20 de mayo de 2012

Pasado


Pasado by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-¿Todo está preparado entonces?

-Como pediste- respondió la mujer, avanzando al lado del caballero de cabello negro, mismo que se detuvo un momento, dubitante, asustado hasta cierto punto respecto a lo que estaba a punto de hacer. En silencio, su acompañante lo esperó, sabiendo que se sobrepondría pronto; solía sucederle que cuando se encontraba demasiado temeroso, se paralizaba repentinamente. 

-Disculpa... fue una especie de... lapsus- se explicó él, retomando el paso.

-No tienes de qué preocuparte- intentó confortarlo, tomándolo del brazo cariñosamente- Todo va a salir bien.

-De todo corazón, eso espero- comentó el hombre, antes de entrar por la portezuela- Mantente atenta por si las cosas no resultan según lo planeado.

-De acuerdo- consintió la dama, sonriendo débilmente en un intento de infundirle ánimos.

-Por cierto... estoy enamorado de ti- confesó él, devolviéndole la sonrisa- Perdón por no decírtelo antes.

Alexis Blair
-Richard...- musitó ella, corta de aliento, dando un paso hacia el frente con su pie descalzo.

-Aunque me gustas más cuando te vistes propiamente- comentó el científico, divertido ante la inesperada visión de los dedos pequeños y blancos de ella. Se encontraba tan preocupado que apenas y lo había notado- No te vendría mal ponerte los zapatos que te regalé.

-No los encuentro, ¿Sabes?- comentó la delicada doncella, colocando su par de delicadas manos tras su espalda, con los dedos entrelazados de una manera dulce- Es como si hubiesen desaparecido.

-Claro que lo hicieron- intervino una tercera voz en la conversación, proveniente de la boca de un hombre que acababa de salir por una pequeña puerta blanca- Eran horribles. Tuve que deshacerme de ellos; el solo verlos...vaya, me sorprende que todavía tenga corneas.

-Anderson, tú no debiste...

-Te compré otros, no te preocupes- consoló a la muchacha el joven científico de cabello negro, parecido al de su compañero de trabajo, el cual lo miraba enfurecido, unos cuantos metros adelante- Más bonitos.

-Me gustaban los que me dio Richard...

-Olvídalo ya, Lex... ¿Sí?- le pidió el encantador joven de piel blanca, tomando a la confundida criatura pelirroja de las manos, sintiendo la inusitada suavidad de su piel, aspirando el aroma a manzana que destilaba cada parte de su anatomía... era absolutamente increíble- Hablaremos de ello luego; sabes que estamos ocupados.

Richard Vo
-Oh, es cierto- sonrió la muchacha- Nos irá bien, ya lo verán.

-Estamos más que seguros, B- se dirigió a ella el primer joven, el que portaba las gruesas gafas de pasta negra, con ambas manos metidas en su bata de laboratorio, la corbata ligeramente chueca.

-Primero Dios...- musitó la joven, dirigiéndose a saltos al hombre de rasgos asiáticos, el que se encontraba más alejado de ella, para acomodarle la corbata de color rojo. Ante semejante respuesta, ambos científicos se miraron el uno al otro, atónitos ante lo que acababan de escuchar.

-Disculpa, muñeca; ¿Qué dijiste?- le cuestionó Anderson, el más joven de ellos dos.

-"Primero Dios"- repitió dulcemente la mujer, dirigiéndole una mirada cándida a su interlocutor, dado que no entendía que tenía de extraño lo que acababa de decir.

-Richard... ¿Puedo hablar contigo... en privado?- pidió uno de los perplejos jóvenes, dirigiéndose a su compañero. Éste, tan atónito como el otro, asintió torpemente un par de veces de manera acelearada, antes de tomar por sus delicadas manos a la criatura que tenía frente a sí- Ve al laboratorio y no salgas de allí hasta que alguno de nosotros vaya a buscarte, ¿Está bien?

-Sí- contestó ella débilmente, un tanto asustada por la reacción de ambos hombres; sin embargo, obedeció de inmediato la orden y se alejó, avanzando con ese paso suyo de bailarina de ballet, ante la mirada sorprendida del par de hombres.

Anderson Watts
-¿Escuchaste?- escupió Anderson, acercándose a su colega, profundamente indignado.

-Sí, lo sé... no pensé...

-¡Nadie pensó!- exclamó el americano, en un estado de ánimo más exaltado que el de su compañero- ¿Qué vamos a hacer si la junta se da cuenta?

-¿Qué quieres que hagamos? No podemos decirle que está mal lo que dijo- contestó aquél al que la mujer había llamado Richard- Tiene derecho a sostener sus convicciones, como cualquier otro ser humano.

-Ese es el problema, Ricky- se quejó Anderson- Ella no es humana. Lo sabes.

-Pero está tan cerca...

-"Cerca", no es suficiente- lo corrigió- Una persona con una deficiencia física está "cerca", como tú dices, de llevar una vida normal, más no por eso puede hacerlo.

-Tienes razón...- admitió pezaroso Richard- Esa inteligencia suya...

-Mira, no hay que alarmarnos antes de tiempo, ¿Está bien? Tal vez sólo lo dijo porque lo leyó en un libro o algo así... de ahora en adelante hay que ser más selectivos con su material de lectura. Entiendes lo que quiero decir.

-Claro...- musitó débilmente el asiático- Vamos... vamos a entrar ya...

18 de mayo de 2012

Verdades incómodas


-Ya sé lo que vas a decir, querida...- respondió la gloriosa criatura, echando hacia atrás su cabeza de pelirroja cabellera mientras reía abiertamente, sus brazos aún colocados de manera que se cruzaban el uno sobre el otro- Se supone que no existo... vaya cuento...

-No, no es eso- contestó Alice, enfocando sus iris azules en el cuello, la mandíbula, los labios... verdaderamente el parecido entre ellas dos era impresionante- Nuestro padre... es decir, Richard, como tú lo llamas, nos mencionó que tú habías quedado confinada después del... accidente...

-¿Accidente?- repitió la enfurecida mujer, casi a gritos, sumamente exaltada- ¿Así es como llama a lo que sucedió? ¿Un "accidente"?-

-Él no fue muy específico al respecto...- respondió la atemorizada humanoide, extrañada ante la súbita reacción violenta de Blair.

-Me imagino- espetó violentamente la criatura de piel blanca como la nieve- Después de todo eso es lo único que fui para él, ¿No es así? Un asqueroso fracaso...

Pero antes de que pudiese continuar hablando, la puerta de la habitación volvió a abrirse, esta vez con otro individuo parecido al captor de Alice, cuya silueta fuerte y amenazante se recortaba contra la escasa luz del pasillo. Con una risa ahogada, arrojó descuidadamente el bulto que traía jalando atrás; de manera que éste se estrelló con la pared contra la que se encontraban recargados los captores de los demás humanoides. Asustada, la tímida humanoide se repegó a Selick, quien en un impulso matenal también se acercó a ella, intentando darle consuelo. Lentamente, la criatura que acababa de golpearse en la frente contra la superficie de concreto fue levantando su lastimado rostro hasta que, para espanto de alguno de los presentes, aparecieron los ojos compasivos y amables de Briant.

-¡Briant!- gritó Alice asustada, acercándose al que fuese su marido de manera casi involuntaria. Torpemente, éste esbozó una débil sonrisa, verdaderamente complacido por ver a la mujer que más amaba allí- ¿Qué te hicieron?

-Lo único que puedo decirte,- respondió entre risas el captor de Briant, el mismo que venía tirando de él- es que fue una presa muy difícil...

-¡Carter!- lo regañó Blair, dirigiéndose a él con una voz de trueno que hizo temblar tanto a aquél como al resto de sus compañeros- Retírense ya, no me es... necesaria su presencia. Puedo con ésto-

-Señora, ¿Está usted segura? El señor Roberts fue muy específico...

-El señor Roberts aprobará esto, puedes estar seguro- le espetó en respuesta, mostrando su autoridad- Ahora márchense.

Sin chistar, los cuatro individuos allí presentes salieron por aquella puerta que no dejaba de causarles sobresaltos a los humanoides, cerrando suavemente al salir. Finalmente, se quedaron únicamente en la habitación Alice, el resto de su clan y Blair, quien caminaba en línea recta, en un trayecto de ida y vuelta, frente a ellos, sin mirarlos. Cuando le pareció más descuidada, Briant se dirigió a Alice.

-¿Estás... estás bien?- preguntó con voz suave el humanoide, intentando estirarse para mirar mejor el intacto rostro de la hermosa mujer.

-Sí, gracias...- respondió la criatura, avergonzada al ver las atenciones que se tomaba su todavía esposo con ella, cuando le había hecho tanto daño- Tú eres el que no está bien.

-Son algunos rasguños superficiales- rió tímidamente el hombre de cabello negro, intentando restarle importancia al asunto- Tú me conoces: no me gusta irme sin dar pelea.

-Yo...- intervino Blair en la conversación, hablando por primera vez en largo rato- Les pido una disculpa... mis androides no tenían por qué ser tan bruscos con ustedes. Pensé que había sido bastante específica cuando les dije que no quería heridos.

-¿Androides?- inquirió Alice, enfocándose en el rostro súbitamente compungido de Blair- ¿Cómo...?

-No son como ustedes- se explicó la científico, siendo compasiva por primera vez desde que llegaron- Ellos son simple maquinaria, engranes y tuercas cubiertas de plástico.

-El mismo que se utiliza para...

-Injertos de piel, sí- completó la pelirroja la frase de Selick, quien resultaba ser médico- Tratamos de darles un aspecto más agradable para que no desentonen en la sociedad. No es muy agradable ver un mecanismo tan complejo como el de ellos trabajar.

-¿El doctor Vo vendrá...?-

-Sí, no debe tardar- respondió Blair a la interrogativa de Redgie, quien, al igual que sus compañeros, se quedó bastante extrañado al ver aquella nueva faceta de su personalidad, que parecía ser cordial y, hasta cierto punto, humana- Él está consciente de que están aquí, no deben preocuparse.

-¿Doctora Blair?- se coló una voz desconocida dentro de la habitación; misma que llamó de inmediato la atención de la pelirroja- El grupo del doctor Vo ya se dirige para acá. Salieron de América hace media hora.

-¡Excelente!- expresó la mujer, con verdadero entusiasmo- Ella... ¿Ella también viene? ¿Confirmaron su asistencia?-

-Así es; no se resistieron en absoluto- le contestó el hombre que había venido a verla- Fue de lo primero de lo que nos aseguramos.

-Bien...- musitó Blair, con un destello de emoción brillando en sus pupilas de iris verdes- Llamen a Watts, que tenga todo listo para su arribo. Quiero estar ahí para verla...

-Un momento- intervino Alice con extrañeza- ¿Watts? ¿Anderson Watts? ¿El científico encargado del clan de Frances Umbrose?

Al escuchar el nombre de la ex novia de Tom, la mujer de cabello pelirrojo levantó la mirada de la misma manera que si se hubiesen dirigido a ella. Casi de inmediato, la humanoide intuyó que algo allí marchaba mal.

-No es de tu interés saber eso, niña- le espetó la científico, portándose grosera de nuevo- Ahora, si me disculpan... tengo que ir a atender otros asuntos.

-No te vas a salir con la tuya, ¿Sabes?- le expresó segura de sí misma Alice a su guardiana, la cual se volvió para mirarla con extrañeza- Nos van a venir a buscar.

-¿Ah sí? ¿Quién?- rió Blair de manera demasiado encantadora como para ser malvada- ¿Débiles humanos? ¿Por favor? ¿Qué pueden hacer ellos contra nosotros?

-No tienes una idea...- sonrió Alice, pensando en Bill, quien, seguramente, ya debería de estarse movilizando para encontrarla.

-¡Entonces ella está ahí!- gritó Bill eufórico, apuntando al sitio marcado por un gran círculo rojo en el mapa europeo.

-Exactamente...- coincidió Tom, tallándose el rostro con la palma de su mano, sentado frente a la pantalla donde el proyector holográfico mostraba a detalle el territorio cuyas coordenadas Frances le había enviado en un mensaje de su holocomunicador- Pero creo que debes saber desde ahora hermanito que el problema no es conocer dónde la tienen, sino llegar allá. Bastante simple, ¿No te parece?

-No te pongas irónico conmigo, por favor- le pidió el menor de los hermanos a su gemelo, el cual no parecía bastante interesado en encontrar a su cuñada.

-¡Chicos!- gritó una voz, proveniente del recibidor del departamento de los gemelos. De inmediato, ambos volvieron la vista hacia aquél punto, donde encontraron a todos sus amigos, congregados avanzando hacia ellos dos- ¡Supimos lo de Alice!

-Pero, ¿Cómo?- cuestionó Tom, levantándose para ver cómo la horda se movía hacia su posición, con Phoebe al frente, mostrando una expresión bastante angustiada.

-Heathcliff nos comentó que le habías preguntado por ella- respondió Gustav, dirigiéndose a Tom- A nosotros también se nos hizo extraño que no hubiese llegado anoche pero no quisimos mencionarlo por miedo a ofenderte.

-No se preocupen- respondió Bill, sintiendo de repente que la cabeza le zumbaba- Ahora lo importante es dar con ella; Frances nos dio un poco de información acerca de dónde puede estar. El problema es que...

-Está un poquito lejos...-se burló Tom despectivamente. No quería ofender a Bill, pero para nada le gustaba la idea de que Frances estuviese allí y, para más, con Alexei.

-¿Dónde?- cuestionó Georg, mirando el mapa atentamente.

-Eslovenia- expresaron ambos gemelos al mismo tiempo, dejando a todos sus acompañantes completamente perplejos.

-Ya sabemos que no es precisamente la vuelta de la cuadra pero... ya encontramos un avión- expresó Bill- O algo de ese estilo, es más bien una avioneta; es de una mujer que se ofreció a llevarnos de incógnito sin hacer muchas preguntas.

-Pensó que éramos espías industriales intentando colarnos a algún depósito experimental- explicó Tom ante la sorpresa de los presentes, con una sonrisa sarcástica de por medio.

-El caso es que- retomó Bill el hilo de la conversación- Puede llevarnos y recogernos. Estará sobrevolando cerca, entonces supongo que no debe ser problema. Con respecto a lo de meternos a la sede de Astrella...

-No tienen la menor idea de cómo hacer eso- adivinó Fabiho, mirando a ambos hermanos con un poco de escepticismo.

-Haremos lo que podamos- comunicó el menor de los hermanos, intentando sonar optimista- Haber cómo resultan las cosas y... eso es todo, ya nos vamos. Esperamos volver.

-Que "esperamos volver" ni que tus calzones, Kaulitz- expresó una voz femenina que Bill ya llevaba rato sin escuchar. Detrás de todo el grupo, salió Natalie, ataviada con una pesada chamarra de borrega- Vamos contigo.

-Chicos, no- les espetó de inmediato el músico a todo el grupo que tenía frente a sí- Precisamente por eso no los habíamos contactado: no queremos meterlos en esto.

-No es si quieres o no, Bill- intervino Georg en esa ocasión- Somos familia. Tenemos que estar juntos en esto.

-De verdad, son muy dulces pero...

-Déjanos ayudarte, al menos- propuso Natalie- Mis dos hermanos trabajan para el ejército; haré que te faciliten material para entrar.

-Nat, la violencia no es lo mío...

-Pero sí de esas personas y no se tentarán el corazón para darte un tiro en esa preciosa cabeza tuya, vocalista- espetó la estilista- No puedes entrar de manos vacías.

-Ella tiene razón...- musitó Tom, dirigiendo la mirada hacia su hermano. No quería morir.

-Está bien... un poco de ayuda no nos vendría mal... ¡pero nada más que eso!- aclaró el músico, mirando al resto de su banda, quienes los observaban con los brazos cruzados.

-Sí, como no...- expresó Gustav- Vamos a casa a traer unas cosas, nos vemos aquí en treinta minutos para planear cómo es que entraremos.

-Buscaré los planos de la sede experimental- propuso Phoebe- Debo tenerlos en los documentos de la oficina.

-Genial- sonrió Tom, al ver que el intento suicida de su hermano por salvar a su novia por lo menos comenzaba a sonar un poco más coherente. Al notar el tono con el que se había expresado, Bill lo miró con un poco de desagrado- ¿Qué? Era una misión suicida, Macky.


16 de mayo de 2012

Cabos sueltos


Cabos sueltos by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

En medio de un silencio que sólo era interrumpido por el sonido de sus pies arrastrándose a lo largo del pasillo obscuro, la disminuída criatura únicamente pensaba en él, a lo largo de cada metro que recorría. Por alguna extraña razón, no sentía dolor; o tal vez, el malestar que agobiaba a su corazón era tan grande que no permitía a su potente cerebro sentir algo más. A lo largo de su cuerpo, sentía caer las gotas de agua que la recorrían desde la cabeza a los dedos de sus pies, helándola a su tacto. Le parecía incomprensible que tanto viento no hubiese podido secarla. 

Finalmente, al cabo de lo que percibió como una eternidad, su captora se detuvo repentinamente, frente a una puerta apenas iluminada por un diminuto foco incandescente. Sin pedir permiso, se introdujo haciendo girar la sencilla manija dorada que había al alcance de su mano, muy distinta ésta a las que se utilizaban en los edificios modernos. Alice lo sabía bien; lo sabía porque Briant se lo había contado, él era arquitecto y ese era su trabajo: los pequeños detalles.

Callada, se dejó arrastrar otro metro más, dentro de una habitación tan escasa de luz como la anterior; sin embargo, aquella segunda ala poseía una mesa en el centro, bastante amplia como para acomodar varios objetos allí... o individuos. Asustada, se dio cuenta de que no estaba sola. Ahí, a su lado, se encontraba un rostro que conocía bastante bien.

-Selick...- musitó la criatura con un dejo de espanto en su voz.

-Calla...- le pidió la interpelada, al parecer demasiado débil como para hablar. Hecha un ovillo, la mujer se encogía sobre su vientre, cubriéndolo con ambas manos en una forma protectora, como si tuviese algo oculto allí.

-¿Qué...? ¿Qué te sucede? ¿Por qué hablas de esa manera?- quiso saber la recién llegada, intentando aproximarse a su antigua amiga, a la cual le propinaron una patada en la columna apenas y se movió.

-¡Quédate quieta!- le espetó una brutal voz femenina, proveniente de una alta y obscura figura.

-¡No te atrevas a pegarle a mi esposa, maldita víbora!- gritó otra voz en respuesta, la cual Alice identificó de inmediato. A la escasa luz de la bombilla que había en el centro del techo, el cabello del individuo que se encontraba a menos de un metro de distancia soltó un destello fulgurante de color dorado.

-¡Vaya, pero si veo que ya se están conociendo!- se interpuso una cuarta voz en la conversación, evitando que la individuo que custodiaba a Selick agrediera a Redgie, quien resultaba ser el hombre que apenas había hablado, defendiendo a su debilitada pareja. 

Al ver a la mujer que entró por la misma puerta por la que había llegado Alice, y seguramente sus demás compañeros también, la criatura de largo y espeso cabello rizado retrocedió, retomando su posición de descanso militar, con ambas manos, una sobre la otra, colocadas en medio de sus piernas ligeramente abiertas, las plantas de los pies bien asentadas en el suelo de la habitación.

-¿Quién eres tú?- inquirió Alice de inmediato, sin temor, dirigiéndose hacia la recién llegada. Ésta, de inmediato dirigió la mirada hacia su inesperada interlocutora, propia de unos iris que aún en medio de la obscuridad del rostro, lanzaron un destello verduzco hacia la atemorizada humanoide.

-Eso no tiene relevancia alguna en este momento, querida- habló con dulzura la interpelada, acuclillándose frente a la novia de Bill- Pero tú... tú debes ser Alice. La favorita de Richard...

-¿Cómo conoce a nuestro padre?- insistió con voz fiera la humanoide.

-Digamos que soy su más grande fan...- se burló la misteriosa dama, aproximándose más a la criatura que tenía frente a sí, como si la examinara- Aunque creo que, en este caso, los papeles se invirtieron y él resulta ser... mi mayor admirador.

-Dudo que un caballero tan propio como mi padre pudiese siquiera sentir... simpatía... por una mujer como usted- atacó Alice a la desconocida fémina que tenía todavía a pocos centímetros de distancia.
-¿Eso piensas?- preguntó la voz cantarina de aquella extraña, en medio de risas que parecían penetrarles los tímpanos a cada uno de los humanoides- Mi cielo... pero qué decepción te vas a llevar cuando te enteres de la verdad...

-¿Cuál verdad?- repuso la humanoide sin haber perdido ni un poco de su inusitada fiereza.

-Enciendan la luz, por favor- pidió la dama, poniéndose de pié finalmente- Odio estar a obscuras.

Pocos segundos después, la recámara, que anteriormente le había parecido tan sombría a cada uno de los humanoides, se llenó de una luz fría y casi dura que llenó cada uno de los rincones de la habitación, dejando al descubierto los suelos y paredes blancos tan propios de las instalaciones de Astrella. Frente a ellos, a un lado de la colosal mesa de titanio, se encontraba la misteriosa figura, ataviada con una falda tubular negra que le llegaba a la mujer que la portaba ligeramente abajo de las rodillas y un suéter de cuello de tortuga color borgoña, totalmente ceñido a su bien proporcionado cuerpo. Sobre los hombros, la cabellera espesa y brillante parecía destellar sutilmente, arrojando muestras de brillo color rojizo. Los labios, pintados del mismo color del suéter, se curvaron hacia arriba en una sonrisa.

-No... no puede...

-Alice... ella es...

-El proyecto B...-continuó la humanoide la frase interrumpida de Selick, quien no paraba de girar sus pupilas, intercambiando la mirada entre su colega y aquella inusual mujer. El parecido entre ambas resultaba sorprendente.

-Doctora Alexis Blair, si me haces el favor- respondió con cordialidad la dama, cruzándose de brazos frente a los tres humanoides.

-¡Ahí está, apresúrate! ¡Apresúrate!- instó Bill a su hermano mayor, quien se volvió a mirarlo perplejo, desde su asiento de piloto del aerodeslizador en el que ambos habían viajado desde la casa de campo de los Shäfer.

-¿Yo?- inquirió atónito el mayor de los gemelos, observando a su acompañante como si hubiese perdido el juicio.

-¡Quién más! ¡No me va a hacer caso a mí! ¡Apresúrate antes de que se vaya!- le insistió el menor de los hermanos, propinándole un empujón en el antebrazo. Procurando no pensar más en lo que estaba a punto de hacer por temor a arrepentirse, el guitarrista se bajó a trompicones de su transporte de lujo para atravesar la concurrida calle esquivando los aeros que se le ponían enfrente. Finalmente, se encontró a menos de un metro del aerodeslizador que esperaba a su ex novia, Frances y al actual compañero sentimental de ésta, Alexei.

-Frances- la llamó débilmente, tanto que pensó que no lo escucharía. Sin embargo, ella sí lo oyó y, desconcertada, se volvió para mirarlo con una expresión de indignación total, profundamente escandalizada.

-¡Tom!- replicó la mujer en un tono nada halagador, lo cual despertó de inmediato el interés de su acompañante, quien abandonó su asiento en el aero  para salir a ver qué pasaba- ¿Qué haces aquí?

-Vine... vine a verte- confesó el caballero torpemente, asustado por la súbita visión de Alexei ahí presente- Bueno, no sólo a ti; a todo tu... clan-

-¿En qué puedo ayudarlo, señor Kaulitz?- intervino Alexei, cerrando la puerta de su lado del aero para acercarse a Tom, de una forma bastante amenazante que logró hacerle al mayor de los hermanos Kaulitz un nudo en el estómago.

-Verán... nosotros estamos buscando, mi hermano y yo... queremos saber...- balbuceaba torpemente el guitarrista, ante la mirada atónita de ambas criaturas.

-Señor Kaulitz, no tengo su tiempo. Debemos partir pronto, un avión nos espera...

-¿Dónde está Alice? ¿Quién se la llevó?- soltó repentinamente el músico, asustando con la sola mención de sus palabras al par de humanoides que se encontraban frente a él.

-No tenemos la menor idea de lo que habla- le respondió Alexei, con un tono frío y calculador, antes de dirigirse a la mujer que lo acompañaba- Súbete, Scarlett.

-Alex...

-El paradero de la señorita Project es ajeno a nosotros, Scarlett- le insistió el indiferente caballero- Llegaremos tarde.

-Sí, tienes... toda la razón...- musitó Frances, con los ánimos repentinamente cambiados. Silenciosamente, se giró hacia Tom y cuando ya nadie lo esperaba, le guiñó el ojo en un momento en el que su acompañante se distrajo, antes de enunciar inexistentemente con sus labios "Yo te ayudaré". De último, se despidió del caballero que se encontraba de pié, perplejo ante aquella extraña situación, con un gesto de su mano enguantada- Con tu permiso, Tom...

-Propio- respondió en un susurro el guitarrista, antes de volverse hacia la calle de nuevo, misma que cruzó para volver al lado de su hermano menor, el cual lo esperaba ansioso, ávido de respuestas a la interrogante que más le torturaba en aquél instante: ¿Qué habría pasado con Alice?


14 de mayo de 2012

Sospecha


Sospecha by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Recostada en la recámara, con las persianas todavía cerradas, la mujer se despertó sobresaltada, en medio de la reinante obscuridad. Asustada, miró a todos lados, intentando encontrar al perseguidor que la acosaba en el sueño. Con la respiración agitada, apenas y notó que por su frente perlada escurrían gruesas gotas de sudor frío, producto del incipiente temor que parecía estarse incubando en su pecho desde hacía varios días. Una vez que estuvo segura de haber revisado la habitación entera con su perfecta mirada periférica, se giró lentamente hacia el hombre que decansaba a su lado izquierdo, mismo que aún portaba a medias el traje ejecutivo que parecía su segunda piel más que su atavío cotidiano. Con la camisa desabotonada a lo largo del pecho y el cinturón desabrochado, respiraba calmadamente, ignorante al estado tan trastornado de su novia.

-Alex...- lo llamó la criatura, en voz muy baja, por si pudiesen estarlos escuchando. No podía quitarse la horrible sensación de que alguien más se encontraba con ellos- Tenemos que salir de aquí.

-¿Ehm?- respondió con un débil murmullo el interpelado, aún demasiado entorpecido por las brumas del sueño que aún permanecían en sus ojos- ¿De qué estás hablando?

-Están aquí...- susurró cuidadosamente la humanoide, acercándose a su acompañante, el cual espabiló de inmediato y en un solo movimiento se encontró sentado en la cama, a un lado de su compañera, con los ojos tremendamente abiertos.

-Eso es imposible...

-No lo creo- objetó la criatura, volviéndose rápidamente hacia la puerta de entrada de la recámara, misma que se encontraba entreabierta, siendo que ella se había asegurado de haberla cerrado bien antes de acostarse a dormir- Lee... lee lo que dice este papel.

-¿Qué tiene de...?- farfulló incredulamente el sujeto, tomando el diminuto objeto blanquecino entre sus dedos. Una vez que hubo terminado de recorrer con sus pupilas el mensaje difícilmente garabateado, se puso de pié en un salto- No te muevas. Voy a buscar a Dorian.

-Alex...

-Quédate aquí- le suplicó- Tenemos que resolver esto lo antes posible.

-No está- espetó una voz muy diferente, en otro lado de la ciudad, después de haber recorrido un conjunto de alas completamente vacías que se encontraban exactamente como se habían quedado, antes de que los dos individuos allí presentes se marcharan, la mañana anterior.

-¿Estás seguro de que ya revisaste las demás habitaciones?

-No estoy ciego, Thomas- le espetó rudamente el menor de los hermanos- Si te estoy diciendo que no está, es porque no está. Ya busqué en todas partes.

-De acuerdo, entonces creo que lo mejor es llamar a la policía- propuso el mayor de los gemelos, comenzando a buscar el número en su holocomunicador- Quizá ellos puedan dar con ella.

-No, espera...- pidió el menor de ambos- ¿Qué pasaría si...? Ellos la tienen.

-¿Ellos?- repitió incrédulo Tom Kaulitz, para su hermano Bill- ¿Ellos, quiénes?

-Astrella...- musitó con mucho cuidado el líder de Tokio Hotel- Podrían estar vigilándonos...

-Hermano, yo... no quiero sonar pesado pero... ¿Qué tan probable es eso?-

-Bastante- respondió con seguridad el pelinegro, sentándose en el primer sofá que halló disponible- Ella... me comentó algo semejante una vez.

-¿Semejante en qué sentido?- quiso saber el guitarrista, renuente a creer en las suposiciones fantasiosas de su gemelo.

-Un experimento... el proyecto B. Se les salió de control y ellos... tuvieron que... contenerla.

-Ahá, ¿Y contenerla en qué sentido?- inquirió el músico, cruzándose de brazos.

-Para detener a un humanoide, necesitas de otro humanoide...- recordó Bill lentamente, levantando el rostro conforme pensaba en las posibilidades- Llama a Frances, rápido.

-Hermano... ella no me va a contestar- le hizo saber Tom a su hermano menor- Seguramente está con Alexei...

-¡Márcale y ya!- exigió Bill, poniéndose de pié, hecho una fiera. Ante semejante desplante de furia, el mayor de los hermanos obedeció de inmediato, en contra de su voluntad, buscando entre los contactos el rostro sonriente y atractivo de la pelirroja Umbrose. En silencio, ambos hermanos esperaron a oír la dulce voz de la humanoide.

-No contesta- replicó después de un rato el músico- Su número aparece como cancelado.

-Algo terriblemente malo está sucediendo...- expresó el frontman, cruzándose de brazos mientras observaba una de las fotografías en la pared, donde aparecían Alice y él, tomados de la mano, columpiándose en lo que parecía una barra de madera.


13 de mayo de 2012

Desaparición



Desaparición by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



Lentamente, el hombre fue abriendo sus párpados frente a la luz del amanecer que se colaba a través de su ventana, inundando paulatina y sutilmente la habitación en la que se encontraba. Amodorrado, se dio vuelta en la cama, intentando buscar el cuerpo que, pensaba, se encontraría allí para esa hora; grande fue su sorpresa cuando no lo halló. Extrañado, abrió los ojos de golpe, exhibiendo las iris castañas en una expresión de desmedido horror: la cama se encontraba vacía de aquél lado. Con las cobijas y las sábanas perfectamente acomodadas, el buró sin el estuche azul celeste que contendría las membranas respiratorias y los protectores oculares que ella no necesitaba pero usaba de igual manera para aparentar normalidad.

"Quizá se le hizo tarde", sugirió su mente, dándole una alternativa para aliviar la opresión que sentía en el estómago; más él bien sabía que no era eso. Si se le hubiese hecho tarde, ella llamaría; avisaría que no podría llegar por cuestiones indeterminadas, para después tranquilizarlo diciéndole que tomaría un tren, o el vuelo próximo para alcanzarlo allá como desde un principio había sido su plan. Entonces él se sentiría aliviado y hubiese dormido con mayor tranquilidad, con el dolor de la separación disminuido y la certeza de su presencia en la mente. Sin embargo, no era así.

Angustiado, se levantó inmediatamente, cosa que era sumamente inusual en él y recorrió la habitación intentando encontrar evidencias de su presencia: ropa en el suelo o en el ropero, algún maletín o bolsa alrededor de la cama, la tableta electrónica arrumbada en el asiento de la silla más cercana, la cámara fotográfica en el tocador... nada. Apresuradamente, saltó hacia el corredor, mismo que se encontraba desierto debido a la hora del día y se movilizó por los diferentes pasillos y estancias, esperando encontrarla cocinando el desayuno, dormida en el sofá con la maleta al lado... más tampoco apareció. 

Así como se encontraba, sin maquillar y aún en pijama, llamó al portero y al ama de llaves, preguntando por la criatura de cabello negro al hombro. Intrigados, ambos le respondieron con negativas a cada una de sus preguntas, sin poder entregarle las respuestas que el caballero deseaba. Con un gesto, agradeció apresuradamente a la pareja, antes de movilizarse del sitio para intentar contactarla a través del holocomunicador... aparecía como desconectado. Aterrorizado, decidió dirigirse a su último recurso.

-Tom- lo llamó, sacudiéndolo por el hombro.

-¿Eh?

-Levántate, tenemos que volver a Los Angeles.

-¿Qué? ¿Pero... por qué? Macky, son las seis de la mañana...

-Alice no está.

-¿Y ya revisaste tu holocomunicador? Seguramente te debe de haber dejado algún mensaje diciendo que no podía venir...

-¡Que no, con un coño!- se exaltó el músico- ¡Te digo que no está! ¡Y tampoco llamó o mandó mensaje! ¡Simplemente no la encuentro!

-Seguramente se quedó dormida- sugirió de último el mayor de los hermanos, volviendo a cubrirse la espalda con la manta que tenía enredada en torno a la cintura.

-Gracias por tu gran ayuda...-se quejó el menor, levantándose abruptamente del colchón que había tomado como asiento, desesperado al ver que su gemelo no le había dado a su preocupación la importancia que, según él, merecía. De inmediato, el implicado, Tom Kaulitz, se levantó de golpe para ir a buscar a Bill, el hermano gemelo nacido diez minutos después de él, quien seguramente se encontraba hecho una fiera.

-Macky...

-Voy a ir solo- respondió el frontman de Tokio Hotel, frunciendo el ceño mientras se metía a su habitación.

-No me hagas rogarte tan temprano...- le suplicó el guitarrista de la banda, colgando la cabeza hacia atrás en señal de frustración- ¡Ni siquiera estoy bien despierto!

-Claro... como tú no tienes una mujer por la que preocuparte...

Apenas había acabado de hablar, el menor de los hermanos se volvió hacia su compañero, con una expresión de profunda vergüenza en su rostro de rasgos armoniosos y atractivos, buscando con la mirada el par de ojos que parecían reflejo de los suyos. Inmediatamente, se halló con la visión de un Tom de torso desnudo, pijama a base de pantalones deportivos gastados, apoyado contra el quicio de la puerta, los brazos cruzados sobre el pecho bronceado y la cabeza ladeada, con las apretadas trenzas negras colgando de lado, a causa de la posición de la cabeza.

-Perdóname, no quise decirlo así.

-Pero lo hiciste- respondió el segundo de ellos, sorbiendo por la nariz, como solía hacer cuando le desagradaba algo- Voy a cambiarme, te veo en el aero en diez minutos.

-Sí, muchas gracias- contestó el menor de los hermanos, apenado. No le gustaba recordarle a Tom su amor perdido, Frances Umbrose.

De esa manera, los gemelos partieron, sin dar demasiadas explicaciones, de la casa que Phoebe y Gustav acababan de comprar hace menos de un mes, en celebración a su recién ocurrida boda, para "criar niños y hacer familia", como ellos mismos habían mencionado. Situada en la exclusiva zona de Palo Alto, se trataba de un diminuto escondite con aires campiranos, paredes pintadas de colores terrosos y un diminuto jardín de cactus cerca de la entrada. Con motivo de celebración ante la compra del inmueble, la pareja había invitado a sus amigos más cercanos a pasar el fin de semana.

Ahora, los hermanos Kaulitz se dirigían velozmente a través de la autopista federal en camino a casa, esperando encontrar a Project acostada en alguno de los sofás del departamento de los hermanos o, por lo menos, trabajando en su oficina. Sabiendo de antemano que no iban a dar con ella, tenían ciegas esperanzas de topársela por algún buen augurio del destino.


11 de mayo de 2012

Rapto


Rapto by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



Silenciosamente, avanzó el semi-inexistente espacio que separaba el suelo del ascensor del recibidor del hogar, procurando no soltarse a llorar de nuevo al percibir el aroma que en un principio había considerado tan extraño y ahora le parecía excesivamente familiar, como si hubiese convivido con él toda la vida. A paso lento, fue moviéndose entre las sombras de los objetos que dentro  de las habitaciones había, esquivándolos con el propósito de no mover nada de su sitio aunque, internamente, esperaba hacerlo, derribando algún florero, rompiendo alguna cosa para darse cuenta de que se encontraba en un sueño; por desgracia, no era así. 

Atentas, las pupilas hinchadas a causa del llanto observaban los alrededores, intentando resguardar dentro de la memoria cada detalle, comenzando por las fotografías que dentro de cada una de las estancias había; todas eran ahora diferentes. En un principio, a su llegada, la mayoría contenía a los hermanos, la madre de éstos, su padrastro... sin embargo, ahora podía divisarse en cada uno de los cristales, sonriendo abiertamente, doblándose de la risa con Tom, sonriendo con unas enormes gafas al lado de Andreas y Phoebe, besando a Bill...

Así, entre tantos recuerdos, la mujer apenas y fue consciente del sonido que escuchó a pocos metros de distancia, dentro del mismo departamento. Sorprendida, se sintió extrañada durante algunos instantes, durante los cuales se preguntó si alguno de los hermanos estaría en la casa sin haber notado su presencia, probablemente dormido o escuchando música; sin embargo, pronto se dio cuenta de su error: no podían estar en casa, porque precisamente por eso era que ella se encontraba allí. Inmediatamente, su avanzada lógica deductiva le dio a conocer que alguien más, alguien inusual se hallaba dentro, con ella.

Silenciosamente, la criatura comenzó a deslizarse de manera furtiva por los corredores, a través de las recámaras buscando la procedencia del ruido, hasta que finalmente dio con él, moviéndose tan suave y cuidadosamente que hubiese resultado casi imposible detectarlo si no le hubiese prestado su total atención. Para más, hubo otro detalle que le llamó la atención: quien fuera que estuviese allí dentro, no era humano; lo sabía porque no se escuchaba su pulso, así como tampoco su respiración. De manera furtiva, la mujer fue acercándose sigilosamente hacia su objetivo, localizado en la alcoba del menor de los hermanos, hasta que fue capaz de divisarlo por una diminuta rendija a través de la cual se filtraba la luz de la luna.

La silueta fue describiéndose; alargada, tan fina en su contorno que parecía recortada contra la pared de color hueso, dejaba percibir una especie de ondas pegadas al cráneo, que caían suavemente a lo largo de que lucía como una espalda femenina. Buscando en los cajones, revoloteaba incesantemente, hasta que finalmente pareció hallar su cometido. De uno de los más diminutos compartimentos, atrapó un anillo que Bill Kaulitz le había regalado a su preciosa novia humanoide, Alice Project, apenas semanas atrás. Silenciosamente, la misteriosa criatura olfateó el pequeño objeto metálico, llevándoselo a la nariz de curvatura perfecta para después, guardárselo en uno de los bolsillos de lo que aparentemente parecía un pantalón estilo cargo.

-¿Pero qué...?-

Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, una mujer dormitaba en silencio dentro de su habitación de paredes rosadas, revestidas de tapices cubiertos de pequeñas y semi-inexistentes rosetones de color durazno. Sin una sola cobija encima que la cubriese del aire gélido que circulaba tras su ventana, la criatura de ojos verdes y rasgos angelicales respiraba con delicadeza, aspirando precipitadamente de cuando en cuando, mientras pequeñas lágrimas transparentes corrían por sus mejillas de rubor coralino. Aún en sueños pensaba en él.

De esa manera se encontraba, dándole la espalda, cuando súbitamente un sonido casi imperceptible perturbó su descanso. Precipitadamente, abrió de manera exagerada el par de párpados color arena, intentando percibir aquello que le había interrumpido el sueño. Para cuando quiso darse cuenta, un papel de color blanco, como aquellos que se toman de libretas para notas, apareció en el buró al lado suyo, siendo que no se encontraba allí con anterioridad. Extrañada, lo tomó entre una de sus manos, apaciguando con la otra al compañero que tenía detrás, sujetándola por la cintura. A pesar de la caligrafía apresurada, alcanzó a comprender el mensaje. 

-Alex- lo llamó de inmediato, despertándolo inmediatamente- Tenemos que salir de aquí.


9 de mayo de 2012

Peligro



Peligro by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

De pié frente a la mirada inquisitora de los cuatro individuos que se encontraban a su alrededor, las iris azules de la angustiada mujer resplandecían a la luz de las lámaparas que había en la recámara ampliamente iluminada, misma que, en otro contexto, hubiese resultado de lo más normal; sin embargo, en aquella situación, no lo era en absoluto. 

-Creí que debían saberlo...-

-Ya nos lo habían comunicado- se expresó el líder, las yemas de sus dedos tocándose ligeramente unas contra las otras- Y hemos estado preparándonos...

-Entonces eso explica por qué...- lo interrumpió la espantada criatura, misma que volvió su mirada aterrorizada hacia una de las individuos allí presentes, la cual soltó un gemido al escuchar la respuesta del interlocutor de la dama de los ojos azules.

-Es lo mejor para él- se justificó el hombre, haciendo caso omiso a los chillidos de la adolorida fémina que sollozaba a su lado- Si conociera las circunstancias en las que nos encontramos, entendería.

-Pero yo no puedo...-

-Es inevitable- interfirió alguien más, sumándose a la conversación-Por eso mismo, preferimos hacer la transición más sencilla. Te recomendaríamos que hicieras lo propio-

-¡Es que no se puede!- expresó la atormentada humanoide, comenzando a exasperarse ante la actitud tan pacífica de sus semejantes- ¡Los buscarán! ¡Preguntarán por ustedes!

-¿Y quién sabrá en donde estamos?- intervino de nuevo el líder de aquél reducido grupo- Pasará menos tiempo del que imaginas para que nos olviden.

-¿Y  Tom?- le exigió Alice a Frances, encarándola por vez primera; sabía que se encontraban en situaciones similares. Apenas escuchar el nombre del mayor de los hermanos Kaulitz, el pulso de la hermana menor de Dorian se aceleró de manera irremediable, su corazón latiendo de forma frenética con la sola mención de aquél sustantivo tan controversial.

-Él no...

-¡Él cuenta contigo! ¡Cree que vas a seguir aquí! ¡Mañana, en un mes, años!- se dirigió exclusivamente a ella la desesperada novia de Bill Kaulitz- ¡Tú lo sabes!

-¿Y qué puedo hacer?- exigió Frances, poniéndose a medias de pié- No cambiará nada si hablo o no con él. Será mejor que no sepa a donde voy...

-Eres una cobarde- le espetó la pelinegra a la despedazada criatura que tenía frente a sí. De inmediato, los ánimos dentro de la habitación se enardecieron, con el resto de los humanoides listos para saltar a defender a la novia de Alexei- Creí que me darías una respuesta diferente...

-¿Qué esperabas?- inquirió la modelo, sintiendo su orgullo herido- ¿Que luchara a tu lado contra Astrella por Tom? ¿Por Bill? Aún cuando lo hiciéramos, Alice... no podemos.

-¡Huyamos entonces!-

-¿Y yo soy una cobarde?- quiso saber la menor de los hermanos Umbrose- No me esconderé de ellos. Además, no pienso poner a Tom en peligro... él no es... responsable de nuestros errores-

-¿Entonces tú también lo crees?- rió de manera irónica la criatura pelinegra- ¿Piensas que somos una equivocación?

-Nosotros no- replicó de inmediato Frances, sintiéndose inclusive contrariada con las afirmaciones de Alice- Las cosas que hicimos...

-¿Piensas que haberte enamorado de Tom fue un error?- le exigió la novia de Bill a la que fuese su cuñada hasta hace poco tiempo; de inmediato, ésta última levantó la mirada de golpe, indignada ante las palabras de su semejante.

-No, en absoluto- repuso instantáneamente- Simplemente no estaba en nuestros planes.

-Querrás decir en los de Astrella- corrigió Alice- Frances... podemos escapar, tratar de derrotarlos... no quiero perder a Bill.

-Pues es demasiado tarde- expresó la pelirroja, echándose hacia atrás en su asiento de nuevo, al mismo tiempo que extendía su mano hacia su lado derecho, al individuo que no paraba de mirarla segundo a segundo- El consejo ya tomó su decisión, se nos ha notificado.

-Ahora veo por qué está fracasando el proyecto- musitó la cuñada de Tom en voz extremadamente baja, tanto que hasta a ella misma le costó trabajo escucharse- Nos sigue faltando esa chispa que inspira a los seres humanos a creer que lo imposible es posible. Con su permiso.

Y así, en silencio, la enfadada y decepcionada humanoide abandonó la sala de visitas del hogar de los Umbrose y los Rose, el grupo de cuatro individuos del doctor Anderson Watts. A su espalda, únicamente Frances se quedó con la mirada congelada en ella, sabiendo que cada una de sus palabras era parte de la más absoluta verdad que hubiese escuchado jamás.