñado.

-Sí, es una bala esta niña...-reanudó el imponente locutor, sosteniendo por el antebrazo a la inquieta criatura de cabello pelirrojo que no se estaba en paz-Supongo que tú mejor que nadie lo sabes, Tommy...-

-Tom Kaulitz-expresó el humano de piel bronceada, rostro recién afeitado y ojos castaños, extendiendo la mano en la cual sostenía el elegante estuche de su cara raqueta, conseguida apenas unos días atrás.

En un impulso que no logró controlar, el guitarrista soltó por accidente la correa del estuche, haciendo que su arma deportiva se estrellara contra el suelo en un golpe audible. Al ver semejante muestra de torpeza de parte del hombre que supuestamente venía a enfrentarse con él en un duelo profesional de tennis, el segundo de aquellos dos hombres comenzó a reírse de manera discreta.

-Dorian Umbrose-contestó el dueño de la voz atronadora, los modales amables y parsimoniosos, hermano de la encantadora pelirroja que no dejaba de removerse como pez fuera del agua.

En silencio y con una sonrisa presumida, alargó su mano de dedos largos, fuertes y de piel tan blanca como los de su hermana menor, tomando la del preocupado músico alemán que se había identificado a sí mismo como Tom. En silencio, el mayor de los hermanos Kaulitz resistió el fuerte apretón que la mano de su cuñado le prodigó al saludarlo, haciéndose súbitamente consciente de la arrolladora fuerza de la que éste parecía capaz. Con semejante musculatura y constitución física, poco le costaba imaginárselo haciendo pedazos cualquier aero y transformándolo en apenas una pelotita de titanio.

-¡Tom!-chilló una alegre voz femenina, cuya locutora pronto se ubicó aproximándose al grupo conformado por los dos humanoides y su acompañante humano. Avanzando en una graciosa mezcla de lo que eran pasos alargados y pequeños saltos, la mujer de ojos castaños y cabello del mismo color llamó la atención de todos los presentes en la cancha y no sólo la del hombre al cual se había referido.

-¡Lexie!-respondió el interpelado, genuinamente entusiasmado al visualizar a uno de los únicos dos miembros de la familia Umbrose que apreciaba en verdad-¡Que gusto verte!-

-Lo mismo digo-replicó la criatura de esbelto cuerpo y rostro de ángel, acercándose al guitarrista alemán para saludarlo con un pequeño beso en su mejilla de piel lisa.

De inmediato, el humanoide que se había identificado como Dorian, dejó ir a su hermana menor y rápidamente alargó su mano y su cuerpo de manera que pudo tomar a su novia, la pequeña Lexie, del brazo de la misma manera en que lo había hecho con su hermana. A sabiendas de que eso sucedería, Tom aprovechó la ocasión y de la misma manera se estiró, para apropiarse de la recién liberada Frances, aprisionándola con un brazo por la cintura. Aquella pequeña escena de celos de la que Dorian fue protagonista, le hizo entender a Tom que aunque su cuñado contara con capacidades sobrehumanas y demás gracias propias de los humanoides, seguía teniendo los mismos sentimientos que un humano; entre ellos, los celos.

-Es un gusto tenerlos aquí-se dirigió Lexie al resto de los acompañantes de Tom, el grupo de los humanos. Sonriéndoles cordialmente, había sido la primera en recibirlos como individuos y no como parásitos, a diferencia del prepotente hermano mayor de Frances. Al sentir su calidez, no pudieron hacer otra cosa que devolverle la sonrisa.

-Por supuesto...-se interpuso una voz nueva en la conversación, atrayendo la atención de los presentes a sus ojos tremendamente azules, a su sonrisa presumida y sus aires de grandeza-Alexei Rose, encantado de conocerlos-

-Creí que todos ustedes eran…-

-¿Parientes?-le contestó la voz sempiternamente irónica de Dorian a una criatura que no había hablado anteriormente; la cual se sorprendió ante semejante contestación-No, querida; me temo que no es el caso. ¿En tu grupo sucede de esa manera?-

-No-replicó Alice, la hermosa cuñada humanoide de Tom-De hecho, ninguno de nosotros está emparentado de manera directa; es decir, consanguíneamente. Creyeron que no era...-

-Posible crear dos humanoides a partir de la misma célula-completó Alexei la frase de la bella pelinegra-Sabemos. Nos lo comentaron en Astrella-

-Sí bueno, eso es historia antigua...-comentó Dorian, intentando dejar el tema de lado-No me parece que éste sea un tiempo muy propicio para hablar de humanoides y esas cosas... creo que estaría mejor que nos dedicáramos a...-

-Jugar-interrumpió Tom a su contrincante, quien de inmediato giró su mirada hacia él, sorprendido por el cambio de comportamiento tan repentino de su rival, quien al principio le pareció demasiado temeroso. Ahora, ansioso de demostrar su valía a través de la victoria en un juego de tenis, el mayor de los hermanos Kaulitz no podía esperar a que empezara el primer set.

-Justamente lo que iba a decir...-expresó Dorian en voz muy baja, en un tono casi retador-¿Comenzamos ya?-

-Cuando quieras-le contestó su oponente humano, recogiendo la raqueta del suelo en un hábil movimiento que dejó pasmado al humanoide.

-Hola-saludó a Alice una voz dulce, un tanto infantil e inocente, proveniente de una pequeña individuo que momentos atrás se había identificado como Lexie Umbrose. En silencio, la pequeña muñeca de piernas largas y hombros frágiles se acomodó al lado de la única humanoide del grupo de Tom, tomando asiento en las gradas de diseño elegante y cómodo con las que contaba el recinto.

-Hola...-replicó la mujer de ojos azules, un tanto extrañada por la naturalidad con la que Lexie se dirigía a ella-Tú debes ser la novia de Dorian, de la que tanto nos ha hablado Frances...-

-No eres humana-interrumpió la morena, soltando su comentario sin delicadeza alguna.

-No, no lo soy-reconoció Alice con toda la paciencia de la que fue capaz, sorprendida por la desfachatez de la mejor amiga de Frances-Pero me han dicho que tú tampoco-

-Tú eres de la que nos habló Dorian ese día-continuó Lexie, sin prestar atención a las palabras de su interlocutora-Cuando Carlie se quedó a dormir en casa de ustedes-

-Sí-respondió la cuñada de Tom, con toda la calma que le fue posible, comenzando a desesperarse un poco ante la forma de ser de la novia de Dorian: se comportaba como una niña-Creo que ustedes saben un par de cosas acerca de mí y mi grupo-

-No tantas como nos gustaría-rió Lexie, sacando de balance a Alice con su contestación-Pero no te preocupes, algo me dice que estamos cerca de convertirnos en familia...-

Sin esperar a que su interlocutora comprendiera sus palabras, la más joven de los humanoides allí presentes apuntó con su dedo índice a uno de los extremos de la cancha y a la novia de Bill no le costó nada de trabajo reconocer a Tom en una de las esquinas del recinto hundido, de pié frente a Frances. Tomándola de la barbilla con delicadeza, le prodigó un delicado beso en los labios antes de salir a jugar. Dorian, por su parte, no se veía muy contento ante el contacto.

-Me da la impresión de que a tu novio no le cae muy bien mi cuñado-comentó Alice, al mismo tiempo que observaba a Dorian, quien rebotaba la pelota contra el suelo con una fuerza y una velocidad que dejaban ver claramente su molestia y su impaciencia a la vez.

-Esposo-corrigió Lexie, sorprendiendo a la humanoide que se encontraba con ella ante semejante respuesta-Y no es que le caiga mal, simplemente se preocupa por ella. Tiene mucho miedo. Miedo de que...-

-La lastime-completó la pelinegra, entendiendo de inmediato la postura abiertamente agresiva de Dorian hacia Tom-Sí, entiendo...-

-¿Tienes hermanas?-quiso saber la más pequeña de los humanoides, verdaderamente interesada.

-No-contestó Alice con tranquilidad-Pero Bill me ha compartido un poco de lo que se siente que alguien más robe la atención de una persona que amas. No es del todo agradable-

-Créeme que no-suspiró Lexie-Pero… si te sirve de consuelo, es mejor así. Antes, como Dorian y yo estábamos juntos, Carlie pasaba mucho tiempo sola. Ahora, desde que tiene a Tom, las cosas son diferentes. Y de cierto modo, creo que a Dorian le gusta eso: que ella también tenga una persona que la quiera tanto como yo lo quiero a él-

-Y, disculpa si te molesta mi pregunta-respondió Alice, intentando tener todo el tacto posible para lo que estaba a punto de decir-Pero mencionaste que Dorian es tu esposo, ¿Cómo es eso posible?-

-No parecemos muy compatibles, ¿cierto?-puntualizó la joven criatura con una sonrisa nostálgica-Nos dijeron eso desde el principio. Así es: hemos estado juntos desde que yo desperté. No hemos tenido tiempo de celebrarlo como se debe, con un vestido largo y todas esas cosas, pero pues... ¿Qué te puedo decir? Me hace inmensamente feliz-

-¿Disculpa?-escupió la humanoide que se encontraba sentada a la derecha de Lexie-¿Entonces ustedes han estado juntos desde... siempre?-

-Así es-asintió la alegre morena, sin dejar de sonreír-Fue bastante cómico porque él estuvo allí en el momento en el que yo desperté por vez primera. Abrí los ojos y lo primero que vi fue a Dorian. Desde entonces supe que no quería estar en ningún otro lugar que no fuese a su lado-

-¿Sin más?-insistió la pelinegra, completamente atónita ante lo que escuchaba.

-¡Sí!-rió Lexie, sorprendida por la expresión anonadada de Alice-¡No es tan difícil como parece! De hecho, sucede todo el tiempo. Entre los humanos es más común-

-No tenía la menor idea...-confesó Alice, sintiéndose repentinamente confundida-Yo creía conocer muchas clases de amor... pero nunca pensé toparme con uno que se produjera desde el primer instante, como una chispa-

-¿Estás segura?-le preguntó la esposa de Dorian, con una sonrisilla de complicidad en su rostro de rasgos infantiles-Porque me da la impresión de que Bill y tú tienen una historia bastante parecida...-

-¿Nosotros?-exclamó la cuñada de Tom, bastante sorprendida, antes de dirigirle una mirada al hombre que se encontraba sentado a su derecha, con la vista fija en su hermano mayor.

-¿Quién más?-replicó la más joven de los humanoides de Watts, dedicándole una sonrisa cómplice a su compañera-Apuesto a que se gustaron desde el primer momento en que se vieron-

-¿Quién te dijo?-quiso saber la nerviosa pelinegra al instante, luchando porque su novio no las escuchara. Era verdad: tanto ella como el vocalista eran conscientes de la atracción que se había producido entre ambos desde su primer encuentro en un centro comercial.

-Se les nota a simple vista-contestó con toda naturalidad la joven mujer de Dorian Umbrose-Además, cuando lo vives, lo sabes-

Las palabras de Lexie, que para otros hubieran sido hasta cierto punto bastante inspiradoras, produjeron en Alice un sentimiento de desconcierto que ya llevaba cargando en su alma desde hacía semanas atrás y la pregunta, la que la atormentaba hasta quitarle el sueño y las ganas de comer, era una sola: ¿Por qué las cosas funcionaban con Bill y con Briant no? De un tiempo para acá, se había hecho demasiado consciente del fracaso de su matrimonio y por primera vez desde que abandonó a su esposo, comenzaba a sentir el dolor de la separación.

-¡Hey, Tom!-llamó la fuerte voz de Dorian a su contrincante, el cual parecía demasiado enfocado observándose mutuamente con su hermano gemelo-¿Vamos a comenzar ya o mejor me voy a buscar café para todos?-

-¡No! ¡Ya, ya!-exclamó Tom en respuesta, en un vocabulario carente, aparentemente nervioso. De inmediato, a Frances le preocupó este cambio, puesto que su novio ya no parecía tan seguro de sí mismo como antes-Es que... estoy... espero...-

-¡Ya llegamos!-se dejaron escuchar un par de voces masculinas, las cuales pertenecían a dos sujetos que poco a poco se fueron aproximando a la posición del nervioso guitarrista; quien de inmediato se sintió aliviado al notar la presencia del par de individuos.

-¿Quiénes son ellos, Kaulitz?-le preguntó Alexei a su contricante, llamándolo por su apellido; cosa que al segundo no le agradó en absoluto.

-El resto de mi equipo-sonrió Tom abiertamente, ignorando al pretencioso Alexei al mismo tiempo que no le quitaba la mirada de encima tanto a Andreas como a Fabiho. Creyó que no llegarían.

-¿Qué hay, Tomísimo?-saludó Fabiho a Tom de lejos, trotando hacia él. La noche anterior, habían decidido que Fabiho jugaría con el músico el primer set, con el objetivo de apabullar a Dorian y luego Andreas se turnaría con él durante el segundo juego.

-Estaba a punto de desmayarme aquí-le reclamó el hermano mayor de Bill al mejor amigo de Georg con una sonrisa-Me asusté bastante-

-Puedes confiar en nosotros-le contestó Fabiho, haciendo gala de su mejor sonrisa-¿Listo para empezar?-

-Listo-confirmó Tom, tomando con firmeza su raqueta como Andreas le había enseñado. Éste, por su parte, se había ido a sentar con Alice a las bancas y levantó su pulgar al mayor de los gemelos en señal de aprobación. Sabía que había hecho un buen trabajo con el muchacho. A su vez, el guitarrista levantó su pulgar también, indicándole que se sentía preparado, al mismo tiempo que le daba las gracias de manera silenciosa.

-De acuerdo-habló Dorian, tomando entre los dedos de su mano derecha una de las pelotitas color verde-Comencemos-

29 de febrero de 2012

Auxilium


Auxilium by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-Te amo-dijo Bill, sentado frente a Alice, con la punta de su nariz tocando la de ella.

-Yo te amo más-replicó la mujer, emocionada y a la vez sonrojada por lo cerca que se encontraban ella y su adorable novio; ambos sentados en el sofá de varias plazas de la casa de él, con las largas piernas de la humanoide enredadas alrededor de la estrecha cintura del cantante.

-¡Voy a morir!-exclamó Tom, en voz altísima; haciéndose escuchar por toda la casa a pesar de que apenas había llegado a ella.

-¿Podrías morirte en la cocina, por favor?-le pidió su hermano gemelo a gritos, enfocado únicamente en su novia-Estamos algo ocupados aquí-

-¡Cállate, Bill!-le gritó el mayor de los gemelos a su hermanito. Sorprendido por la manera en la que Tom le había contestado, Bill soltó de inmediato las mejillas de Alice y finalmente volteó a ver a su hermano mayor. Furioso y frustrado, el guitarrista y segunda voz de Tokio Hotel caminó hacia la pareja con una determinación casi brutal, antes de dejarse caer en uno de los sillones que se encontraba perpendicular al sofá en el que la pareja se encontraba acomodada-¿Podrías bajarle dos rayitas a tus hormonas un rato y prestarme algo de atención, para variar? Tengo una crisis y no estoy de humor para lidiar contigo-

-Está bien-consintió el menor de los hermanos, con una expresión de clara frustración en su rostro-¿Qué te pasó?-

-Frances quiere que conozca a su familia-rumió el hombre de cabello trenzado, con una mano cubriendo sus ojos y la otra reposando sosamente sobre el borde del sillón. Apenas hubieron escuchado las palabras de Tom, Alice y Bill se volvieron el uno hacia el otro, completamente alarmados: por experiencia propia, podían decir que eso no era bueno.

-¿Qué dijo ella exactamente?-inquirió la humanoide allí presente, intersándose en la conversación entre su novio y su cuñado.

-Dice que “Dorian quiere conocerme”-replicó el hermano mayor de Bill, sin descubrirse los ojos-Luego, no sé cómo, pero de repente todos ustedes y la familia entera de ella estuvieron invitados-

-Como lo que pasó con…-

-Exacto-interrumpió Tom a su hermano pequeño-Como lo que pasó con aquí mis ojos-

Y al decir “aquí mis ojos”, Alice supo sin duda alguna que hablaban de ella. Después de todo, lo ocurrido en casa de Selick había dejado profunda marca en lo que Bill y sus amigos pensaban sobre los humanoides. A pesar de que a su novio pudiese agradarle mucho Frances, no dejaba de tener sus reservas al saber ahora que no era completamente humana. Tom se los había dicho a las pocas semanas de empezar a salir con ella; la criatura se lo había confesado voluntariamente.

-¿Y qué le dijiste?-indagó Bill, nervioso por la situación de su hermano.

-Ya le di fecha y todo-confesó su hermano, quitándose por fin la mano del rostro. Al instante, Tom fue testigo de la cara de espanto que puso Bill.

-¡Tom!-le gritó su hermano menor, exasperado de súbito-¿Por qué no nos preguntaste antes?-

-¿Qué querías que le dijera?-reprochó Tom-Primero le comenté que tendría que revisar mi agenda, porque estaba muy ocupado, pero después... bueno, pasaron ciertas cosas y yo teminé de boquiflojo-

-¡Pudiste haberte esperado!-insistió Bill.

-¡Niégale algo!-replicó Tom, apuntando con su dedo índice hacia Alice. Ella, sentada e inmóvil, no había dicho una palabra más en absoluto. Sin embargo, los gemelos ya se encontraban ambos a medio camino de ponerse de pié.

Entendiendo inmediatamente a lo que Tom se refería, Bill se sentó de nuevo al lado de su novia y la tomó de la mano sin siquiera pensárselo. Tenía razón; era difícil negarle algo a aquellas mujeres. Y más cuando ambas tenían unos ojos que eran capaces de convencerlo a uno de todo.
-Está bien, está bien…-consintió el frontman de Tokio Hotel, respirando profundamente, en un intento de tranquilizar sus ánimos-Te la paso porque estás enamorado. Si no…-

-No me pongas condiciones ahorita-le reclamó su hermano mayor-Suficiente tengo con saber que tengo un partido de tenis con el tremendo e intimidante hermano de Frances en una semana. Ni siquiera sé jugar bien tenis. Lo mío es el baloncesto…-

-¡Oh Dios mío!-gritó una voz varonil de inmediato, al mismo tiempo que se escuchaba un azote de una puerta estrellándose contra una pared-¿Es que acaso el cielo podría ser más misericordioso? Lo dudo mucho… ¡Tom Kaulitz, estás salvado!-

-Sí, ya decía yo que no me habían jodido lo suficiente aún-musitó Tom, sabiendo que este era el momento más inesperado para encontrárselo-Lo único que me falta hoy es que me orine un perro-

-Podemos salir, si quieres-respondió Andreas, dejándose caer junto a Tom en el mismo sillón que él.
-¿Por qué carajo ninguno de ustedes puede sentarse decentemente en estos jodidos sillones?-espetó Bill molesto, antes de dedicarle a Alice una sonrisa de disculpa. No le gustaba expresarse así enfrente de ella.

-Aha sí, lo que digas…-farfulló Andreas, al mismo tiempo que hacía un gesto con su mano derecha como restándole importancia al comentario de Bill. Una vez que vio que el vocalista de Tokio Hotel estaba suficientemente enojado como para sacar humo por las orejas, se dirigió a Tom de nuevo-¡Como decía antes de que este asno me interrumpiera…! Has sido salvado, hermano-

-¿Qué?-preguntó Tom-¿Ahora duermes con alguna tenista famosa que puede darme clases gratis?-

-Sí he dormido con tenistas, para tu información-le comunicó Andreas a Tom con una cara de importancia-Pero, eso no es lo esencial; lo esencial es… ¡Que yo te enseñaré a jugar tenis!-

-No bromees, lunático-le espetó Tom, poniéndose de pié-¿Desde cuándo tú sabes hacer otra cosa que no sea encontrar tus bóxers en las habitaciones de los hoteles donde duermes?-

-No hagas chistes públicos de mis múltiples aventuras románticas, gracias-se quejó Andreas, intentando ser falsamente cortés-Cállate ya o no te ayudaré a que Dorian no te haga pedazos el día del evento-

-Y al caso-intervino Bill-¿Tú cómo sabes jugar tenis? ¿Quién te enseñó?-

-Fabiho-sonrió Andreas inmediatamente, esclareciendo todos los misterios. Fabiho era tremendo para los deportes.

-¿Y cómo es que tú y él si quiera se llevan?-inquirió Tom, súbitamente extrañado por la confesión de Andreas. No sabía que su mejor amigo frecuentara demasisado con el casi hermano de Georg.

-¿Qué creen que hacemos cuando nos arrastran a sus viajes y no tenemos nada que hacer?-preguntó Andreas de vuelta; haciendo referencia a las veces en las que él y Fabiho habían coincidido-Fuera de eso, hemos salido un par de veces a rondar la ciudad. No es tan mal compañero de desorden como pensé en un comienzo-

-Sí, bueno-lo interrumpió Tom-Las maravillas de Fabiho me son irrelevantes en este momento. Tengo que aprender a jugar tenis en menos de una semana, verme como un profesional haciéndolo y no morir en el intento. ¿Alguna sugerencia de cómo empezar en el proceso?-

-Respira-sugirió Alice prudentemente y con voz dulce. Al momento, Tom volvió su rostro hacia ella; y la hubiese aniquilado con la mirada si ella no hubiese mostrado una mueca tan adorable en su rostro. Sin poder evitarlo, Tom le sonrió de vuelta.

-Gracias, cariño-respondió galante-Eso haré. Ahora, necesito averiguar la siguiente parte del plan-

-¡Vamos de compras!-puntualizó Alice emocionada, poniéndose de pié y abriendo sus brazos al aire. Atónitos, los tres chicos en la habitación se quedaron paralizados ante su muestra de entusiasmo. Mujer tenía que ser.

-No suena a mala idea-consintió Tom, tomando sus llaves del asiento de tela negra del sillón-Vamos en mi auto-

-Aha, cómo no-habló Bill-¿Y a dónde nos dirigimos exactamente?-

-A conseguirle a Tom un atuendo de tenista-replicó Alice, sonriendo abiertamente para todos. Le fascinaba ir de compras-¿Vienes?-

-Ya que...-exclamó Bill con resignación, tomando la mano de su novia al mismo tiempo que ella encabezaba la procesión hacia el ascensor del pent-house camino al centro comercial más cercano. Detrás de ambos, Tom y Andreas los seguían de cerca.
-Alice, me siento como un tonto-bufó Tom, mirándose al espejo. Aún con la raqueta en la mano, seguía pareciéndose ridículo a sí mismo.

-Está bien, quizá te sobrecargué de accesorios-consintió ella-Quítate el suéter-

-Aún pienso que soy un idiota metido en un par de shorts coloridos-rumió desesperado. Sin quererlo, comenzó a pensar que tal vez había sido una mala idea traer a Alice con él.

-Tienes razón-consideró la humanoide, echándole un vistazo apreciativo a su cuñado. Detrás de los probadores, Bill y Andreas se desternillaban de la risa-Entra ahí de nuevo, desnúdate e iré a conseguirte algo más decente. No tardo-

-De acuerdo-aceptó Tom, caminando cabizbajo como un cachorro tristón. Dentro del amplio cubículo individual del probador, comenzó a quitarse todas y cada una de las prendas hasta quedar únicamente en ropa interior. Ni siquiera habían pasado dos segundos desde que se quitó la playera, dejando su pecho al desnudo, cuando unos nudillos resonaron contra la madera de la puerta blanca del probador.

-Ponte esto-le pidió Alice, desviando la mirada para no ver en calzoncillos al hermano de su novio. Considerando esto también, el interpelado apenas sacó su mano fuera del cubículo para tomar las prendas que su cuñada le ofrecía-Sal cuando termines y me dirás qué te parece-

-Entendido-respondió él-¿Me trajiste otra raqueta?-

-Te va a fascinar la que encontré-sonrió la chica involuntariamente, pensando en la reacción del músico cuando la viera. Llevaba poco tiempo de conocerlo y aún así ya sabía perfectamente sus gustos.

-Bastante impresionante-aceptó la humanoide cuando vio al mayor de los hermanos Kaulitz plantarse imponentemente frente a ella; que permanecía sentada en uno de los pequeños taburetes propios de la sala del probador de caballeros.
-¿Tú crees?-inquirió el guitarrista, quien no se había tomado la molestia de verse en un espejo antes.

-Mírate si no confías en mí-replicó ella, tomándolo de los hombros para conducirlo a la pequeña plataforma rodeada de espejos. Parado ahí, Tom no podía creer lo que veía.

Era él, sólo que muy diferente a como acostumbraba verse. La playera, de un impecable color blanco, era de una tela suave y cómoda al tacto. Puesta sobre su cuerpo, permitía apreciar sus hombros anchos de manera inmediata, a diferencia de la otra prenda que su cuñada le había traído anteriormente. Su espalda lucía poderosa y omnipresente en la habitación, atrayendo la atención de todos los que pasaban. En el abdomen, aunque no era tan ajustada como en la parte superior, la playera permitía apreciar a otros lo esbelto de la cintura del hijo primogénito de Simone Kaulitz sin llegar a ser exageradamente exhibicionista.

Los shorts, por su parte, eran más holgados que el modelo pasado. Aún así, el hermano mayor de Bill no pudo evitar notar que sus “atributos” resaltaban igualmente en la tela. De todos modos, la prenda estaba lo suficientemente suelta como para permitirle moverse con facilidad, e incluso con mayor libertad que la que le proporcionaban sus pantalones y bermudas. Los tenis, al igual que el short, eran a primera vista increíblemente caros; e igual lo hacían lucir como todo un profesional del deporte. Todo el conjunto le confería un aire de jugador experto que sólo aquellas ropas podían brindarle.

-Y-añadió Alice de último, complacida de observar la expresión de su cuñado conforme iba mirándose a sí mismo en los espejos-La raqueta-

La raqueta, impresionó a Tom al instante. De un color negro cromado brillante y lustroso, tenía grabados en platino de retorcidas espirales que llevaban todas a una calavera enorme y llamativa que, sin llegar a ser ostentosa, atraía la vista de cualquiera. Era como si la raqueta hubiese sido diseñada especialmente para él.
-Alice…-susurró Tom, sobrecogido por el momento-Todo esto es… perfecto-

-Tampoco exageres-le pidió ella, comportándose humilde-¿Qué tal te sientes?-

-Me siento…-

-Como un tenista-contestó Bill por él, interrumpiéndolo-Te ves como uno-

-Sí, hermano-consintió Andreas, uniéndose a Bill-No como ese horrible traje de payaso que traías puesto hace un rato. Parecías…-

Y así, con un gruñido que le indicaba que su opinión era de lo menos indicada posible, Bill le dio un codazo a Andreas que inmediatamente hizo que Tom se sintiera un poco mal por su atuendo anterior. Ahora, más que vergüenza, sentía pena de sí mismo.

-Pero ya cambió eso, ¿No?-quiso saber Tom, sintiéndose inseguro-Me veo… ¿Bien?-

-Más que bien-le sonrió Alice, infundiéndole seguridad y algo de autoestima-Frances va a adorarte cuando te vea-

-Sí-reconoció Andreas, portándose más amable esta vez-Serás su Roger Federer-

-Muy gracioso-le espetó Tom, con una sonrisa falsa-Bueno, ya. Ya quedó lo de la ropa-

-Ahora…- comenzó Bill.

-Sólo…-se sumó Alice.

-Quedan las clases-espetó Andreas-Prepárate, tigre. Voy a enseñarte unos cuantos movimientos, que si bien no te harán el mejor de los maestros del deporte, si te ayudarán a que Dorian no te haga parecer una basura ese día-

-Dicen que es buenísimo-bufó Tom, desesperado; caminando a su cubículo en el probador para ponerse su ropa de nuevo y poder pagar lo que iba a llevarse.

-Es un humanoide-replicó Alice de manera inconsciente-Está en su naturaleza ser insuperable en todo lo que hace-

-Todo lo que hace…-repitió Bill, sintiéndose fatal de un momento al otro. Alice tenía razón; era humanoide y era insuperable… igual que Briant.

27 de febrero de 2012

Consuelo




Consuelo by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Look de Frances
Con los ojos aún llenos de lágrimas, la mujer abandonó el vehículo en el que venía, sintiéndose completamente desconsolada por la manera en que su familia la había tratado. Sin esperanza alguna, comenzó a avanzar por el estacionamiento del restaurante en el que había quedado de verse con su novio, con su vestido color capuccino siendo sacudido por el viento otoñal, que circulaba entre sus piernas desnudas sin hacerla tiritar de frío. Entristecida, levantó la mirada de manera inconsciente, para encontrárselo allí, de frente, con los brazos cruzados sobre el pecho, la sonrisa amplia en el rostro y la piel de color caramelo resplandeciéndole a la luz del sol.

-Hola-le sonrió Frances a Tom enormemente, acelerando sus pasos para acercarse al hombre que la esperaba en la puerta. Contento de verla, él tampoco podía dejar de sonreírle conforme avanzaba a paso seguro para encontrarla. Abriendo sus brazos para estrecharlo entre ellos, la humanoide estaba eufórica de ver al guitarrista sin prejuicios ni remordimientos.

-Hola-respondió el mayor de los hermanos Kaulitz a su oído, cargándola delicadamente mientras ella lo abrazaba por el cuello. Con los rebordes de su blusa de mezclilla ondeando al viento por la brisa que producían los giros que el músico daba con ella en brazos, la modelo sentía que nada podría ser más perfecto en ese momento.

-¿Vamos a nuestra mesa?-le propuso él, una vez que la hubo colocado en el suelo.

-Claro, me encantaría-respondió la mujer, sonriendo abiertamente.

Ya sentados a la mesa, tanto Frances como Tom parecían ligeramente nerviosos ante el otro. Quizá era la emoción de sus primeras citas, o el amor tan grande que se profesaban mutuamente y que no se atrevían a expresar; ninguno de los dos lo sabía, pero disfrutaban esa embarazosa sensación de estar cohibido frente al otro.


-¿Tom?-lo llamó ella, ocultando el rostro detrás de su menú electrónico.


-Dime-contestó este inmediatamente, sin asomarse detrás del suyo ya que ambos se encontraban en la misma posición.

-Mi hermano quiere conocerte-soltó la criatura de repente. Decidió que no había necesidad de darle largas al asunto; pues a fin de cuentas, tendría que decírselo algún día.


Del otro lado de la mesa, el hermano mayor de Bill Kaulitz comenzó a sudar copiosamente. Aterrado, solamente un par de veces había podido estar en presencia del imponente hermano de la pelirroja, Dorian, y le parecía bastante intimidante. Aunque Tom Kaulitz no era de la clase de hombres que se sintieran menos que otros, si se le presentaba como incómoda la ocasión de tener que convivir con el hermano mayor de su casi novia.


-¿Cuándo?-inquirió este, tratando de no sonar histérico. Para su buena fortuna, funcionó. Del otro lado de la pequeña mesa cuadrada de madera, Frances seguía con los nervios de punta.


-Cuando tú quieras-respondió ella-Él pensó que estaría bien que los cuatro saliéramos a jugar tenis un día de estos-


-¿Los cuatro?-inquirió el guitarrista inmediatamente. Sus matemáticas quizá nunca habían sido impecables, pero tampoco era un tonto como para no saber contar.


-Sí-replicó la humanoide-Mi hermano Dorian, su novia Lexie, tú y yo-


-Ah, ya veo-musitó el músico. Bueno, por lo menos Lexie estaría ahí; tal vez, sólo así Dorian no se lo comería vivo.


-Aunque-interrumpió la mujer los pensamientos de su acompañante-Quizá también quiera invitar a Alexei. ¿Por qué no le dices tú a Bill que te acompañe?-


-Oh, créeme-rió el mayor de los gemelos, sacando a Frances de balance-Mi hermano no da una en los deportes. Si quiero a alguien que me ayude, sería mejor decirle a Andreas o alguno de los G’s-


-Pues, ¿Por qué no los invitas también?-sugirió ella-Así, tu familia conocería a la mía-


Indeciso, Tom no sabía qué contestar. Desde que había pasado ese lamentable encuentro con la familia humanoide de Alice, tanto él como su hermano no se sentían tan cómodos con la idea de seguir conociendo a las familias de las chicas con las que salían. Es más, era la primera vez que al hijo primogénito de Simone Kaulitz lo presentaban ante la familia de alguien. Cuando salía con Annya, ni siquiera estaba seguro de si su madre todavía vivía.



-¿Es eso lo que tú quieres?-le preguntó él a ella esta vez, descubriendo su rostro y dejando el menú en la mesa. Observándolo por encima de su carta, la hermana menor de Dorian no quería que él se diera cuenta que estaba roja de la vergüenza.


Alargando su mano a través de la mesa, poco tiempo le tomó al músico alcanzar la mano de la modelo y tomarla entre sus dedos. Acariciándola de manera casi imperceptible, ella se sentía de lo más extraña y aún así, le parecía una sensación placentera. Observándola a los ojos, a Frances le costó no conectar su mirada con la de Tom.


-Sí, me gustaría mucho-confesó ella-Dorian es mi mayor soporte en el mundo, y quisiera que le cayeras tan bien como a mí-


-Bueno-sonrió el guitarrista en respuesta-Esperemos que no tan bien o intentará robarme sólo para él-


Ante la pequeña broma de Tom, ambos no pudieron evitar reír. Se lo pasaban demasiado bien cuando estaban juntos; todo era natural, fluido. Nadie tenía que improvisar o decir cosas que no sentía; su sentimiento, tan puro, hacía todo increíblemente fácil.


-Entonces-intervino él, interrumpiendo el momento-¿Podemos ordenar ya o vamos a seguir sonrojándonos toda la tarde? La verdad es que tengo hambre-



-Sí-consintió la mujer, recordando durante un momento el áspero momento que había pasado en su casa:aquella definitivamente no había sido una comida agradable-Yo también-


Durante el resto de la comida, que pareció durar horas, aunque ambos devoraban sus respectivos platillos también conversaban animadamente. Si había algo que a Tom le gustaba de Frances es que era una persona intrigantemente interesante. Manejaba todos los temas que a uno se le pudiesen ocurrir y a la hora de escuchar guardaba silencio educadamente y hacía comentarios oportunos que le agradaban al artista alemán.


-Así que, ¿Estás trabajando ahora?-preguntó ella; haciéndose repentinamente consciente de que, a pesar de los meses que llevaban juntos, en realidad sabía muy poco de aquél hombre al que amaba tanto.


-Sí, por el momento-le respondió él-Ya se está produciendo el disco para su lanzamiento en esta próxima semana-


-¿De verdad?-inquirió la chica, sorprendida ante la velocidad del grupo. Cuando ella había comenzado a saber algo de Tom, apenas y se oían lejanamente los rumores de que estaba trabajando en un nuevo disco.


-Sí, fue bastante extraño-intentó explicarse el músico-Lo que pasa es que, nuestro último disco nos tomó muchísimo tiempo. Las ideas... no sé, como que no nos salían. Y de un tiempo para acá, tanto Bill como yo, modestia aparte, hemos estado increíbles. Algo nos pasó, no sabemos con exactitud qué, pero ahora es como si quisiéramos estar componiendo todo el tiempo. Él tiene ideas para las letras, yo para la melodía... deberías de ver cuánto trabajamos en el estudio últimamente-


-Entiendo-musitó la pelirroja, comprendiendo que, a diferencia de los humanoides, los humanos no podían utilizar su creatividad a su antojo. Tenían momentos y periodos de inspiración que utilizaban para trabajarlos al máximo.


-Y a ti-habló él, interrumpiendo sus pensamientos-¿Te gusta mi música?-

Repentinamente avergonzada, a la humanoide le costaba contestar esa pregunta. ¿Y si le confesaba a su casi novio que jamás había escuchado completa una sola de sus canciones? Siempre que asistía a un evento en el que su banda iba a participar, por algún u otro motivo nunca podía terminar de oírlos.


-Si te digo que no-habló ella-¿Me disculparías?-


Indignado, el guitarrista no pudo evitar sentirse un poco decepcionado de la modelo. ¿No lo había escuchado jamás? ¡Estaba en la cima del mundo junto con su grupo! Sus canciones resonaban a lo largo del mundo y era el ídolo de millones, cuando Umbrose jamás había tenido ni el honor ni el placer de escucharlo cantar o tocar la guitarra. Aunque el instrumento fuera más lo suyo que la voz, igual se sentía complacido con lo que hacía.


-Debes estar bromeando-comentó el mayor de los Kaulitz. Sorprendida a causa del giro que había tomado la conversación, la humanoide no pudo evitar mostrarse un tanto extrañada-Tengo que invitarte a uno de mis conciertos-


-Claro-consintió ella, aún cuando no se sintiera muy de acuerdo-¿Cuándo?-


-Pues, la verdad es que ahorita no me sé bien nuestras fechas-confesó el músico, avergonzándose ante semejante suceso-Pero puedo investigarte una y debes ir a escucharme por lo menos una vez-


-Sí, gracias-aceptó la criatura, buscando alguna manera en la que esto de ir al concierto se le hiciera más fácil-¿Crees que podría llevar a Lexie conmigo? Le gusta conocer nueva música-


-¡Estaría perfecto!-sonrió el alemán, emocionado. Lexie era una persona que le caía bastante bien y consideraba una buena compañía para Frances.

-En ese caso, espero tu respuesta con respecto a la fecha-puntualizó ella, dando por cerrado el tema.

-Sí, yo te aviso-respondió él-Y, con respecto a lo de tu hermano… ¿Qué te parece en una semana? Es que tengo la agenda llena ahorita-

-Estaría bastante bien-consintió la mujer, sintiéndose bastante nerviosa nada más recordar el compromiso que tenían pendiente con su familia-Yo le aviso a Dorian para que también despeje su calendario-

-Y al caso-aprovechó Tom-¿En qué trabaja Dorian? Nunca me lo has comentado-

-Ah, es editor en jefe en una revista-comentó ella con desdén. No le gustaba mucho hablar de la profesión de su hermano.

-¿De qué revista?-inquirió el guitarrista, sintiendo genuino interés.

-Vogue US-musitó ella sin mucho interés de por medio. Tremendamente sorprendido, el mayor de los hermanos Kaulitz no se la podía creer. Vogue era, a la fecha, la revista más cara del mundo en cuanto a producción.

-¡Vaya!-exclamó el guitarrista-Es un buen empleo, ¿Huh?-

-Deja ganancias redituables-expresó la modelo, de manera indiferente. Al productor musical le costaba creer que ella lo comentara como si fuese cualquier cosa.

-Entonces, los tres se dedican a esto de la moda-intuyó el hijo primogénito de Simone Kaulitz, sabiendo de buenas fuentes que Lexie también era modelo.

-Así es-contestó la pequeña Umbrose-Por eso nos podemos dar el lujo de pasar mucho tiempo juntos-

-Qué interesante-comentó el mayor de los hermanos Kaulitz-Es como yo con mi hermano. Vamos juntos a todos lados-

-Sí, lo sé-sonrió ella, sintiéndose en terreno familiar de nuevo. Le gustaba hablar sobre el gemelo de Tom, le parecía un tema cómodo-Te vi varias veces por allá, en los ensayos de las pasarelas, cuando todavía no nos conocíamos-

Con la voz cortada a causa de la emoción, Tom no podía creerse lo que Frances acababa de decirle. ¿Ella ya lo había visto antes? Creyendo que era invisible para su magnifica persona hasta el momento en el que se hablaron por vez primera, el artista alemán se sintió tremendamente halagado de saber que no era cualquier persona para la pelirroja desde el comienzo.

-¿Y te gusté desde ese entonces?-aventuró él, sintiéndose expectante.

Apenada, Frances se sentía como una idiota por haber dicho eso. ¿Cómo explicarle a Tom que ella lo añoraba desde que era novio de Annya? Lo había visto muchas veces, pero fue en los premios cuando realmente la imagen de él le llegó al corazón y la dejó flechada para siempre.

-Si te digo que sí-replicó ella en voz baja-¿No creerás que soy una tonta?-

-Claro que no-contestó él, con la voz atorándose placenteramente en su garganta a causa de la emoción-Creo que eres la mujer más hermosa que he visto en el mundo, y que yo también me enamoré de ti en cuanto te vi-

-Tom… tú…-musitó la criatura, con la voz rebosante de alegría.

-¿Y te cuento la mejor parte?-continuó el músico-Ni siquiera te vi en persona. Te conocí en una revista-

Impactada hasta un punto casi inalcanzable, Frances no podía terminar de asimilar lo que le gritaba su corazón por encima de su cerebro reglamentado; ¡Tom se había enamorado de ella sin conocerla! ¡Sin saber nada de ella! ¡Ignorando el hecho de que podía ser la peor mujer del mundo, él la había amado! ¿Habría soñado con ella, de qué formas? ¿Llorado también? Frances no comprendía por qué, pero dentro de su interior brotaba una emoción muy diferente al amor que se anidó en la parte más alta de su cabeza. Después, ella conocería este sentimiento como “ego”.

-Tú también me gustaste mucho la primera vez que te vi-confesó Frances, armándose de valor. En este momento, poco le importaba si Tom resultaba un charlatán rompe-ilusiones-A que ni sabes dónde fue-

-¿Dónde?-preguntó Tom curioso y eufórico a la vez.

-¿Recuerdas la gala de los COMET?-lanzó ella-Bueno, desde que te bajaste de tu aerodeslizador; yo no podía pensar en otra cosa que no fueras tú-

Muerto del coraje de manera interna, a pesar de lo contento que Tom pudiese sentirse en ese instante, también se mostraba frustrado. ¿Frances lo había querido desde ese entonces? De haber sabido, las cosas hubiesen sido más fáciles para ambos.

-Nosotros…-

-Nosotros…-repitió la mujer con el mismo tono anhelante.

-Debimos estar juntos desde el principio-terminó Tom su frase, mirando a Frances con la añoranza grabada en cada una de sus facciones. Ella, por su parte, no pudo evitar sonrojarse ante el comentario de su acompañante.

-Así es-musitó la humanoide, tan bajo que al humano le costó trabajo escucharla-Pero ahora, estamos… juntos. Y sólo el destino dirá si debemos permanecer así-

-Prefiero retarlo-aventuró el músico-Haré lo que sea necesario para quedarme contigo. Ah, y por cierto, te ves adorable cuando te ruborizas; me encantas-

Desconcertada a causa de lo directo de las palabras de Tom, Frances se quedó sin habla de manera inmediata. Tomando su mano y jugueteando con ella entre sus dedos, el guitarrista no dejaba de observar la imagen de ellos dos juntos.

-No me hagas eso, por favor-le suplicó él con voz tenue, pasado un rato en el cual ninguno de los dos habló-No me gusta cuando te quedas callada. Lo respeto, pero no me gusta. Quiero escucharte hablar hasta por los codos, quiero que me digas todo lo que piensa esa bella y pelirroja cabeza tuya-

Divertida en esta ocasión, a Frances no le costó nada reírse. Le agradaba estar con Tom.

-Estaba pensando-confesó ella-Que yo no había experimentado antes esta clase de expresiones sentimentales tan sinceras-

-¿Quieres que te escriba una carta?-propuso Tom, jugueteando con la idea-Eso es más discreto-

-¿Escribirías que me quieres en ella?-aventuró Frances, bromeando también.

-Claro-sonrió él-¿Qué más tendría que decir que eso?-

-¡Tom!-exclamó la humanoide, deleitada-¡Cambiemos de tema! ¡Hablemos de otra cosa!-

-¿Por qué?-insistió el chico-¿Te incomoda que te diga lo hermosa que eres?-

-¡Tom!-repitió ella-Ya, me vas a hacer desmayarme aquí mismo; deberíamos…-

-Si te desmayas no hay problema-respondió él-Yo te llevo a tu casa, o a donde quieras; mi damisela en apuros-

-Deja de hacer eso o cambiaré de caballero-sonrió Umbrose, retractándose inmediatamente. No quería a nadie que no fuera Tom como su “caballero”.

-Está bien, me calmaré-consintió el hermano mayor de Bill, acercando la mano de la modelo a sus labios-Con una condición-

-¿Cuál?-inquirió ella, nerviosa.

-Vamos al cine-añadió él, antes de dedicar al dorso de la pequeña mano que había frente a sus labios un beso tierno y dulce. Sonrojada a más no poder, la criatura era un mar de hormonas por dentro.

-Lo tengo que pensar-respondió ella, desconcertando a su acompañante con su respuesta.

-¿Tienes que pensarlo?-preguntó el músico-¿O tienes que llamarle a Dorian para que te de permiso salir conmigo?-

-Las dos cosas-confesó la hermosa mujer, sonriendo de manera traviesa.

-¿Por qué le pides permiso a Dorian para hacer cualquier cosa?-planteó el guitarrista su inquietud. No era que le disgustara este hecho, pero sí le causaba bastante extrañeza.

-Porque es mi hermano, cuida de mí-respondió ella con simpleza-Le interesa saber que estoy bien, y si en mis manos está quitarle una preocupación; está bien-

-Ah, ya…-musitó él, aunque le costara algo de trabajo entenderlo. Frances Umbrose era la única mujer adulta que conocía que se reportara con alguien que no fuese su novio o su marido.

-Y-añadió la humanoide, recibiendo la contestación en su comunicador del mensaje que había enviado en modo silencioso-Dorian dice que sí, que no hay problema. Sólo que me quiere en casa para dormir-

-Y eso es, ¿A las…?-expresó el productor musical, dejando abierta la pregunta para que fuera su tierna acompañante quien planteara la hora de su regreso.

-A cualquier hora-respondió ella, pulsando un botón en la mesa para que apareciera la cuenta de sus gastos-Siempre y cuando, llegue a dormir-

-No te pediría que te quedaras conmigo...-pensó Tom en voz alta, arrepintiéndose al instante. Extrañada, Frances no pudo evitar fruncir el ceño ante las palabras de él.

-¿Disculpa?-inquirió ella un tanto molesta-¿Cómo dijiste?-

-No te lo tomes personal-le pidió el humano, sacando su tarjeta de EEI para pagar-Es que… bueno, te va a sonar a lo más idiota del mundo-

-¿Qué es?-insistió la criatura, impaciente; sacando también su tarjeta para el momento en el que la terminal electrónica le pidiera introducirla.

-No me siento listo para eso... no de nuevo-confesó él, sintiéndose más imbécil que nunca en la vida-Sé que es ridículo viniendo de mí, pero realmente no quiero tener sexo contigo ahora. Y no porque seas una mala mujer…-

-Simplemente no me deseas-se adelantó la pelirroja, sintiéndose un poco decepcionada de sí misma y envidiosa de Annya a la vez. Tom siempre había deseado a su ex mejor amiga de una manera posesiva, bajo sus propias palabras.

-¡No! ¡No es eso!-exclamó el guitarrista, indignado-¡Nada de eso, Frances! Bueno, lo que pasa es que yo… quiero esperarme. Si tú fueras cualquier cosa, te tomaría en este mismo instante; sobre esta mesa. Pero… eres especial. Y quiero que cuando tú y yo estemos juntos de nuevo, sea por algo justamente así: especial-

Conmovida ante los motivos que su acompañante le había expuesto, la humanoide se los tragó todos sin dejar lugar a duda alguna. Confiaba en él. Y a pesar de estar impaciente por repetir la experiencia sexual con él, también comprendía la forma en la que se sentía. Y sí él, en su vasta experiencia siendo humano, pensaba que era lo correcto; ella también lo creía así.

-Está bien-sonrió la mujer pasado un rato, jugando con los dedos del músico; que seguían entrelazados a los suyos-Te creo-

-Me gusta eso-respondió él-Me agrada que me creas-

-No tengo razones para desconfiar de ti-suspiró ella con sencillez.

-Entonces, ¿Si te digo que te quiero más de lo que pensaba en un comienzo, me creerías?-

-Con toda mi alma-murmuró Frances, mirando a Tom directamente a los ojos; y para más, a su alma. Podía verlo, ahí, el sentimiento que gorjeaba dentro de su pecho y brotaba por cada uno de sus poros, asfixiándola en su placentera e imposible esencia.



26 de febrero de 2012

Conflicto



Conflicto by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

A partir de esa primera tarde que pasaron juntos como una pareja "formal", la reciente relación de Frances Umbrose y Tom Kaulitz fue creciendo a límites exponenciales, resultando sorpresivo para ambos la enorme cantidad de tiempo que pasaban juntos. Felices de poder convivir todo lo que les era posible, aprovechaban cualquier motivo para verse: desde ir a desayunar juntos hasta quedarse a ver películas en la casa de Tom. 

Cada minuto que podían compartir, lo entregaban gustosos, conociendo más del otro con cada una de estas pequeñas salidas. Súbitamente, y sin darse cuenta, ambos ya conocían el color favorito de su pareja, lo que le agradaba comer y lo que no, de qué manera les gustaban los huevos en el desayuno... era un todo. Y esa felicidad reinante entre ambos hubiese sido eternamente perfecta durante los tres meses que duró sin interrupción alguna, hasta que finalmente, un buen día, tres personas que habían estado conspirando para que aquella hermosa relación llegara a su fin, de manera inconsciente alinearon sus planes, preparándole a la humanoide y su compañero humano una sorpresa que ninguno de los dos se esperaba.

-Y bien, Scarlett...-llamó un día Dorian a su hermana menor, estando ellos dos, Lexie y Alexei sentados a la mesa de su suntoso comedor de gusto minimalista-¿Para cuándo esa reunión que me prometiste desde hace tiempo con tu... como se llame lo que tienes con el perdedor humano ese?-

-En primera, te agradecería que mostraras más respeto hacia "el perdedor humano ese" del que estoy enamorada-apuntaló la pelirroja, enfadándose de inmediato: Tom era intocable para ella-Y en segunda... pues... no volviste a sacar el tema, así que yo intuí...-

-Sabes perfectamente que no tengo por qué repetirte las cosas-le contestó él agresivamente-Supongo que tu cerebro sí es capaz de captarlo, ¿no? En un caso contrario, no te haría mal ir a Astrella a que te revisaran-

-Mi cerebro funciona perfectamente, gracias-le gruñó la modelo a su hermano-Y discúlpame si yo sí tengo otras ocupaciones aparte de trabajar como una adicta...-

-¡Bueno, ya!-se interpuso Lexie-En concreto: ¿Cuándo nos vas a presentar a Tom, Carlie? Todos nos morimos de ganas por conocerlo-

-En absoluto...-se burló Alexei, a pesar de la mirada asesina que le dirigió la pelirroja que presidía la mesa.

-Pues... ustedes pongan la fecha-replicó la menor de los Umbrose con gesto petulante-Nosotros, a diferencia de ustedes, tenemos todo el tiempo del mundo...-

-Perfecto, ¿Entonces por qué no hacerlo mañana?-propuso Dorian, mostrándose abiertamente enfadado.

-Mañana nosotros tenemos un compromiso-se negó Frances, aún cuando mentía-La madre de Tom va a pasar a hacerles una breve visita a los gemelos y ellos quieren que Alice y yo estemos allí-

-Vaya... ya hasta con la suegra se llevan...-volvió a intrometerse Alexei.

-Bueno, como si te importara-le contestó la pelirroja, de forma grosera. De inmediato, sentada al lado de Dorian, Lexie reaccionó ante tal ofensa, gruñendo por lo bajo.

-Scarlett, por favor-le habló la morena en un tono ya nada apacigüado. Así como Frances defendía a Dorian, Lexie no consentía que absolutamente nadie tratase mal a su hermano gemelo.

-Lo siento-se disculpó la hermana menor de Dorian, sólo por tratarse de su mejor amiga-El caso es que nosotros no podemos mañana-

-Entonces pasado mañana-replicó el hermano de Frances-No puedes decir que no a eso-

-Está bien...-repuso la humanoide, sabiendo que no le quedaba otra opción que aceptar la propuesta del líder del grupo del doctor Watts-Pasado mañana entonces...-

Y así, en silencio, la pelirroja se levantó de la mesa, sin decir una palabra más, completamente enfadada y dispuesta a salir de allí a como diera lugar.

-¿A dónde vas, Scarlett?-quiso saber Alexei, con una sonrisa burlona en su encantador rostro no-humano.

-A cualquier lugar lejos de ustedes-respondió Frances, hiriendo los sentimientos de los tres humanoides presentes-Sinceramente, ya me harté de discutir. Con su permiso-

-¡Tú no...!-

-¡Te veo en la noche, hermanito!-apenas y alcanzó a gritar la modelo-¡Ay! ¡O tal vez no! Si me da la gana, me quedo a dormir con los Kaulitz...-

-¡SCARLETT!-

-Bye bye, Dorian!-replicó ésta de último, antes de meterse en el cubículo del ascensor que llevaba a la planta de estacionamiento con la que contaba el edificio, donde su convertible Audi del año ya la esperaba para partir de allí, hechos una bala. Con ambas manos apoyadas en la mesa de cristal con la que contaba su comedor, Dorian Umbrose se quedó refunfuñando por lo bajo, respirando aceleradamente a causa de toda la cólera que su hermana le hacía sentir.

-Amor...-lo llamó Lexie, acariciando su brazo-Ya... tranquilízate. Ella... bueno... ella está pasando por un momento difícil-

-¿Difícil?-repitió Dorian, con tono burlón-Claro... que es difícil estar enamorada de mierda como esa...-

-Jackson...-lo reprendió su novia, comenzando a enfadarse ella también por la forma tan grosera y despectiva en la que el hermano de Frances se refería a Tom.

-Nada de "Jackson"-contestó el líder de los humanoides-De verdad me... me exaspera...-

-Sé de lo que hablas-lo interrumpió Alexei, con su rostro en una expresión completamente imparcial, aunque por dentro su ira no lo dejaba ni siquiera respirar-El que alguien como Scarlett se junte con toda esa porquería humana...-

-Va a terminar contaminándose de sus costumbres asquerosas-escupió Dorian, expresando sus peores temores-Al rato va a alabar a la raza humana, ¡va a jurar que todo lo que hacen es correcto! Y olvidará su función primordial...-

-Los dos se callan-replicó Lexie, sorprendida por la manera en la que su novio y su gemelo se expresaban de los humanos-Saben bien que ese es nuestro trabajo: impregnarnos todo lo que podamos de ellos y sus costumbres; en ese caso, yo creo que Carlie está desempeñándose excelentemente en su misión-

-¡Escuchaste lo que dijo Watts la última vez que fuimos a visitarlo, Carolina!-debatió Dorian-¡Él no está de acuerdo! Dice que como un experimento está bien, ¡pero que no debemos permitir que se convierta en una de ellos!-

-Como si pudiera, Jackson...-le contestó su novia, ya cansada de aquella estúpida discusión-Como si alguno de nosotros pudiera...-

-¿A qué te refieres con eso?-quiso saber Alexei, sorprendido por la manera en la que se expresaba su hermana.

-Por una vez, me gustaría poder andar por la calle sin tener que preocuparme por mi estado-se explicó Lexie-Sería agradable no tener que medir mi fuerza para abrazar a una persona y poder correr sin tener que regular mentalmente la velocidad a la que voy...-

-¿Tú...? ¿Tú quisieras...?-balbuceaba Dorian, sin darle crédito a lo que su novia acababa de decir.

-Por una vez me gustaría que se nos acabara el aliento cuando hacemos el amor-lo interrumpió la única humanoide femenina que quedaba en la habitiación, mirándolo a los ojos-Sería lindo tener que detenernos porque se nos acabaron las fuerzas y no porque decidimos que ya fue suficiente... por una vez no estaría mal-

Y así, con los ojos llenos de lágrimas, Lexie Umbrose abandonó la habitación completamente destrozada, al darse cuenta de que los deseos del amor de su vida y los suyos no eran los mismos. Con el corazón roto por haberse comportado de una manera tan brusca y despectiva con las dos mujeres que más amaba en el mundo, Dorian Umbrose corrió detrás de su novia, dispuesto a hacer lo que fuera necesario para borrar de la memoria fotográfica de ella lo que acababa de suceder. Al quedarse solo en el comedor, Alexei Rose se dio cuenta de algo terrible: las cosas estaban peor de lo que él pensaba. 


24 de febrero de 2012

Tiempo



Tiempo by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

De pié en medio de una improvisada pista de baile, en un cuadro de cemento desgastado de cuatro por cuatro metros, las parejas se mecían casi imperceptiblemente, cada quien abrazado a su manera, al compás de una música que apenas y se escuchaba. Al lado de ellos, apostados en una mesa que contenía únicamente cuatro sillas completas de mimbre, el resto de los amigos se reían a carcajadas, bebiendo de una botella que habían conseguido para la ocasión. En el centro de toda aquella fanfarria, cuatro individuos resaltaban especialmente, asidos por parejas en formas muy diferentes, moviéndose con ternura en pequeños círculos, coincidiendo apenas al pasar. En uno de los giros que ambas parejas produjeron, las miradas de los hermanos se encontraron durante unos pocos segundos, a lo largo de los cuales se dirigieron el uno al otro una sonrisa satisfecha: les agradaba estar felices pero también les agradaba ver al otro feliz.

-¿Y te agradan estas personas?-quiso saber el guitarrista, susurrando al cuello de la criatura que tenía entre brazos-¿Te gusta... te gusta estar aquí?-

-Me encanta, de hecho-confesó la mujer, mirando a su acompañante a los ojos-Me siento tan... natural. Como en casa-

-Ésta puede ser tu casa...-ofreció él-Ésta puede ser tu familia, si tú así lo quieres...-

-¿Y tú puedes ser mío?-quiso saber la pelirroja, colocando la palma de su mano izquierda sobre la mejilla del músico; quien, ante su contacto, no pudo evitar temblar de la emoción.

-Siempre...-musitó él con sus ojos fuertemente cerrados, deseando que aquello no se acabara nunca.

-Entonces creo que sí... elijo estar aquí, contigo-susurró ella, acercándose al rostro de su amado, hasta que las puntas de sus narices se rozaron débilmente. Acto seguido, recargó su rostro en el hombro de él, con su mejilla contra el pecho de su guapo acompañante, cercana al corazón enloquecido de él.

-Quién lo diría...-musitó otra de las mujeres, en una posición bastante parecida a la primera, sólo que con un hombre diferente.

-Quién lo diría...-le contestó Bill Kaulitz a su novia, Alice Project. Observando a su hermano Tom y a la pareja de este, Frances Umbrose.