2 de noviembre de 2011

Natural


 
 
 

A partir de la decisión tomada por Alice, las cosas entre Bill y ella fueron retomando poco a poco su curso natural. A pesar de lo difícil que se tornaba para la mujer convivir de manera normal con los dos amores de su vida, pronto se fue haciendo a la idea y, si bien no sacaba partido completamente del comportamiento y las intenciones de su jefe, las pláticas entre ambos habían vuelto a ser tan amenas como antes; mas no por eso le había brindado ya el placer de salir con ella, cosa que al líder de Tokio Hotel lo ponía de cabeza.

Durante las dos semanas que siguieron a la plática de Martha y Alice, la humanoide de ojos azules y negro cabello se fue haciendo más cercana al vocalista de la banda; el cual, fascinado, más de una vez ya le había pedido que la dejase invitarla a comer, al cine o al teatro, siempre insistiendo en que fuesen los dos solos. Reticente, Alice se negaba a llegar a ese punto, pues pensaba en ello como el colmo del cinismo: si ya era suficiente el que estuviese conviviendo con Bill después de lo sucedido, pensaba que el salir con él era una verdadera infidelidad hacia Briant. Sacando mil y un excusas, la encargada de marketing se las ingeniaba siempre para zafarse de las proposiciones de su jefe, siempre preocupada por no parecer grosera con él. Eso sí, ni de chiste había vuelto a hablar con Selick acerca de Bill y, cada vez que ésta le preguntaba algo acerca del humano, ella contestaba que se había "alejado cordialmente de él". Tranquila, la rubia volvía a sus asuntos como encargada de recursos humanos de una gran empresa trasnacional, pensando que su compañera y amiga vivía alejada de Bill Kaulitz, antes bien se encontraba muy lejos de la verdad.

Briant, por su parte, regresó encantado al lado de Alice una vez que ésta volvió a comportarse dulce y cariñosa con él, pensando ella que mientras más normal se comportara con él, menos notaría la clase de relación que guardaba con su jefe. El humanoide, fascinado por haber recobrado a su tierna esposa, no paraba de llevarla a todas partes con él: a las comidas y cenas que celebraba su compañía, a sus eventos de inauguración de complejos residenciales o edificios, a comer o a cenar fuera o a obras de teatro: el punto es que él intentaba que pasaran todo el tiempo juntos que podía exprimirle tanto a su demandante carrera como a la de Alice, ya que ambas exigían mucho tiempo, concentración y dedicación. Mientras tanto, los dos humanoides iban cumpliendo con lo señalado en sus calendarios de actividades planeados por Astrella, así como asistían juntos a las revisiones periódicas que la compañía les exigía realizar en un mínimo de quince días cada una. Por tanto, viajaban frecuentemente, ya que, en aquél momento, la única sede capaz de valorar su desempeño y desarrollo era la ubicada en Washington D.C.

Un día en el cual ni Briant ni su esposa tenía trabajo, la casa se encontraba limpia y ordenada y no tenían pendientes, ambos decidieron salir a pasear juntos por la ciudad, pues era uno de los hobbies favoritos de los dos. Después de un rato de mirar mapas y rutas de Los Angeles, se decidieron por ir a un centro comercial que no se encontraba tan lejano de su departamento, en parte porque no recordaban haber estado allí durante toda su estadía en la ciudad y también porque dentro de sus tareas para esa quincena radicaba el evaluar e intentar entender el comercio humano.

Prestos, ambas creaturas se ducharon, se vistieron y se arreglaron intentando lucir lo más normales posibles, vistiéndose con la ropa que los implantadores de Astrella habían dejado para ellos en los vestidores del departamento. Posteriormente, salieron del hogar, subiéndose ambos al aerodeslizador negro brillante de Briant, quien condujo hasta el centro comercial según las indicaciones del computador que traía incluído el vehículo. Ya en el complejo, ambos empezaron a vagabundear por las tiendas, comprando una o dos cosas a su paso que les parecieron interesantes. Sin embargo, cuando ya se encontraban dispuestos a marcharse, tan solo dos horas más tarde, un movimiento trepidante comenzó a mover el suelo, haciendo que las lámparas de los techos se agitasen hacia los lados y unos cuantos objetos se cayeran de sus anaqueles.


31 de octubre de 2011

Silencio


 
 
 

Después de lo ocurrido aquél día en que Alice Project besara a Bill, las cosas cambiaron tremendamente entre ambos. Consciente de su comportamiento infiel hacia Briant, la humanoide había retrocedido una vez terminado el beso y, tremendamente asustada una vez más por lo que sus sentimientos la impulsaron a hacer, salió corriendo de aquél lugar para finalmente marcharse a casa, como había planeado desde un comienzo. De ahí en adelante, nada había vuelto a ser lo mismo.

Desde ese momento, Bill buscaba con extrema insistencia a la mujer, a quien ahora podía esperar menos para ver diariamente. El tiempo que pasaban juntos en la oficina no le parecía el suficiente para seguirla, observar atentamente a todo lo que la chica hacía y aprovechar cualquier oportunidad para toparse con ella. Por otro lado, Alice se sentía tremendamente culpable por lo acontecido y, dada la persistencia de su jefe para lograr encuentros fortuitos entre ambos, se veía obligada a andar casi a escondidas por la oficina, siendo muy cuidadosa de no toparse con el apuesto pelinegro con quien había fundido sus labios hacía tan poco tiempo. Martha, intrigada por el comportamiento de ambos, jefe y empleada, no había querido comentar una palabra al respecto por respeto a Alice, mas no podía negar que algo extraño se estaba cocinando ahí; sin embargo, al ser tan amiga de Alice, pretendía que nada sucedía e intentaba aparentar toda la normalidad posible.

El clan de Bill, por otra parte, no podían estar más encantados con la situación. Desde el momento en el que Georg se topó con una acalorada Alice Project saliendo de la oficina de Bill el día que habían tenido el altercado de la sala de juntas, supo que algo descomunal había tenido lugar allí. Apresuradamente, se dirigió a la oficina de su colega y amigo, donde lo encontró sentado en la silla de su escritorio, con ambas manos fuertemente aferradas a las recargaderas para brazos del mueble. Con la mirada perdida, una sonrisa macabra en su rostro y abierto de piernas, el bajista de una de las bandas más exitosas de Alemania no tuvo que preguntar lo que había sucedido allí.

-¿Ella...?-

-Sí-le contestó Bill, antes de que terminara de formular la pregunta-Y fue maravilloso-

De ahí, el chisme corrió como pólvora entre los amigos de los hermanos Kaulitz; los cuales, fascinados, soltaron de gritos y vitores ante el relato de Bill de cómo Alice lo había tomado por asalto en su oficina y todo lo que había ocurrido después. Entusiasmados, no paraban de darle consejos para lo que tendría que hacer después, mas el asunto se tornó complicado cuando ella comenzó a evadirlo, cosa que no le parecía buena ni a él ni al resto de sus allegados.

-¡Búscala!-presionaba Andreas a su mejor amigo, el cual iba cada noche a su departamento, buscando que le reconstruyera la confianza para ir a hacer el intento de conquistar a su encargada de mercadotecnia cada día-¡Persíguela! ¡Arrincónala! Lo único que está haciendo es jugar a que le rueges-

-¿Y por eso hace todo esto tan difícil?-inquiría Kaulitz, quien tenía la mente hecha una maraña desde aquél día. Para más, Tom había regresado con Annya después de insistirle hasta el cansancio y ahora no tenía tiempo para estar con él y respaldarlo.

-Les encanta, créeme-le confirmaba el rubio-Tú únicamente tienes que ser persistente, ya dará de sí-

Mas pronto los días pasaron hasta convertirse en dos meses, en los cuales nada cambió en la relación y trato de Alice y Bill, por su parte él ya no encontraba qué hacer con ella, pues lo había intentado todo: desde enviarle ramos de flores a su oficina, regalarle toda clase de cajas de chocolates y tarjetas románticas, así como invitarla a cenar cada noche y ofrecerle entradas para obras de teatro y cine, nada parecía convencer a Alice Project. Por otra parte, él no era el único que tenía la cabeza hecha un muladar: ella también tenía sus propios problemas.

Confundida ante todo lo que había acontecido ese día, la primera resolución que tomó la humanoide después de llegar a su hogar, hecha una maraña de nervios y emociones encontradas, fue avisarle a Briant por medio de un mensaje enviado desde su comunicador que iba a visitar a Selick, su otra compañera humanoide creada por Astrella. Una vez que hubo llegado al elegante departamento de gusto minimalista en el que vivían la delgada mujer rubia y su esposo, la pelinegra se soltó de la lengua, contándole a la segunda persona más cercana a ella cada uno de los sucesos que habían tenido lugar en su vida, desde aquél momento en el que fueron separadas para ir a emprender cada una su misión.

Detalle a detalle, la pareja de Briant fue tremendamente cuidadosa de no saltarse ni un pormenor acerca de su hogar, la manera en la que se relacionaba con su pareja asignada, su empleo y, por encima de todas las demás cosas, de Bill. Le habló largamente de la manera en la que se conocieron, lo que ella había sentido al mirarlo por vez primera, la sorpresa y el contento que sintió cuando descubrió que iban a trabajar juntos y lo placenteramente abochornada que se encontró a sí misma cuando lo besó. En silencio, la delgadísima Selick únicamente la escuchaba, parpadeando insonoramente con sus largas pestañas de manera respetuosa, aguardando al instante en el cual su par le indicase que ya no tenía más que decir. No fue sino hasta entonces cuando se permitió a sí misma reprocharle a Alice su comportamiento, el cual, a ojos de Selick, podía describirse de dos maneras únicamente: vergonzoso e imperdonable.

Partiendo de todo lo que había escuchado salir de labios de la humanoide de cabello carbono, la pareja de Redgie se dedicó a reprenderla por el comportamiento tan "humillante" e "indigno" que, al parecer de la recatada humanoide, había tenido su compañera. Le insistió en que su única tarea era dedicarse a llevar a cabo la misión que se le había entregado, sin permitirse caer en lo que denominó "frivolidades vanas e inservibles". Le recalcó la lealtad que le debía a Briant como su pareja, de lo deshonroso que sería convertirse en la amante de alguien que, bajo la opinión de Selick, era infinitamente inferior a la perfecta humanoide y toda su raza.

Así, lo único que Alice Project logró al cabo de esa larga plática fue una reprimenda, la cual, de manera gradual, fue tornándose dentro de su mente como un comportamiento culposo, mismo que no la dejaba en calma ni un minuto. Acosada por sus errores, así como por las palabras de Selick, ni siquiera podía mirar a Briant a los ojos y, si bien éste lo notaba, no se quejaba, pues pensaba que la frialdad de su pareja hacia él se debía a que tenía cargas de trabajo superiores a la de él. De esa manera, la vida tan cómoda que la humanoide tuviera se convirtió en todo un infierno, el cual se obligaba a sí misma a soportar de buena gana.

No fue hasta un día que se encontraba con Martha en la oficina que ambas compartían cuando ésta comenzó a hablar de Bill: de la manera tan sensual que tenía de moverse, como la de un felino en cautiverio, así como de la suavidad y masculinidad de su voz, capaz de dejar atónita a cualquiera. Ahí, fue cuando ella ya no pudo soportar más: desesperada, se soltó a llorar, sosteniendo su rostro entre ambas manos. Asustada, Martha se aproximó a ella, preocupada ante el comportamiento de la humanoide. Hablando con ella, la mujer de ojos azules le confesó a su colaboradora todo lo sucedido, la dificultad en medio de la cual se sentía atrapada así como los sentimientos encontrados que tenía.

Sorprendida ante semejante declaración, Martha fue bastante cuidadosa de no parecer demasiado anonadada frente a la confesión de la llorosa Alice y, lentamente, se dedicó a hacerle unas cuantas preguntas, al cabo de las cuales se dió cuenta de lo que no había sido evidente para los demás: Alice estaba enamorada de Bill. Sabiendo de antemano lo complicado de la situación en la que se encontraba su compañera, Martha tuvo que ser bastante cuidadosa para abordar de manera correcta el punto al que, después de algunos minutos, llegó: la humanoide debía hacer lo que su corazón le dictara, y si eso era estar con Bill y con Briant al mismo tiempo hasta que decidiera a quién amaba más, así debía ser.

Atemorizada al principio ante la propuesta de Martha, Alice se dijo a sí misma que eso no podía ser; mas conforme pasaban los minutos más razonable le sonaba la idea. Finalmente, se dio a sí misma la oportunidad de intentarlo y que sucediera lo que fuera menester.


30 de octubre de 2011

Inesperado


 
 
 

Precipitadamente, Alice Project arrancó su aerodeslizador y, mientras lloraba de rabia al volante, iba pensando en todas las cosas horribles que la rabia la había hecho decir. La manera en la que se expresó con los demás, las palabras que había usado que, si bien no tenían una connotación tan fatídica, sonaron tremendamente hirientes al pronunciarlas con el tono que ella empleó.

Pensando en todos los rostros de los allí presentes, tanto jóvenenes menores que ella como personas un par de años mayores, se sintió mal al recordar la expresión avergonzada, dolida y falta de dignidad que exhibían aquellos hombres y mujeres quienes, si tal vez se habían equivocado tan fatídicamente como ella se los había indicado, no se merecían que les gritara como lo había hecho. Finalmente, se encontraba el postre de todo ese asqueroso banquete de culpas: el rostro confundido y herido de Bill, quien había acudido a preguntarle a Alice si todo se encontraba bien y, en respuesta, la humanoide le contestó de manera grosera y petulante.

Entristecida al recordar los ojos decepcionados con los que él, el hombre que más respeto y admiración le causaba en el mundo, la había observado, Alice se sintió como una bestia por haberse comportado así con él. Arrepentida, desactivó en el panel de mando del aerodeslizador la modalidad de piloto automático y puso ambas manos en el volante, para retomar el control del vehículo, con el cual se dirigió de vuelta hacia el edificio de CherryTree en Los Ángeles en donde Tokio Hotel y todo su equipo de trabajo se reunían.

Una vez en el complejo, subió todos los pisos, atravesando el edificio de manera vertical con una suave música de fondo que resultaba, hasta cierto punto, relajante. Mentalmente, revisó el mapa de la compañía, al que únicamente los trabajadores del edificio tenían acceso, y verificó que el líder de Tokio Hotel se encontrase aún en el piso que tenían asignado dentro del magno constructo de vidrio y concreto. En su oficina, lo visualizó dando de vueltas alrededor de su escritorio y, entusiasmada, sonrió para sí misma.

Llegado el piso en el que tenía que bajarse del amplio y fresco cubículo de metal, la chica de piernas largas avanzó hecha un bólido a lo largo del pasillo que llevaba a las oficinas de los chicos, específicamente a la que Bill Kaulitz compartía con su hermano Tom. Conforme iba pasando ala tras ala de juntas y pequeñas oficinas cubiculares, las personas la miraban, esperando que estallara de nuevo mas ésta vez ella iba suficientemente tranquila como para soportar lo que se le viniera encima. Finalmente, alcanzó la puerta de madera que ostentaba en una pequeña placa de metal reciclado el nombre de ambos gemelos, seguido del título "Productor" en cada uno de los casos.

Dentro, el pelinegro vocalista hablaba por su holocomunicador, su voz angustiada y su expresión convertida en el vivo reflejo de la decepción y la incomprensión. Indecisa al pensar si debía ir e interrumpirlo o no, Alice se encontró en una encrucijada. No fue sino hasta que él dio cuenta de su presencia que se quedó completamente sin habla, pensando que estaba sufriendo una especie de alucinación; ahí, de pié frente a él, se encontraba la misma Alice molesta de hacía menos de diez minutos, excepto que en aquella ocasión parecía más calmada y, hasta cierto punto, avergonzada.

Sin palabras, ella se acercó a pasos alargados hacia él, encajonándolo contra la pared de cristal que tenía a su espalda. Pegada a su cuerpo, pendiente de la respiración acelerada del hombre, apenas y fue capaz de mirarlo a los ojos.

-Lo siento-susurró ella, sus labios cercanos a los del humano que tenía frente a sí. Atónito, él no podía dar crédito a lo que veían sus ojos y a lo que sentía su cuerpo.

Y fue así como, guiada por un loco impulso controlado por el subconsciente, lo besó. Los perfectos y sonrosados labios de Alice Project entraron en contacto con los de Bill Kaulitz quien, incrédulo, apenas y podía pensar en lo que estaba pasando ahí, frente a él. Al principio, ambos se quedaron estáticos, sus bocas apenas tocándose; mas, cuando dieron cuenta de lo bien que se sentía estar unidos de esa manera, ambos se dejaron llevar. Ella, presionando su cuerpo delgado contra el de él, entrelazó sus manos tras el cuello del hombre, acariciando su nuca con sus delgados dedos. Por su parte, el cantante desplazó sus dos manos hacia la cintura de la mujer, acercándola aún más a su entallada figura.


28 de octubre de 2011

Otra cara


 
 
 

De pié frente a la sala de juntas, el silencio que provenía de la usualmente bulliciosa estancia era espectral. Asustado, Bill temió por un momento que a los que se encontraban dentro de ella pudiese haberles sucedido algo; así que, resuelto, entró por la pesada puerta de madera, para encontrarse a Alice, directamente de frente, con la espalda curvada, ambas manos sobre la mesa pulida y el cabello bajándole sobre el rostro.

-¿Acaso es tan difícil hacer las cosas bien en este lugar?-inquirió la voz de Alice, muy diferente a como Bill la había escuchado decenas de veces; esta vez, Alice Project se encontraba enojada.

-Pero...-

-¡No admito un solo "pero"!-espetó ella para el joven que había intentado comunicarse con ella, recobrando su postura erguida, el gesto enérgico y el ceño fruncido que hacía que su rostro angelical luciera feroz y atemorizante-¡Es que no puede ser posible!-gritó con fuerza, estrellando su puño derecho de manera inconsciente contra la superficie de la mesa, dejándole una ligera abolladura tras el golpe-¿Qué no saben entender instrucciones? ¿Acaso no fui suficientemente clara? ¡Que alguien en este momento me diga si no entendió las pautas que les asigné para el trabajo!-

En silencio, todos los presentes bajaron la mirada; se trataba de un grupo de jóvenes, algunos apenas mayores que Alice. A un lado de la criatura que le robaba a Bill el aliento, se encontraba Martha, la cual también parecía bastante asustada.

-¿Alice?-llamó el vocalista de Tokio Hotel a su encargada de mercadotecnia y publicidad, la cual, de manera inmediata, al escuchar su nombre lo enfocó a él dentro de su campo de visión.

-¿Sí?-contestó ésta de manera venenosa, concentrando cada vez más su mirada en el indefenso Bill, el cual sentía su nerviosismo crecer conforme la atención de ella sobre él iba aumentando.

-¿Es... estás bien?-inquirió él, intentando mostrarse amable con ella. Ante semejante pregunta, la humanoide, más que sentirse reconfortada o agradecida por la preocupación de su jefe, se sintió aún más enfurecida.

-¿Que si "estoy bien"'?-repitió la mujer de ojos brillantes y rostro amenazador-¿Te parece que esté bien?-

-Ahm... no-contestó el hermano mayor de Tom Kaulitz nerviosamente-¿Hay... algo está mal?-

-¿Mal?-saboreó la palabra la criatura no humana, como si intentara asociar los conceptos mentales que tenía de maldad con las porquerías que sus subordinados habían hecho-No... en absoluto. Lo único que hicieron estos idiotas fue ¡arruinar todo el trabajo que teníamos ya, maldita sea!-

Horrorizados, todos los presentes sintieron sus ánimos encogerse cuando escucharon a la encantadora jefa de mercadotecnia hablar de esta manera, más por la expresión violenta que sobrecogió su rostro, enrrojeciéndolo ante el furor de su coraje. A punto de hacer la mesa de juntas pedazos a causa del enfado que contenía en su interior, una alarma mental se disparó dentro de la mente de Alice Project, una que el doctor Vo había programado dentro de todas sus creaturas para indicarles cuando su furia rebasara los límites de la racionalidad. Dándose cuenta de esto mismo, la humanoide retrocedió atemorizada, sorprendida por la facilidad con la que se había dejado llevar por sus emociones y, sin decir una palabra más, salió de la sala, empujando a Bill a su paso, sin dar explicaciones al respecto.

En silencio, se dirigió hacia el ascensor ejecutivo, el cual tomó tan pronto éste hubo llegado a su piso y ya en el nivel de estacionamiento pidió a la máquina que le trajera su hermoso aerodeslizador deportivo azul, en el cual se subió con el rostro anegado en lágrimas. Una vez en el asiento del conductor, programó el vehículo para que viajara solo a su hogar. De pié en el pasillo frente a la sala de juntas, Bill Kaulitz permanecía en un silencio atónito, al igual que el resto de los presentes.


26 de octubre de 2011

Resplandor


 
 
 

A pesar de los problemas que tenía cuidando de su hermano, el cual se escapaba de su cuidado cada vez que podía para ir a buscar a Annya, las tres semanas que siguieron a aquél trágico día en el cual Bill Kaulitz encontró a su gemelo gimiendo debajo de un puente abandonado fue absolutamente maravillosa. Desde el primer día que había comenzado a trabajar con Alice, apenas veinticuatro horas después de que se enteraran que ella iba a ser la trabajadora del hombre del cabello corto y las uñas siempre pintadas de negro, todo había sido maravilloso: ella era muy cooperadora, tenía facilidad de palabra para expresar claramente lo que a los demás les costaba trabajo decir, cargada de excelentes ideas y una creatividad innata que era la salvación del equipo completo, trabajar con la señorita Proyect era toda una delicia. Fascinado con su trabajo al lado de ella, Bill apenas y podía esperar cada mañana para salir de casa, enfundado siempre en ropa que, aunque luciera casual, siempre lo hiciera lucir bien.

Ahora, cada mañana, después de levantarse y darse una ducha rápida, pasaba a arreglarse cuidadosamente frente a los múltiples espejos que anteriormente tenía en su habitación y que apenas de manera reciente había regresado a la misma, pues antes los tenía guardados en cajas en su estudio. Se daba una buena maquillada, se arreglaba cualquier detalle que no terminara de gustarle y procedía a despertar a Tom quien, como un niño pequeño, sollozaba en cuanto escuchaba la voz de su hermano Bill que lo llamaba, rogándole que se levantara ya. De ahí, mientras Tom se arreglaba para salir, el menor de los Kaulitz se las ingeniaba para hacer el desayuno pues, aunque no era muy bueno cocinando, siempre se las ingeniaba para hacer que Thomas y él salieran por el ascensor con el estómago, si no retacado de comida, suficientemente lleno de alimento como para rendir hasta la hora del almuerzo, la cual disfrutaba enormemente Bill acompañado por el resto de la banda,  ocasionalmente sus amigos y las encantadoras Martha y Alice. Con pretexto de que no tenía hambre, Tom se escabullía de ellos para mandarle mensajes a Annya; aún así, el hijo menor de Simone Kaulitz siempre se las ingeniaba para que su hermano comiera aunque fuera un pequeño refrigerio antes de marcharse a encerrarse en las cabinas de grabación del estudio.

Fascinado con su nueva situación, Bill se la pasaba sonriendo todo el tiempo, saludando a cuanto empleado se le cruzaba por delante, pasando más tiempo en compañía de sus amigos y de su hermano. A sabiendas de que su estado de ánimo, así como su vida, ya no eran las mismas un día se decidió a salir de compras con Phoebe y Natalie, cosa que no hacía desde largo tiempo atrás, y resurtió su gastado guardarropa con prendas nuevas, llamativas y de telas que hacían resaltar de manera bastante favorable los rasgos corporales del vocalista. Por otra parte, pasaba más tiempo con sus amigos, con los cuales salía a bares, a jugar tennis con los G's y Andreas de cuando en cuando y a ver el basketball con Fabiho y Georg cada domingo. 

Jamás dejaba de rondar la oficina de Alice y, siempre que tenía la oportunidad, de camino a la oficina o durante la tarde le compraba un pequeño presente de cualquier lugar al que fuera. Mascadas, collares, aretes, sencillos suéteres y blusas, le conseguía cualquier cosa que pensaba podía gustarle. Igualmente, poniendo de pretexto que en su cumpleaños pasado le habían obsequiado un vale por un cierto número de bouquettes florales, se la pasaba enviándole a Alice toda clase de arreglos florales a su oficina, los cuales la chica adoraba. Así, cada noche Alice Project salía de la oficina con una vasija, jarrón o envoltorio de celofán diferente entre brazos en dirección a su aerodeslizador.

-¿Me puedes decir qué estás esperando?-le preguntó Andreas a Bill, un día que se encontraban solos en una de las pequeñas oficinas del estudio de grabación.

-¿Esperando?-repitió el pelinegro sin entender a lo que se refería el hombre de tez trigueña sentado frente a él-Me temo que no comprendo-

-¿Cuándo la vas a invitar a salir?-puntualizó Andreas, inclinándose en su silla hacia adelante. Al contrario de su acompañante, Bill se echó para atrás en su asiento, una mullida silla de tapicería negra, temeroso ante la idea de pedirle una salida a la hermosa e intimidante Alice.

-¿Salir?-musitó Bill, temeroso, tragando saliva de manera audible-Creo... creo que eso es un poco precipitado, viejo...-

-Nada de "precipitado"-se interpuso el mejor amigo de los gemelos, presionando al vocalista de la banda-¿Cuándo?-

-Andreas...-

-Bill-le contestó éste con toda seguridad, irguiéndose en su silla, mientras le dedicaba al hermano menor de Tom una larga mirada de reproche.

-¡No me hagas esto!-le pidió el hombre del otro lado del escritorio de madera obscura al que llevaba años siendo su mejor amigo-¡Sabes que no puedo!-

-¡Claro que puedes!-refutó el hombre del saco color caqui-De hecho, podrías aprovechar e ir ahorita... escuché que está sola en su oficina-

-Yo... no creo que sea una buena idea...-

-¡Ve!-le contestó el hermano de Phoebe al desgreñado cantante, haciéndolo levantarse de su silla inmediatamente, para dirigirse hacia la puerta que interconectaba la acogedora estancia con el largo pasillo que las iba relacionando a todas como las ramas de un árbol. Divertido ante semejante espectáculo, el hombre de cabello rubio y hombros anchos no pudo evitar sonreír.

-¡Y luego me cuentas qué te dijo!-alcanzó a gritarle al vocalista de Tokio Hotel, antes de que éste abandonase la habitación.


24 de octubre de 2011

Apoyo






-Me tengo que ir-enunció Bill de un momento al otro, tan repentino como su hermano, al mismo tiempo que se levantaba del sofá en el que se encontraba recostado. Al instante, todos sus amigos se alertaron, pues el comportamiento de los gemelos les indicó que algo andaba mal.

Inmediatamente, los presentes intentaron persuadirlo de que les contara el motivo por el cual se iba, mas él no dio su brazo a torcer: simplemente les dijo que se los explicaría después. Así, sin más razones, los abandonó, metiéndose en el ascensor sin pronunciar una sola palabra. Ahí, presionó el botón de emergencia, el mismo que forzaba al cubículo de metal a descender al doble de velocidad de lo normal; esto, lo cual específicamente sólo debía ser utilizado en casos de extrema urgencia, no era muy recomendable, pues su uso prologando producía un desprendimiento ligero de las articulaciones.

Al cabo de lo que fueron segundos, el menor de los hermanos Kaulitz ya se encontraba en el nivel de estacionamiento, en donde con el control del aerodeslizador de Andreas llamó al vehículo que le pertenecía a éste, dado que, como había llegado con Tom, olvidó traer su propio aero y se vio en la necesidad de pedirle a su mejor amigo que le prestara el suyo. Una vez que se hubo introducido en el ligero armatoste aerodinámico de metal, el vocalista de Tokio Hotel encendió el motor y se precipitó hacia las coordinadas que su cabeza le indicaba. A pesar de que nunca había estado en el lugar, conocía la manera de llegar, viboreando entre las calles con mucho cuidado para no producir un accidente.

Finalmente, dio con el agujero subterráneo oculto, abandonado de toda civilización, pues era un puente debajo de un río completamente seco, en un parque solitario. Lentamente, estacionó el aerodeslizador de color blanco debajo del puente, del otro lado del amplio espacio debajo del riachuelo ahora inexistente. Ahí, se bajó con mucho cuidado y, con sus pasos resonando por todo el lugar, avanzó hasta donde su hermano se encontraba tendido con los ojos cerrados, enrrojecidos e hinchados. Sintiendo compasión por él, lo miró largamente, sabiendo que, a pesar de que siempre pretendía que todo estaba bien, en realidad se encontraba increíblemente destrozado.

-Thomas...-lo llamó con delicadeza, sacudiéndolo por el hombro para despertarlo. Lentamente, el mayor de los hermanos Kaulitz fue abriendo sus párpados, recobrando el sentido poco a poco-Thomas... despierta-

-Macky...-sollozó Tom con dificultad-Macky... quiero... quiero verla...-

-Tom, no-lo interrumpió Bill, ayudándolo a incorporarse-Ahora vamos a ir a casa, vas a dormir un poco y... mañana será otro día-

-No...-chilló el hombre de trenzas, frunciendo el ceño-Quiero... buscarla-

-Vamos a casa, anda-le insistió su hermano gemelo, antes de apoyar el brazo de su hermano a lo largo de sus dos hombros, mientras se las ingeniaba para cargar con parte de su peso-Ven... vámonos-


23 de octubre de 2011

Dependiente





Sentado aún al lado de Natalie en la sala de Andreas, Tom comenzó a sentirse súbitamente incómodo, como si tuviese algo atravesado en la garganta. De repente, el recuerdo de Annya y sus dulces labios contra los suyos asaltó su mente, dejándole un mal sabor de boca. Inconscientemente, comenzó a pensar cada vez más en ella, al mismo tiempo que fingía seguir en la reunión, de la cual ya no tenía ni pista pues la conversación había cambiado y entre recuerdo y recuerdo de la que fuese su novia, no prestaba demasiada atención. Súbitamente, se levantó en silencio, ante lo cual todos los presentes fijaron sus miradas en él, extrañados.

-¿Tom?-lo llamó Bill, quien, a pesar de su estado letárgico de enamoramiento se dio cuenta perfectamente de la perturbación que habían sufrido los pensamientos de su hermano-¿Estás bien?-

-¿Eh?-murmuró el interpelado, el cual volteó torpemente para mirar a su gemelo, el cual, a su vez, lo observaba perturbado-Sí... yo... estoy bien. Creo que... creo que me voy a ir a casa ya, me siento un poco cansado-

-Si quieres puedes quedarte, viejo-intervino Andreas, el cual se alertó en cuanto notó la manera tan lenta en la que Tom comenzó a hablar-Sabes que mi cuarto de visitas siempre está disponible para ti-

-Muchas gracias, amigo pero creo que paso esta vez-repuso el pelinegro, acomodándose la chamarra negra que traía puesta-No quisiera molestarlos. Macky, te veo allá, ¿Está bien?-

-Sí, claro... como gustes...-contestó Bill, confundido y a la vez angustiado por la estabilidad de su gemelo para manejar a casa.

-Que pasen buena noche, chicos... los veo luego-se despidió Tom, antes de salir por la puerta que llevaba al  pasillo y después al recibidor principal de la casa de su mejor amigo. Ahí, se metió en el ascensor tan pronto éste hubo llegado al piso en el cual vivía Andreas Hoffman desde hacía un par de años.

Dentro, el hombre de tez bronceada y facciones atractivas comenzó a sentir una especie de opresión en el pecho que sentía le cortaba el aliento. Sofocado, comenzó a toser, intentando sacar aquello que tenía en sí, sabiendo de antemano que no podría hacerlo, pues su mal no era algo físico, sino emocional. Desesperado, se soltó a sollozar con voz lastimera, mientras sus dedos se tropezaban por alcanzar la cajetilla de cigarrillos que tenía guardada en la chamarra. De pronto, se dio cuenta de que aún se encontraba en el ascensor y, por lo tanto, no podía fumar. Impaciente, se sintió aún peor cuando se dio cuenta de que aún faltaban varios pisos para llegar a la planta de estacionamiento del lugar.

Una vez que hubo alcanzado el piso en el cual se ubicaban todos los aerodeslizadores del edificio, un desesperado Tom se precipitó hacia su aero, del cual tomó el volante rápidamente entre sus manos y, virando con brusquedad, se las ingenió para llegar a un puente solitario, bajo el cual se refugió, casi saltando del aero para abandonarlo. Una vez fuera, prendió su cigarro con dedos temblorosos, asiéndolo con dificultad mientras se quemaba los dedos con el encendedor. A pesar del relajante efecto de la nicotina, el cual percibió tras la primera calada, la angustia que sentía su corazón no se iba.

Al cabo de cinco cigarrillos, ya mucho más exaltado, Tom recurrió a su última arma: su holocomunicador. Ahí, marcó mentalmente la clave digital única, también conocida como CDU, de Annya, esperando que ésta le contestara. Lo que no sabía, era que la mujer había desactivado su comunicador y, por lo tanto, un holograma previamente grabado de una sonriente Annya lo recibió.

"En este momento no puedo contestar tu llamada, pero por favor déjame un mensaje o contáctame en alguna de mis redes sociales y me comunicaré contigo tan pronto como me sea posible. En caso de emergencia, pulsa el botón rojo en tu pantalla", pidió amablemente la imagen, sonriendo en todo momento. Con urgencia, Tom presionó cientos de veces el botón rojo, el cual, al parecer se encontraba desactivado. Frustrado, el hombre se tiró al suelo, antes de colocarse en posición fetal, lloroso y con el rostro rojizo.

-¡Anny!-comenzó a gritar, completamente solo, aislado de la sociedad-¡Anny!-