30 de octubre de 2011

Inesperado


 
 
 

Precipitadamente, Alice Project arrancó su aerodeslizador y, mientras lloraba de rabia al volante, iba pensando en todas las cosas horribles que la rabia la había hecho decir. La manera en la que se expresó con los demás, las palabras que había usado que, si bien no tenían una connotación tan fatídica, sonaron tremendamente hirientes al pronunciarlas con el tono que ella empleó.

Pensando en todos los rostros de los allí presentes, tanto jóvenenes menores que ella como personas un par de años mayores, se sintió mal al recordar la expresión avergonzada, dolida y falta de dignidad que exhibían aquellos hombres y mujeres quienes, si tal vez se habían equivocado tan fatídicamente como ella se los había indicado, no se merecían que les gritara como lo había hecho. Finalmente, se encontraba el postre de todo ese asqueroso banquete de culpas: el rostro confundido y herido de Bill, quien había acudido a preguntarle a Alice si todo se encontraba bien y, en respuesta, la humanoide le contestó de manera grosera y petulante.

Entristecida al recordar los ojos decepcionados con los que él, el hombre que más respeto y admiración le causaba en el mundo, la había observado, Alice se sintió como una bestia por haberse comportado así con él. Arrepentida, desactivó en el panel de mando del aerodeslizador la modalidad de piloto automático y puso ambas manos en el volante, para retomar el control del vehículo, con el cual se dirigió de vuelta hacia el edificio de CherryTree en Los Ángeles en donde Tokio Hotel y todo su equipo de trabajo se reunían.

Una vez en el complejo, subió todos los pisos, atravesando el edificio de manera vertical con una suave música de fondo que resultaba, hasta cierto punto, relajante. Mentalmente, revisó el mapa de la compañía, al que únicamente los trabajadores del edificio tenían acceso, y verificó que el líder de Tokio Hotel se encontrase aún en el piso que tenían asignado dentro del magno constructo de vidrio y concreto. En su oficina, lo visualizó dando de vueltas alrededor de su escritorio y, entusiasmada, sonrió para sí misma.

Llegado el piso en el que tenía que bajarse del amplio y fresco cubículo de metal, la chica de piernas largas avanzó hecha un bólido a lo largo del pasillo que llevaba a las oficinas de los chicos, específicamente a la que Bill Kaulitz compartía con su hermano Tom. Conforme iba pasando ala tras ala de juntas y pequeñas oficinas cubiculares, las personas la miraban, esperando que estallara de nuevo mas ésta vez ella iba suficientemente tranquila como para soportar lo que se le viniera encima. Finalmente, alcanzó la puerta de madera que ostentaba en una pequeña placa de metal reciclado el nombre de ambos gemelos, seguido del título "Productor" en cada uno de los casos.

Dentro, el pelinegro vocalista hablaba por su holocomunicador, su voz angustiada y su expresión convertida en el vivo reflejo de la decepción y la incomprensión. Indecisa al pensar si debía ir e interrumpirlo o no, Alice se encontró en una encrucijada. No fue sino hasta que él dio cuenta de su presencia que se quedó completamente sin habla, pensando que estaba sufriendo una especie de alucinación; ahí, de pié frente a él, se encontraba la misma Alice molesta de hacía menos de diez minutos, excepto que en aquella ocasión parecía más calmada y, hasta cierto punto, avergonzada.

Sin palabras, ella se acercó a pasos alargados hacia él, encajonándolo contra la pared de cristal que tenía a su espalda. Pegada a su cuerpo, pendiente de la respiración acelerada del hombre, apenas y fue capaz de mirarlo a los ojos.

-Lo siento-susurró ella, sus labios cercanos a los del humano que tenía frente a sí. Atónito, él no podía dar crédito a lo que veían sus ojos y a lo que sentía su cuerpo.

Y fue así como, guiada por un loco impulso controlado por el subconsciente, lo besó. Los perfectos y sonrosados labios de Alice Project entraron en contacto con los de Bill Kaulitz quien, incrédulo, apenas y podía pensar en lo que estaba pasando ahí, frente a él. Al principio, ambos se quedaron estáticos, sus bocas apenas tocándose; mas, cuando dieron cuenta de lo bien que se sentía estar unidos de esa manera, ambos se dejaron llevar. Ella, presionando su cuerpo delgado contra el de él, entrelazó sus manos tras el cuello del hombre, acariciando su nuca con sus delgados dedos. Por su parte, el cantante desplazó sus dos manos hacia la cintura de la mujer, acercándola aún más a su entallada figura.


1 comentario:

●•Scarlëtt•● dijo...

¡Oh, por Dios! ¡Oh, por Dios! ¡Oh, por Dios!

¡Sííííííííííí!...

¡ya les tocaba, ya les tocaba!


Qué buen capítulo!...

Besos!




S.K