11 de noviembre de 2011

Juego de dos



 
 
 

Súbitamente, como si se estuviese despertando de una realidad alterna y no de la propia, la creatura abrió sus ojos, dejando entrar la luz por ellos, iluminando a su paso todo lo que había en su interior. Sin mayor tardanza, se levantó de manera casi mecánica de la cama, en un solo movimiento, antes de echarse a andar por la habitación en dirección al baño que le correspondía a ella.

En un edificio no muy diferente, un hombre de cabello medianamente corto y teñido de negro se lavaba el cuerpo con un suave estropajo color verde brillante, mientras, mentalmente se preparaba para el reto al que estaba a punto de enfrentarse. Bastante serio, apenas y sentía caer el agua tibia por su cuerpo desnudo; envuelto en el vapor que llenaba la ducha, él difícilmente podía pensar en otra cosa que no fuese ella: su sonrisa brillante, los ojos semejantes a dos gemas, los labios color coral.
-¿Alice?-llamó la voz de un hombre, proveniente de una cama de sábanas y colchas blancas, en la cual se encontraba un individuo de anatomía similar a la de una estatua griega.
-¿Sí?-contestó la interpelada a un volumen de voz que hubiese resultado casi inaudible para el oído humano mientras, en la ducha, el agua caía a su alrededor, bañándola en una exquisita cascada de aromas agradables y burbujas de jabón.

-¿Qué haces?-preguntó una persona muy diferente, en otro lugar, observando a través del cristal opaco la silueta delgada de un hombre.

-Pienso llegar más temprano hoy-respondió una voz proveniente del cubículo de la ducha-Tengo que estar ahí antes de que ella se aparezca-

-¿Tan tarde?-inquirió el sujeto de la cama, girándose sobre su costado para quedar cara a cara con la superficie blanda del colchón.

-Tengo que-mintió la mujer que se encontraba aún en el baño, enjuagándose de su cuerpo jabonoso aquella espuma que parecía una segunda piel-Pero te prometo que te marcaré en cuanto salga-

-¿Si eres consciente de que...?-

-Es todo o nada, Thomas-le respondió Bill Kaulitz a su hermano mayor, saliendo de la ducha de su apartamento en una de las zonas más exclusivas de Los Angeles, California. Con su cuerpo cubierto por diminutas gotas de agua caliente, se apresuró a tomar la toalla que colgaba de la percha, ubicada a la derecha de la puerta de la ducha-No puedo seguir viviendo así-

-Vaya-respondió Tom, el guitarrista de Tokio Hotel y hermano gemelo de Bill, cruzándose de brazos al mismo tiempo que se recargaba a un lado de la ligera puerta de madera que daba de la recámara del vocalista a su baño.
-Voy a estar bien, cariño-le aseguró Alice Project a su marido, Briant, mientras salía de su baño para dirigirse hacia el vestidor, donde con todo cuidado tomó un conjunto armado por un vestido ceñido color azul marino y un saco de mangas tres cuartos-Después de todo, no voy a andar sola por ahí-
-Lo sé...-contestó el compañero humanoide de Alice, extendiendo sus largos y musculosos brazos en la cama-Es sólo que... no sé... no me gusta que pasemos tanto tiempo separados-

Enternecida ante semejante confesión, la humanoide que se encontraba en el vestidor, aprisionada entre hermosos y caros atuendos, se quedó helada. ¿En realidad era tanto lo que la quería Briant? Con un nudo en la garganta, se obligó a sí misma a pasar saliva antes de seguir colocándose el collar que había elegido para su vestimenta.

-Entonces no te espero a cenar...-aventuró Tom, observando casi sin parpadear a su hermano, quien ya se encontraba ataviándose con el elegante conjunto de pantalón de mezclilla y camisa azul marino que había escogido para ponerse ese día.

-Preferentemente no-sonrió el frontman de una de las bandas más influyentes de Alemania-Roguemos porque tú y yo no nos veamos hasta mañana por la mañana-
Y fue así como, en medio de diferentes situaciones, tanto Bill como Alice abandonaron cada uno sus hogares más temprano de lo normal, sin siquera haber desayunado a causa de la emoción que sentían por verse. Rápidos, cada quién condujo su aerodeslizador a lo largo de las calles que lo llevaban cotidianamente al trabajo, ésta vez con más alegría de la normal. En el estacionamiento del edificio principal de Cherry Tree en Los Angeles, el aero color negro carbono de Bill Kaulitz se estacionó apenas cinco minutos antes que el de Alice, un hermoso Mercedes-Benz último modelo color azul.
De pié frente a la oficina de Alice, el encantador cantante verificó su aliento por décima vez en ese rato, soplando sobre el dorso de su mano para comprobar que su hálito se encontraba fresco. Una vez que se hubo encontrado seguro de que así era, se recargó casualmente junto a la puerta de la oficina que les pertenecía a Alice y Martha, el equipo de publicidad y mercadotecnia a cargo de su nuevo materal discográfico. Casualmente, se acomodó el saco negro que traía encima por última ocasión. Mientras tanto, una hermosa señorita Project iba saliendo del ascensor.

Calzando unos hermosos tacones de diez centímetros forrados en satín negro, la elegante criatura se desplazaba a paso seguro y sonoro por encima del suelo de madera clara del pasillo. Enfundada en un vestido de satín azul marino que le quedaba ceñido al cuerpo y luciendo un coqueto saco de corte semi-formal color negro, la mujer apenas y pudo contener la sonrisa que le brotó en el rostro apenas hubo visto a su elegante y atractivo jefe apostado a un lado de la puerta de su oficina. Intentando comportarse de lo más natural, siguió avanzando hacia él sin miedo, quien la miraba de una manera que bien pudiera haber derretido un iceberg a voluntad.

-Buenos días-le sonrío él de manera galante, utilizando su voz más sensual.

-Buenos días-respondió ella con suficiencia, luchando porque no le flaqueara la voz a causa de los nervios-Me atrevo a preguntar qué es lo que hace usted aquí tan temprano, señor Kaulitz-

-Sinceramente, vengo a probar suerte-confesó él de inmediato, sin dejar de mirarla a los ojos ni un momento.

-¿Suerte con qué?-inquirió ella, la sonrisa asomando por la comisura de sus labios.

-Con invitarla a salir y que me diga que sí, señorita Project-soltó el hombre sin mayor preámbulo, rogándole internamente al destino que fuera bueno con él y le regalara un "sí" de esos hermosos labios que tanto ansiaba besar.

-Ah... entonces sí que necesita suerte-se burló Alice, un tanto arrogante, en un intento de que él se sintiera aún más enganchado con ella; por supuesto, lo consiguió.

-Confío en que la buena fortuna está de mi lado hoy-se jactó el delgado vocalista, colocando su mano en la manija de la puerta, la cual ella estaba por girar. Sorprendida ante el movimiento tan osado del que fuese su superior, Alice se volvió a mirarlo de inmediato. Una vez que hubo comprobado que la atención de la hermosa fémina era toda para él, el seductor rockstar tuvo que hablar una sola vez más-Entonces... ¿Sí o no?-
Encantada al ver lo bien que le habían salido las cosas, la mujer de bellos ojos azules apenas y podía contener el torrente de emociones que emanaban de ella. Fascinada, no podía esperar para aceptar la invitación.

-¿Por qué no?-repuso ella, haciéndose la interesante, al mismo tiempo que soltaba el picaporte de la puerta; eso sí, sin dejar caer de su mano los dedos blancos y larguiruchos de Bill.

-Excelente-le sonrió él, demostrando lo complacido que se sentía ante la situación. Sin palabras, estrechó entre sus dedos las falanges de la humanoide, la cual correspondió el gesto haciendo lo mismo. Tomados de la mano, la pareja abandonó el edificio sin decirse una sola palabra más.


1 comentario:

●•Scarlëtt•● dijo...

O____________________o

¿Así o más aventados los chamacos?...

¡Ay, mi vida!... Eso me gustó.

¡Qué bonito!... pero creo que me llamaron más la atención los de 10 centímetros de satén XD...

¡Quiero sabes mááááááááás!

Sube pronto...

besos!

S.K