15 de agosto de 2011

Los viernes por las noches


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De pié frente a la entrada del exclusivo club, las personas que se encontraban esperando su turno para entrar se quedaron completamente sin habla cuando vieron llegar los cinco aerodeslizadores deportivos del año, la mayoría Audis y uno que otro Lamborghini, de diferentes colores que se metieron al pequeño hueco que daba a la entrada del estacionamiento. De cada uno de los aerodeslizadores, bajaron ciertas personalidades que levantaron la euforia y la sorpresa entre los que se encontraban en la noche de inauguración de "The House". 

Vestuario de Phoebe
Primeramente, de un descapotable plateado del año, se bajó un caballero de casi dos metros de estatura, sus ojos cubiertos por unos lentes obscuros de armazón grueso a pesar de que ya era de noche, los mismos que él se quitó apenas hubo puesto un pié en tierra firme. Destilando su característico aire de conquistador empedernido, dejó a más de un par de chicas sin aliento tan pronto lo vieron, acicalado con su saco gris que le daba un aspecto intelectual tremendamente sensual. Sin embargo, para muchas de ellas, fue una decepción verlo trotar ligeramente al otro lado del auto, en donde le impidió el paso a un valet parking para abrirle él mismo la puerta a la mujer de cabello largo, hasta la altura de la mitad de su espalda, perfectamente acicalado en una serie de bucles desordenados que le daban un aspecto salvaje pero sensual al mismo tiempo. Con una sonrisa de parte de sus dientes blancos como la leche, el hombre la ayudó a bajar con dulzura, tomándola de la cintura para caminar. 

De otro de los aerodeslizadores que se había estacionado, bajaron un par de hombres de la misma edad, aproximadamente la misma estatura pero de complexión muy diferente. Uno de ellos era musculoso, de espalda ancha y manos enormes mientras el otro era alto, espigado y contaba con un rostro alargado tremendamente estético. Con aire de desdén, ambos pasaron de largo entre la multitud, que aclamaba su nombre súbitamente enloquecida. De pié frente a la puerta del lugar, apenas se dedicaron a repartir unas cuantas sonrisas cordiales y unos movimientos de mano que sus fanáticos interpretaron a manera de saludo. Después, en silencio, ambos se introdujeron por la estrechísima abertura que era la puerta del lugar y que, de ninguna manera, permitía ver para adentro. 

Vestuario de Fabiho
De los otros tres aerodeslizadores restantes, bajaron tres hombres tan diferentes entre sí como lo era el diseño de los aeros que traían con ellos. Con enormes sonrisas, se encontraron a mitad de la calle, al mismo tiempo que les brindaban las llaves de las tremendas máquinas que los habían transportado hasta allí a los apresurados muchachos que no se daban abasto en estacionar esos cinco flamantes convertibles. Echándole una mirada general a las muchachas que había formadas en la cola para entrar al lugar, dos de ellos escogieron a un par de chicas que venían juntas, una morena y una rubia, de aproximadamente apenas veinte años de edad. El tercero de ellos, un rubio bajito que iba acicalado con un saco bastante informal pero que lo hacía lucir tremendamente elegante, los miró con expresión de reproche, antes de introducirse por la misma puerta por la que habían entrado el resto de hombres y la mujer que habían llegado con él, sin dirigirse a nadie en especial. 

Dentro, en el amplio local de dos niveles  que se clamaba a sí mismo como el bar más grande y mejor surtido de la enorme ciudad, el ambiente era festivo a todas luces, a diferencia de muchos sitios que antiguamente los chicos de Tokio Hotel y sus allegados solían frecuentar. Apenas entrar, fueron a dar a un lounge donde animada música house se dejaba escuchar a través de los invisibles altavoces que había ocultos en las paredes, mientras cariñosas parejas emprendían sus ligues de la noche o los iban terminando, según fuera la ocasión. Muchos de ellos, aprovechando la comodidad de los silloncitos de tapicería roja a ras del suelo y las copas de más, se encontraban revolcándose, intentando quitarse la ropa unos a los otros en lo que parecía una orgía colectiva pero al mismo tiempo individual, con cada pareja acomodada en su salita privada con su mesita de centro y su jardín zen de decoración. Encantados con el aura del lugar, el grupo entero siguió moviéndose hacia donde suponían se encontraba la zona de copeo y baile. Aún así, Phoebe se las ingenió para hacerle un guiño a Gustav, que de inmediato le dió a entender a éste último que a su novia se le antojaba una aventura como la de los pequeños sillones colorados. En silencio, él se encargó de apretarle una mano, a pesar de que ella iba junto a su hermano, dándole a entender que tendrían sus momentos pasionales después. 

Vestuario de Georg
Una vez que llegaron a la zona más iluminada del lugar, dividida del lounge por gruesas paredes que no permitían que se filtrata el sonido, se encontraron totalmente maravillados pues el nombre de "The House" apenas y le quedaba al dedo al lugar, el cual daba la impresión de ser no un antro ni un bar sino una tremenda casa de muñecas de tamaño real. 

De pié frente a lo que era una enorme plataforma, todos los chicos se quedaron asombrados mientras observaban lo que parecía el corte transversal de una casita suburbana, con sus baños, sus recámaras, su comedor, su salita de estar y hasta lo que parecían un ático y un desván. En cada habitación se vivía un ambiente diferente y se notaba a leguas. 

En el baño, por ejemplo, había una enorme tina llena de espuma no tóxica donde cantidad de hombres y mujeres bailaban bastante quitados de la pena, como si se encontraran tomando un refrescante baño en sus propios hogares. En la recámara, había gente saltando en la enorme cama tamaño king size que se encontraba en el centro de la habitación, mientras en el vestidor de la misma, hombres y mujeres jugaban a probarse, ponerse y quitarse las prendas que había colgadas en lo que parecía un montón de clósets. En ellos, había de todo lo que se pudiese imaginar: desde provocativos bikinis estilo pin-up hasta sombreros que evocaban el extravagante estilo de Lady Gaga. Así, en el resto de la casa, se vivía el ritmo de la música conforme al ala en la que se encontrara uno y, fascinados, los chicos se miraron los unos a los otros entusiasmados mientras se aproximaban a paso veloz a lo que parecía el recibidor de la residencia artificial. 

Vestuario de Gustav
Una vez dentro de la enorme maqueta, cada uno se dispersó a una recámara diferente, de modo que no todos estaban juntos pero se encontraban entre cuarto y cuarto y aprovechaban para bailar unos con los otros. También, de igual manera, a muchos el estilo del lugar les servía de escondite, como a Gustav y a Phoebe o a Tom, que se ocultaba de las miradas de reproche de Bill para ir a bailar con grupos de hasta ocho mujeres, las cuales lo rodeaban por completo, turnándose todas para darle un espectáculo como de table dance mientras se peleaban por ver con cuál de ellas quería bailar él. Fascinado, Tom no se daba abasto con tantas mujeres. Por otro lado, Fabiho, Andreas y Georg se encontraban en el comedor, sentados a la mesa como comensales de una cena de gala mientras un grupo de atractivas mujeres que no pasaban de los veintitrés bailaban para ellos tres, sacudiéndose entre las fuentes de servir, las copas de vidrio diáfano y los platones cubiertos de manjares exquisitos pero hechos pedazos gracias a los stilettos afilados que usaban las chicas. 

Mientras tanto, en una esquina de la cocina, Bill Kaulitz miraba con tremenda envidia a una pareja que se besaba cerca de la lavaplatos. Inconscientes de su presencia, un par de chicos universitarios se deleitaban comiéndose la boca del otro a mordiscos, repasando con su lengua los labios del otro y saboreando cada ápice de su aroma. La chica, que no podía tener más de diecinueve años, enredaba como podía sus piernas en torno a las de su chico, a pesar de que se encontrara en minifalda, sin importarle lo que pudieran ver los demás.

Apoyado contra la puerta blanca y límpida de un refrigerador, el vocalista de Tokio Hotel no podía quitarle la vista de encima a los muchachos, mientras el gusano de la envidia lo carcomía por dentro. ¡Cómo moría por tener algo así! Y, sin embargo, sabía que pretendientas no le faltaban. Mujeres que quisieran dormir con el virginal Bill Kaulitz nunca iban a salir sobrando en el planeta y menos desde que éste último se mostraba cada vez más provocativo y revelador en los conciertos, en las entrevistas, en las alfombras rojas. Todo el mundo era consciente de que ya no era el pequeño que había ganado el StarSearch, ahora era un hombre hecho y derecho, con deseos sexuales y un hambre por ser amado que sorprendía hasta a los mismísimos compositores. 

Derrotado, supo que no iba a encontrar ahí lo que buscaba, entre una ristra de minifaldas fáciles, de escotes de senos sugerentes y de cabellos que ahorcaban hasta matar. Cansado, decidió que no tenía sentido seguir ahí y con el sigilo de una sombra, abandonó el lugar. Tomó su Audi del estacionamiento, confiado en que a Tom lo llevarían a casa sus amigos o que él lograría llegar gracias a alguna novia ocasional, así que no se quedó con remordimientos. En silencio, introdujo su pulgar en la pantalla táctil de reconocimiento de su convertible, cuyo motor encendió de inmediato, y se marchó en dirección al pent-house en el que vivía, en la parte más acaudalada de Los Angeles.


2 comentarios:

JANDA/Alex dijo...

...:(....Oh no me gusta saber que Bill se sienta así...me pone triste...>.<

Es un buen capi y me hace pensar tremendamente si en un futuro las fiestas en los clubes serán a sí de interesantes....XD...sería PERFECTO!!!

Ansiosa por leer más eh!!

Saludos , Alex!!

●•Scarlëtt•● dijo...

¡Ay, no! ¡Pobre de mi Bill!...Eso no me gusto...mi niño solito y los dems bien comodos con hombres, mujeres, trios, orgias....¡No-es-justo!


Muy bun capi, todos en el despapaye mientras otros casi se acuestan ahi...¡Bastante divertido!


¡Mi Bill deberia estar conmigo!...ya lo hara...



buen capi

Besos!





S.K