17 de agosto de 2011

Soledad a consciencia


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Con un suspiro invisible, colocó su pulgar en el detector, mientras esperaba pacientemente a que el edificio lo reconociera como su inquilino. Finalmente, el pequeño aparato, delgado como una hoja de papel, emitió un chillido de confirmación y las puertas del ascensor se abrieron para el hombre que venía subido en él, solo, en medio de la quietud de una noche amenazada por la lluvia, cabizbajo y sin esperanzas. Atravesó de un paso la distancia que separaba el cubículo impecable de cristal y titanio para introducirse en el recibidor de suelos de madera, de fuentes a los costados de la entrada y de pequeños silloncitos color gris pálido que había apostados contra las paredes del pequeñísimo salón. 

Un paso a la vez, se desplazó con el sigilo de un alma en pena hasta atravesar el corredor que lo separaba de la salita principal, con su ventana de cristal doble que permitía que se viera únicamente del interior de la casa para el exterior y no en sentido contrario. En ella, relucían todas las antorchas de las ventanas de la ciudad, luciérnagas huérfanas de la civilización en los complejos de oficinas, de hogares que en nada se parecían al de Bill y Tom. De pié frente al muro de cristal, el vocalista miraba atentamente a todo lo que sucedía afuera, mientras diminutas gotas de lluvia se pegaban al vidrio: los aerodeslizadores que avanzaban hacia sólo Dios sabía donde, cargados de pasajeros que él nunca alcanzaría a conocer y tal vez, sólo probablemente, ella se encontraba en uno de ellos, con la mirada perdida en la calle empapada y la expresión triste por no estar con él. 

Sin embargo, pronto se dio cuenta de que tal vez no había ninguna "ella". Que todos los pasajeros en los taxis de cabina amarilla, en los austeros aereos que conducían las familias suburbanas y en las bicicletas que aún había en la ciudad no eran más que personas ajenas a la vida de Bill Kaulitz. Gente que había escuchado hablar de él, personas que lo idolatraban e individuos que lo satanizaban por ser lo que era: diferente. Había tenido problemas con ello toda la vida y a pesar de ello, nunca le habían hecho tanta mella como hasta entonces. 

Recámara de Bill
Harto de hablar de lo que no encontraba, llevaba meses sin escribir una sola canción de amor. Esas, en particular, habían pasado a convertirse en monopolio de Gustav, quien, en su condición de hombre comprometido, tenía inspiración de sobra para escribir las letras que después Bill cantaba en el escenario con una pasión que hacían creer al escucha que realmente era él, el hombre de corazón desesperanzado y pupilas cansadas de ver el mundo, el que hablaba sobre el cabello de ella ondeando al viento, de su respiración de sirena dulce y sus mejillas rojizas apenas semejantes en color a manzanas maduras.

Lentamente, Bill se despegó de la ventana un paso a la vez, alejándose lentamente como si se tratara del aparador de una panadería y él fuera el chico más hambriento del mundo. Paso a paso, se encaminó hacia la recámara, de la cual prendió la luz apenas hubo dado un paso adentro y se quedó observando en silencio la recámara sencilla y falta de encanto. Derrotado, supo que no podía soportarlo más cuando la respiración comenzó a fallarle, en uno de esos ataques de pánico que día a día se le hacían cada vez más frecuentes. Trataba de enfrentarlos solo, aún sabiendo que Tom era consciente de que los padecía. 

-Debe ser el maldito oxígeno...-culpó Bill a la válvula que había junto a su mano, al indicador perfectamente equilibrado que por ningún motivo podía fallar, pues hubiese sido mortal. Caminando lentamente, el hombre de cabello negro y ojos intensamente maquillados se dejó caer de bruces en la cama con un sonido sordo, como el de un costal cuando se estrella contra el piso, sin siquiera tomar la molestia de desmaquillarse. En silencio, comenzó a sollozar lastimeramente, pensando en la sonrisa de la persona que nunca aparecía, la que nunca llegaba a su vida y cada vez le parecía más distante. 

Entre chillidos lastimeros y lágrimas de santo afligido, finalmente el hombre a cargo de una de las bandas alemanas más importantes del mundo se quedó dormido al cabo de un rato, una vez que se sintió lo suficientemente exhausto como para que lo venciera el sueño. En la quietud de la habitación, únicamente se escuchaba la respiración acompasada de él, acompañada por el sonido de la lluvia que golpeteaba contra la ventana de su habitación, la que daba a una de las terrazas del departamento.


4 comentarios:

●•Scarlëtt•● dijo...

¡Ay, casi chillo con eso!

¡Pobre Bill, él solito y hasta allá, y yo solita y hasta acá!... Este capi me quedo como…casi mandado a hacer a la medida, de la soledad que se siente, tan manchada con uno; viendo a los demás que encuentran a alguien, pero…

¡Ya, alto! Antes de que me proyecte…

Mi Bill todo solito y los demás a medio agasajo sabrá Dios dónde. Qué triste capitulo.

Aunque muy bueno, por la profundidad :P
Sube pronto
Besos!


S.K

JANDA/Alex dijo...

este capi me agarra con el sentimiento a flor de piel y me da...no se, algo muy feo en el corazón pensarlo como real..:(

...jum...y la musica con la q me encuentro ahora puesta me tiene con las lágrimas regadas por toda la cara...Aigo!!..>.<


Saludos, Alex!!

0oºmeriiºo0 dijo...

a veces me siento así!
me estremece pensar que esto no esta lejos de la realidad.
muy bueno cada día me gusta mas!

Ileana dijo...

Definitivamente, en lo que va de la historia, mi capítulo favorito.

Es tan real; como algunas personas podemos llegar a sentirnos así, desoladas... Me gusta que la historia sea realista entre todo el futurismo que manejas, porque no importa la época, los sentimientos no cambian, son los mismos.
Ya me puse a filosofar, lol.


Saludos, Harlu :)