12 de marzo de 2012

Olam



Olam by Diana Harlu Rivera on Grooveshark


Traje de Gustav, de Burberry Prorsum
De pié frente al sacerdote, en medio de aquella alegre habitación con techo de cúpula, el hombre, vestido con un elegante traje Burberry Prorsum mandado a hacer a su medida, se balanceaba sobre sus piés, hacia adelante y hacia atrás en un vaivén juguetón que tenía con los nervios de punta a uno de sus mejores amigos, el cual lo miraba de cerca, sus ojos maquillados tremendamente abiertos.

-¿Klaus?-lo llamó la voz angelical del vocalista de Tokio Hotel, dirigiéndose a él como si el sujeto del frac no fuese ni siquiera ligeramente consciente de lo que sucedía a su alrededor.

-Dime, Billy-boy-le contestó con perfecta claridad el baterista, sin mirarlo.

-No me llames "Billy-boy". Sabes que sólo mi madre se refiere a mí de esa manera-farfulló de manera quejumbrosa el cantante-A lo que iba es que... pareces extrañamente tranquilo-

-¿Te parece que tengo motivos para dar una impresión distinta a la que tú mencionas?-le cuestionó el calmado músico, respirando con toda suavidad.

-De hecho-repuso honestamente Bill Kaulitz, observando a su compañero de banda y colega de media vida-Yo estaría muerto del miedo. Probablemente ya me hubiese cagado en los pantalones-

-Recuerda que somos diferentes...-puntualizó con voz dulce y condescendiente el novio, el cual portaba sobre su pecho un sencillo ramillete de pequeñas flores blancas, unas diminutas cosillas llamadas "velo de novia" que a su prometida le encantaban.

Vestido de las madrinas, de Elie Saab
-Lo sé pero... vaya... estás a punto de dar el paso más grande de tu vida. Creo que eso atemoriza a cualquiera; o por lo menos lo pone nervioso-insistió el mayor de los hermanos Kaulitz, hablando sin pensar. Consciente de ésto último, Gustav Shäfer únicamente le sonreía al joven Bill.

-Ya verás que no... cuando llegue tu tiempo-expresó el hombre de cabello rubio, perfectamente recortado para la ocasión-Aunque, sinceramente, no creo que falte mucho para eso-

-¿A qué te refieres?-quiso saber el hermano menor de Tom Kaulitz; más, antes de que pudiese esperar una respuesta a su pregunta, un rostro de rasgos angelicales y ojos ligeramente delineados apareció en escena, colocándose detrás del hato de ansiosas madrinas que daban ligeros saltitos encima de sus altísimos tacones.

De pié cerca de la entrada de la capilla, Alice Project le sonrió directamente a Bill Kaulitz, sabedora de que él la observaba, haciendo relucir su perlado conjunto de dientes perfectamente alineados, los cuales brillaban tanto como el vestido de brillante color dorado que traía puesto. Con el cabello recogido en un elegante pero sencillo peinado, la dulce humanoide le parecía a su enamorado la mujer más hermosa del planeta Tierra. Delante de ella, Rhoda, la jóven prima de Andreas y Phoebe, se colocó a la cabeza del cautivador grupo, sosteniendo entre sus manos el fragante ramo conformado por lilys, azucenas y fragmentos de "velo de novia", todos los anteriores seleccionados por la novia. A la señal de Rhoda, la canción de música indie que su prima había seleccionado en lugar de la clásica marcha nupcial, comenzó a resonar por cada uno de los rincones de la habitación. De inmediato, tanto el cortejo de Tokio Hotel como las madrinas de Phoebe Hoffman, volvieron su mirada hacia el arco principal que fungía como entrada a la habitación donde, ataviada con el más hermoso vestido que jamás hubiesen visto, se encontraba la novia, acompañanada por su hermano mayor, el cual la llevaba tomada de la mano.

Peinado de las madrinas, estilo de Jessica Alba
De entre los labios de todas las mujeres presentes, entre ellas algunas parientes de los Hoffman, las madres de los Kaulitz, Listing, Shäfer y Lagerfeld, salieron suspiros al contemplar la belleza inaudita y cautivadora de la novia, la cual comenzó a abrirse paso por el pasillo principal cubierto de pétalos blancos de rosa, precedida por su madrina y sus damas de honor. Lentamente, cada una de las féminas que iba acompañando a los Hoffman se fue colocando en su posición previamente establecida, de manera que cada una quedaba alineada con los padrinos de Shäfer: Alice con Bill, Frances con Tom, Natalie con Fabiho y Rhoda con Andreas.

-Bill-llamó Gustav a su líder, el cual se volvió a mirarlo desconcertado-Ahora sí estoy que me cago de los nervios-

Vestido de la madrina, Rhoda Barnes, de Elie Saab
Sonriéndole de vuelta, de lo último que alcanzó a ser consciente Gustav Shäfer fue de la expresión socarrona de uno de sus mejores amigos, antes de enfocar su mirada en su preciosa novia, la cual llevaba su cabello recogido de una manera suave y delicada, más al mismo tiempo fuerte y dominante. Fascinado por ella, apenas y se creía acreedor de semejante suerte: casarse con la mujer de sus sueños; la cual, al llegar al altar frente a él, fue entregada por su hermano mayor, quien se despidió de ella con un beso en su frente de alabastro, antes de colocar la delicada manecita de doncella de la mujer sobre los fuertes y gruesos dedos del baterista alemán.

-Cuídala bien-le rogó Andreas Hoffman a uno de sus mejores amigos, con los ojos anegados en lágrimas-Recuerda que es lo único que tengo-

-Así lo haré, viejo-le contestó Shäfer, con toda la sinceridad de la que fue capaz-Por siempre-

-Por siempre...-repitió Phoebe de manera mística, la sonrisa asomando entre sus palabras.

-Queridos hermanos...-comenzó el cura católico con el sacramento del matrimonio.

Vestido de novia de Phoebe
Una hora después, se escuchó el bien ganado "los declaro marido y mujer" y en un beso tan suave como dulce, la pareja de los nuevos señor y señora Shäfer consumaron los lazos de su amor, a tres años de un apasionado y al mismo tiempo pacífico noviazgo, bajo la mirada atenta y llorosa de sus amigos, allegados y colegas de trabajo.

La fiesta, la cual fue un completo encanto, se vio engalanada por celebridades de todo el ámbito artístico en el cual se movían los integrantes de Tokio Hotel: desde músicos hasta mánagers, pasando por productores, encargados de sonido y demás, el evento era un coctél de personalidades. Al ritmo de música variada que entre todo el grupo de amigos escogieron previamente, la noche se les hizo más corta que un suspiro enamorado a los novios y su ruidosa comitiva. Alrededor de las cuatro de la mañana, únicamente quedaban ellos en el salón, el cual seguía perfectamente arreglado, como al principio, con las lámparas de cristalería reluciendo sobre sus cabezas.

Escenario de la boda Phoebe-Gustav


11 de marzo de 2012

Matrimonio




Matrimonio by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

Recámara de Phoebe
-¡Andreas!-gritaba una voz como histérica, recluída en un pequeño cuartito, de pisos cubiertos de madera color avellana y una pequeña cama blanca al centro-¡Andreas!-

-¡Ya voy, ya voy!-respondió el interpelado a la carrera, a punto de echar a perder su elegante traje sastre, confeccionado a su medida. Como podía, se las ingeniaba para virar en cada una de las traicioneras esquinas de la casa, mientras, por la entrada principal, los invitados comenzaban a llegar. Todavía solo, el mánager alemán alcanzó a musitar algo entre labios antes de llegar a la recámara en la que se había estado hospedando su hermana menor-Maldita sea con estos estúpidos trajes de pingüino...-

-¡Andreas!-insistió la vocecilla, cada vez más cercana al borde de la cordura.

-¡Ya, ya estoy!-contestó el angustiado hermano mayor, derrapándose por el pasillo marmoleado con sus zapatos nuevos, hasta alcanzar el arco que conducía hacia la habitación en la que se encontraba la novia-¿Qué sucede?-

-Tengo nervios-repuso con simpleza la criatura, girándose para encarar al hombre de cabellera rubia que la observaba completamente expectante, sin aliento.

-¿Ah sí?-le contestó éste, sin poder darle crédito a lo que escuchaba. ¿Tanto para eso?

-Sí-replicó la vocecilla, aún con la bata de toalla puesta.

-¿Y eso justifica que no te hayas vestido aún? Faltan cinco minutos para la ceremonia-le recordó Andreas Hoffman a su hermana Phoebe; quien, de pié en medio de la recámara, permanecía completamente estática, sus manos entrelazadas y colocadas descuidadamente sobre su pecho, el cual subía y bajaba rápidamente, demostrando lo próxima que se encontraba la encantadora criatura de cabello trigueño a hiperventilar.

-Lo sé-contestó ella.

-¿Dónde están tus madrinas? ¿Y Rhoda?-inquirió el mayor de los hermanos Hoffman, buscando en la estancia al cortejo de ruidosas damas que, se suponía, escoltarían a su hermana al altar.

-Alice y Frances desaparecieron, deben de estar con los gemelos-respondió Phoebe-Natalie está peinándolos a todos y Rhoda está con Elie, se le desgarró el  vestido cuando se lo probó hace una hora-

-Vaya... entonces supongo que tendré que hacer su trabajo...-musitó el guapo hombre por lo bajo, llamando la atención de su hermana, quien la había volcado en uno de los adornos florales que había dentro de la habitación, en un intento de sofocar sus nervios-Bien... hace falta el vestido... sí, el vestido...-

-Los zapatos-le recordó amablemente la novia en tono monocorde.

-Eso-se mostró de acuerdo el angustiado hermano mayor-Tengo que vestirte en cinco minutos o menos...-

-Que sea rápido, entonces-convino Phoebe, acercándose a su hermano como cuando tenían cinco años y él se encargaba de vestirla todas las mañanas para la escuela.

-Bien...-farfulló Andreas de último, antes de dirigirse al enorme ropero con el que contaba la recámara.

Y así, justamente en los cinco minutos que faltaban para que iniciara la ceremonia, Andreas y Phoebe Hoffman se encargaron de vestir y terminar de arreglar a la nerviosa novia, la cual únicamente se movía como un droide hacia donde le indicasen, en completo silencio y con el rostro sumido en una expresión nula. Mientras tanto, su hermano mayor se dedicaba a batallar con las espesas capas de tela del sencillo pero elegante vestido, vistiendo a su hermana como si de un maniquí se tratase. Para cuando estaban terminando, las primeras florituras musicales de la boda comenzaban a sonar, a metros de distancia. Aterrados, ambos hermanos se miraron el uno al otro.

-Ven acá-le espetó Andreas a Phoebe, a lo que ella obedeció inmediatamente. Una vez que tuvo a la novia suficientemente cerca, el padrino, oséase Andreas, la tomó entre sus brazos como si él fuera a casarse con ella y a toda velocidad echó a correr a lo largo de los interminables pasillos de la casa, con Phoebe rebotando contra su pecho. La criatura, completamente callada y muerta de nervios, lo único que hacía era remangarse la cola del vestido, en un intento de apartarla del camino de su hermano.

-¡Listo!-gritó el apresurado hermano, bajando a la novia en la escalinata que llevaba al jardín principal donde habría de celebrarse la ceremonia.


9 de marzo de 2012

Travesía



Travesía by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

En la misma manera en la que Phoebe Hoffman, la hermana menor del mánager de Tokio Hotel, y Gustav Shäfer, integrante de la banda, se comprometieron precipitadamente debido al inminente tour de la banda al presentar su más reciente material discográfico después de largos meses de producción, igualmente Phoebe y sus tres madrinas, sumadas a su dama de honor, comenzaron a movilizarse como bólidos para planear la boda que tendría lugar en doce días exactamente, sin locación exacta aún y sin la menor idea de cómo se llevaría a cabo el evento. Lo único que las chicas sabían era lo que le gustaba comer a los integrantes de la banda alemana, lo que la novia soportaba y un aproximado de lo que le gustaría tener en la celebración.

Así, Alice Project, Frances Umbrose, Natalie Franz y Rhoda Barnes se pasaban el día entero de tienda en tienda, contactando a servicios de banquetes, buscando floristerías dispuestas a adornar el evento, decidiendo el color de la mantelería y el acabado de los cubiertos, así como los vestidos de las damas de honor. Finalmente, al cabo de dos días de discutir en grupo con el resto de amigos y allegados de la pareja, decidieron que lo que ambos querían era una boda nocturna, elegante pero clásica, con un muy ligero toque de modernismo y cientos de orquídeas por todas partes, que proviniesen de un criadero ecológicamente responsable. De esa forma, comenzó a cobrar forma lo que los tabloides llamaban "La más memorable de las bodas"; entre risas de los varones del grupo, a quienes todo les parecía divertido y fantástico, e histerias de parte de las chicas del variado conjunto, a quienes Phoebe llegaba a sacarles canas verdes de cuando en cuando.

Lo primero que se decidió, aparte del vestido de la novia, fue el galante traje de su hermano mayor, encargado de entregarla en el altar. En un primer momento, éste llegó a negarse a utilizar un frac hecho a medida, alegando que cualquiera que se vendiese en una buena tienda sería más que suficiente; sin embargo, su hermana no se lo permitió, alegando que un traje mandado a hacer sería una mejor opción. Dispuesto a complacerla hasta en sus más nímios caprichos, el mejor amigo de Tom y Bill Kaulitz se dejó convencer, recibiendo sin chistar al renombrado sastre que lo fue a visitar un par de días después y que no le permitió descansar ni un segundo hasta que le hubo tomado todas sus medidas y aproximado el tipo de corte que le vendría mejor a la espalda ancha y la cintura estrecha del mánager.

Después, fue necesario llamar a uno de los múltiples conocidos del menor de los hermanos Kaulitz, Elie Saab, para suplicarle que, a manera de favor, le confeccionara a las madrinas y la dama de honor de la novia, quien resultaba haber sido su modelo en alguna temporada, sus respectivos atuendos para la noche. Fascinado ante semejante petición, el diseñador aceptó de inmediato, dispuesto a hacer las modificaciones que la novia y su cortejo pensaran como necesarias para la ocasión. Una vez resuelto el asunto de los vestidos y los trajes, el resto fue pan comido.

La locación para la boda se situó en un sitio de Alemania llamado Cuxhaven, cercano a una hermosa bahía de arena blanca e intensos pastizales verdes, en una lujosa residencia que se rentaba para vacaciones y eventos privados. De inmediato, la pareja, y después sus allegados, quedaron encantados con el lugar, que parecía un escondite perfecto en medio del sol y la arena, con sitios bien dispuestos para el banquete, la ceremonia y todo aquello que resultase necesario para el evento. Posteriormente, llamaron a un servicio de decoración que se encargó de diseñar un escenario que se acoplaba perfectamente al estilo del vestido de la novia, así como del de sus madrinas. Las flores resultaron sencillas de escogerse, los centros de mesa aún más. En menos de diez días, la boda con la que Phoebe Hoffman había soñado toda su vida estaba lista para celebrarse, dos días más tarde.


7 de marzo de 2012

Rhoda


Rhoda by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-¡No, es que ese no me gusta! ¡Siento que me hace ver gorda!-chilló la desesperada novia, de pié sobre un delicado taburete, vociferando en una cómica mezcla entre el enfado y la risa. Sentado en una de las sillas de tapicería color perla con las que contaba el salón, su hermano únicamente la observaba, sin proferir ni una sola palabra: ella podía arreglárselas sola.

-¡Ay, Phoebs!-le respondió otra voz femenina, la cual avanzaba hacia ella con una cansada vendedora siguiéndola-¡No seas ridícula! ¡Estás tan delgada que cualquier vestido te sienta bien!-

-Pues ese es la excepción-insistió la menor de los hermanos Hoffman, tirando de la falda de tul del vaporoso vestido que tenía puesto en aquél momento-¡Y para peor! ¡No puedo quitarme esto de encima!-

-Alice, ¿serías tan amable...?-cuestionó el encantador Andreas, delegando una de sus múltiples responsabilidades en la novia de su mejor amigo, Bill Kaulitz. De inmediato, la pelinegra criatura a la que se había dirigio comenzó a moverse diligentemente y en menos de un minuto, la prenda de la que tanto se quejaba la prometida de Gustav Shäfer se encontró colgada de un delicado gancho para ropa.

-Gracias, Alice; eres un amor-le agradeció Phoebe Hoffman, al borde de la histeria-Ya, me rindo. Me voy a casar en pijama-

-Probablemente sería lo mejor-le contestó sarcásticamente su hermano mayor-Así me ahorrarías bastante dinero...-

-Muy gracioso-replicó la novia, cruzándose de brazos, como solía hacer cuando se pensaba totalmente derrotada.

-¿Yo? Siempre-afirmó el rubio hombre, dejando sin aliento a las vendedoras que se habían apiñado en torno a la enfadada Phoebe para observar a su hermano, con el claro pretexto de ayudarla a encontrar un vestido que fuese de su agrado-Ahora, te voy a dar un vestido. Te lo pruebas, guardas silencio mientras lo hagas, y cuando termines, te miras en el espejo, ¿Estás de acuerdo?-

-La parte en la que guardo silencio es la que menos me agrada...-confesó la traviesa mujer de Gustav-Pero creo que puedo soportarlo. ¡Maldita sea, por qué no ha llegado Rhoda!-

-¿Rhoda?-inquirió su hermano, dirigiéndose a uno de los múltiples percheros, repletos de tul y organza de colores perla, hueso y arena-¿Cuál Rhoda?-

-¿Cómo que cuál Rhoda?-repitió Phoebe, colocando las manos en la cintura-¡Pues Rhoda! ¡La prima Rhoda!-

-¡Ay, no!-chilló débilmente Andreas, cubriéndose el rostro con ambas manos-¿Por qué? ¿Por qué, entre todas las primas decidiste llamarla específicamente a ella?-

-¿Qué tiene de malo?-replicó la encantadora rubia-No sabía que te cayera mal-

-No me cae mal...-suspiró el entristecido alemán-Es sólo que... bueno, Rhoda representa otra responsabilidad para mí y sinceramente no estoy de humor como para...-

-¿Andarme niñereando?-intervino una tercera voz en la conversación de los hermanos, que de inmediato causó que las miradas de éstos dos, así como de las tres damas de honor de Phoebe, giraran hacia la posición de la recién llegada-Ni que fuera como tú, Andreas...-

-Rhoda...-la llamó el rubio con resignación, sabiendo que ya nada podía hacer para sacar de ahí a su prima-¿Por qué no alcancé a suponer antes que Phoebs te pediría para el puesto?-

Rhoda Barnes
-Probablemente porque nunca fuiste de lo más brillante-sugirió la burlona vocecilla de la mujer, saliendo de entre la bóveda de labios rojos y carnosos, parecidos de cierto modo a los de la alegre novia, quien, súbitamente, parecía haberse iluminado ante la aparición de aquella enigmática mujer.

-Ay, ya me acordé de otra de las razones por las que no me gusta pasar tiempo contigo...- murmuró Andreas, cruzándose de brazos.

-Sí... se debe a que siempre te digo tus verdades-apuntaló la encantadora dama de cabello castaño, haciendo girar sus ondas hacia su espalda en un movimiento sensual, más elegante al mismo tiempo.

-Verdades... palabra subjetiva para lo que tú sueles hacer...-musitó el mánager, comenzando a sonreír por fin. Odiaba admitirlo: le encantaba pasar tiempo con Rhoda. Cuando niños, era como si fuese otra más de sus hermanas-Sinceramente, llegué a dudar de tu presencia; dado que eres la niña rica más ocupada de Nueva York-

-Uno nunca debe de estar demasiado ocupada como para ser la dama de honor en la boda de su prima favorita-sonrió Rhoda de manera dulce, aproximándose a Phoebe, quien no le había quitado la mirada de encima desde que entró en la habitación. Un paso a la vez sobre sus entaconados pies, se fue acercando hasta que se encontró a suficiente distancia como para tomar la mano de la pequeña rubia que aún permanecía sobre el taburete forrado de tela y darle un delicado beso en su dorso-¿Cómo estás, pequeña?-

-Aliviada al verte aquí, Roddy-replicó Phoebe con una enorme sonrisa, propia de quien se siente pleno de dicha-Yo también llegué a pensar que tirarías la toalla en esto...-

-¿Yo?-inquirió la hermosa pariente de piel blanca y ojos castaños de los Hoffman-Querida... ustedes dos comienzan a decepcionarme-

-Bueno, es que uno ya nunca sabe...-insistió Andreas, aproximándose a las dos mujeres.

-¿Y qué, ya encontraron el vestido o vamos a seguir aquí todo el día?-quiso saber Rhoda, observando con alegría a sus dos primos. De inmediato, ambos parecieron espabilarse, recordando la árdua tarea que ya llevaban varias horas realizando sin obtener éxito alguno.

-Pregúntale a la del velo...-replicó el atractivo alemán, apuntando discretamente con su dedo índice hacia su hermana menor, quien, a su vez, sonrió débilmente.

-¿Por qué no estoy sorprendida?-preguntó retóricamente la alegre prima de los Hoffman, girándose hacia uno de los percheros en los que Andreas había estado buscando anteriormente, hasta tomar uno de entre el montón, sujetándolo contra su cuerpo como si se lo estuviese midiendo ella-Pruébate este-

Y así, sin reproches, por primera vez en todo el día Phoebe Hoffman se probó un vestido sin hacer un solo comentario negativo acerca de él, quejarse acerca del tul de la falda o musitar que no era lo que ella estaba buscando; simplemente se lo midió. Para sorpresa de sus tres madrinas, las cuales la miraban por detrás, se quedó mirando a sí misma largamente una vez que tuvo puesta la prenda.

-Es hermoso-decretó la novia, sin añadir más, mientras sonreía enormemente-Este es-

De inmediato, al escuchar el veredicto de la más pequeña de los Hoffman, todas sus amigas soltaron vitores, contentas al mirar que, por fin, la científico había escogido un vestido. En silencio, Rhoda le dirigió una mirada orgullosa a Andreas.

-Por esto me necesitaban aquí-se justificó a sí misma, con una enorme sonrisa en sus labios pintados de carmín.


5 de marzo de 2012

Pequeña


Pequeña by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

-Es que tú no entiendes...-

-Claro que entiendo-le respondió ella sin alterarse, intentando comportarse lo más diplomática posible: comprendía su posición.

-Si entendieras no estarías haciendo esto...-le recriminó la voz suave, musical y al mismo tiempo varonil de él-Ya te dije... me parece poquitísimo tiempo el que ustedes dos llevan juntos...-

-Estamos por cumplir los tres años...-discutió la mujer, pasándose tras la oreja el mechón de rubio cabello que le caía sobre el rostro-¿Aún sigues creyendo que es poquitísimo?-

-Phoebs... no creo que estés lista...-

-Dame una buena razón por la que pienses eso-le exigió la dama, la cual ya comenzaba a airarse-Hemos estado viviendo juntos desde hace casi dos años... no sé qué más esperas-

-Espero que no te vayas de mi vida-le pidió él, en voz tan baja que fue difícil escucharlo; sin embargo, el sentimiento que venía enredado en sus palabras le permitió a su interlocutora saber bien lo que había dicho.

-Ahora soy yo la que no comprende...-

-Claro: es porque tú no estás completamente sola...-

-¡Tú tampoco!-replicó la mujer-¡Me tienes a mí!-

-Tenía...-musitó el segundo de aquella conversación-Eso se acabó desde el momento en el que él te puso el anillo en el dedo...-

-Si se tratara de compromisos, me hubieras perdido desde hace mucho; ¿Y lo has hecho?-le exigió ella-Por supuesto que no. Sabes que yo siempre seguiré ahí para ti-

-¿Cómo, Phoebe?-quiso saber Andreas Hoffman, girándose para encarar a su hermana menor, la cual lo observaba en silencio, enfundada en un hermosísimo vestido color hueso-¿Cómo voy a contar contigo, si estás a punto de entregarle tu vida a Klaus? Eso es el matrimonio, Phoebs: una entrega-

-Pues será la entrega de todo aquello que no sea tuyo-le insistió la menor de los hermanos de cabello rubio y facciones encantadoras, tomando la mano de su acompañante, a pesar de las reticencias de este último-Tú estuviste aquí primero-

-Antes de todos los antes...-rió él por primera vez en largo rato, estrechando cariñosamente la mano de su hermana menor. 

-Antes de todos los antes...-repitió la dulce criatura, quien por fin comenzaba a animarse de nuevo-Tienes miedo, ¿No es cierto?-

-Muchísimo-confesó el temeroso alemán, desviando la mirada hacia la ciudad, la cual se despedía de él, dejando los primeros velos de la noche caerle encima sin ninguna negativa. Un día más estaba por terminar.

-¿A qué le tienes miedo, con exactitud?-pidió saber la pequeña mujer, intentando observar aquello que su hermano parecía ver con tanta dedicación.

-A que te falle-replicó casi sin voz el fuerte hombre, mismo que ahora parecía tan disminuído-Si yo mismo no soporto fallarte... no puedo concebir que alguien más lo haga-

-Pues, no quiero sonar grosera, pero eso será problema mío. O más bien, de ambos-clarificó la tranquilizante voz de la novia de Gustav-Andy... no puedes custodiarme por siempre...-

-Lo sé-la interrumpió él-Es que... bueno, no es nada-

-Si "no es nada", entonces "sí es algo"-contestó la inteligente mujercita, con el sonido de su musical risa resonando en el espacio vacío-Filosofía básica. ¿Qué sucede?-

-Jaque mate-replicó entre risas el mejor amigo de los hermanos Kaulitz, así como su manager-Nunca me imaginé que este día llegaría. No me malinterpretes, eres una mujer bellísima y sabía que algún día alguien vendría a robarte de mi lado, pero... no me esperé que fuera tan... pronto. Y mucho menos que doliera tanto-

-¡Oh, Andy...!-

-No sientas compasión de mí, te lo ruego-le suplicó él, volviendo la mirada hacia un punto en el que ella no pudiera ver que estaba llorando-Tú... sigue adelante. Disculpa si me puse melodramático en un principio-

-No tengo nada que perdonarte-le contestó su hermana menor-Yo estaría igual, si las cosas fueran al revés-

-¿Verdad que es duro?-inquirió el mayor de los hermanos, riendo sin querer-Pero no te preocupes, estaré bien... sólo necesito un poco de tiempo para hacerme a la idea-

-Pues tienes que apresurarte-lo apremió la encantadora rubia, comenzando a sentirse un poco más aliviada al ver que Andreas ya lo estaba asimilando; sabía que sucedería de esa manera-Necesito alguien que me acompañe a buscar el vestido lo más pronto posible. Sólo me quedan doce días...-

-Ay, Phoebs... sólo a ti se te ocurre casarte en pleno invierno...-

-Tiene que ser ahora-argumentó ella con férrea determinación-Él se va de gira el dos... no quiero perder tiempo a su lado. Sí me entiendes, ¿verdad?-

-Más de lo que te imaginas...-respondió él hombre, cerrando sus hermosos ojos color aceituna-Además de que con tu necedad...-

-Cállate-le pidió la mujer entre risas-Él también quería aplazarlo hasta marzo, pero yo... no quiero esperar-

-Sí, se te nota...-repuso él-Maldita sea... ¿Por qué mamá no pudo educarnos en otra religión que no fuera esta? Probablemente tendríamos menos conflictos ahora-

-Cuida tus palabras, Hoffman-lo aleccionó la dama a su lado-Yo no me arrepiento de las creencias que mamá nos arraigó. Además, a ti no te haría daño seguirlas de vez en cuando...-

-¿Qué tal si ese "de vez en cuando" mejor lo transformamos en un "jamás"?-replicó cínicamente el mánager-Mira, tú métete en  tus cosas y déjame a mí, ¿Está bien?-

-Siempre y cuando me acompañes a buscar mi vestido...-

-¡Ay no!-se quejó él-Phoebe, por favor...-

-¿Quién mejor que mi hermano mayor para decirme si el trasero se me ve enorme con un vestido, eh?-cuestionó la hermosa científico-Andy, por favor...-

-Maldita sea contigo, mujer...-se quejó el sujeto de piel bronceada, pasando su fuerte brazo izquierdo por los hombros de su hermana menor, mientras ésta sonreía enormemente, sin dejar de echarle miradas ocasionales al anillo de compromiso que resplandecía en su mano derecha.


4 de marzo de 2012

Duelo


Duelo by Diana Harlu Rivera on Grooveshark



Y así, se desató uno de los partidos más reñidos que muchos de los presentes habían podido presenciar. Dorian y Alexei, rápidos como flechas y precisos como francotiradores, parecían casi insuperables. Sin embargo, tanto Fabiho como Tom también se desempeñaban bien en la cancha. Sorprendida, a Frances le costaba creer que alguien realmente pudiese jugar con su hermano más de cinco minutos seguidos. Al final del set, estaban empatados.

-¡Uno más, Thomas! ¡Uno más!-musitó Bill en voz baja, con los dientes apretados y el ceño fruncido, mientras no le quitaba la vista de encima a su hermano, quien se movía como un bólido a lo largo y ancho de la cancha, contestando a cada uno de los servicios de los humanoides. Enfadada al escuchar el apoyo que el vocalista le brindaba de manera suave a su gemelo, Lexie decidió que tenía que hacer algo para cambiar el curso del juego; según su punto de vista, Dorian apenas estaba calentando.

-¡Vamos, amor!-se dejó escuchar en un potente grito la hermosa voz musical de Lexie, quien, para más, se puso de pié con la intención de llamar la atención de su marido-¡Gana! ¡Ellos son nada a tu lado!-

Enardecido ante las palabras de su mujer, la expresión anteriormente fría y concentrada del hermano mayor de Frances se transformó súbitamente en menos de un instante, cambiando por una sonrisa presumida y retadora, que indicaba que Dorian acababa de empezar a tomarse el juego verdaderamente en serio y no sólo como una oportunidad para conocer a Tom.

-¡No le hagas caso, Tommy!-se dejó escuchar también Frances, unos lugares más arriba de ellos en las gradas. Sorprendidos, todo el grupo de los humanos, así como Lexie, giró su vista hacia la pelirroja, quien también se había levantado de su asiento; de todos ellos, la más anonadada era su cuñada, quien no podía creer lo que veía-¡Tú puedes, corazón! ¡Gánale!-

Y fue en ese preciso momento, cuando las palabras alentadoras de la suave voz de la humanoide llegaron a sus oídos, cuando Tom Kaulitz encontró la confianza que le hacía falta para contestar al impecable saque de Alexei, que hubiese dejado idiotizado a cualquier otro con tan solo mirarlo. Preparado y concentrado, el guitarrista lo contestó con un remate perfecto de su raqueta, que hizo que el par de humanoides se confundieran con respecto a la dirección de la pelota y ninguno de los dos lograra pegarle a tiempo.

Rozando sus raquetas, la pequeña esfera forrada de tela pasó apenas unos milímetros sobre ellas antes de que rebotara un par de veces por detrás de la espalda de ambos. Frances sabía muy bien que a Dorian nada le costaba correr para alcanzarla, pero supuso que no lo hizo debido a la gran distracción de saberse ridiculizado por un humano. Ella lo conocía bastante bien y sabía lo engreído que podía llegar a ser. Por eso mismo, no le costaba pensar que su hermano había imaginado a Tom y el resto de los humanos como oponentes insignificantes. Incrédulo, el mayor de los hermanos Kaulitz no alcanzaba a creerle a sus ojos cuando miró cómo la pelota pasó por detrás del par de imponentes humanoides.

-Yo…-musitó incrédulo. su mirada todavía fija en la pelota, que no dejaba de rebotar.

-¡SÍ!-exclamó Frances, destruyendo en menos de un segundo la distancia que existía entre ella y Tom. Para cuando el guitarrista se dio cuenta, ya la tenía abrazando su cintura, dando pequeños saltitos de emoción-¡Ganaste! ¡Oh, por Dios! ¡Te quiero, te quiero, te quiero!-

-¡Sí!-gruñó Tom, todavía un tanto pasmado-Yo... ¡Yo gané! ¡Gané! ¡Vencí a tu hermano!-

-¡Lo hiciste, lo hiciste!-repetía la hermosa pelirroja, loca de la emoción. A manera de celebración, su novio la tomó entre sus brazos y fuertemente abrazados la hizo girar en vilo, con el rostro oculto en el torrente de cabello ensortijado de ella.

De pié junto a la pareja humano-humanoide, Fabiho sonreía satisfecho, sabiendo que le había hecho el día a Tom con ese simple partido. Todavía en las gradas, Lexie permanecía estática, sin entender bien lo que había sucedido allí; en silencio, bajó cada uno de los escalones hasta llegar a la cancha y sin hablar se desplazó a pasos cortos hacia Dorian, quien permanecía con la mirada clavada en su hermana y el novio de ésta, de su lado de la red. Como pudo, la pequeña morena se las ingenió para abrazar delicadamente a su marido de la cintura, intentando tranquilizarlo.

-Amor...-

-Otro juego-espetó Dorian, molesto. Los eufóricos Frances y Tom, en medio de su arrebatador regocijo, no fueron capaces de escucharlo; más Alice sí lo hizo e inmediatamente sintió miedo ante la perspectiva de que las cosas se tornaran hostiles entre los dos grupos. Aún cuando Frances estuviese del lado de los humanos, a lo mucho serían dos humanoides protegiendo a Tom, Bill y los suyos de la titánica fuerza de Dorian, Alexei y Lexie.

-Corazón, es mejor que...-

-Dije que quiero jugar más-le espetó bruscamente el mayor de los hermanos Umbrose a su esposa-¿Quieres participar en este set conmigo? Tengo una idea-

-Cielo…-

-¿Sí o no, Carolina? No te voy a repetir la pregunta-replicó Dorian de último, apartándose de la pequeña y aturdida mujer. En silencio, ésta se desplazó de manera rápida hacia las gradas, de donde tomó un estuche rosado que contenía una raqueta blanca, la cual desenfundó rápidamente y tomó con firmeza entre sus manos.

-Está bien...-escuchó Alice que rumió Lexie, al parecer no muy contenta. Sin hablar más, ésta volvió a la cancha para colocarse al lado de Dorian y al darse cuenta de ello a Frances se le cayó la sonrisa del rostro.

-Tom-le susurró la pelirroja a su novio en el oído, mientras este aún saltaba de felicidad con la delgada criatura en brazos-Creo que mi hermano quiere otro partido-

-¿Qué?-escupió Tom, incrédulo. Pensaba que la única manera en la que jugarían los dos sets sería en caso de que los humanoides ganaran. Por lo visto, no iba a ser así.

-¿Otro más, cuñado?-le propuso Dorian al nervioso guitarrista, quien evidentemente no se esperaba aquello. Con dificultad, el músico se fue girando hasta volver a quedar frente al hermano de su novia, quien lucía increíblemente amenazador con la raqueta fuertemente empuñada entre sus dedos.

-Sí, claro... ¿Por qué no?-replicó el mayor de los hermanos Kaulitz, lanzándole una mirada desesperada a Andreas, indicándole sin necesidad de palabras que se alistara para comenzar a jugar. Instantáneamente, éste se puso de pié del lugar que había tomado entre las gradas al lado de su hermana y comenzó a descender por los escaloncitos de asfalto.

-No-espetó Dorian, interrumpiendo al par de humanos, quienes se quedaron helados ante el sonido de su voz-¿Por qué no armas un equipo con mi hermana, Tom? A ella le encanta jugar-

-Dorian, no…-

-Juega por favor, Scarlett-le ordenó él, más que pedirle. Haciendo acopio de todo su carácter, Frances se paró con la frente bien en alto y miró fijamente a su hermano mayor, antes de salir trotando por su propia raqueta. Dorian estaba enojado, y Frances no iba a permitir que hiciera trizas a Tom por culpa de sus excesos de confianza.

Muerto del miedo, a Tom le faltaba poco para que le diera un paro cardiaco. ¿Ahora iba a jugar con Frances? A duras penas sabía moverse él solo y ahora tenía que acoplarse al estilo de juego de ella. Fabuloso.

-¿Listos?-preguntó el mayor de los hermanos Umbrose de manera arrogante, al mismo tiempo que le lanzaba una pelota a su hermana sobre la red, que difícilmente alcanzó a verse en el aire por la velocidad que llevaba. Solamente haciendo cálculos, Alice estimó que Dorian había lanzado aquella pelota con demasiada fuerza de manera intencional.

-Ahora-gruñó Frances de manera competitiva, mirando al humanoide que se encontraba del otro lado de la red con el ceño fruncido.

El juego, que también estuvo bastante reñido, resultó un dolor de cabeza para todos. De un momento al otro, parecía que Dorian y Lexie serían inalcanzables, cuando de repente Frances y Tom retomaban el aire del juego y superaban a la pareja de humanoides. Así se mantuvieron las cosas, hasta que de nuevo ambos equipos empataron.

El punto final estaba ahí, riéndose de todos ellos: un saque de Dorian que Frances sabía que no llegaría más allá de la red por la forma en la que él lo había lanzado. Poniendo lo mejor de sí misma, la pelirroja utilizó parte de su velocidad humanoide para llegar justamente a tiempo a la red y tirarse sobre su torso, para contestar aquél tiro tan difícil de parte de su hermano. Sabiendo que el equipo de los humanoides no lograría llegar a tiempo para salvarse de la derrota, Frances bajó su rostro y apoyó la mejilla contra el suelo; sintiéndose tanto física como mentalmente exhausta. Sin embargo, le sorprendió sentir la tela de la pelota tocando su dedo pulgar, y cuando se dio cuenta, Dorian estaba parado del otro lado de la red con la raqueta inclinada ligeramente hacia atrás. Había alcanzado a anotar. Atónita, Frances no podía creer que la bola realmente estuviera ahí.

-Creo-exclamó Dorian, con el aliento entrecortado a causa de la emoción-Que ganamos nosotros-

Helados, toda la audiencia no daba crédito a lo que acababa de ver. Alexei fue el primero en levantarse, dirigiéndose hacia Dorian; que permanecía estático y resollante en la cancha.

-Bien hecho-le dijo, palmeando su hombro. Apenas consciente de su presencia ahí, Dorian volvió su rostro lentamente para mirar a su mejor amigo, con las pupilas dilatadas a causa de la adrenalina del juego. A cada instante, el ambiente se hacía más tenso… hasta que Dorian se echó a reír.

Sin entender qué pasaba ahí, ni los humanos ni los humanoides alcanzaban a explicarse por qué Dorian de repente había roto en carcajadas. Sin poder dejar de reírse, el humanoide se dobló en la cancha, dando señales de que la risa estaba haciendo que le doliera el estómago. Nerviosamente, tanto Alexei como Lexie se rieron un poco con él, aún sin entender el chiste.

-Muy buen juego-exclamó el hermano mayor de Frances, enderezándose. Aterrorizado por la reacción tan inhóspita de su cuñado, el pobre Tom no sabía ni qué hacer-Esperaba menos de ti, Kaulitz, pero has resultado un buen rival. Puedes ser novio de mi hermana, ¡cásate con ella si quieres! Un hombre así vale la pena todos los corajes que me vas a hacer pasar. Además de que disfrutaré jugando contigo de vez en cuando, si estás de acuerdo-

-Suena bien, gracias-farfulló el apabullado guitarrista, con la expresión en blanco-Más por la parte de tu hermana. Esa parte en verdad me gusta mucho-

-Lo sé, lo sé...-contestó el humanoide con una sonrisa nostálgica, mientras se apartaba de su mejor amigo y su novia para dirigirse hacia su nuevo cuñado, el cual aún temblaba a causa de todas aquellas emociones repentinas-Si no, no hubieras tenido las agallas de venir a plantarte aquí hoy. Supongo que habías escuchado los rumores-

-Muchas veces-confesó el músico-Estaba muerto de miedo-

-A eso se le llama valentía-elogió Dorian, mientras ayudaba a su hermana a levantarse del suelo, dirigiéndose a ella-Quítate de allí, niña; o va a venir alguien a querer jugar a la basurita contigo-

-Muy gracioso...-respondió Frances, aceptando la mano que su hermano le tendía. Detrás de todos ellos, Andreas hacia fuertes esfuerzos por no carcajearse en aquél momento, pues sabía que tal vez sólo él y Dorian sabían lo que "jugar a la basurita" significaba-¿Ya nos vas a dar tu bendición?-

-¿Pues qué soy el Papa?-replicó el mayor de los hermanos Umbrose en tono burlón-Hagan lo que quieran. En verdad no sé por qué te interesa tanto mi aprobación-

-Te haces menso...-le contestó su hermana, dándole un pequeño golpe a puño cerrado. Hábilmente, el humanoide atrapó la manecita de la criatura, apartándola de sí.

-Ya, déjame en paz-le pidió entre risas a la pelirroja-¿Qué no ves que quiero ir a estrechar la mano de Tom en señal de amistad?-

Y así, Dorian Umbrose recorrió finalmente la distancia que lo alejaba de Tom Kaulitz para, en un silencio ceremonioso y absoluto, juntar la palma de su mano con la del humano, el cual sudaba copiosamente.

-Gracias-musitó Tom débilmente, su voz quebrándose a causa de la emoción.

-No hay por qué darlas-le sonrió el humanoide al nervioso humano-Y bueno, a mí me encantaría quedarme otro rato con ustedes... pero tengo una fiesta en un par de horas y sigo aquí, todo sudado y apestoso. Nos veremos en otra ocasión, Tom-

-Hasta pronto-se despidió el anonadado artista, observando cómo su nuevo cuñado se desplazaba completamente solo a través de la cancha, en dirección a la salida de la misma. Detrás de él, Alexei se movilizó de manera que pronto se encontró siguiendo la estela de Dorian y se despidió de los humanos con un leve asentimiento de cabeza. Lexie, por su parte, trotaba detrás de ambos, cargando tanto el estuche de su raqueta como el de su esposo.

-¡Adiós, Tom!-exclamó apresuradamente la morena, antes de dirigirse al resto de los humanos-¡Fue un placer conocerlos a todos! ¡Esperamos reunirnos con ustedes pronto!-

-¡Nos vemos!-respondieron todos, tanto los humanos como las dos humanoides que quedaban allí. Sorprendidos, ninguno de ellos podía explicar lo que acababa de suceder.

-¿Qué diantres fue todo eso?-inquirió Fabiho entre risas, pasado un rato en el que nadie se atrevió a decir una sola palabra. Repartidos en las gradas y en torno a la cancha, todos los humanos, Alice incluída, permanecían pasmados.

-No tengo idea-replicó Tom, abrazando a su novia de la cintura-Pero esperemos que no suceda otra vez-

-Tranquilos...-les sonrió Frances, la única que no parecía perturbada-Él es así. Primero se toma las cosas muy en serio y luego les resta importancia hasta que no significan nada para él. Además, nos ganó. Eso lo puso de buenas-

-¿Regularmente es así?-quiso saber Alice.
-Todo el tiempo-les contestó la pelirroja de manera encantadora-Quiero disculparme si los asustó un poco. A veces se le va la mano en su dramatismo natural-

-Pues vaya que es exagerado, sin ánimos de ofender-intervino Andreas, exhalando aire por la boca. Se había puesto bastante nervioso en los últimos segundos.

-Insisto, perdónenlo por favor-repitió Frances-Ahora, bueno… creo que ya que sólo quedamos nosotros; ¿Les gustaría ir a algún lugar a desayunar algo? Aún es muy temprano-

-Pero si…-refutó Andreas, mirando su reloj de pulso-¡Cielo santo, apenas son las nueve!-

-Les dije que no era tan tarde-insistió la modelo-¿Sí vamos? Yo invito-

-Viéndolo desde ese punto de vista…-bromeó Fabiho-No suena tan mal-

-No seas encajoso-lo reprendió Bill-Yo sólo acepto ir si nos dejas pagar también a nosotros-

-Si nos vamos mitad y mitad, sí-consintió Frances, sabiendo que el pelinegro no cedería a más.

-Me parece casi justo-aceptó el menor de los hermanos Kaulitz-Vamos, pues-

Fue de esa forma como todos juntos, humanos y humanoides, comenzaron a caminar a paso lento por el mismo trayecto que habían seguido Dorian y sus compañeros, una vez que recogieron todas sus pertenencias de la cancha. Asimilando poco a poco todo lo que había ocurrido hasta ese momento, Tom caminaba un poco tieso, asido de la cintura por una contenta Frances que no dejaba de sonreír al mismo tiempo que lo miraba. Detrás de ellos, Alice y Bill avanzaban tomados de la mano, a la vez que charlaban con Fabiho y Andreas sobre lo emocionante que había resultado el juego.

-Tenemos que salir con estos humanoides más seguido-escuchó Frances que farfulló Fabiho con una sonrisa en los labios. En verdad, le causaba gusto escuchar eso.

2 de marzo de 2012

Humanos VS Humanoides



Humanos VS Humanoides by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 
-Entonces...-expresó la voz, tan exageradamente varonil como siempre, mientras su dueño hacía flexiones a la mitad de la cancha-Me parece que debemos ir calentando para el juego, ¿No lo crees, Alex?-
 
-Querrás decir "para vencer elocuentemente al noviecito de Scarlet"-se jactó el acompañante del primer hombre, un sujeto igual de atractivo, pero con facciones muy diferentes. A su lado, una mujer de largo cabello pelirrojo iba pasando distraídamente, pensando en otras cosas, cuando el segundo de estos hombres aprovechó la ocasión para juguetear un poco con ella, mesándole el cabello desordenadamente con sus largos dedos. En respuesta, la criatura, de hermosos ojos verdes, lo apartó de sí con un sólo gesto.

-No es mi novio-espetó la pelirroja, la sonrisa delatora asomándose tras su fingido tono enfurruñado.

-¡No todavía!-se inmiscuyó otra fémina de ensortijado cabello castaño en la conversación, saliendo por detrás del grupo con un pequeño salto animado.

-En eso ando-replicó la primera, dándole un codazo a su camarada de cuerpo esbelto, cintura pronunciada y cadera prominente. De manera cómplice, ambas se sonrieron la una a la otra, sabiendo bien lo que esperaban de aquél encuentro.

-Pues tendrás que encargarte de ello más tarde...-le sugirió el segundo de los sujetos allí presentes, un joven de cabello castaño, al divisar el irregular grupo que se dirigía hacia él y el resto de sus acompañantes. Ataviados con distintos atuendos, desde los más casuales hasta conjuntos deportivos, aparecieron a la distancia, caminando cada uno a su ritmo, moviéndose hacia un mismo punto.

-¡Tommy!-lo llamó la criatura pelirroja, quien resultaba ser nada más que una modelo de talla internacional, echándose a correr hacia el individuo que había llamado tanto su atención; el mismo que causaba que las palpitaciones de su corazón invencible se aceleraran cada vez que su armoniosa anatomía masculina caía dentro de su impecable campo de visión-¡Llegaste!-

-Te dije que vendría, ¿No?-le respondió una voz en inglés, todavía con cierto acento alemán, a pesar de los años que llevaba trabajando y viviendo en Estados Unidos. Al ver que se acercaba tanto a él, el guitarrista de menos de treinta años abrió su brazo derecho, el único que tenía disponible, para hacerle hueco junto a su cuerpo a la delgada criatura que salía con él desde hacía tres meses.

De inmediato, la eufórica fémina acortó la poca distancia que aún existía entre ella y el chico que desde hacía meses era el dueño de sus sentimientos más puros y desinteresados, fundiéndose finalmente con él en un estrecho abrazo; en el cual ella colocó en torno al fuerte cuello del músico sus brazos delgados, acercándolo a sí para darle un ligero beso en la mejilla, que era lo más que podía hacer en medio de aquella precaria situación.

-Y bien-se dejó escuchar la primera voz, aquella que hubo hablado antes que todas las demás. Al ser testigo de la muestra pública de afecto que su hermana menor le había hecho a aquél extraño, el hombre de cabello castaño chocolate y ojos de iris verdes se apresuró a separar a los jóvenes. tomando a la chica del brazo para apartarla del individuo de las trenzas negras-Con que tú eres el "Tommy" de mi hermanita...

-Bueno, es difícil llamarla "hermanita" cuando…-

Más, aunque quería seguir hablando, el segundo de aquella conversación se vio obligado a interrumpirse a sí mismo cuando cayó en la cuenta del individuo que súbitamente había acaparado toda su atención, con su rostro de rasgos insoportablemente hermosos, aquellos ojos atrapantes que tanto le recordaban a los de alguien más, la nariz de la misma curvatura perfecta, la barbilla ligeramente prominente... los gestos eran los mismos, así como distintas partes de la fisonomía facial; sin embargo, el cuerpo resultaba diametralmente diferente: de espalda ancha, poco tenía que ver con el estrecho torso de la menor de los hermanos, y su cintura lo único que tenía de semejante era su delgadez. Las piernas, de igual manera pero en un concepto bastante distinto eran delgadas, fuertes y bien proporcionadas, al igual que el resto de la anatomía. Para cuando el sujeto que pertenecía a la banda alemana quiso darse cuenta, ya temblaba de miedo ante la presencia del que resultaba ser su cuñado.

-Sí, es una bala esta niña...-reanudó el imponente locutor, sosteniendo por el antebrazo a la inquieta criatura de cabello pelirrojo que no se estaba en paz-Supongo que tú mejor que nadie lo sabes, Tommy...-

-Tom Kaulitz-expresó el humano de piel bronceada, rostro recién afeitado y ojos castaños, extendiendo la mano en la cual sostenía el elegante estuche de su cara raqueta, conseguida apenas unos días atrás.

En un impulso que no logró controlar, el guitarrista soltó por accidente la correa del estuche, haciendo que su arma deportiva se estrellara contra el suelo en un golpe audible. Al ver semejante muestra de torpeza de parte del hombre que supuestamente venía a enfrentarse con él en un duelo profesional de tennis, el segundo de aquellos dos hombres comenzó a reírse de manera discreta.

-Dorian Umbrose-contestó el dueño de la voz atronadora, los modales amables y parsimoniosos, hermano de la encantadora pelirroja que no dejaba de removerse como pez fuera del agua.

En silencio y con una sonrisa presumida, alargó su mano de dedos largos, fuertes y de piel tan blanca como los de su hermana menor, tomando la del preocupado músico alemán que se había identificado a sí mismo como Tom. En silencio, el mayor de los hermanos Kaulitz resistió el fuerte apretón que la mano de su cuñado le prodigó al saludarlo, haciéndose súbitamente consciente de la arrolladora fuerza de la que éste parecía capaz. Con semejante musculatura y constitución física, poco le costaba imaginárselo haciendo pedazos cualquier aero y transformándolo en apenas una pelotita de titanio.

-¡Tom!-chilló una alegre voz femenina, cuya locutora pronto se ubicó aproximándose al grupo conformado por los dos humanoides y su acompañante humano. Avanzando en una graciosa mezcla de lo que eran pasos alargados y pequeños saltos, la mujer de ojos castaños y cabello del mismo color llamó la atención de todos los presentes en la cancha y no sólo la del hombre al cual se había referido.

-¡Lexie!-respondió el interpelado, genuinamente entusiasmado al visualizar a uno de los únicos dos miembros de la familia Umbrose que apreciaba en verdad-¡Que gusto verte!-

-Lo mismo digo-replicó la criatura de esbelto cuerpo y rostro de ángel, acercándose al guitarrista alemán para saludarlo con un pequeño beso en su mejilla de piel lisa.

De inmediato, el humanoide que se había identificado como Dorian, dejó ir a su hermana menor y rápidamente alargó su mano y su cuerpo de manera que pudo tomar a su novia, la pequeña Lexie, del brazo de la misma manera en que lo había hecho con su hermana. A sabiendas de que eso sucedería, Tom aprovechó la ocasión y de la misma manera se estiró, para apropiarse de la recién liberada Frances, aprisionándola con un brazo por la cintura. Aquella pequeña escena de celos de la que Dorian fue protagonista, le hizo entender a Tom que aunque su cuñado contara con capacidades sobrehumanas y demás gracias propias de los humanoides, seguía teniendo los mismos sentimientos que un humano; entre ellos, los celos.

-Es un gusto tenerlos aquí-se dirigió Lexie al resto de los acompañantes de Tom, el grupo de los humanos. Sonriéndoles cordialmente, había sido la primera en recibirlos como individuos y no como parásitos, a diferencia del prepotente hermano mayor de Frances. Al sentir su calidez, no pudieron hacer otra cosa que devolverle la sonrisa.

-Por supuesto...-se interpuso una voz nueva en la conversación, atrayendo la atención de los presentes a sus ojos tremendamente azules, a su sonrisa presumida y sus aires de grandeza-Alexei Rose, encantado de conocerlos-

-Creí que todos ustedes eran…-

-¿Parientes?-le contestó la voz sempiternamente irónica de Dorian a una criatura que no había hablado anteriormente; la cual se sorprendió ante semejante contestación-No, querida; me temo que no es el caso. ¿En tu grupo sucede de esa manera?-

-No-replicó Alice, la hermosa cuñada humanoide de Tom-De hecho, ninguno de nosotros está emparentado de manera directa; es decir, consanguíneamente. Creyeron que no era...-

-Posible crear dos humanoides a partir de la misma célula-completó Alexei la frase de la bella pelinegra-Sabemos. Nos lo comentaron en Astrella-

-Sí bueno, eso es historia antigua...-comentó Dorian, intentando dejar el tema de lado-No me parece que éste sea un tiempo muy propicio para hablar de humanoides y esas cosas... creo que estaría mejor que nos dedicáramos a...-

-Jugar-interrumpió Tom a su contrincante, quien de inmediato giró su mirada hacia él, sorprendido por el cambio de comportamiento tan repentino de su rival, quien al principio le pareció demasiado temeroso. Ahora, ansioso de demostrar su valía a través de la victoria en un juego de tenis, el mayor de los hermanos Kaulitz no podía esperar a que empezara el primer set.

-Justamente lo que iba a decir...-expresó Dorian en voz muy baja, en un tono casi retador-¿Comenzamos ya?-

-Cuando quieras-le contestó su oponente humano, recogiendo la raqueta del suelo en un hábil movimiento que dejó pasmado al humanoide.

-Hola-saludó a Alice una voz dulce, un tanto infantil e inocente, proveniente de una pequeña individuo que momentos atrás se había identificado como Lexie Umbrose. En silencio, la pequeña muñeca de piernas largas y hombros frágiles se acomodó al lado de la única humanoide del grupo de Tom, tomando asiento en las gradas de diseño elegante y cómodo con las que contaba el recinto.

-Hola...-replicó la mujer de ojos azules, un tanto extrañada por la naturalidad con la que Lexie se dirigía a ella-Tú debes ser la novia de Dorian, de la que tanto nos ha hablado Frances...-

-No eres humana-interrumpió la morena, soltando su comentario sin delicadeza alguna.

-No, no lo soy-reconoció Alice con toda la paciencia de la que fue capaz, sorprendida por la desfachatez de la mejor amiga de Frances-Pero me han dicho que tú tampoco-

-Tú eres de la que nos habló Dorian ese día-continuó Lexie, sin prestar atención a las palabras de su interlocutora-Cuando Carlie se quedó a dormir en casa de ustedes-

-Sí-respondió la cuñada de Tom, con toda la calma que le fue posible, comenzando a desesperarse un poco ante la forma de ser de la novia de Dorian: se comportaba como una niña-Creo que ustedes saben un par de cosas acerca de mí y mi grupo-

-No tantas como nos gustaría-rió Lexie, sacando de balance a Alice con su contestación-Pero no te preocupes, algo me dice que estamos cerca de convertirnos en familia...-

Sin esperar a que su interlocutora comprendiera sus palabras, la más joven de los humanoides allí presentes apuntó con su dedo índice a uno de los extremos de la cancha y a la novia de Bill no le costó nada de trabajo reconocer a Tom en una de las esquinas del recinto hundido, de pié frente a Frances. Tomándola de la barbilla con delicadeza, le prodigó un delicado beso en los labios antes de salir a jugar. Dorian, por su parte, no se veía muy contento ante el contacto.

-Me da la impresión de que a tu novio no le cae muy bien mi cuñado-comentó Alice, al mismo tiempo que observaba a Dorian, quien rebotaba la pelota contra el suelo con una fuerza y una velocidad que dejaban ver claramente su molestia y su impaciencia a la vez.

-Esposo-corrigió Lexie, sorprendiendo a la humanoide que se encontraba con ella ante semejante respuesta-Y no es que le caiga mal, simplemente se preocupa por ella. Tiene mucho miedo. Miedo de que...-

-La lastime-completó la pelinegra, entendiendo de inmediato la postura abiertamente agresiva de Dorian hacia Tom-Sí, entiendo...-

-¿Tienes hermanas?-quiso saber la más pequeña de los humanoides, verdaderamente interesada.

-No-contestó Alice con tranquilidad-Pero Bill me ha compartido un poco de lo que se siente que alguien más robe la atención de una persona que amas. No es del todo agradable-

-Créeme que no-suspiró Lexie-Pero… si te sirve de consuelo, es mejor así. Antes, como Dorian y yo estábamos juntos, Carlie pasaba mucho tiempo sola. Ahora, desde que tiene a Tom, las cosas son diferentes. Y de cierto modo, creo que a Dorian le gusta eso: que ella también tenga una persona que la quiera tanto como yo lo quiero a él-

-Y, disculpa si te molesta mi pregunta-respondió Alice, intentando tener todo el tacto posible para lo que estaba a punto de decir-Pero mencionaste que Dorian es tu esposo, ¿Cómo es eso posible?-

-No parecemos muy compatibles, ¿cierto?-puntualizó la joven criatura con una sonrisa nostálgica-Nos dijeron eso desde el principio. Así es: hemos estado juntos desde que yo desperté. No hemos tenido tiempo de celebrarlo como se debe, con un vestido largo y todas esas cosas, pero pues... ¿Qué te puedo decir? Me hace inmensamente feliz-

-¿Disculpa?-escupió la humanoide que se encontraba sentada a la derecha de Lexie-¿Entonces ustedes han estado juntos desde... siempre?-

-Así es-asintió la alegre morena, sin dejar de sonreír-Fue bastante cómico porque él estuvo allí en el momento en el que yo desperté por vez primera. Abrí los ojos y lo primero que vi fue a Dorian. Desde entonces supe que no quería estar en ningún otro lugar que no fuese a su lado-

-¿Sin más?-insistió la pelinegra, completamente atónita ante lo que escuchaba.

-¡Sí!-rió Lexie, sorprendida por la expresión anonadada de Alice-¡No es tan difícil como parece! De hecho, sucede todo el tiempo. Entre los humanos es más común-

-No tenía la menor idea...-confesó Alice, sintiéndose repentinamente confundida-Yo creía conocer muchas clases de amor... pero nunca pensé toparme con uno que se produjera desde el primer instante, como una chispa-

-¿Estás segura?-le preguntó la esposa de Dorian, con una sonrisilla de complicidad en su rostro de rasgos infantiles-Porque me da la impresión de que Bill y tú tienen una historia bastante parecida...-

-¿Nosotros?-exclamó la cuñada de Tom, bastante sorprendida, antes de dirigirle una mirada al hombre que se encontraba sentado a su derecha, con la vista fija en su hermano mayor.

-¿Quién más?-replicó la más joven de los humanoides de Watts, dedicándole una sonrisa cómplice a su compañera-Apuesto a que se gustaron desde el primer momento en que se vieron-

-¿Quién te dijo?-quiso saber la nerviosa pelinegra al instante, luchando porque su novio no las escuchara. Era verdad: tanto ella como el vocalista eran conscientes de la atracción que se había producido entre ambos desde su primer encuentro en un centro comercial.

-Se les nota a simple vista-contestó con toda naturalidad la joven mujer de Dorian Umbrose-Además, cuando lo vives, lo sabes-

Las palabras de Lexie, que para otros hubieran sido hasta cierto punto bastante inspiradoras, produjeron en Alice un sentimiento de desconcierto que ya llevaba cargando en su alma desde hacía semanas atrás y la pregunta, la que la atormentaba hasta quitarle el sueño y las ganas de comer, era una sola: ¿Por qué las cosas funcionaban con Bill y con Briant no? De un tiempo para acá, se había hecho demasiado consciente del fracaso de su matrimonio y por primera vez desde que abandonó a su esposo, comenzaba a sentir el dolor de la separación.

-¡Hey, Tom!-llamó la fuerte voz de Dorian a su contrincante, el cual parecía demasiado enfocado observándose mutuamente con su hermano gemelo-¿Vamos a comenzar ya o mejor me voy a buscar café para todos?-

-¡No! ¡Ya, ya!-exclamó Tom en respuesta, en un vocabulario carente, aparentemente nervioso. De inmediato, a Frances le preocupó este cambio, puesto que su novio ya no parecía tan seguro de sí mismo como antes-Es que... estoy... espero...-

-¡Ya llegamos!-se dejaron escuchar un par de voces masculinas, las cuales pertenecían a dos sujetos que poco a poco se fueron aproximando a la posición del nervioso guitarrista; quien de inmediato se sintió aliviado al notar la presencia del par de individuos.

-¿Quiénes son ellos, Kaulitz?-le preguntó Alexei a su contricante, llamándolo por su apellido; cosa que al segundo no le agradó en absoluto.

-El resto de mi equipo-sonrió Tom abiertamente, ignorando al pretencioso Alexei al mismo tiempo que no le quitaba la mirada de encima tanto a Andreas como a Fabiho. Creyó que no llegarían.

-¿Qué hay, Tomísimo?-saludó Fabiho a Tom de lejos, trotando hacia él. La noche anterior, habían decidido que Fabiho jugaría con el músico el primer set, con el objetivo de apabullar a Dorian y luego Andreas se turnaría con él durante el segundo juego.

-Estaba a punto de desmayarme aquí-le reclamó el hermano mayor de Bill al mejor amigo de Georg con una sonrisa-Me asusté bastante-

-Puedes confiar en nosotros-le contestó Fabiho, haciendo gala de su mejor sonrisa-¿Listo para empezar?-

-Listo-confirmó Tom, tomando con firmeza su raqueta como Andreas le había enseñado. Éste, por su parte, se había ido a sentar con Alice a las bancas y levantó su pulgar al mayor de los gemelos en señal de aprobación. Sabía que había hecho un buen trabajo con el muchacho. A su vez, el guitarrista levantó su pulgar también, indicándole que se sentía preparado, al mismo tiempo que le daba las gracias de manera silenciosa.

-De acuerdo-habló Dorian, tomando entre los dedos de su mano derecha una de las pelotitas color verde-Comencemos-