29 de septiembre de 2011

Casual encuentro






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-¿Entonces eso te dedicaste a hacer todo el día?-inquirió la voz de la mujer, sentada frente a su pareja en el elegante restaurante al que habían decidido ir. Caminando por la calle, les había llamado la atención la dulce música que emanaba del interior del local, traspasando las ventanas, así como los aromas hipnotizantes que surgían por la puerta ligeramente entreabierta. Ahora, sentados el uno frente al otro debajo de un candelabro, charlaban apaciblemente, al mismo tiempo que comían una deliciosa cena.

-Así es-contestó él con una enorme sonrisa, limpiándose los rosados labios con la servilleta de lino que tenía apostada en el regazo-Es sorprendente, ¿No lo crees? Digo, a ellos les parece tan tremendamente difícil y yo lo hice en un abrir y cerrar de ojos-

-Bueno, Bry... ¿Qué se puede esperar de ti? Eres... perfecto-repuso la dama de ojos azules y nariz respingada, bajando la mirada; un tanto abochornada por el comentario: no era de las que solían hacer cumplidos.

-Gracias...-replicó él tímidamente también, sintiendo un cálido rubor subir hasta sus mejillas-Y, por cierto, sabes que me encanta cuando me llamas Bry...-

-¿Tú crees que lo hago gratuitamente?-sonrieron los labios carnosos con complicidad, transformándose en una mueca jubilosa.

-Claro que no-suspiró el hombre frente a ella, extendiendo su mano para tomar los delicados dedos como de porcelana de la chica, la cual se sobresaltó en cuanto él la tocó, sintiendo un impulso eléctrico que recorría cada rincón de su cuerpo.

-Bry... estaba pensando...-

-Pasen por aquí, por favor-interrumpió una voz a la mujer, la voz de un hombre, el cual guiaba a un grupo de desordenadas personas tras de sí.

-Fabiho, ¿Podrías ayudarme, por favor?-le pidió una chica a un hombre alto, de espalda ancha y brazos fornidos, el cual venía caminando detrás de ella.

-Siempre que lo necesites, preciosa-aprovechó él para coquetearle a la rubia que traía enfrente, bambolenado sus redondas caderas ante la mirada lujuriosa de él, quien no perdía ni la más mínima oportunidad para acercársele tanto como le fuese posible.

-Por favor...-suplicó ella en tono cansado, no precisamente de humor para los ataques del mejor amigo de Georg Listing.

-Claro, Natalie-contestó éste ya con mayor formalidad, dándose cuenta de que, en vez de acercarse a cumplir su objetivo, lo único que Fabiho estaba haciendo era fastidiar a la mujer, la cual, al borde del colapso, parecía que se derrumbaría de un momento al otro debido a tanta tensión-¿Quieres que lo siente en el centro de la mesa?-

-Sí, por favor; y guárdenme un asiento junto a él. Al otro lado que se siente Tom, yo voy al tocador un momento-repuso la delgada rubia, desembarazándose del abrazo de su mejor amigo, al cual traía casi cargando sobre su costado. Una vez que lo vio seguro en manos de Fabiho, echó a andar por uno de los corredores hacia los tocadores de damas, en busca de un segundo de paz.

-¿A dónde va Nattie?-inquirió Bill como un niño pequeño, abrazándosele a Fabiho como pulpo tan pronto éste lo hubo tomado entre sus brazos para ayudarlo a sentarse.

-A orinar-contestó el interpelado con toda franqueza-O eso supongo-

-Ah, está divino-repuso el chico de cabello negro sin mayor turbación, dejándose conducir hasta su asiento, rodeado por sus demás amigos quienes, entretenidos por la salida, no dejaban de parlotear entre ellos.

-¿Quieren comenzar a ordenar de una vez, señor?-le preguntó un mesero al mayor de los hermanos Kaulitz, el último en la procesión. Un poco despistado, a Thomas le tomó cierto tiempo responder.

-Este... sí-balbuceó con dificultad, oteando entre las diferentes pantallas de su holocomunicador para ver si no había recibido ningún mensaje de la que no sabía si aún era su novia: Annya Nikova-Comience a tomarle la orden a los señores, mi hermano y yo pediremos al último-

-Como usted desee, señor-contestó el servicial hombre, antes de presionar una serie de comandos en el tablero electrónico de su holocomunicador de servicio, el cual le transmitía a los comensales los menús del restaurante con descripciones detalladas de cada platillo. Una vez que hubo llegado a sus respectivos holocomunicadores la notificación del menú, cada uno de los comensales de la mesa de los Tokio comenzaron a tomar asiento lentamente, perdidos viendo imágenes en tres dimensiones de los platillos que el elegante restaurante ofrecía.

-¿Cómo siguen las cosas?-le preguntó Natalie a Tom, unos minutos después, una vez que hubo regresado a la mesa.

-Bien: está comiendo-informó el hermano mayor de Bill, el cual, a su lado, ingería calmadamente lo que parecía una sustanciosa sopa.

-Excelente-replicó la dama, sentándose al otro lado del hermano gemelo de Thomas-¿Tú ya ordenaste?-

-No tengo demasiada hambre...-repuso el interpelado, bajando la mirada. Tan pronto como hubo terminado de hablar, la mirada de la estilista de Bill se le quedó clavada encima, con un aire implícito de reproche.

-Thomas...-

-Me tomé la libertad de ordenar por ti-la interrumpió él, viendo si así salía del paso. Aún así, no lo consiguió, pues la chica no le quitaba la mirada de encima.

-No voy a probar bocado si no comes-lo amenazó, apuntándolo con su tenedor-Comienza de bulímico otra vez y verás...-

-Está bien, ya... estoy comiendo-replicó él, avergonzado ante el comentario, tomando rápidamente del plato de ella un pequeño bocado-¿Ves? Alimento-

-Más te vale...-repuso la rubia, fijando su mirada de vuelta en su plato, dejándolo a él con el comentario que recién le había hecho. Le dolía decírselo, era cierto, pero sólo así lograba que comiera; aterrada por su salud, temía que volviera a caer en el desorden del que había sido presa apenas un mes atrás.

Lentamente, la cena fue transcurriendo entre los comensales que se encontraban a la mesa, los cuales charlaban animadamente. Bill, aún en su estado letárgico, únicamente se reía de manera ocasional, siempre con la misma expresión perdida que no se le quitaba por nada, y raramente llegaba a hacer un comentario al respecto de algún tema del que se estuviera hablando. Entretenidos, sus amigos únicamente lo miraban atentamente entre plática y plática, esperando a que en algún momento llegara a reaccionar. Una vez que todos terminaron de cenar y la sobremesa acabó, decidieron irse a casa, pues al día siguiente tenían que salir cada uno a trabajar.

-Vámonos ya-pidió Phoebe, tomando un sorbo del poco café que quedaba en su taza-La verdad, ya estoy hasta el tope de cansancio...-

-Coincido con mi mujer-se sumó Gustav, mientras discretamente por debajo del mantel presionaba la mano de su novia con un aire muy poco inocente del que ella pronto se dio cuenta-Salgamos de aquí-

Fue así como, uno a uno, los chicos de la banda Tokio Hotel así como sus respectivos acompañantes fueron abandonando poco a poco la mesa, mientras Tom pagaba la cuenta y Natalie impartía instrucciones a Fabiho y Georg para que le ayudaran a llevar a Bill de vuelta a alguno de los deslizadores. El susodicho, aunque ya se encontraba más repuesto que a su llegada al establecimiento, seguía en un estado de letargo. Torpemente, trastabillaba por el pasillo central del lujoso restaurante.

-Es increíble: ya lo verás cuando te lo muestre. ¡Todos esos pisos! Estas criaturas de verdad son feroces cuando se dedican a construir cosas-explicaba un hombre a la mujer que traía junto a él, ambos caminando en dirección a la salida del lugar, cuando se toparon con el vocalista de una de los grupos musicales más aclamados de los últimos tiempos.

-Disculpe, señorita-balbuceó Bill torpemente, al sentir que había chocado con la mujer que venía caminando con su acompañante.

-No hay cuidado-respondió ella cordialmente, sin haber perdido el equilibrio en lo más mínimo. Aturdido, él levantó la mirada, buscando el rostro de la dama a la que sin querer había empujado y, cuando lo hizo, quedó maravillado.

De pié, frente a él en medio de toda las personas en el restaurante, se encontraba ella otra vez. Cambiada de ropa, con un hermoso vestido largo de seda azul celeste, el cual no se veía ni tan formal ni tan informal, sonriente y con una pequeña carterita negra entre sus dedos, la reconoció de inmediato.

-Alice...-balbuceó él débilmente.

-Hola-respondió ella, hablando claramente con aquella voz suya, tan melodiosa-Con permiso-

Y así, sin una palabra más de parte de ninguno de los dos, se apartó de él, caminando seguida por un hombre al cual él no pudo verle el rostro, desapareció de súbito, igual que cuando había llegado a su vida.

-Alice...-repitió el hombre, pasmado, observando a la susodicha.


3 comentarios:

●•Scarlëtt•● dijo...

:3

¡Ay, pobrecito!... lo dejó ahí, solito, descuidado, ¡ Qué manchada!...


Ese Bill... me da risa su estado... todo... idiotizado :P

Buen capi


Besos!



S.K

0oºmeriiºo0 dijo...

ha me encanta!!!
con estos capítulos me quede en el mismo estado que Bill!!!! ha mi amorcito!!!
idiotizada.

-a orinar [...]
-ah. esta divino-[...]

me encanto! hahahaha


muy buenos.

Zaybet dijo...

"a orinar. O eso supongo"

Noooooo bueno. La risa loca con ese Fabiho que es mi Fabiho pero que no se parece a mi Fabiho pero es bien ocurrente como mi Fabiho xD