14 de octubre de 2011

Humanidad





Sentada tras el elegante escritorio de madera de corte minimalista al cual la habían asignado, la mujer suspiraba tremendamente aburrida, revisando uno a uno de los mensajes que había recibido de su cortejo de nuevos colegas, los cuales oscilaban entre los cuarenta y los cincuenta años y eran un grupo de hombres y mujeres en trajes Armani. Hastiada de muerte, apenas y era consciente de lo que sucedía a su alrededor: ocasionalmente, soltaba una mirada en torno a los demás, espiando a través del cristal transparente del que estaba hecha su oficina,  un material que permitía que se viese desde dentro pero no por fuera.

Caminando con la espalda recta, la frente en alto y la misma sonrisa plástica que traían siempre en el rostro, los compañeros de Alice Proyect avanzaban como hormigas en ordenadas hileras a través de los pasillos de madera clara, saludando a todo al que se encontraran a su paso. Harta, para ella fue un alivio cuando vio dirigirse hacia su persona a una de sus más cercanas colaboradoras, Martha, una mujer de aproximadamente su misma edad, quien traía entre sus manos una tableta electrónica. Alegre, Alice la recibió de inmediato en cuanto la vio aproximarse por el pasillo, con sus altos tacones negros resonando a su paso, a diferencia de los zapatos bajos e insonoros del resto de sus colaboradores.

Martha Aaron
-¡Tengo un trabajo!-exclamo la delgada mujer de cabello castaño obscuro, introduciéndose sin llamar por la ligera puerta de cristal.

-¡Que maravilla! Yo también tengo uno-contestó Alice la broma entre risas.

-Haha...-repuso Martha sarcásticamente-Estoy hablando de que nos conseguí algo que hacer. Algo diferente de estar aquí sentadas como muñecas de aparador-

-¿Entonces implica salir?-inquirió la mujer de ojos azules y labios pequeños, entrelazando los dedos de sus manos.

-Implica irnos a otro lugar durante algunos meses-contestó aquella que recién se había sentado en una de las dos sillas de corte minimalista que había en la oficina de Alice para los clientes-Lejos de esta bola de dinosaurios...-

-¡Me apunto!-exclamó Project sin esperar a escuchar más detalles, ante lo cual Martha sonrió encantada.

-Y cuando veas a los cueros con los que vamos a trabajar, vas a estar más que apuntada...-expresó la mujer de largo cabello lacio y labios carnosos. Ante semejante afirmación, Alice procedió a mostrarle su mano, en la cual, por formalidades de Astrella, había colocado un anillo de diamantes en su dedo índice. Al mirarlo, Martha se retractó-Ay, disculpa... se me olvidaba-

-No hay problema-contestó Alice sin mayor dificultad-¿Quién es nuestro encantador cliente?-

-Nada más y nada menos que...-


12 de octubre de 2011

Atención






-¡Muévete, Thomas!-le gritó el hombre al sujeto que tenía frente a sí, mientras entre sus manos cambiaba la pelota.

-¿Qué?-balbuceó éste torpemente, antes de caer en la cuenta de que ya tenía su hermano menor encima. Torpemente, luchó por alcanzarlo, mas el pelinegro le ganó por mucho, encestando el balón dentro de la redecilla sin que pudiera hacer algo al respecto.

-¡Thomas!-se quejó el más delgado de los dos hermanos, burlándose de su semejante-¡Esto ya no está siendo divertido!-

-¡Perdón, viejo! ¡Perdón!-respondió el alto hombre de cabello trenzado, aproximándose al individuo que había nacido apenas minutos detrás de él, para intentar quitarle el balón de entre las manos con verdadero entusiasmo-Te juro que ya voy a prestar atención-

-Es como la quinta vez que me dices eso-replicó el menor de los Kaulitz, burlando a Tom una vez más-¿Sabes? En un comienzo resultaba chistoso, me hacías sentir como todo un profesional. Pero ahora... puff... es como una mala broma...-

-Ya, ahora sí es en serio-amenazó Tom a su hermano pequeño, quien aguardaba por él, balón en mano-¡Prepárate para morder el polvo!-

Y, tal como Bill quería, durante unos instantes su gemelo se olvidó de todas las preocupaciones que tenía; las cuales se englobaban dentro de dos simples palabras: Annya Nikova. Concentrado en el juego, Tom descuidó su comunicador al punto de que no se dio cuenta de los lascivos mensajes que su ex novia les estaba mandando a decenas de chicos desde su cuenta privada de Facebook. Enfocado en ganar, apenas era consciente de otra cosa que no fuese su cuerpo corriendo.

Así, transcurrió un largo rato en el cual ambos hermanos se dedicaron únicamente a jugar baloncesto, mientras el sol matutino iba cayendo sobre ellos, bañando su piel de luz dorada. Bill era una piedra, Tom era buenísimo y los dos se la pasaban en grande. Se reían a carcajadas, se burlaban el uno del otro, hacían imitaciones de comentaristas deportivos para darle más sabor al juego: disfrutaban lo que hacían. Era cierto: Bill era malísimo para los deportes, mas esto a su hermano mayor no le importaba y, sorprendentemente, le gustaba más jugar con él que con el resto de las personas que conocía pues, de entre todos los individuos existentes en el planeta Tierra, su gemelo era el único que toleraba su interminable egocentrismo.

-Lo veo y no lo creo-exclamó una voz dentro de la cancha, adentrándose a ella-¿Es acaso posible?-

-No somos una ilusión, si es lo que piensas-le contestó Bill animoso al interlocutor de los hermanos, el cual avanzaba a lo largo de la cancha con sus lentes de sol aún colocados sobre el delgado puente de su hermosa nariz.

-Sé que somos tremendamente guapos-complementó Tom el comentario de su hermano, encestando por décima ocasión-Y que resulta casi irreal vernos así-

-Cállense, par de vanidosos-repuso entre risas el hombre de cabello rubio y ojos azules.

-Si no nos soportas...-

-Me dieron ganas de venir a verlos hoy, ¿Está bien? Tenía la esperanza de que las cosas podrían volver a ser divertidas por aquí-interrumpió Andreas a uno de sus mejores amigos, el de la espalda ancha y la cintura pequeña, el guitarrista de Tokio Hotel.

-¿Qué no lo son?-inquirió Bill de manera irónica, aproximándose hacia el hombre que había frente a ellos dos-Hombre... discúlpanos-

-No es cosa suya-contestó Andreas-Simplemente... invítenme una cerveza o algo. Extraño los días en los que salíamos juntos-

-Esos días han vuelto, hermano-le aseguró el vocalista de la agrupación alemana a su manager-¿No es cierto, Thomas?-

-Totalmente de acuerdo, Macky-coincidió el hombre con la perforación en el labio, inusualmente animado aunque, por dentro, algo seguía nublando su entusiasmo.


10 de octubre de 2011

Obstinada




-¡No, ya les dije cerca de un millón de veces que ya no quiero más negro en la decoración del departamento! ¡El negro simplemente ya pasó de moda!-gritaba a través del teléfono, con sus gafas obscuras puestas, seguida de cerca por las que se hacían llamar "sus amigas", su pequeña e insignificante asistente personal y dos altos hombres trajeados: sus guardaespaldas-Mira, busca algo vanguardista: eso es todo lo que quiero. El lugar necesita... ¡necesita una nueva vibra! Llámame cuando tengas algo mejor y hablaremos, ¿Está bien? Ahora tengo que dejarte, estoy a punto de entrar al edificio-

Apenas había dicho esto, el pequeño pié entaconado tocó el suelo de la casa Dolce, mientras el resto del cuerpo se introducía por la puerta giratoria de cristal. Detrás de ella, toda su comitiva se turnó para pasar, uno a uno, de manera tan rápida como les resultara posible, no fuera que los necesitaran de improviso y ellos no se encontrasen listos.

-¿Dijiste...?-

-Décimo piso, señorita Nikova-contestó hábilmente la diminuta mujer, de lentes gruesos y rostro servicial.

-Excelente-se jactó ella, sonriendo brillantemente al mismo tiempo que las puertas del ascensor se abrían para ella. Completamente vacío, viajó sola dentro de él, pues el resto de sus allegados bien sabía que no toleraba encontrarse en un espacio reducido con muchas personas. No bien había subido un par de pisos, su holocomunicador sonó, indicándole que tenía un mensaje. Descuidadamente, revisó el perfil del usuario emisor para darse cuenta, sin encanto alguno y hasta con hastío de que se trataba de él. Aburrida, apenas y lo leyó: otra mísera disculpa de su parte, que jamás alcanzaría a cubrir ni en una décima parte el daño que le había provocado a su ego, el día que la dejó postrada en la cama como muñeca de trapo, despeinada y cubierta en sudor, abandonada como prostituta barata.

Desde entonces, había decidido de manera automática que no le daría ni una oportunidad más: es decir, ella se consideraba a sí misma tremendamente caritativa por salir con alguien como él. Dada la posición social de ambos, se pensaba apta para relacionarse con hombres de esferas sociales más altas, así como de carteras más llenas. Aún así, se portaba compasiva con el individuo, el desgarbado y casi antisocial guitarrista de una banda alemana que, si bien tenía cierto renombre, no le parecía a ella el fenómeno más aclamable de la tierra. Para más, el resto de los integrantes de Tokio Hotel, así como sus allegados más cercanos resultaban para ella un dolor de cabeza, dentro de las pocas veces que había tenido que convivir con ellos.

Eternamente entusiastas, saliendo a todas partes juntos como pegostes y apoyando toda clase de fundaciones y eventos de buena voluntad, le parecían abominables, jugando a ser buenos millonarios. Después de todo, ¿a quién querían engañar? Era cierto, estaban comprometidos con el medio ambiente, ayudaban a las personas, cooperaban siempre que les era posible en eventos a favor de los derechos de los animales... ¿Y qué? A sus ojos, ella era más famosa, más rica, más hermosa y más poderosa que todos ellos juntos.

Sintiendo lástima del perro faldero de Tom Kaulitz, la mujer se echó a reír en medio de la calma del ascensor, en el cual aún se encontraba metida, antes de borrar el mensaje sin ninguna delicadeza. Posteriormente, se dedicó a revisar el resto de los que tenía, pertencientes a hombres mucho más prometedores que el mediocre guitarrista de una banda cualquiera.


9 de octubre de 2011

Nunca mejor






Tan pronto hubo sonado la alarma, mentalmente él la apagó de inmediato, antes de levantarse como bólido, rápido y decidido, para dirigirse hacia el baño, en donde se tomó más tiempo del usual duchándose, mientras cantaba viejas canciones que recordaba como si las hubiera escuchado apenas el día anterior. Para su propia sorpresa, recordaba más de las que pensó en un inicio y, contento por este hecho, se desquitó cantándolas briosamente, hasta que finalmente se hubo encontrado completamente limpio.


Baño de Bill

Una vez que hubo salido del baño, el delgado hombre, el cual se encontraba envuelto en una mullida bata de toalla negra, caminó a través de la recámara hasta su vestidor, de donde tomó las ropas más extravagantes que se encontró en su armario, en una especie de celebración privada y personal. De igual manera, se arregló el cabello, cosa que ya raramente solía hacer, y se delineó sus hermosos ojos con marcado entusiasmo. Una vez que se hubo terminado de arreglar, salió sonriente de la recámara, cantando aún a todo pulmón, para ir a buscar a su hermano a la alcoba de éste.

Ahí, un deprimido Tom Kaulitz daba vueltas en su cama, mientras, en su mente, el susodicho soñaba que corría y corría a lo largo de un enorme laberinto blanco, a través del cual perseguía a una delgada Annya enfundada en un vestido de cola larga y gaza blanca.

-¡Anny! ¡Anny!-gritaba en el sueño, luchando por alcanzarla, mientras ella se burlaba de él, riendo con aquella melodiosa voz suya, mientras seguía avanzando impasible, metros por delante del guitarrista.


Recámara de Tom

-¡Thomas!-exclamó una voz diferente, despertando a uno de los atractivos productores de Tokio Hotel, quien, asustado, pegó un gran brinco, a causa del sobresalto.

-¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Anny?-balbuceaba el torpe moreno, oteando con la mirada hacia todos lados mientras, sentado en la cama frente a él, su hermano lo observaba con una expresión entretenida en su rostro.

-¿Disculpa?-replicó Bill, antes de pasar por alto el ataque de histeria de su hermano; el cual, al darse cuenta de dónde y con quién se encontraba, se repuso y, acto seguido, se dejó caer de espaldas sobre el colchón.

-Macky...-rumió, como si se tratase de una maldición.

-El que viste y calza-repuso éste con entusiasmo-¿Qué? ¿Vamos a salir?-

-¿Salir? ¿A dónde?-contestó Tom encamorrado, sus ojos fuertemente cerrados debido a la luz que le entraba de lleno por las ventanas y lo deja casi ciego cuando se despertó.

-No sé, a cualquier parte-contestó su hermano menor-A desayunar, preferentemente. En esta casa ya no hay ni catsup para comer-

-¿Catsup?-interrogó Tom, sin saber por qué Bill había hecho referencia a semejante condimento.

-Sí, catsup-confirmó el pelinegro, dejándose caer al lado de su hermano mayor en la cama, el cual gimió cuando sintió el golpe del hombro de Bill contra el suyo-¿No has visto películas? En las películas, lo último que se acaba dentro de los refrigeradores es la catsup-

-Ah, mira... como soy todo un cinéfilo...-contestó el guitarrista de manera sarcástica-¿De verdad quieres ir a desayunar?-

-¡Quiero salir!-exclamó el hombre a su lado, extendiendo sus largos brazos negros hacia el cielo-Quiero ir a la calle, a tiendas, al cine, a una fiesta... quiero ir a todos lados-

-Ah... fabuloso...-repuso torpemente el mayor de los Kaulitz, volviendo a abrir los ojos, esta vez más acostumbrado a la luz-Pues... como quieras, no tengo nada que hacer hoy-

-¿No vas a salir con Annya?-interrogó pertinentemente el frontman de Tokio Hotel, con tono un tanto resentido. Sabía, aún entre todo su enamoramiento, que la impertinente noviecita de Tom podía arruinar todos sus planes.

-Sí, sobre eso...-

-¿Qué?-

-Ya no salgo con ella-escupió Tom de una vez por todas, cerrando los ojos al hacerlo, como si le causara dolor físico hacerlo-Tuvimos una discusión y ella...-

-¿Sabes qué? Guárdatelo para después-interrumpió Bill a su hermano-No es que no me interese, pero, de verdad, no quiero que ella arruine la oportunidad que tenemos hoy de pasar tiempo juntos. Simplemente... déjala para más tarde y te prometo que te ayudaré con ello-

-¿Lo prometes?-inquirió Thomas, sabiendo bien que el terreno fuerte de su hermano era el sentimental.

-Con todas y cada una de las fibras de mi ser-expresó el hijo menor de Simone Kaulitz, sin sentir en realidad lo que decía-Anda, muévete-

Y, una vez dicho esto, Bill fue el primero en ponerse de pié para salir por la puerta de la alcoba de Thomas, consciente de que éste necesitaba cierto tiempo para acicalarse y estar presentable para salir en sociedad. A sabiendas de que no se quitaría a su hermano menor de encima, Tom supo que no le quedaba de otra que hacer todo lo posible para que su gemelo pasara un buen rato, cosa que parecía no haber sucedido en largo tiempo. Aún así, se tomó su tiempo para mandarle un holomensaje a Annya, el cual decía: 

"Necesitamos hablar, dame una oportunidad."


7 de octubre de 2011

No eres tú, es él





-Es que... no me siento segura...-

-¿Segura de qué?-musitó él, resollante, dejándose llevar por el instinto, obedeciendo a la carne-Esto es... lo que la compañía espera  de nosotros... tarde o temprano... lo tenemos que hacer-

-Lo sé...-replicó ella, su espalda recostada contra la mullida superficie del colchón mientras, sobre su cuerpo aún completamente vestido, se encontraba él, agitado e ilógico, igualmente con toda su ropa puesta todavía-Pero... no ahora. No me siento preparada-

-Ehm... está bien-farfulló él, retrocediendo educadamente, quitándosele de encima sin decir más. Internamente, sabía que debía ser un caballero, después de todo, no se trataba de cualquier mujer: era su esposa a la que tenía enfrente. Por otro lado, sus instintos humanos, aquellos que aún en él eran los mismos que hacía millones de años, le rogaban que lo hiciera, que la tomara, que la hiciera suya sin compasión ni piedad, para liberar aquella tensión que tenía amordazado a todo su cuerpo-Se trata de que ambos nos sintamos... preparados-

-Perdóname-le rogó la mujer, tomando las manos de él entre las suyas, una vez que el hombre frente a ella hubo recuperado la cordura-Te juro que...-

-No te preocupes-la interrumpió, con el aliento entrecortado aún-Está bien, tú sabes que está bien. Ven, vamos a dormir-

Dicho esto, cada uno se fue por su lado, él a su propio baño a lavarse la cara y ella a desvestirse al vestidor, confundida, la humanoide no sabía qué sentir al respecto. Lo ansiaba, era cierto, le producía un cosquilleo interno que no conseguía explicar y le inspiraba las emociones más fuertes e intensas, mas no le inspiraba el cariño suficiente como para dejarse ir entre sus brazos. Simplemente: tenía miedo.

Después de un largo rato, estática, de pié a la mitad de la habitación perfectamente iluminada, decidió dejar por la paz el asunto, archivándolo dentro de su memoria para revisarlo después, posiblemente al día siguiente, cuando no se encontrase tan conmocionada. Al regresar a la habitación, lo encontró ya en la cama, cubierto por las cobijas hasta los antebrazos, dormitando plácidamente.

Internamente, la mujer de cabello carbono y rostro pálido tenía la ilusión de encontrarlo despierto, sentado en el colchón tal vez, esperándola con una cálida sonrisa y su pijama puesta, con sus brazos abiertos para que ella se acomodara entre ellos. Por un momento, no pudo evitar sentirse un poco decepcionada y, hasta cierto punto, molesta; mas prefirió mantener sus ánimos en calma, controlarlos de manera que pudiese sobrellevarlos pues, sabía sin que nadie se lo hubiese dicho, que todo lo sucedido era culpa suya. Con este pensamiento en la cabeza, tomó su lugar del lado derecho de la cama, observando la ciudad que se movía detrás de la ventana con la que contaba su habitación.

Con la cabeza pegada a la suave almohada, Alice Project se recostó al lado de Briant sin murmurar una sola palabra. En silencio, emitió un suspiro que difícilmente se escuchó. Mientras conciliaba el sueño, se puso a pensar en una sola persona, la misma persona que le había impedido entregarse por completo a su marido pues, mientras lo hacía, no podía sacar de su mente las facciones, los ojos, los gestos... simplemente no paraba de pensar en él. En Bill.


5 de octubre de 2011

Blair




-Excelente excusa...-congratuló el hombre de cabello entrecano a la mujer de brillante cabello pelirrojo apenas hubieron salido por la puerta que conectaba la sala de juntas con el obscuro pasillo en el cual él anteriormente se encontraba sentado, mientras el petulante de su marido y el resto de los accionistas deliberaban.

-No es una excusa: realmente siento curiosidad por tus experimentos-lo contrarió ella, caminando a paso veloz a pesar de los altos tacones negros que llevaba puestos. Casi corriendo, Watts luchaba para alcanzarla-Más cuando tomaste...-

-Tú me la obsequiaste-puntualizó él, antes de que ella siguiera hablando.

-¡Cuando estábamos juntos!-chilló ella, perdiendo el control durante un momento. Al darse cuenta de esto mismo, se detuvo en seco, frenando su acelerada marcha, hasta que se sintió recompuesta de nuevo. Una vez que sintió sus emociones de nuevo en control, volvió a caminar, un poco más lento esa ocasión. Condescendientemente, él procuró no mirarla durante todo el tiempo que duró aquél espectáculo-De todos modos me gustaría verla-

-Como desees-repuso él, un poco más calmado, avanzando al mismo paso de ella, los pasos de ambos resonando a través de los corredores desiertos, hasta que llegaron al punto donde comenzaba el laboratorio del doctor Anderson Watts. Ahí, todos los jóvenes que se encontraban trabajando en diferentes tareas se quedaron pasmados tan pronto atisbaron la imagen gloriosa y atractiva de la doctora Alexis Blair, la cual pretendía no darse cuenta de la fascinación con la que la observaban los estudiantes de Watts.

-¿Se les perdió algo?-le espetó Watts a sus estudiantes, los cuales de inmediato bajaron la mirada, avergonzados-Sigan en lo que estaban...-

Ante tales palabras, todos los subordinados de Anderson Watts continuaron con sus respectivos trabajos y, una vez que todo pareció de nuevo en orden, tanto Watts como Blair se echaron a andar de vuelta en dirección a la recámara en la cual tenían resguardados a los cuatro proyectos pertenecientes al equipo de investigación del doctor Anderson Watts, especialista en genética y desarrollo humano.

-Alexis...-

-No tengo tiempo para esto, Anderson-lo interrumpió la mujer, colocando su mano en la manija de la puerta-Sabía que saldrías con cosas como estas...-

-Es que... me gustaría hablar contigo-

-¿Ah sí?-repuso ella, pasando por alto el tono entristecido con el que él le había hablado-¿Pues sabes qué? Es tarde. Treinta años tarde...-

Así, sin darle más tiempo a que él le replicase algo más, la mujer abrió la puerta frente a ella, observando con los ojos abiertos como platos y una enorme sonrisa a la primera criatura que vislumbró: de piel increíblemente pálida, tremendos ojos verdes y hermoso cabello pelirrojo.

-Hola...-murmuró intimidada Alexis Blair, observando absorta al ser que tenía frente a sí.

-Hola-contestó el espécimen con una suave voz, clara y perfecta.


3 de octubre de 2011

Es un secreto







En una silla, alojado en la obscuridad del pasillo completamente desierto, en el cual únicamente se escuchaba su respiración, aguardaba paciente a la respuesta de los hombres y mujeres dentro de la sala, a un lado de cuya puerta se encontraba sentado.

Era cierto: su contrincante se le había adelantado; mas sabía que, una vez que el grupo de inversionistas analizara las propuestas que él les había mostrado, así como sus ambiciosos objetivos y la sucia información que había logrado encontrar acerca del proyecto rival, tomarían la decisión correcta.

-¿Doctor Watts?-lo llamó una voz dentro de su cabeza, proveniente de su holocomunicador-Puede pasar ahora-



-Encantado de...-respondió él con una radiante sonrisa, más irónica que cualquier otra cosa. En silencio, se levantó del asiento de tapicería negra, antes de traspasar la puerta que lo separaba del grupo de hombres y mujeres que únicamente se dedicaban a observarlo sin pronunciar una sola palabra. Ahí, sentada entre ellos, se encontraba ella, cosa que le removió lo más profundo del alma, justo el centro de su corazón.

-Toma asiento, Anderson-le pidió el accionista mayoritario, indicándole un asiento del otro lado de la mesa de juntas, a cuya cabeza se encontraba él.

-Supongo que durante mi... ausencia ustedes estuvieron deliberando, damas y caballeros-se expresó el científico, obedeciendo las órdenes del que fuese su superior, sin poder quitarle la mirada a la mujer que tenía él sentada a su izquierda. Consciente de ello, ella comenzó a sentirse incómoda y, al notarlo, el hombre de traje y corbata extendió su mano sobre la mesa para tomar la de la mujer pelirroja que tenía sentada al lado, cosa que molestó de sobremanera al hombre que recién acababa de entrar.


Doctor Anderson Watts

-Efectivamente-le respondió Dodman Roberts al hombre que se encontraba en el lado contrario de la mesa-Y... llegamos a una conclusión-

-Me muero por escucharla-repuso con su misma sonrisa sardónica el hombre de bata blanca y ojos azul acero.

"Ojalá te murieras de verdad", le espetó una voz dentro de su cabeza, una voz que no pertenecía a su holocomunicador, ni siquiera a él mismo. Clara y fuerte, sabía que la voz le pertenecía a ella, quien, ahora que su pareja se había distraído, lo observaba atentamente. Adolorido ante el comentario, se sobrepuso rápidamente a la dolencia que le causaron semejantes palabras, evitando darle el gusto a ella de hacerlo sentir mal.

-Vamos a invertir en tu proyecto-enunció el hombre de negocios, para alivio de Anderson Watts quien, por primera vez en largo tiempo, sonreía por genuina alegría-Los... puntos que nos has expuesto resultan interesantes para la junta y... hemos decidido que tus chicos valen la pena-

-Me da gusto saberlo, señor-expresó el anciano científico-¿Cuándo los quiere fuera de los laboratorios?-

-Ah... con que los tuyos sí están listos...-sonrió Roberts, mostrándose sorprendido-Cuando le pedí a Vo que sacara a los suyos... no pareció gustarle mucho la idea-

-Usted me conoce-contestó Watts, reclinándose en el asiento en el que se encontraba-Sabe que me gusta tener las cosas a tiempo-

-Me doy cuenta-repuso el empresario-¿Crees que puedan estar listos para esta noche?-

-Por supuesto-repuso el hombre de cuerpo delgado y larguirucho de inmediato-El equipo de implantación ya recibió órdenes y las está llevando a cabo conforme hablamos-

-Maravilloso...-repuso realmente encantado Roberts: le encantaba la eficacia con la que trabajaba Watts-Entonces... únicamente queda esperar-

-Así es-confirmó el científico, antes de girar su mirada hacia los ojos verdes que no dejaban de observarlo-Doctora Blair, ¿Quisiera usted añadir algo?-

-Creo que no será necesario...-

-Me gustaría echarle un vistazo a las criaturas-interrumpió Blair a Roberts, volviéndose hacia él, mirándolo con sus hipnóticos ojos color bosque, de los cuales siempre sacaba partido. Hechizado por la mirada de la mujer, el director general de Astrella no pensó ni un momento en oponerse a la petición de la doctora Blair desde que aquellas pupilas entraron en contacto con las suyas.

-Como tú desees, querida...-contestó Roberts, casi sin aliento-Doctor Watts... ¿Podría usted escoltar a la doctora Blair al salón donde tiene resguardadas a sus creaciones?-

-Será todo un placer-sonrió burlonamente Watts, antes de ponerse de pié-Doctora Blair, ¿Vamos?-