25 de noviembre de 2011

Precipitado


Preicipitado by Diana Harlu Rivera on Grooveshark 
 
 

De pié en la puerta del edificio, el hombre se abrió paso entre las decenas de atractivos hombres y mujeres que iba encontrando en su camino, esquivando sus miradas en las cuales se leían claramente las interrogantes que sus amigos también se hacían, todas provocadas por su extraño comportamiento. Detrás de él, su hermano lo miraba nervioso, viéndolo convertirse en un manchón borroso entre la gente, mientras se movía como bólido entre ellos, avanzando a paso apresurado, sin prestar atención a alguna persona en particular. Nervioso, Bill Kaulitz no paraba de morderse los labios a causa de los nervios, al mismo tiempo que avanzaba a paso un poco más lento que el de su hermano Tom, acompañado por la estilista y amiga de ambos, Natalie Franz.

-¿Está seguro de que quiere hacer esto?-interrogó Natalie al hombre que llevaba tomado del brazo, al mismo tiempo que miraba a su alrededor, observando cómo los y las modelos cara de vuitre los observaban desdeñosamente.

-Yo no tengo idea-respondió él con un nudo en la garganta, aferrándose nervioso al brazo de la rubia que avanzaba a su lado; cohibido ante las miradas lujuriosas que despertaba a su paso-Pero creo que se le ocurrió el peor día para venir...-

Entre una multitud de modelos de todas las nacionalidades posibles, Tom Kaulitz se movía como si se hubiese desarrollado la vida entera en aquellos predios, esquivando hombres de su tamaño y mujeres cuya cintura apenas era del ancho de uno de los brazos de él. Decidido, buscaba por todas partes algún letrero en el cual se leyera "Audiciones". Al no hallarlo, se dirigió a la puerta cerrada más cercana, tras la cual encontró a una diminuta ejecutiva de lentes de armazón cuadrado y grueso, abrigo color café caramelo y cabello cortado en forma de peluca. Tranquilamente, la mujer levantó la mirada ante el sonido de la puerta abriéndose y, sin decir palabra, observó a Tom largamente durante algunos segundos.

-¿Sí?-enunció después de un rato, al ver que el mayor de los hermanos Kaulitz no pronunciaba una sola palabra.

-Vengo a hacerme modelo-escupió Tom de una vez por todas, detrás de él Natalie y Bill, observando nerviosos a la dama detrás del escritorio de impecable madera blanca-Soy guitarrista, soy artista, soy famoso y mis discos se venden como pan caliente... vengo a ser modelo-

Tras lo que se podría denominar como "un incómodo silencio", en el cual tanto el vocalista de Tokio Hotel como su maquillista sudaban de miedo ante la posible respuesta de la cuarentona frente a ellos, la mujer sonrió abiertamente y se puso de pié en silencio, colocando sobre su escritorio el iPad que sostenía entre manos. Parada detrás del escritorio, lo único que hizo durante lo que a los demás presentes en la habitación les pareció una vida entera, la elegante humana de pantalón de vestir color hueso se dedicó a observar intensamente el rostro de Tom.

-Karl nos dijo que estuviésemos pendientes de ti-expresó la mujer, sin dejar de sonreír-Que no tardaría el día en el que habrías de venir. Salgamos de aquí-

Fue así como, en menos de dos horas, se encontraban en una sala de juntas la mujer, la cual se llamaba Astrid Sarajevo, así como Tom Kaulitz, sus dos amigos que lo acompañaban además de Andreas y Fabiho, quienes negociaban el contrato de uno de los productores de Tokio Hotel, haciéndole modificaciones donde lo consideraban necesario. Mirando las hojas que tenían frente a sí, ambos hombres tachaban, marcaban y desmarcaban apartados con un bolígrafo en papel. Una vez que lo tuvieron completamente corregido, mandaron a que se volviera a imprimir para que, en esa ocasión, el mayor de lo gemelos Kaulitz lo firmara definitivamente. Emocionado, Tom no se la podía creer.

Apasionado con la imagen de la mujer que había visto en la revista, le tomó menos de cinco minutos, a partir del primer instante en el que la vio, determinar una manera de encontrársela. De su mente brotaron docenas de planes, de toda índole y en cualquier clase de escenario, mas Tom sabía que se encontraba ante la tarea más difícil de todas aquellas planeaciones: ajustarlas a la realidad. Sin hablar en absoluto durante toda la noche que le siguió a aquél momento, se dedicó sin parar a investigar acerca de ella.

A pesar de que no se sabía mucho de uno de los nuevos rostros de Chanel International, el hombre de veintitrés años encontró tres rasgos de la personalidad de la modelo australiana que se repetían en todas las páginas y blogs de moda: Primeramente, su lugar y fecha de nacimiento; así, Tom se enteró de que apenas existían dos años de diferencia entre él y la criatura de sus sueños, cosa que pudo tranquilizarle: desde un escándalo anterior que había tenido saliendo con una chiquilla de la alta sociedad neoyorkina, no quería volver a saber nada de mujeres que tuviesen menos de veinte años. 

En segundo lugar, se hallaba el dato de las firmas para las que iba a trabajar en aquella temporada, así como su agencia de modelos. Sabiendo de antemano esto, al día siguiente el hermano mayor del frontman del año tomó una decisión: se convertiría en modelo profesional. Habiendo trabajado antes para algunas campañas de la PETA, sabía que el trabajo no era tan difícil; además, era consciente de que su atrayente imagen masculina le facilitaría el acceso a ese codiciado mundo.

Y por último, y no por eso más sencillo, había un último detalle que le complicaba a Tom las cosas: a Frances Umbrose no se le conocía una sola amistad, ni masculina ni femenina. A diferencia de todos los demás modelos de cualquier firma, la delgada criatura de iris verdes no mantenía una relación ni siquiera de cercanía con el resto de sus compañeros de trabajo. Era excesivamente reservada y, hasta cierto punto cohibida.

Era por eso mismo, con el pretexto de acercarse a ella, que el productor del año de Universal se decidió, apenas un día después de haber sabido de la existencia de la señorita Umbrose, a trabajar medio tiempo como modelo editorial. Sabía que, una vez dentro de ese predio, encontrarla sería tarea sencilla. Nervioso, su hermano Bill no sabía qué tan buena podría ser aquella idea.


1 comentario:

●•Scarlëtt•● dijo...

¡No, pues sí! Decidido hasta los...

¡Qué no diera yo por ser así! jajaja, pero bueno...

No cabe duda, al señor K mayor lo dominan las hormonas de manera alarmante. Si se fue a la agencia para encontrársela... ¿Qué no hará después cuando ya le hable?.... ¡No, no, no! No quiero ni imaginar...


Muy bueno!... y divertido


Besos!






S.K